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sábado, 27 de agosto de 2016

Familias normativas y Familias alternativas





Autor: Julio Vallarino

Introducción

Desde 1995 a 2012 trabajé en diversos programas de abordaje a la violencia de género. La experiencia de atención a personas en situaciones abusivas en el seno de sus grupos de convivencia, me hizo sospechar que la convivencia normativa no necesariamente asegura los derechos humanos y la dignidad de las personas en sus hogares, el crecimiento y el desarrollo digno de sus integrantes. Por lo tanto, comencé a trabajar con las personas participantes en los grupos de ayuda mutua, un nuevo concepto de familia: Familia es quien te quiere bien.

Estas vivencias y otras de mi experiencia personal me impulsaron a elegir el texto de Juan 19,26-27 para una lectura queer, ya que desde una lectura tradicional y desde mi experiencia dentro de una denominación católica, el texto me sugiere a María como nueva Eva, que con su maternidad espiritual recibe a toda la humanidad representada por Juan, el discípulo amado.

Partiendo del supuesto que toda traducción es una interpretación del texto original y éste, una lectura histórico teológica de los acontecimientos utilizo tres versiones bíblicas para la lectura y el análisis del texto, ellas son: la Biblia de Jerusalén (BJ), la Biblia Latinoamericana (BL) y la Biblia Reina Valera (BRV).

Cuando hacemos referencia a una “lectura histórico teológica de los acontecimientos” no estamos afirmando que el escritor sagrado esté mintiendo o inventando, simplemente está haciendo uso de un recurso literario, propio de su época, transmitiendo una verdad desde su experiencia de fe. Tengamos en cuenta que Jesús murió aproximadamente el año 36 dC y el evangelio de Juan se escribió aproximadamente entre los años 95 y 100 dC, habiendo transcurrido casi 60 años entre un hecho y el otro, donde el texto pasó seguramente por tradiciones orales durante varios años, antes de ser puesto por escrito y que también probablemente, el evangelio tal como lo conocemos tuvo versiones anteriores y fuentes a las que seguramente recurrió la comunidad juánica.

A continuación presento las tres versiones de Jn 19,26-27:

Biblia de Jerusalén:
Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Desde ese momento se la llevó a su casa.

Biblia Latinoamericana:
Jesús al ver a la Madre y junto a ella a su discípulo más querido dijo a su Madre:  “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Desde ese momento se la llevó a su casa.

Biblia Reina Valera:
Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: “Mujer, he ahí tu hijo”. Después dijo al discípulo: “He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

La relectura del texto sugiere algunas preguntas: ¿Qué quiso decir el escritor a la comunidad juanina? ¿Qué quiso decir al resto de la iglesia primitiva? ¿Qué dice hoy a la iglesia actual?


Crítica al texto de Jn 19,26-27

El contexto de este diálogo es el proceso y ejecución de Jesús narrado en los capítulos 18 y 19 del evangelio de Juan.

El género literario del contexto es narrativo. El texto es un diálogo entre Jesús, su madre y el discípulo amado. Cabe destacar que el escritor juanino no es un historiador sino que el carácter de sus escritos es teológico y evangélico por lo tanto, adapta los relatos históricos a sus propósitos (Jn 20,30-31) la intención teológica está priorizada sobre el dato histórico.

El contexto socio cultural enfrentado al texto nos permite realizar algunas conclusiones:

Ø El evangelio escrito por la comunidad juanica, aproximadamente 60 años después del hecho histórico de la muerte de Jesús, pone explícitamente enfrentados a Jesús con su familia y refuerza la tradición marquiana que años antes hacía lo mismo. Probablemente Jesús era un conflicto para sus parientes y desde su propia experiencia afirma: “he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra …” (Mc 10,35).

Ø De acuerdo a las normativas socio culturales y religiosas, María, viuda y muerto el primogénito, debió ser recibida por los otros hijos o regresar a su familia paterna, pero en cambio, Jesús rompe con la norma y la confía al discípulo amado con quien no existían vínculos consanguíneos sino afectivos.

Ø El conflicto familiar entre Jesús y sus parientes (Jn 7,5 cf Mc 3,21) resulta evidente al punto que al final de su vida está acompañado por su madre (viuda y fuera de la contención familiar, su tía (mujer de Cleofas y madre de Judas, el sucesor de Santiago el menor, que a su vez fue el sucesor de Pedro en el gobierno de la iglesia de Jerusalén), María Magadalena (aparentemente soltera independiente) y el discípulo amado (también soltero). En el escenario de la ejecución y muerte de Jesús faltaron familiares unidos por los vínculos consanguíneos pero estuvieron presentes aquellos no familiares unidos por los vínculos afectivos.

Desde el análisis intertextual los sinópticos son aún más radicales en dejar en evidencia el conflicto familiar, no señalando a María como madre de Jesús sino como Madre de Santiago el menor y dejando ausente a sus parientes, sólo dan cuenta de las mujeres y los conocidos que estaban  presente. A continuación veamos los textos de los sinópticos utilizando la Biblia de Jerusalén:

Mt 27,55-56
Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaba María Magdalena, María la madre de Santiago y José [también madre de Jesús; cf Mt 13,55] y la madre de los hijos de Zebedeo.

Mc 15,40-41
Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago y Joset y Salomé que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

Lc 23,49
Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea.

¿Dónde estaban los familiares de Jesús? ¿Qué sucedió con ellos? ¿Por qué no estuvieron presentes junto a sus conocidos y las mujeres que le seguían?


Análisis del texto

Jn 16,26-27 presenta en la escena a tres personas: Jesús agonizando (el primogénito de María y de José), María (su madre, probablemente viuda pero con otros hijos según consta en los relatos evangélicos) y el discípulo amado.

Estos dos versículos leídos a la luz de Jn 11,1-35 son clave para comprender por lo menos dos cosas importantes. La primera ¿quién podría ser el discípulo amado?. La segunda ¿qué pretendió Jesús al confiarle su madre al discípulo amado?

Respecto al primer interrogante, el escritor juanino menciona cinco veces en su evangelio al discípulo amado:

“Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba estaba a la mesa al lado de Jesús” (13,23)

“Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo” (19,26)

“Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo ha puesto” (20,1)

“El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: Es el Señor. Cuando Pedro oyó es el Señor se puso el vestido –pues estaba desnudo- y se lanzó al mar” (21,7)

“Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: Señor ¿quién es el que te va a entregar? (21,20).

La tradición cristiana ha identificado al discípulo amado con Juan. Él era probablemente discípulo anteriormente de Juan Bautista, hermano de Santiago, hijo de Zebedeo y Salomé, oriundo de Betsaida en Galilea, pueblo cercano al lago de Genesaret, de familia acomodada pues eran propietarios de, por lo menos un barco de pesca, y su madre apoyaba con sus bienes a Jesús durante su ministerio, su padre era hombre de influencias y conocido del sumo sacerdote (Mt 4,21ss; 27,55-56; Jn 18,10-16). Leídos los versículos anteriores sobre el discípulo amado a la luz de Jn 11,3-35 nos permitiría suponer que en realidad era otro el amado:

“Las hermanas enviaron a decir: Señor aquel a quien tu amas está enfermo” (11,3)

         “Jesús amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro” (11,5)

“Jesús se echó a llorar” (11,35)

Jesús desarrolló un amor especial por uno de sus discípulos. Era tan evidente y tan sabido en la iglesia primitiva que no era necesario nombrarlo. Toda la comunidad lo reconocía como tal aunque tuvieran resistencia a aceptarlo como parece demostrarlo la historia ya que los sinópticos excluyen el término “discípulo amado” de sus relatos y el único que hace referencia explícita es el escritor juánico, que a su vez, entre otras cosas, fue el más resistido para ingresar al canon de los libros sagrados.

Los relatos del discípulo amado leídos a la luz de Jn 11 nos permiten suponer que en realidad no era Juan sino Lázaro quien gozaba de ese status en la comunidad discipular de Jesús y después del acontecimiento de su muerte y resurrección.

Los cuatro evangelios muestran una sensibilidad especial, sin igual, en Jesús hacia las situaciones dolorosas, pero el autor juánico presenta a Jesús llorando la muerte de su amigo (11,35) aquel a quien amaba (11,3). Si bien podría entenderse en el contexto teológico del escritor juánico que al decir “Jesús lloró” hace referencia a que la Palabra (Jn 1,14) lloró, prefiero pensar que es ese instante presenta a Jesús histórico llorando la muerte del amigo amado, expresando el mismo sentimiento que experimentamos nosotros y nosotras frente a la muerte de una persona querida: dolor, impotencia, pérdida, frustración, separación, debilidad …

La resurrección de Lázaro es el séptimo signo de Jesús en el evangelio juánico, el signo se afecta resucitando a quien tanto ama, con quien tenía lazos afectivos muy fuertes al punto de poder confiarle el cuidado de su madre luego que él no estuviera. Este Lázaro integra una familia a quien Jesús amaba (11,5), a quienes el escritor juánico nos da a entender que frecuentaba, una familia fuera de la norma: un hombre soltero conviviendo con dos hermanas solteras. ¿Qué otro discípulo podría estar tan fascinado – enamorado de Jesús como para seguirlo hasta el lugar donde era ejecutado, exponiendo su vida?

Respecto al segundo interrogante, teniendo en cuenta que la familia consanguínea de Jesús estaba enfrentada con él y que sus vínculos afectivos estaban más consolidados con la familia de Betania (Marta, María y Lázaro) y si mantenemos la hipótesis de que el discípulo amado no era Juan sino Lázaro, resulta aceptable el hecho de que Jesús le confiara su madre a su amigo amado. En esta doble entrega: “ahí tienes a tu hijo” – “ahí tienes a tu madre” Jesús establece una relación no normativa entre su madre que no vuelve a la familia consanguínea sino que pasa a vivir a la casa del discípulo amado (Jn 19,17b), que si bien lo separaba el vínculo consanguíneo, lo unía el vínculo del amor recíproco. Esta validación que hace Jesús de construir lazos familiares fuera de la norma es ante testigos (Jn 19,25).


Algunas reflexiones a manera de conclusión

Ø Jesús ignora la familia patriarcal validada y sostenida por las pautas culturales y el sistema religioso, cuestionando ese concepto sostenido hasta el momento como normativo. Entonces ¿por qué no cuestionar el modelo propuesto por las iglesias fundamentalistas?

Ø Jesús valida relaciones construidas con base en el amor. Esto no significa que la familia que es superior o inferior la relación doméstica – familiar normativa, construida sobre la consanguinidad o la norma del contexto. Simplemente es otra forma de relación doméstica – familiar promovida por Jesús para sus dos seres más queridos: su madre y su discípulo amado. Entonces, la iglesia debiera continuar el ejemplo de su Maestro, abriendo las puertas a otras relaciones domésticas no normativas.

Ø A la luz del mensaje de Jesús podríamos cuestionar, poniendo bajo sospecha, nuestro modelo familiar aceptado cultural, social y religiosamente: familia patriarcal, heterosexista y nuclear o ampliada, constituida sobre el matrimonio generando una revisión crítica en cada época. ¿Por qué no aceptar inclusivamente familias monoparentales como opción de la persona adulta, familias ensambladas, familias homosexuales …?

Ø En base a una lectura queer del texto, entendemos que queda validada toda relación doméstica basada en el amor sean las llamadas familias normativas, es decir: nuclear, heterosexual y constituida sobre la base del matrimonio, o las llamadas familias alternativas, es decir monoparentales (una persona adulta, hombre o mujer, heterosexual o GLTB) con hijos e hijas a cargo (naturales o adoptados), ensambladas (parejas heterosexuales u homosexuales, constituidas con hijos e hijas a cargo producto de convivencias anteriores), extendidas (familia nuclear, heterosexual u homosexual, monoparental o ensamblada con convivencia de otros familiares o amistades), uniones libres de hecho (parejas heterosexuales u homosexuales constituidas sin base matrimonial (estables o temporales), convivencias alternativas (parejas que comparten la vida en común de forma alternativa, ejemplo: comparten un proyecto familiar pero no el techo), nuevas modalidades (amigos – amigas o estudiantes o profesionales que comparten el techo, residencias para personas ancianas que comparten relaciones domésticas), dando sentido a aquello de que familia es quien te quiere bien.

Jesús nos transmite la certeza de que sólo el amor valida nuestras experiencias vitales.

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