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domingo, 17 de enero de 2016

Tercer domingo de Epifanía: Primer signo de la epifanía de Jesús para que la comunidad discipular crea




Domingo 17 de enero.
Tercer domingo del Tiempo de Epifanía
Ciclo C – Juan 2,1-11



1.    El texto en su contexto:

La boda en una aldea próxima a Nazaret es el escenario que contiene un conjunto de símbolos:

-       El matrimonio en el Antiguo Testamento es frecuentemente el símbolo que representa el amor de Dios por su pueblo (Os 2; Is 1,21-25; 5,1-7; Ez 16; Baruc 4-5). En el Nuevo Testamento, es el símbolo de la unión entre el Mesías y la Iglesia (Mt 22,1-14; 25,1-13; 2Cor 11,1-4; Ef 5,21-33; Ap 12; 19,7-9).

-       El vino representa en el Antiguo Testamento el producto del amor (Cant 1,2; 2,4; 4,10; 7,10; 8,2) y es uno de los anuncios del don mesiánico (Is 25,6; 62,9; Jr 31,12; Am 9,13-14; Os 14,7); pero además en el Nuevo Testamento es símbolo del Espíritu Santo (Hch 2,15-16).


Estos símbolos se entienden a la luz del versículo 11. Éste es el primer signo que hace Jesús, por lo tanto, es importante leerlo e interpretarlo a la luz de los otros signos que serán realizados. Este primer signo es la manifestación (= epifanía) de la gloria de Jesús (1,14) para que los discípulos crean.

El relato comienza diciendo “al tercer día” (versículo 1). Pero no se refiere al tercer día de  la semana, porque las vírgenes se casaban el cuarto día, es decir nuestro miércoles y las viudas en el quinto, o sea nuestro viernes. Tampoco se ajusta a la cuenta de los días que se venían relatando en los versículos 29, 35 y 43 del capítulo 1. Pareciera que el hagiógrafo, está utilizando un recurso literario de la época llamado “inclusio”, donde un segmento comienza y finaliza con la misma frase; el escritor sagrado podría estar utilizando la frase “al tercer día” para unir este relato de las bodas de Caná con la predicación de la muerte y resurrección de Jesús en 2,19.

Caná podría ser la aldea Kefar Kanna a unos 5 kilómetros de Nazaret o tal vez Khiber Cana a unos 13 kilómetros; cualquiera de las dos aldeas está lo suficientemente cerca de la aldea de Jesús, como para explicar la vinculación de las familias de la pareja con la familia de Jesús; incluso nos permite suponer que María era una invitada importante en la boda, casi podríamos decir con autoridad (versículo 5).

Las bodas en Israel duraban siete días y las familias anfitrionas solían invitar a la mayor cantidad de personas posibles; que se acabara el vino (versículo 3) era un error trágico (Is 16,9-10; 24,9; Joel 1,10), por lo tanto debían  proveer el vino para los siete días de fiesta. Juan aquí nos está remitiendo a las bodas mesiánicas donde María es la madre del novio (Sal 45,10; 1Re 1,16.28; Jr 22,26; Cant 3,11).

El versículo 5 presenta a María como una mujer de fe. Al igual que muchos personajes del Antiguo Testamento que buscaban a Dios, el “no” no era un impedimento para seguir insistiendo (Gn 32,26-30; Ex 33,12 – 34,9; 1Re 18,36; 2Re 2,2.4.6.9; 4,14-28). María insiste confiada en que Jesús haría algo; pero una vez que Jesús comience a hacer signos, comenzará su camino a la cruz (2,19) pues se revelará el Mesías y los poderosos se sublevarán contra él (Salmo 2).


2.    El texto en nuestro contexto:

Las cristianas y los cristianos del siglo XXI nos hemos adormecido. Leemos los textos bíblicos sin entender su contenido. Tenemos una fe en mitos y no en acontecimientos salvíficos. Jesús se revela como el gran Profeta que Israel esperaba; la primera señal de Moisés fue convertir el agua en sangre (Ex 7,20), la primera señal de Jesús fue convertir el agua en vino (Jn 2,1-11) manifestando así su gloria para que nosotros y nosotras creamos y demos testimonio (1,14-15).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera invitar a todas y todos a participar de la fiesta de bodas, sin poner condiciones o exigencias (Mt 22,1-14) ya que en dicha fiesta se comunica el Espíritu a todas y todos, porque “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera anunciar el acontecimiento salvífico de la Pascua: “Dios resucitó a Jesús” (Hch 2,14-36; 3,1-26; 4,1-22; 5,21b-33) y ya ahora estamos siendo partícipes de la fiesta de bodas del Mesías y la Iglesia (Ap 19,1-7).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera anunciar que el Reinado de Dios, no es algo por venir, sino que ya comenzó y está siendo aquí y ahora, en nuestro tiempo, en nuestra cultura, en nuestra vida cotidiana (Ap 19,6).

Jesús continúa manifestándose en nuestra historia, la epifanía se mantiene en el tiempo, para que nosotros y nosotras, las discípulas y los discípulos del siglo XXI creamos y creer significa aceptar el Evangelio en toda su dimensión sanadora, liberadora e inclusiva.

Buena semana para todos y todas. Y sean bienvenidos y bienvenidas a la fiesta de la vida, plena, digna y abundante que nos comunica Jesús (Jn 10,10) +Julio.


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