Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 29 de noviembre de 2015

La PROMESA de Dios a la Humanidad



"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor-nuestra-justicia" (Jeremías 33,14-16).


Primer Domingo del Tiempo de Esperanza
Ciclo C 


1.    El texto en su contexto:

El capítulo 33 del profeta Jeremías continúa el anuncio de consolación iniciado en el capítulo 30. Dios promete la restauración de Israel y de Judá (33,4-13) y la continuidad del linaje davídico y del sacerdocio levítico (33,14-26).

En el versículo 14 se anuncia el día en que se cumplirán las promesas divinas, promesas de bendición para el pueblo de Dios (2 Sam 7,11-12; Is 41,1-20; 49,8-26; 52,1-12; 60-62; Jer 30-31; Ez 34,11-31; 36-37; 39,21-29; Am 9,11-15; Sof 3,14-20).

En el versículo 15 se anuncia el tiempo de paz y justicia, establecido por un descendiente davídico (Is 9,2-7; 11,1-10; Miq 5,1-15; Zac 9,9-10).

En el versículo 16 asegura paz, justicia y protección para el pueblo rescatado y la ciudad santa será llamada “el Señor nuestra victoria”; un paralelo con Jer 23,5-6 aplicándosele a Jerusalén el título que antes se aplicó al descendiente davídico (Ez 34,23). Este nombre simbólico resume todos las promesas para los tiempos mesiánicos: rectitud y justicia, salvación y liberación (Is 9,7[6]; Miq 5,4[3]).


2.    El texto en nuestro contexto:

El texto del profeta Jeremías, es totalmente vigente en nuestros días, donde importantes sectores de la humanidad están vulnerados en sus derechos y su dignidad; basta con echar una mirada a nuestro continente latinoamericano para identificar la marginación de los pueblos originarios, el empobrecimiento de los sin tierra, las situaciones generalizadas de violencia doméstica, la invisibilización de quienes se encuentran en situación de calle, el estigma del colectivo trans, la intolerancia hacia las personas homosexuales y tantas otras situaciones que claman por justicia (Ex 3,7).

En medio de esta realidad latinoamericana, la Iglesia de Jesucristo tiene la obligación de denunciar la injusticia y anunciar la promesa de Dios; una promesa que llegará a su pleno cumplimiento cuando logremos establecer otra sociedad, otra cultura, otra religión, otro mundo posible, donde todos y todas puedan acceder a los mismos derechos; donde todos y todas tengan vida plena, digna y abundante (Jn 10,10); donde todos y todas participen de la fiesta de la vida (Mt 22,9).

Pero mientras caminamos hacia esa meta, la Iglesia tiene que continuar trabajando por los derechos y la dignidad de todas las personas; pero especialmente de aquellas que son vulneradas “porque Dios no hace diferencias entre las personas (Hch 10,34); anunciando la justicia y la liberación para todos y todas sin exclusiones, porque la Iglesia es discípula y continuadora de la obra de Jesucristo que fue “consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (cf Lu 4,18-19).

El profeta Jeremías, urge a la Iglesia seguidora del Mesías, a sembrar la esperanza en las promesas liberadoras de Dios. Una Iglesia que no se compromete con la esperanza en la liberación no es la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que no se compromete con los derechos humanos y la dignidad humana no es la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que se atribuye el poder de juzgar, de condenar, de excluir de la fiesta de la vida (Mt 22,9) no es la Iglesia de Jesucristo.

En este primer domingo del Tiempo de Esperanza, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, que nos sentimos parte de la Iglesia de Jesucristo: Una, Santa, Católica y Apostólica, reafirmamos nuestro compromiso de llevar la esperanza a todas las personas que el sistema religioso, el sistema cultural, el sistema político se la han arrebatado. Nos sentimos enviados y enviadas a recordar a todas las personas, que Dios las ama entrañablemente (Jn 3,16), que cada una de ellas es imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27) y que Jesús las sana, las restaura y las libera (Mt 11,28-30).

Buena semana para todos y todas. Buen comienzo del Tiempo de Esperanza +Julio.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Declaración de Apostolicidad




"Tenemos que permanecer en esa Iglesia, que fue fundada por los Apóstoles, y que perdura hasta hoy día" (Jerónimo)[1]


1.    Etimología

Término latino apostolicus. Se refiere a lo relativo o concerniente a los Apóstoles. Es un  término compuesto, tiene su origen en el sustantivo apostol y se le suma el sufijo ico.


2.    Algunas reflexiones vinculadas a la etimología del término

Podemos afirmar que una Iglesia Apostólica tiene la continuidad de la Iglesia fundada por los Apóstoles, cuyo único fundamento es Jesucristo (Ef 2,20); identificándose con la Iglesia primitiva; manteniendo inalterado el depósito de la fe apostólica, es decir, aquello que creyó y predicó la comunidad apostólica.

Podemos identificar que una Iglesia es Apostólica por tres aspectos: por su origen en cuanto procede de la comunidad apostólica que eligió Jesucristo; por su doctrina y su misión en cuanto que enseña lo mismo que enseñó la comunidad apostólica; por la autoridad recibida de Jesucristo y transmitida hasta nuestros tiempos.

El que una Iglesia posea sucesión de los Apóstoles implica, que se siente heredera y transmisora, de la fe, doctrina y misión apostólica[2].


3.    Depósito de la fe apostólica

Sin lugar a dudas, la primera fuente a la que podemos recurrir, para saber en que creyó la comunidad apostólica, son los escritos del Nuevo Testamento, sin embargo no son los únicos, dentro de la literatura patrística de los primeros siglos encontramos diversas obras, que si bien no forman parte del canon del Nuevo Testamento, son parte del depósito de la fe apostólica, tanto por su antigüedad como por su contenido; ellas son: el Símbolo de los Apóstoles, la Didaché y los Padres Apostólicos.

¿Por qué estas tres fuentes y no otras?. La razón es sencilla. Son los textos más próximos a la era apostólica. Ellos contienen la fe de la comunidad apostólica trasmitida a las iglesias.


a)    Symbolum Apostilicum:

El Símbolo de los Apóstoles presenta un resumen de los artículos de la fe cristiana. Rufino es uno de los autores más antiguos que hace referencia al mismo explicando cierta tradición que lo originó[3]. Ambrosio retoma la explicación de Rufino y la amplía[4].

Si bien se atribuye a los apóstoles, Marco Aurelio, arzobispo de Éfeso, en 1438 declara que las Iglesias ortodoxas desconocían tanto el texto como su origen apostólico. Si bien su contenido se remonta a la era apostólica, los recientes estudios nos permite saber que su redacción, tal como la conocemos data de una fecha mucho más tardía. Para nosotros y nosotras hoy, es fundamental saber que su contenido tiene su origen en los tiempos apostólicos, pues nos conecta con las fuentes mismas de la tradición, aunque la forma no sea la misma.

¿Cuál es el contenido que se remonta a la era apostólica? El texto más remoto lo encontramos en Hechos de los Apóstoles:

            “Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios” (8,37).

Pablo, en la carta a la Iglesia de Roma afirma:

"su Hijo, nacido de la descendencia de David según la carne, constituido Hijo de Dios, poderoso según el Espíritu de Santidad a partir de la resurrección de entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor" (1,3).

Fórmulas muy semejantes encontramos en la primera carta a la Iglesia de Corinto:

“En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras” (15,3-4).

Igualmente en la primera carta de Pedro:

“Porque Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para  siempre. Él era inocente, pero sufrió por los malos, para llevarlos  a ustedes a Dios. En su fragilidad humana, murió; pero resucitó con una vida espiritual,  y de esta manera fue a proclamar su victoria a los espíritus que estaban presos. Estos habían sido desobedientes en tiempos antiguos,  en los días de Noé, cuando Dios esperaba con paciencia  mientras se construía la barca, en la que algunas personas,  ocho en total, fueron salvadas por medio del agua.  Y aquella agua representaba el agua del bautismo, por medio del cual somos ahora salvados.  El bautismo no consiste en limpiar el cuerpo, sino en pedirle  a Dios una conciencia limpia; y nos salva por la resurrección de Jesucristo, que subió al cielo y está a la derecha de Dios, y  al que han quedado sujetos los ángeles y demás seres espirituales  que tienen autoridad y poder” (3,18-22).

Años más tarde, Ignacio[5] confiesa:

"Jesucristo, del linaje de David e hijo de María, que nació, comió y bebió verdaderamente, fue verdaderamente perseguido bajo Poncio Pilatos, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los moradores del cielo, de la tierra y del infierno; que, además, resucitó verdaderamente de entre los muertos, resucitándole su propio Padre. Y a semejanza suya también a los que creemos en El nos resucitará del mismo modo su Padre, en Jesucristo, fuera del cual no tenemos la verdadera vida" (Trall 9).

Posteriormente Justino[6], al parecer el primero, dirigiéndose a las catecúmenas y los catecúmenos, introduce la fórmula trinitaria:

“reciben el lavado del agua en el nombre de Dios Padre y Señor del universo, y en el de nuestro Salvador Jesucristo y en el del Espíritu Santo" (Apol I,61).

Pero es la Epístola Apostolorum[7] y al parecer Hipólito[8] quienes realizan los aportes finales para la confección del credo que aparece por primera vez en la Tradición Apostólica escrita por Hipólito, cuyo texto original transcribimos a continuación:

“Credo in Deum patrem omnipotentem
Et in Christum Iesum, filium Dei.
Qui natus de Spiritu Sancto ex María Virgine
Et crucifixus sub Pontio Pilato et mortuus est et sepultus,
Et resurrexit die tertia vivus a mortuis,
Et ascendit in caelis,
Et sedit ad dexteram patris,
Venturus iudicare vivos et mortuos
Et in Spiritum Sanctum et sanctam ecclesiam,
Et carnis resurrectionem.”

Una Iglesia, que cree y enseña estos artículos de fe, debe ser considerada como apostólica.


b)    La Didaché:

Esta obra se caracteriza por su antigüedad, compuesta tal vez antes de los años 70 dC, tomando como base, piezas literarias ya existentes. Es un testimonio, tal vez el más antiguo conocido, de reglas cristianas, tal vez utilizada no por una, sino por varias comunidades eclesiales, más bien judeocristianas que de comunidades provenientes del paganismo convertido al cristianismo, que nos presenta la eclesiología y liturgia de la Iglesia naciente.

Este antiguo documento, da cuenta de las primeras rúbricas litúrgicas de la historia de la Iglesia, acerca de la celebración de los sacramentos de iniciación: el Bautismo y la Eucaristía; también contiene una de las tres versiones que nos han llegado a cerca del Padrenuestro.

De una influencia muy grande en la antigüedad, postulada a formar parte del canon bíblico, finalmente quedó ubicada, como la obra más importante dentro de lo que denominamos Padres Apostólicos. Fue citada por Clemente de Alejandría en sus escritos.

Estas características hacen de la Didajé uno de los depósitos de la fe más fuertes, ya que articula los escritos del Nuevo Testamento, recogiendo las enseñanzas y prácticas de la iglesia apostólica, con los Padres Apostólicos.

Una Iglesia, que practica estas enseñanzas es una Iglesia apostólica.


c)    Los Padres Apostólicos

La otra fuente indiscutible son los Padres apostólicos por su proximidad histórica a la Iglesia de los apóstoles y porque algunos de los Padres, según el testimonio de Ireneo de Lyón fueron discípulos directos de los apóstoles, tal es el caso de Clemente de Roma que fue discípulo de los apóstoles Pedro y Pablo y Policarpo de Esmirna que fue discípulo del apóstol Juan. No tenemos referencias sobre los otros escritos en cuanto a su vinculación directa con alguno de los apóstoles, sin embargo, la epístola de Bernabé, las de Ignacio de Antioquía, la epístola a Diogneto, el Pastor de Hermas, los fragmentos de Papías y la propia Didaché, se centran en presentar la fe apostólica más que de defenderla de los errores, actividad que desarrollarán posteriormente los Padres apologetas.

Afirma el escritor de la epístola a Diogneto:

“No trato de cosas extrañas ni inquiero cuestiones absurdas, sino que, habiendo sido discípulo de los apóstoles, me hago maestro de las naciones y administro lo que yo he recibido a los que se han convertido en discípulos dignos de la Verdad”

Los escritos de estos padres, son una referencia constante al carácter apostólico de la doctrina que creyeron, practicaron y enseñaron.

Una Iglesia, continuadora de esta fe, porque la cree, la practica y la enseña es una Iglesia apostólica.

Por lo tanto, para que una Iglesia sea considerada apostólica es necesario que adhiera a los artículos de fe y la doctrina apostólica; además de que contenga en sí, una transmisión autoritativa de la apostolicidad[9] (cf Epístola 76 Ad Magnum, Cipriano (+258 dC):

“Novaciano no está en la Iglesia, ni puede ser considerado obispo, porque en desprecio de la tradición apostólica se ordenó a sí mismo sin suceder a nadie”


4.    Algunas conclusiones

En todos estos siglos de cristianismo, nuestro cuerpo doctrinal ha ido ensanchándose con diversos dogmas y doctrinas. Sin embargo, entendemos que para que una Iglesia sea reconicida como apostólica, solo bastan estas tres condiciones:

- cree
- practica
- enseña, aquello en que creyeron los Apóstoles.

Ninguna otra condición debiera agregarse a estos tres requisitos y la Sucesión Apostólica, solo es un complemento a ello que debiera ser garante de ellos.

Cuando planteamos estos requisitos, los mismos deben de ser entendidos e interpretados a la luz del Evangelio de Jesucristo, manteniendo intacto e incambiado el contenido de la fe apostólica, pero renovando la forma de su presentación, es decir, el envoltorio del mensaje.


Fuentes:
Diccionario de Teología: EF Harrison.
Patrología Latina: Migne – Documenta Catholica Omnia (en línea)






[1] Jerónimo nace entre los años 340 / 342 dC (fecha inexacta) y muere en 420 dC. Se destacó por sus estudios exegéticos y por traducir las Sagradas Escrituras al latín, versión de la Biblia denominada Vulgata.
[2] Entendemos que la doctrina de la Sucesión Apostólica debemos tratarla aparte dada la evolución de la misma, aquí simplemente hacemos una mención a la misma.
[3] Rufino de Aquilea nace en 345 y muere en 411. Escritor y exégeta. Gracias a sus escritos hemos conocido la obra de Orígenes y otros autores antiguos.
[4] Ambrosio de Milán nace en 340 y muere en 397. Es uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina.
[5] Ignacio de Antioquía nace entre los años 25 a 28 y muere entre los años 98 a 110. Obispo y mártir. Autor de siete cartas a diferentes iglesias mientras que era conducido de Siria a Roma para ser ejecutado.
[6] Justino nace en Flavia Neapolis (Siquem) entre los años 100 a 114 y muere entre los años 162 a 168. Es uno de los primeros apologistas cristianos.
[7] La Epístola Apostolrum, sin lugar a dudas es una de las más importantes de la literatura apócrifa por varias razones. Va dirigida a la catolicidad, a las iglesias del norte y del sur, del este y del oeste; escrita entre los años 140 y 160, en su teología afirma claramente la encarnación del Verbo Eterno, identifica la divinidad del Verbo con la del Padre; realiza importantes aportes en materia de liturgia, presentando los artículos de fe en un credo pequeño, revela que en este tiemo, aún continuaba celebrándose juntos el Ágape y laEucaristía.
[8] Hipólito de Roma nace en el año 170 y muere en 236. Al parecer discípulo de Ireneo quien a su vez fue discípulo de Policarpo que fue discípulo del apóstol Juan.
[9] Para ello, desarrollamos un tercer documento que se agrega a los de Catolicidad y Apostolicidad que es Sucesión Apostólica.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Sobre la venida del Señor.




26º domingo después de Pentecostés
Ciclo B – Marcos 13,24-32


1.    El texto en su contexto:

El relato del regreso del Hijo del Hombre es común a los evangelios sinópticos (Mt 24,29-35; Mc 13,24-32; Lc 21,25-36). En el contexto literario está antecedido por las señales antes del fin (versículos 3 – 23) y precedido por los relatos de pasión, muerte y resurrección (capítulos 14-16).

Marcos toma imágenes del Antiguo Testamento (versículos 24-25 cf Mt 24,29); estas imágenes son tomadas también por Ap. 6,12-13; 8,12 ubicándonos en un contexto escatológico que comienza por una perturbación cósmica (Is 13,9-10; 24,23; 34,4; Jer 4,23-26; Ez 32,7; Jl 2,10-11; 2,31[3,4]; 3,15[4,15]; Am 8,9; Sof 1,15).

Prosigue relatándonos lo que las Iglesias llamamos la parusía (versículo 26). El humano que asciende al cielo en una nube (Dn 7,13-14), desciende luego de recibir poder de Dios Altísimo ( Mt 16,27; 1Tes 4,13-18; Ap 1,7). Este pasaje de Daniel hace referencia no a una persona concreta, sino al pueblo elegido por Dios, el resto de Israel. En el Nuevo Testamento y toda la tradición cristiana lo refieren al Mesías.

Continúa relatando el arrebatamiento de las personas elegidas (versículo 27). La reunión de los elegidos del pueblo judío, la comunidad fiel dispersa por los pueblos de la tierra (Is 27,12-13 cf Dt 30,3-4; Zac 2,6.10) aquí en Marcos se refiere a las discípulas y los discípulos de Jesús.

Marcos, presenta la parusía como un acontecimiento cósmico, histórico, trascendente y universal; a partir de esta enseñanza, unánimemente, las Iglesias esperamos la venida gloriosa de Jesucristo, para que finalmente Dios sea todo en todos y todas (1 Cor 15,28).

A Marcos, que le gusta usar en sus relatos “enseguida” (euthys) aquí utiliza “en aquellos días”, una fórmula corriente utilizada por los profetas para hablar de un futuro indefinido. El relato nos deja con incertidumbres, nos invita a observar la naturaleza para saber cuándo llegará la primavera (versículo 28 cf Is 18,5) pero no nos asegura el día ni la hora.

El versículo 30 refleja la creencia de la primera generación de cristianos que Jesús retornaría inmediatamente (cf 2Tes) sellada esa expectativa por la expresión enfática de Jesús “mis palabras no pasarán” (versículo 31 cf Is 54,10; Jr 31,35-36). Pero parece corregirse diciendo seguidamente que a excepción del Padre, nadie sabe cuándo ocurrirá (versículo 32).


2.    El texto en nuestro contexto:

El relato del evangelio de hoy nos invita a estar atentos y atentas al retorno de Jesucristo al final de los tiempos. Sin embargo, atención no significa estar pendientes.

Conocemos varios sectores del cristianismo, que leen todos los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor: guerras, terremotos, eclipses, enfermedades, etc. como signos que estarían indicando la inminencia de la parusía. Tienen un discurso apocalíptico sin darse cuenta que estos sucesos se han ido dando a lo largo de toda la historia humana. Si estudiaran la Biblia en lugar de interpretarla literalmente reconocería el género apocalíptico en varios de los profetas, en distintos momentos de la historia del judaísmo y del cristianismo. Estos grupos atentos a la venida de Jesús al final de los tiempos se pierden disfrutar y gozar cada venida en este tiempo (Mt 18,20; 25,31-46).

Conocemos varios sectores del cristianismo,  que han perdido la esperanza del retorno del Señor y viven en este mundo como si fuera la única realidad posible. Algo parecido debió haberle sucedido a las primeras generaciones cristianas que, aguardando la inminente llegada del Señor, pasaron sin que ésta se produjera. Dos mil años después, generaciones cristianas han perdido la esperanza en la intervención histórica de Jesucristo, dejándola archivada en los relatos simbólicos o mitológicos. Estos grupos sin una esperanza cierta se pierden disfrutar y gozar la presencia del Señor entre nosotros y nosotras (Mt 28,20).

Ciertamente no sabes cuando sea transformado el cosmos (Ap 21,1 cf Is 65,17; 66,22; 2 Pe 3,13) y esta historia de injusticia, desigualdad, opresión, exclusión llegue a su fin y la humanidad, junto a toda la creación (Rom 8,22-23 cf 2Co 1,22; Ef 1,14) comencemos a disfrutar de vida digna, plena y abundante (Jn 10,10) construyendo otra historia posible con la creación y la humanidad como parte de ella sanada, liberada y dignificada (Gn 1,26; 1Co 15,28). Pero mientras aguardamos que eso suceda, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana seguimos el ejemplo de Jesús, ni perdemos la esperanza, ni centramos nuestra existencia en una visión apocalíptica. Creemos en la permanente presencia de Jesús con nosotros y nosotras y entre nosotros y nosotras (Is 7,14; Mt 1,23).

Cada día el Señor nos sale al encuentro en las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad; cada día el Señor nos sale al encuentro en la naturaleza explotada y devastada; cada día el Señor nos sale al encuentro en la experiencia solidaria del encuentro con el otro o la otra. Vivamos con gozo esa experiencia, como anticipo de aquel momento en que el Señor entregue su Reino al Padre, cuando no habrá más opresión, exclusión, discriminación, desigualdad, injusticia porque todos y todas estaremos igualmente en la presencia divina (Ap 21.4).

Buena semana a todos y todas +Julio.



sábado, 7 de noviembre de 2015

El Evangelio de Jesús nos interpela y nos compromete.



25º Domingo después de Pentecostés
Ciclo B – Marcos 12,38-44



1.    El texto en su contexto:

El conflicto entre Jesús y las autoridades civiles y religiosas iba en aumento. El evangelio de hoy es una clara y directa crítica a la hipocresía de los maestros de la ley, es decir de la jerarquía religiosa que interpretaba y enseñaba las Escrituras (cf Mt 23,1-36; Lc 11,37-54; 20,45-47), y de las personas ricas y poderosas (cf Lc 21,1-4).

Los maestros de la ley eran quienes interpretaban y enseñaban las Escrituras al pueblo, lo hacían en las sinagogas generalmente, según la crítica de Jesús les gustaba usar ropas ostentosas (versículo 38). En Mateo, el relato es mucho más crítico:

Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los vea. Les gusta llevar en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas tiras, y ponerse ropas con grandes borlas. Quieren tener los mejores lugares en las comidas y los asientos de honor en las sinagogas, y desean que la gente los salude con todo respeto en la calle y que los llame maestros (23,4-7).

Usaban unas cajitas de piel, llamadas filacterias, que se ataban en la frente o en el brazo izquierdo, conteniendo textos de la Biblia, en el momento de las oraciones, cumpliendo literalmente los pasajes bíblicos de Ex 13,9; Dt 6,8; 11,18. También llevaban borlas o flecos cocidos al manto en señal de devoción, cumpliendo literalmente Nm 15,38; Dt 22,12.

Pero las ropas ostentosas no eran el único problema, también les gustaba que la gente les admirara y les respetara. Usaban los asientes de honor en la sinagoga, es decir, aquellos que están frente a la asamblea y no entre la asamblea; y en las comidas les gustaba sentarse en los lugares de honor (versículo 39). Sin embargo, no practicaban la justicia. Jesús hace una referencia directa al profeta Isaías:

            ¡Ay de ustedes, que dictan leyes injustas
y publican decretos intolerables,
            que no hacen justicia a los débiles
ni reconocen los derechos de los pobres de mi pueblo,
que explotan a las viudas
y roban a los huérfanos! (Is 10,1-2).

El relato evangélico de Marcos continúa diciendo que Jesús estaba en el Templo, próximo a los cofres de las ofrendas, eran unos 12 o 13 cofres que tenía el Templo, viendo a la gente realizar sus ofrendas. Entre ellas, personas ricas y poderosas echaban mucho dinero (versículo 41). Sin embargo, una mujer, pobre y viuda, depositó en la ofrenda dos monedas de cobre. Estas monedas se llaman leptón y equivale a 1/128 partes de un denario, el denario es lo que una persona necesitaba para vivir un día. Las dos monedas leptón equivalen a un cuadrante es decir, la mínima expresión monetaria de Roma, 1/64 partes de denario (vesículo 42).

El gesto de la mujer llamó la atención de Jesús que convocó a sus discípulos y aseguró que su gesto, aunque no sepamos su nombre, se siga recordando a través de la historia. A diferencia de las personas ricas y poderosas que daban lo que les sobraba, esta mujer dio de lo que tenía para vivir, es decir de lo que necesitaba no de lo que le sobraba, porque era pobre y a las personas pobres no les sobra (versículos 43-44 cf 2Co 8,12).


2.    El texto en nuestro contexto:

El relato evangélico de este domingo nos deja dos grandes enseñanzas.

La primer enseñanza tiene que ver con identificar a aquellas personas, miembros de la jerarquía de nuestras iglesias, que olvidando la enseñanza del Maestro (Mt 20,26) y su ejemplo (Mt 20,28), presumen de su ministerio, utilizando ornamentos ostentosos, ropajes pomposos, anillos llamativos, grandes cruces doradas. Que además, exigen poniendo las Escrituras como escusas, el cumplimiento de normas, reglas y doctrinas que son un peso, contrarias al Evangelio liberador de Jesucristo (Mt 11,30). Estos líderes nefastos están presentes en todas las Iglesias cristianas y Jesús nos alerta de ellos.

El evangelio de hoy nos desafía a convertirnos. A cambiar nuestros modelos de liderazgo. A dejar la iglesia imperial para asumir la iglesia servidora de quienes son vulnerados en sus derechos y dignidad por el sistema religioso imperante, en nuestro caso, por el cristianismo. En nombre de Jesucristo y de su Evangelio, sostenemos anacronismos, fundamentalismos, literalismos que hunden en la opresión, la discriminación, la culpabilización, y finalmente la condena de tantas hermanas y tantos hermanos en la fe que decimos profesar.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, no podemos caer en el error de repetir esos modelos que conspiran con el mensaje sanador, liberador e inclusivo de Jesucristo (Lc 4,18 - 19 cf Is 61,1). El liderazgo de  nuestra iglesia, obispos y obispas, presbíteros y presbíteras, diáconos y diáconas, debe ser identificado por sus obras y no por sus ropas; debe ser ejemplo a seguir y no vergüenza para la Iglesia. Sus dichos y sus acciones tienen que ser acordes al Evangelio, no al Antiguo Testamento porque no somos judíos, no a las cartas del Nuevo Testamento porque no somos discípulos de Pablo, ni de Pedro, ni de Santiago, ni de Juan, ni de Timoteo, ni de Tito. Nosotros y nosotras, tenemos un único Maestro y un único Señor (Mt 23,8).

Con esto no estoy afirmando que el resto de la Escritura no sea para cumplirse. Estoy diciendo, que la clave hermenéutica para leer y enseñar la Escritura son los Evangelios, los dichos y hechos de Jesús de Nazareth, el rostro humano de Dios. Si no interpretamos las Escrituras desde la perspectiva de Jesús, estamos condenados y condenadas a repetir una historia de opresión en vez de liberación, una historia de injusticias en vez de justicia, una historia de condenas y exclusión en vez de inclusión.

La segunda enseñanza, tiene que ver con nuestra actitud. Tal vez en la actualidad no sea tan importante la ofrenda al templo, sino la solidaridad con quienes están en situación de desventaja socio económica. La acumulación de bienes que no son compartidos para satisfacer las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, dentro y fuera de la Iglesia, es un pecado grave. No podemos llamarnos discípulos y discípulas de Jesús si realizamos las cuatro comidas diarias, mientras otras personas no tiene para sobrevivir. No podemos llamarnos discípulos y discípulas de Jesús si tenemos una casa y una cama, mientras otras personas duermen en la calle.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad cristiana no somos una iglesia de los domingos, somos una iglesia de todos los días, una iglesia llamada a servir, a compartir los dones, a compartir la vida, a construir equidad, a trabajar por la justicia, a defender los derechos de las personas excluidas, a comprometernos con la protección del planeta; recién ahí, cuando hagamos todo esto, tendremos motivos para acercarnos a la Mesa de la Eucaristía. Participar de la celebración dominical y no comprometerse radicalmente en la construcción de otro mundo posible, de otro cristianismo posible, de otra sociedad posible, de otra iglesia posible es un gran pecado.

Hermanas y hermanos, amigas y amigos, ser cristiano o cristiana en este mundo es fácil, muy fácil; lo difícil es ser discípulo o discípula de Jesús. El Evangelio de Jesús nos interpela y nos compromete.


Buena semana para todos y todas +Julio.

martes, 3 de noviembre de 2015

Iglesia Antigua de Argentina - Diversidad Cristiana



Algunos lineamientos pastorales producto de la visita a Mendoza y Córdoba del 24 al 26 de octubre, que estuvimos trabajando con el Pbro. Jorge Trujillo (Mendoza) y el Diácono Cristian Olivares (Córdoba)


- Trabajar desde la perspectiva ecuménica e inter eclesial. Especialmente en Mendoza, intercambiando y coordinando con la Iglesia Episcopal Libre.

- Desarrollar una liturgia acorde a la identidad de las comunidades eclesiales.

- Apuntar la acción pastoral hacia quienes más lo necesitan.

- Predicar al Dios de Jesucristo como Padre amoroso, tal como lo reveló el Señor, dejando atrás las figuras rígidas y crueles del Antiguo Testamento.

- Desculpabilizar a las personas. Acompañar los procesos de sanación y liberación de quienes quedaron fuera del sistema religioso por diversas razones.


lunes, 2 de noviembre de 2015

La Biblia Subversiva - Ruth de Moab

Los días lunes comenzamos un nuevo espacio donde iremos compartiendo diversos materiales para el desarrollo de una reflexión teológica queer. Estos materiales no se publicarán en la página de facebook. Esperamos contribuir al crecimiento y desarrollo de la experiencia de fe de cada uno y cada una de las personas que nos visitan y siguen en este espacio.

Durante varias semanas estaremos compartiendo distintos capítulos de "La Biblia Hebrea Subversiva - Liberación para todos los oprimidos" obra del Rev Tomás Hanks teólogo y Director de Misión, Otras Ovejas, es un comentario de la Biblia Hebrea, libro por libro, enfocando especialmente los temas del pobre, la mujer y las minorías sexuales. Muestra como una lectura cuidadosa de la Biblia Hebrea subvierte los prejuicios de las iglesias y la sociedad.




Rut de Moab

La historia folclórica de Rut, una obra maestra del arte narrativo hebreo, cuenta las experiencias de dos mujeres “en los días cuando los caudillos gobernaban” (1:1). Surgió, en forma oral, de un círculo de mujeres sabias (Petermann 1998/99:104). Aunque antes era común asignarle una fecha después del exilio babilónico, 538-400 (DHHBE), ultimamente, ciertos estudios le han señalado características lingüísticas que sugieren una fecha más antigua, pero después de David (950-700 a.C.; BJ; HCSB). Probablemente la forma original de Rut perteneció a una época difícil de fechar por lo antiguo, pero fue revisada (ver la genealogía agregada al final, que termina con David; Rut 4:18-22)—tal vez como protesta ante las campañas de Esdras y Nehemías contra los matrimonios mixtos (Marjo Korpel 2001). En la tradición judía, Rut llegó a ser la lectura designada, apropiadamente, para la fiesta anual de las Semanas/Pentecostés (la primera cosecha).

El predominio de las dos mujeres en cada sección es tan fuerte que muchos concluyen que fue escrito por una mujer (Phyllis Trible 1992). Tal autor(a) no necesariamente abogó a favor de un matriarcado en vez del patriarcado tradicional, y, si no fuera una mujer, por lo menos fue alguien extraordinariamente sensible a los sufrimientos y las perspectivas de las mujeres. Los lectores post-exílicos, frente a ideologías rígidamente exclusivistas (à Abdías, Nahum, Esdras, Nehemías) podrían encontrar en el libro el fuerte apoyo de una teología inclusiva y universal (à Jonás). Con la eliminación de la monarquía después del exilio, lectores hartos de regímenes de sacerdotes y gobernadores corruptos anhelaban la restauración de una monarquía autónoma, en vez de gobernadores instalados por imperios extranjeros (algo tal vez señalado por la genealogía final).

Muy discutidas también son las discrepancias entre Rut y las leyes del Pentateuco, tal vez por su forma final dada por Esdras. Según Génesis, Moab fue hijo de Lot, por la unión incestuosa con su hija mayor (19:37). La Ley les prohibió a los varones israelitas casarse con mujeres de Moab y Edóm (Deut 23:2-8; cp. Núm 25:1-5; Os 9:10; Esdras 9:1-2; 10; Neh 13:1-3, 23-31), pero el libro de Rut celebra precisamente tal matrimonio. ¿Es porque el relato surgió antes de tal ley? O después, ¿para modificarla, hacerla más flexible, o insistir en el espíritu y la intención detrás de la ley? La Ley procuró proteger los derechos de los pobres de compartir en la cosecha (Deut 24:19-22; Lev 19:9 -10; 23:22 [la Fiesta de las Semanas/Pentecostés]; cp. Éx 23:10-11). Según David Pleins, el rela to de Rut reconoce que detrás de las leyes están el pacto, y el hecho que la comunidad ha compartido la experiencia del éxodo, la liberación de una opresión económica (1991:195).

La ley del levirato (del latín levir, “cuñado”) procuró asegurarles a los varones fallecidos sin hijos el derecho de conservar su nombre y propiedad, y también proveerle a la viuda recursos económicos (Deut 25:5 -10; cp. Lev 18:16 y 20:21), pero, ¿por qué no siguen al pie de la letra esta ley las narraciones como Rut (4:5) y Génesis 38 (Judá y Tamar)? Y si Jesús quiso insistir en la autoridad de la Ley en cada detalle (Mat 5:17-20), como insisten tantos hoy, ¿deben los cristianos obedecer la ley del levirato (Mc 12:19; Lc 20:28; Mt 22:24)? Aprovechándose de las disposiciones del levirato, Rut y Noemí no logran una liberación independiente (4:10), sino ayudan a Booz a ser responsable y a cumplir la ley (Pleins 1991:195), o encarnar sus valores (Robert Hubbard 1988:48-51).


1 Mujeres/pobres/minorías sexuales (viudas). 

El libro de Rut nos presenta ejemplos clásicos de múltiples identidades; Rut y Noemí son mujeres, pobres, y además minorías sexuales—y Rut también es inmigrante extranjera, pero no idólatra, pues decide abandonar su país (Moab) y su dios (Quemos) para disfrutar una relación con Yahvé, el Dios libertador de su suegra Noemí y de los respectivos difuntos esposos. Las múltiples identidades representadas por Rut y Noemí, por lo general, tanto en la Biblia como en la historia general, representan personas y grupos débiles, que comúnmente sufren opresión y violencia a manos de los más fuertes (varones, ricos, casados, personas que viven en su país de origen). Por lo tanto, la historia de Rut señala el gran error de cualquier teología de liberación que “opte ” y pretenda hacerse solidaria con una identidad abstracta (p.ej., con los pobres), pues en cualquier praxis auténtica con personas reales (en toda su complejidad) tal abstracción de una faceta de la identidad resulta imposible (Marcella Althaus-Reid 2000).

Booz se refiere de paso a jóvenes “ricos o pobres” en quienes Rut no se fijó (3:10); la única referencia a los pobres que aparece en el libro. Pero, como señala David Pleins, Rut, como tantos relatos folclóricos, procura defender normas específicas de justicia (1991:194).

Todo el libro narra la experiencia de viudas empobrecidas por una hambruna y después por la muerte de los esposos. Su experiencia no apoya ni la ideología del Éxodo (esclavos israelitas, mantenidos pobres por la opresión imperial), ni la de Proverbios (los hijos de las élites, advertidos contra el empobrecimiento que podría resultar de su pereza y/o sus vicios). El relato de Rut nos muestra el peligro de sacar conclusiones teológicas equivocadas sobre la pobreza, partiendo exclusivamente de un estudio del vocabulario específico para pobres/pobreza (una debilidad ocasional en los excelentes estudios de David Pleins; 1992; 2001; cp. Hanks 1992:414-415; 2000). Reflejando la complejidad de la experiencia humana, la Biblia nos presenta más de veinte causas para la pobreza (Hanks 1983:33-39; cp. 1982:44-46). Como Marcella Althaus-Reid afirma: “Cualquier teología que se preocupe con las cuestiones de riqueza y pobreza debe considerar más la incoherencia de la opresión y sus múltiples dimensiones en vez de sus elementos comunes”(2001:169).

De acuerdo con el paradigma del Éxodo, la opresión es la causa básica de la pobreza, que recibe mucho más énfasis en la Biblia (más de 160 textos), entre las más de veinte restantes causas señaladas. Sin embargo, Rut nos hace ver cómo factores ecológicos (hambre) y tragedia familiar (la muerte de los esposos de Noemí, Orfa y Rut) pueden ser decisivas, aparte de la opresión enfocada en el Éxodo y los vicios en Proverbios. Podríamos afirmar que, desde la perspectiva de la Biblia, especialmente del Nuevo Testamento, “el problema” no es tanto la pobreza o los pobres, sino la riqueza y los ricos. Sin embargo, puesto que la Biblia nos manda hacernos solidarios con los pobres en su necesidad y sufrimiento, podríamos concluir que cualquier elaboración de una praxis eficaz debe partir de un análisis de la complejidad de las causas—y no desconectarnos y consolarnos con ideologías simplistas y crueles, que les echan toda la culpa a los pobres mismos (Proverbios culpa poco a los pobres, pero advierte mucho a los hijos de los ricos en cuanto a la pereza y los vicios).

Phyllis Trible señala cómo la colocación de Rut en el orden canónico de la Biblia hebrea afecta y enriquece la perspectiva sobre mujeres (1992:846). En las traducciones cristianas modernas (que siguen la LXX), el libro de Rut está colocado en relación con la época de los acontecimientos que narra, después del libro de Jueces. Así provee un fuerte contraste con el relato espantoso anterior, de la violación sexual que deja muerta a la concubina de un levita, donde Dios parece estar ausente (Jueces 19-21). Rut demuestra, que aun en la época de los jueces, antes del establecimiento del orden monárquico, había varones piadosos excepcionales (Boaz), y que no todo hombre “hacía lo que bien le parecía” (Juec 17:6; 18:1; 19:1; 21:25). Algunos varones vivían de acuerdo con las normas de khesed (solidaridad, misericordia; ver 1:8; 2:20; 3:10; Petermann 1998/99: 105) y trataban bien a las mujeres, incluso a las pobres inmigrantes.

En el orden de la LXX, además del contraste con la concubina, Rut precede y complementa el relato de Ana (1 Samuel 1-2), en el que la providencia de Dios protege a mujeres en sus dificultades (la “esterilidad” de Ana—pues la perspectiva patriarcal y pre-científica siempre culpaba a la mujer). Como Rut significa más para Noemí que siete hijos (Rut 4:15), así Ana vale más para su esposo Elcaná que 10 hijos (1 Sam 1:8), afirmaciones muy fuertes, especialmente en el contexto patriarcal. En la misma línea, cuando los judíos (TM) colocaron Rut después del libro de Proverbios—que concluye con el poema acróstico sobre la gran dificultad de encontrar una “mujer de carácter noble” (Prov 31:10-31)— utilizando la misma frase para la protagonista, Rut parece dar un ejemplo ideal (Rut 3:11). Trible (1992:846) indica, además, cómo, en la Biblia hebrea, varios elementos de Rut encuentran contrapartes y ecos significativos en textos de otras épocas.

· La decisión heroica de Rut de abandonar su país, clan y dioses, para acompañar a Noemí, es análoga a la decisión de Abraham (ver Gén 12:1-3 con las palabras de Booz en Rut 2:11).

· Según 4:11, los ancianos de Belén compararon a Rut con las matriarcas de Israel (Raquel y Lea; ver también Tamar).

· La geneología al final de Rut (4:18-22; cp. 1 Crón 2) vincula el relato con todo el proyecto histórico de liberación (ver la elección de David, descendiente de la moabita Rut, como rey).

· Mateo lleva la subversión un paso más allá, al insertar en la genealogía de Jesús a Rut, Tamar, Rahab y Betsabé—todas gentiles y/o mujeres que (como María) tuvieron historias sexuales irregulares ( à Mat 1:3 -6).

Así, Rut nos permite ver, como en el caso de Moisés (la valentía de su madre, su hermana y las parteras; Éxodo 1), la iniciativa de mujeres marginadas. Para el establecimiento de la nación de Israel, era esencial la monarquía bajo David y sus descendientes, y también para el nacimiento de Jesús ( à Ester, que se jugó para preservar a su pueblo frente a la persecución violenta durante el exilio). Como mujer, empobrecida, inmigrante sospechosa, y minoría sexual (viuda), Rut (aconsejada por Noemí) recurre a una estrategia sexual común entre mujeres pobres para salir de su crisis—y mantener viva también a su suegra: seducir a Booz, un hombre rico y mayor de edad, pariente de Noemí. Aunque no es el texto predilecto de los fundamentalistas, que concluyen que la Biblia siempre y en todas partes aprueba solamente relaciones sexuales exclusivas y permanentes, selladas entre una pareja con un supuesto “pacto” de matrimonio, la Biblia contiene una disposición legal que cubre casos como los de Rut y Noemí—la ley del levirato (Deut. 25:6 -10). Esta previsión (o algo muy parecido) de Deuteronomio parece proveer el fondo cultural y legal para entender la iniciativa de Rut.

Como señala Robert Hubbard (1983;48-51), la situación de Noemí y Rut no corresponde precisamente a la ley del levirato, pues Noemí es mayor de edad y no puede procrear hijos, Booz no es un cuñado, sino un pariente más distante, que actúa como redentor de la propiedad (Rut 2:20; 3:9, 12s; 4:4,6; Lev 25:23-34, 47-66), y Rut viene a ser sustituta de Noemí y con Booz procrea un hijo para su suegra. 

Para el lector moderno, sin embargo, la comprensión de la iniciativa de Rut se hace mucho más difícil por la referencia a los “pies/piernas” de Booz (3:4,7-8,14), reconocida por los comentaristas como un eufemismo para los órganos sexuales—pero misteriosamente dejada sin aclaración en las Biblias de estudio (que proveen notas sobre cualquier detalle que no trastorne la ideología sexual de los lectores). Edward Campbell (1975:121) reconoció el eufemismo, sugirió la traducción “piernas”; y señala que la palabra hebrea (margelotawocurre solamente aquí (4 veces + Dan 10:6, donde claramente significa “piernas”) y que no es la palabra hebrea común para pies (regel ). Para regel como eufemismo que señala los órganos sexuales, ver Éx 4:25; Deut 28:57; Juec 3:2; 1 Sam 24:3; 2 Reyes 18:27 = Isa 36:12; Isa 6:2; Ezeq 16:25; Robert Hubbard 1993:203; cp la “desnudez” de Noé como eufemismo para la violación sexual que sufrió (penetración anal).

Además de las cuatro veces en que se usa “piernas/pies” como un eufemismo para los órganos sexuales, el verbo “descubrir” (glh, v. 4) se emplea mayormente para referirse a varias relaciones sexuales ilícitas (24 veces en Lev 18 y 20; + Deut 23:1; 27:20; Isa 22:8; y también el verbo “acostarse” (shkb, v. 4; Gén 19:32-35; Éx 22:15/16; Lev 18:22; Deut 22:22; 1 Sam 2:22; 2 Sam 11:4, etc.; Hubbard 1993:203-204). Como apunta Marcella Althaus-Reid, aunque es difícil para lectores modernos “decentes” aprobar la iniciativa sexual de Rut, mujeres pobres y desamparadas no tienen otras alternativas para sobrevivir y agenciarse lo necesario para sus hijos: “Rut no es una jueza moabita que reta al sistema judicial para salir adelante; el resultado de un triunfo por medio de un exceso de femineidad no es siempre feliz. 

Se cambia pan por intimidad amarga (2001:169; cp. p. 90).

Después de la seducción, Booz alaba el gesto de solidaridad y fidelidad (khesed; 3:10; cp. 1:8; 2:12, 20) de Rut a favor de su suegra. Al final, Booz se casa, o “adquiere” (4:5,10) a
Rut y procrean descendencia que incluye al Rey David y a Jesús (4:18-22). Pero, notablemente, el famoso “voto de fidelidad” de Rut, siempre tan utilizado en los matrimonios, en el contexto original no es una expresión del afecto de Rut por su esposo Booz, sino la expresión de amor, solidaridad y fidelidad que Rut, la despreciada moabita, le promete a su suegra Noemí:

Porque dondequiera que tú camines, caminaré yo,
y dondequiera que tú habites, habitaré yo.
Tu pueblo será mi pueblo,
Y tu Dios, mi Dios.
Donde tú mueras, moriré yo,
y allí quiero ser sepultada.
¡Que me castigue Yahvé con toda severidad.
si me separa de ti algo que no sea la muerte (Rut 1:16).

Además del voto, Rut “se aferró” a Noemí (2:14, hebreo dabaq), el mismo verbo que describe la unión de Adán con Eva, que los hizo “una sola carne” (Gén 2:24; Amy-Jill Levine 1992/98:80). El voto de Rut también es utilizado hoy en la bendición de parejas de un mismo sexo (que es más coherente con su contexto original). Pero pocas iglesias o sinagogas están dispuestas a aprobar tales bendiciones, aun después de dos décadas marcadas por millones de muertes de SIDA, cuando la fidelidad entre parejas de un mismo sexo con frecuencia es un asunto de vida o muerte.


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