Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 12 de junio de 2016

4º Domingo después de Pentecostés: El Dios revelado por Jesucristo incomoda a las personas buenas



4º Domingo después de Pentecostés
Ciclo C – Lucas 7,36 – 8,3



1.    El texto en su contexto:

Los fariseos eran hombres que cumplían la Ley, es decir, las Escrituras del Antiguo Testamento, estrictamente y con mucho fervor. Oraban, hacían ayunos, daban limosna; ninguna de las enseñanzas de la Biblia dejaban sin cumplir. El Evangelio de hoy nos relata el encuentro de Jesús con uno de ellos, un hombre que podríamos socialmente considerarlo bueno, un ejemplo para otros.

El relato evangélico nos cuenta que mientras estaban comiendo una mujer de mala fama, una pecadora se acercó a Jesús y con sus lágrimas lavó sus pies, con sus cabellos los secó, los besó y los perfumó (versículos 36-38). Gestos de hospitalidad que Simón el fariseo no cumplió y Jesús se lo recriminará más tarde (versículos 44-46).

Pero este hombre que cumplía todos los mandamientos de la Biblia juzgó en su corazón a otra persona y la discriminó considerándola pecadora, indirectamente también juzgó a Jesús (versículo 39). Pero Jesús, le dio la lección de su vida poniéndole el ejemplo de los dos deudores (versículo 40-43). El amor es más fuerte que el pecado. Quien ama no lo hace por mandamiento de la Biblia, porque los sentimientos no se pueden forzar. Quien ama tiene un corazón bueno y aunque en la vida cometa muchos errores, Dios tiene en cuenta su mucho amor y no sus muchos pecados (versículos 47-48).

No fue la obediencia a las prácticas religiosas ni el cumplimiento de la Biblia lo que salvó a esta mujer sino la fe (versículo 50).



2.    El texto en nuestro contexto:

El Dios revelado por Jesucristo es un Dios que incomoda a las personas buenas, a las que van a misa, a las que rezan el rosario, a las que hacen vía crucis, a las que practican ayunos, a las que visitan las siete iglesias. Es un Dios que incomoda a los obispos, a los presbíteros, a los diáconos porque no se sujeta al Magisterio y a sus enseñanzas. El Dios revelado por Jesucristo es el Dios amoroso y misericordioso que sale al encuentro de la persona que las iglesias consideran pecadora (versículo 39 cf Lc 15,20-21), simplemente porque ya fueron juzgadas y condenadas por sus hermanos y hermanas, fueron excluidas de la comunión eclesial, fueron amenazadas con la condenación eterna ¿qué otro castigo puede haber? Y si a pesar del juicio, la condena, la exclusión de las iglesias siguen amando ¿qué otra cosa puede hacer Dios que abrazarlas, dignificarse y gozarse con ellas? (Lc 15,22-24).

No es el cumplimiento de los mandamientos lo que salva al ser humano sino la fe en Jesucristo (versículo 50 cf Ga 2,16) pues si la salvación nos llega por el cumplimiento de los mandamientos entonces sería falsa la enseñanza apostólica que dice que fuimos rescatados y la muerte de Jesucristo entonces fue inútil (Gal 2,21).

La salvación es un regalo de Dios y no es propiedad ni de las iglesias ni de sus pastores. Dios salva a quien quiere, cuando quiere y cómo quiere. Por eso, tengamos mucho cuidado en juzgar a las personas; la historia personal, las cosas que condicionaron el actuar, la experiencia vital de cada persona nadie la sabe, es fácil juzgar, condenar, excluir utilizando la Biblia ¿pero quién ha estado en los zapatos de esa persona?

Los nuevos fariseos de la religión somos los pastores que imponemos nuestra concepción de vida, manipulando la Biblia de acuerdo a nuestros intereses y motivaciones, a nuestras concepciones producto de una cultura que ha sido una máquina de producir injusticia y exclusión. El Evangelio de hoy nos desafía a revisar nuestras enseñanzas y a ser escandalosamente honestos como lo fue Jesús, tomando partido por las personas y no por los mandamientos de la Biblia o las enseñanzas del sistema religioso. Implica cambiar el paradigma de la “doctrina” por el del “amor”.

Jesucristo nos enseña que quien ama es salvo. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana nos comprometemos radicalmente en anunciar, especialmente a aquellas personas que el sistema religioso cristiano expulsa, que Dios las ama entrañablemente; que Dios las libera de todas las ataduras que les impusieron las iglesias; que Dios las sana de todas las heridas que le provocaron sus hermanas y hermanos de fe a través de juicios, condenas, desprecios, discriminación, exclusión, silenciamiento, invisibilización; que Dios las incluye en una comunidad de iguales, el Reino que anunció Jesucristo, presente en medio nuestro.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana no hace diferencia entre las personas (Hch 10,34) porque entendemos que Jesucristo no las hizo. Todas las personas de mala fama, consideradas pecadoras por el sistema religioso cristiano: personas divorciadas, divorciadas vueltas a casar, separadas y conviviendo con nuevas parejas; personas gays, lesbianas, bisexuales, trans; parejas que utilizan métodos anticonceptivos; mujeres que han accedido a abortos …. tienen un lugar en nuestra iglesia. A ustedes especialmente, que han experimentado el rechazo de las iglesias, queremos decirles que Dios las ama, que Dios las dignifica, que Dios ha optado por ustedes, que Dios les entrega su Reino.

Buena semana para todos y todas +Julio.
 


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