Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 30 de agosto de 2015

Los perros guardianes de la Tradición de la Iglesia

15º Domingo después de Pentecostés
Ciclo B – Mc 7,1-23




1.    El texto en su contexto:

Nos relata el Evangelista Marcos que unos fariseos, judíos piadosos que buscaban cumplir la Ley de Moisés y las tradiciones de los antiguos, acompañados de maestros de la Ley llegados de Jerusalén, la ciudad Santa, criticaron a Jesús porque sus discípulos no cumplieron con el rito de purificación antes de comer (versículos 1- 2). Es importante destacar que la insistencia de lavarse las manos y los utensilios no eran por razones de higiene sino que se refiere a una purificación ritual, es decir, una práctica religiosa. El versículo 3 nos explica, para quienes no conocemos sobre los fariseos, que éstos siguen la tradición de los antiguos, es decir que practican el conjunto de interpretaciones tradicionales que los rabinos, es decir, los maestros de la Ley, daban a la Ley de Moisés y que para ellos, tanto las tradiciones como la Ley tenían la misma autoridad (cf Mt 23,25; Lc 11,39).

Jesús les responde llamándoles hipócritas (versículo 6-7) citando al profeta Isaías (29,13) que en su tiempo ya criticaba la superficialidad de las prácticas religiosas, finalizando con una sentencia acusadora: “ustedes dejan el mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres” (versículo 8).

La sentencia acusadora es reforzada por una denuncia de incumplimiento a la Ley de Dios (versículos 9-13). Corbán es una palabra hebrea que significa ofrenda; de acuerdo a Nm 30,2 los bienes que se ofrecían a Dios no se podían usar para otro fin, según las interpretaciones de los antiguos maestros de la Ley, ni siquiera se podían destinar para ayudar a sus progenitores, anulando el mandato divino de honrar a padre y madre (Ex 20,12; Dt 5,16) por tradiciones humanas que se pasan unos a otros.

Frente a esta discusión, Jesús deja una enseñanza a la gente que estaba allí: la impureza moral es mayor que la impureza ritual (versículos 14-15 cf Mt 15,11). Pero los discípulos, como muchas otras veces, no entienden la enseñanza por lo que Jesús debe explicarles que lo que pueda entrar al ser humano por no cumplir las prácticas rituales, transita por el aparato digestivo y finalmente es expulsado del cuerpo, sin embargo, lo que sale del corazón es lo que puede hacer impuro ritual al ser humano, haciendo referencia a la impureza moral que saliendo del corazón se transforma en acciones inmorales (versículos 17-23), pasando a describir una lista de vicios, estas listas eran comunes por aquella época (Ro 1,31) no sólo en la literatura judía sino en la de otros pueblos (Mt 15,19-20; Rom 1,29-32; 1Cor 5,10-11; 6,9-10; 2Cor 12,20; Gal 5,19-21; Ef 5,3-5; 1Tim 1,9-10; 2Tim 3,2-5; 1Pe 4,3; Ap 21,8).


2.    El texto en nuestro contexto:

El relato evangélico de hoy nos interpela sobre nuestra fidelidad a la Palabra de Dios. Se hace necesario revisar nuestras prácticas religiosas, despojándolas de todo aquello que no tiene su origen en las Sagradas Escrituras, por más buenas y  nobles que puedan ser, son tradiciones humanas.

La Iglesia, al igual que el judaísmo en tiempos de Jesús, vive la tensión entre lo que es mandato divino y tradiciones humanas, muchas de ellas tradiciones piadosas que surgen en determinados momentos de la historia frente a situaciones concretas y luego quedan establecidas como parte de la Tradición, así llegamos a nuestros tiempos, con prácticas que nada dicen a la sociedad y la cultura del siglo XXI, necesariamente hay que explicarlas para que sean entendibles.

El Evangelio de Jesucristo, es el único contenido que la Iglesia tiene que comunicar, a la sociedad y la cultura de su tiempo. Lo puede hacer de muchas formas, pero cada forma debe adaptarse a la sociedad y la cultura contemporáneas; por lo tanto lo que hay que cambiar es el continente, el envoltorio, la forma en que comunicamos el contenido que se mantiene actualizado a través de la historia.

La Tradición de la Iglesia necesita renovarse permanentemente para sobrevivir. El que la tradición no cambie es intensión de la clase dominante dentro de la Iglesia para mantener las cosas como están, pero antes no era así. Los primeras tres o cuatro siglos del cristianismo fue un tiempo donde se desarrollaron diversas tradiciones, según la cultura de cada comunidad y la experiencia de Dios que ella tenía. En la actualidad tenemos la necesidad de que la Tradición sea revisada y actualizada para que cumpla con su función que es ser vehículo de salvación, es decir que libere, sane e incluya a las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. De lo contrario, estaremos como los fariseos y los maestros de la Ley del Evangelio que acabamos de escuchar, donde priorizaban la pureza ritual, es decir, las tradiciones de los antepasados, ante la pureza moral, es decir lo que Dios nos manda.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana necesita fijar una posición, ya que está desarrollándose en distintos lugares de nuestra América Latina, por lo tanto debemos expresar que:

- somos una Iglesia de tradición católica y apostólica y como tal, las Sagradas Escrituras son nuestra única referencia en el desarrollo de una experiencia de fe;

- la Tradición de la Iglesia, como depósito de la fe apostólica, la interpretamos a la luz de las Sagradas Escrituras y nos sentimos llamadas y llamados a renovar la forma de comunicarla para que sea viva y entendible;

- las tradiciones que se han ido desarrollando a lo largo de estos tres milenios de cristianismo, entendemos que no siempre forman parte de la Tradición de la Iglesia y deben ser revisadas, actualizadas o desechadas, fundamentalmente, porque a nuestra iglesia llegan personas de diversas tradiciones; el criterio para mantenerla debería ser que es una tradición en coherencia con el Evangelio de Jesucristo.

Finalmente, quiero dedicar unas palabras a explicar el título de esta reflexión semanal. En primer lugar no es una frase mía, la acuñó el P. Roger Lenaers, nacido en 1925, jesuita, actualmente párroco en Vordernhornbach, Bélgica, autor de la obra “Otro cristianismo es posible”, traducido al español en 2008. En segundo lugar, cuando me refiero a “los perros guardianes de la Tradición de la Iglesia”, lo hago a las jerarquías de las distintas Iglesias, que como los fariseos y maestros de la Ley del Evangelio que hoy leímos, ponen en el mismo rango de autoridad los mandamientos de Dios que las tradiciones de los antepasados de nuestras Iglesias. Incapaces de revisar, cuestionar, renovar se limitan a continuar prácticas muertas y a transmitirlas como ellos las recibieron, defendiendo y guardo creencias y prácticas muertas.

Estos perros guardianes obstaculizan con sus enseñanzas, que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, puedan experimentar la vida en abundancia (Jn 10,10) de la que es portadora la Buena Noticia de Jesucristo, una vida digna, una vida plena, una vida abundante, capaz de producir liberación, sanación e inclusión, dignificando al ser humano y estableciendo derechos.

Buena semana para todos y todas.

+Julio.

domingo, 23 de agosto de 2015

"Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?"




14º Domingo después de Pentecostés
Jn 6,60-69



1.    El texto en su contexto:

Jesús finaliza el discurso sobre el Pan de Vida (Jn 6,25-59). Los contenidos de sus palabras fueron durísimos y sus seguidores lo rechazan (versículo 60). El escándalo que produce Jesús a la interna de su grupo, no era tanto por lo que había dicho respecto a comer su cuerpo y beber su sangre, contradiciendo directamente la Ley de Dios (Lv 3,17), sino fundamentalmente por su declaración de que es el único  que da la vida eterna (versículos 53-54).

Jesús, en lugar de calmar los ánimos, escandaliza aún más a sus seguidores (versículos 61-64). Durante el discurso del Pan de Vida parte de su audiencia lo identificó como el hijo de José y María (versículo 42 cf Mc 6,3; Mt 13,55; Lc 4,22), sin embargo les habla de otra procedencia (6,13; 16,28): Jesús les revela su origen divino (1,18; 6,46; Ef 4,9), es el que salió del Padre y regresará a Él finalizada su misión (13,2-4). El reproche a sus seguidores lo finaliza con una sentencia rotunda: el discipulado no es elección humana sino gracia divina, únicamente podemos seguir a Jesús si el Padre nos lo concede (versículo 65).

A partir de este momento se produce un quiebre entre quienes le seguían (versículo 66). Para recibir la Buena Noticia y e ingresar al Reino, según los evangelios sinópticos, o ingresar a la Vida Eterna, según Juan, no es suficiente cumplir la Ley de Dios, ni participar de la oración comunitaria en la Sinagoga, ni acudir a los sacrificios del Templo, ni hacer buenas obras, ni ser una persona reconocida y respetable, ni quererlo. La entrada a la Fiesta del Reino (Mt 22,1-14)  no es por voluntad o mérito humano sino por gracia divina (1Co 1,26-29 cf Rom 3,27; Ef 2,9).

Esta ruptura en el movimiento de Jesús, lo lleva a preguntar a la comunidad apostólica si quieren abandonarlo (versículo 67), lo que provoca la confesión de fe de Pedro (versículo 68). Únicamente, quienes han tenido la generosidad de responder al llamado (1,35-51) dejándolo todo para ingresar al Reino (Mt 10,21.37; 19,29) pueden ser parte de la respuesta de Pedro: “¿a dónde iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna”.

Sin embargo, la elección divina, no son suficientes para participar del Reino, es necesaria la libertad humana que responda a través de un seguimiento radical y desinteresado (versículos 70-71 cf 13,2-4.21-30; 18,2-3).


2.    El texto en nuestro contexto:

¿Cuántas veces las palabras de Jesús nos resultan duras y nos escandalizan? a pesar que las Iglesias hemos anestesiado la radicalidad evangélica, introduciéndonos en una tibieza incapaz de transformar a la humanidad (Ap 3,15-16).

El evangelio de hoy nos invita a ser sal y ser luz (Mt 5,13-16), a seguir radicalmente a Jesús (Lc 9,62), actuando en la sociedad como la levadura en la masa (Lc 13,21). No es suficiente ser buen cristiano, cumplir los mandamientos, rezar, ir a la Iglesia, es necesario aceptar un seguimiento radical de aquel que pasó haciendo el bien (Hch 10,38) y seguir su ejemplo (Mt 25,35-45) descubriendo el rostro divino en la realidad humana (Jn 14.9).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana reconoce en Jesucristo al único Mediador entre Dios y la humanidad (1Tim 2,5) quien nos introduce en el Reino (Jn 10,9) y nos conduce al Padre (Jn 14,6) en un trayecto de servicio (Mt 20,28) a nuestras hermanas y nuestros hermanos vulnerados en sus derechos y su dignidad (Mt 25,35-45) y como Pedro, reconocemos nuestro compromiso con el seguimiento radical de Jesús.

Sabemos que esta decisión no es fácil. Sabemos que no muchas personas están dispuestas a incorporarla a sus vidas. Sabemos que existen otras formas más cómodas de ser iglesia. Pero también sabemos, que no estamos solos ni solas en esta iniciativa, Jesús está con nosotros y nosotras (Mt 28,20). Y si tenemos esta certeza ¿quién podrá estar contra nosotros y nosotras? (Rom 8,31).

Ánimo (Jn 16,33). Que tengan una bendecida y comprometida semana. +Julio.




domingo, 16 de agosto de 2015

Jesucristo es el único alimento posible a la experiencia de fe eclesial




13 er Domingo después de Pentecostés
Juan 6,51-58



1.    El texto en su contexto:

Continuamos reflexionando sobre el discurso de Jesús “pan de vida” del Evangelio de San Juan. Esta semana se nos propone para la reflexión los versículos 51 al 58.

El versículo 51 nos sitúa en un contexto eucarístico, nos remite a la última cena (Mc 14,22-25; Mt 26,26-29; Lc 22,14-22; 1Co 11,23-26).

La reacción de las autoridades judías no se hace esperar. En el versículo 52 cuestiona las palabras de Jesús. Ellos se quedan en la afirmación literal mientras que Jesús, siempre es presentado por Juan, como el que trasciende las palabras, éstas tienen un contenido superior, pero las autoridades judías no logran captar. Luego de estas enseñanzas de Jesús, algunos logran captar el mensaje que contienen sus palabras (2,21-22; 3,3-4; 4,10-15.32-34; 11,11-13; 13,6-5.33-38; 14,2-9), otros se quedan en el literalismo cerrándose en su incredulidad (6,32-35.52-58; 7,33-36; 8,21-24.31-33.51-53.56-59).

Jesús responde al literalismo judío. Quien se alimenta de Jesús accede a la vida eterna, es decir al Reinado de Dios (versículos 53-54 cf 4,13-14); permanece unido a Él (versículos 56 y 57 cf 15,4-10 cf 1Jn 3,24); para finalizar que Él es superior al maná que Dios dio a los israelitas en el desierto (versículos 57 y 58).


2.    El texto en nuestro contexto:

Jesucristo es el centro de la experiencia de fe cristiana. No hay nadie más que salve (Hch 4,12; 15,11). No hay nadie más que medie ante el Padre (1 Tm 2,5). No hay nadie más que sane, libere e incluya (Lc 4,18-19). No hay nadie más que comunique la gracia de Dios (Jn 1,17; Ef 2,8). No hay nadie más que justifique (Rom 8,30). No hay nadie más que nos haga hijos e hijas de Dios (Jn 1,12).

Jesucristo es el único alimento de la experiencia de fe cristiana. Nos alimenta con la Eucaristía (Jn 6,25-58). Nos alimenta con su Palabra (Jn 5,24; 8,47; Mt 7,24 ss; Lc 6,47 ss). Nos alimenta con su ejemplo (Hch 10,38).

La existencia de la Iglesia, como personas congregadas que comparten la fe cristiana, se justifica únicamente en Jesucristo (Hch 17,28) que es el alimento (Jn 6,35), la luz (Jn 10,12), por puerta por la que accedemos al Reino (Jn 10,7.9), la vida (11,25), el camino al Padre (14,6) y la única verdad (Jn 14,6) que la Iglesia se gloría en anunciar a la sociedad y la cultura contemporáneas (1Co 1,23).

El Evangelio, hoy nos invita a alimentar nuestra fe del enviado de Dios (Ga 4,4-7), pues creer en Jesucristo (Jn 1,12) es la única respuesta humana posible, a la acción salvadora de Dios en la historia (Jn 3,14-16; 6,40; 11,25-26; 20,31); pero no se trata de una fe racional sino existencial. Creer significa hacer lo que él hizo, creer en lo que él creyó, decir lo que él dijo.


Buena semana para todos y todas. +Julio.

domingo, 9 de agosto de 2015

Creer exige asumir su proyecto



12º Domingo después de Pentecostés
Juan 6,41-51

1.    El texto en su contexto:

Continúa el diálogo entre Jesús y los Maestros de la Ley, que el domingo pasado estuvimos interiorizándonos.

Las afirmaciones hechos por Jesús (v 35), en el evangelio del domingo pasado producen murmuración (v 41). Algunos de ellos le conocían (v 42 cf Mc 6,3; Mt 13,55; Lc 4,22). Sin embargo, Jesús enfrenta las murmuraciones (v 43) y lo hace a través de un nuevo discurso (v 44-51).

A Jesús solo se va por gracia (v 44 cf Mt 11,27; Lc 10,22; Jn 6,66). El Padre en su providencia conduce a la humanidad hacia Jesús. Juan pone en boca de Jesús dos referencias proféticas (Is 54,13; Jr 31,33-34) para fundamentar lo afirmado anteriormente. Y aclara que esto es por gracia divina no por haber visto al Padre, pues nadie lo ha visto (cf Ex 33,18-20), sino Él mismo, que “procede” de Dios (v 46 cf 1,18; Mt 11,27; Lc 10,22; 1Jn 1,2) para luego afirmar que quien cree tiene vida eterna (v 47); en Juan la vida eterna y la filiación divina (cf1,12) es lo mismo que el Reino de Dios en los sinópticos. Para Juan, creer es la respuesta personal, del hombre o la mujer, con la mente, con el corazón, con toda su persona a la acción salvadora de Dios por medio de Jesucristo (3,14-16; 6,40; 11,25-26; 20,31). Dicho esto, retoma la afirmación de la semana pasada (v48 cf v35) y la comparación entre los judíos que comieron el maná y murieron y los discípulos y discípulas que comen el pan del cielo y no mueren (v 49-50) para finalmente introducirnos en el discurso eucarístico (6,51-56) mencionados también en los sinópticos (Mc 14,22-25; Mt 26,26-29; Lc 22,14-12) y en las enseñanzas de Pablo sobre la Cena del Señor (1Co 11,23-26).


2.    El texto en nuestro contexto:

Las comunidades discipulares del siglo XXI encontramos en esta perícopa dos temas para nuestra reflexión personal y eclesial.

En primer lugar la fe. La coyuntura en que nos encontramos, nos exige dejar de lado una fe mágica o ingenua, para ser convincentes a la sociedad postmoderna, dando testimonio por medio de una fe crítica, con signos de madurez y adultez; con esto, no estoy diciendo que hay que desmantelar la obra de ingeniería teológica que es el cristianismo, sino que tenemos que poder dar razón de nuestra fe sin recurrir a explicaciones mitológicas. Lo que cambia es la forma en que damos testimonio, pero los efectos de la fe son los mismos ayer, hoy y siempre. Creer en Dios implica asumir su proyecto y trabajar en él (Hb 11) y el proyecto de Dios es lo que Jesús llamó Reino (Mt 11,5; Lc 7,22 cf Is 26,29; 61,1; Lc 4,18-22). Las cristianas y los cristianos que no se comprometen en la transformación social no pueden dar testimonio de su fe, porque el Reino es justamente derechos, dignidad, equidad, solidaridad y justicia para todas las personas y en todas partes (Stgo 2,18).

En segundo lugar Jesús. Nuestra fe es cristocéntrica. Reconocemos en Jesús la razón de nuestro bienestar (Jn 6,35; 10,7; 11,25; 14,6). Creer en Jesús nos produce gozo, alegría (1 Tes 5,16) y ese estado de felicidad lo transmitimos en todos los lugares donde nos movemos: familia, estudio, trabajo, amistades; pero el lugar por excelencia es la Eucaristía, donde se produce el encuentro con Aquel que es el Pan de Vida, una vida digna, plena y abundante para todos y todas (Jn 10,10). La muerte es la ausencia de alegría, la ausencia de fe, la ausencia de Jesús. Los israelitas comieron el maná y murieron. Las discípulas y los discípulos de Jesús vivimos en la alegría nuestra y en la alegría comunitaria, porque creemos en Jesús y aunque muramos vivimos (Jn 11,25).

El evangelio de hoy nos invita a creer en Jesús y a vivir radicalmente como El vivió, una vida plena, una vida alegre, una vida festiva, una vida de encuentro con las otras y los otros. Este es nuestro testimonio para la sociedad del siglo XXI. Bendiciones a todos y todas.


Buena semana.

domingo, 2 de agosto de 2015

Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo único




11º Domingo después de Pentecostés
Jn 6,24-55



Este texto del Evangelio de Juan no tiene paralelos en los Evangelios sinópticos. Es un midrash sobre Ex16,15 y el Salmo 18,24.


1.    El texto en su contexto:

La semana pasada, el relato evangélico nos traía la multiplicación de los panes y los peces (6,1-15). Esta semana narra los hechos surgidos a partir de ese episodio.

La gente, maravillada por la multiplicación de los panes sigue a Jesús como otro profeta similar a Moisés, que les proveerá de comida y de liberación (versículos 24-26). Jesús dialoga con las personas que le siguen en torno al tema de la “obra”. Un término que para la gente, al igual que para el judaísmo religioso significaba las obras religiosas, pero que Jesús da un nuevo contenido que es la fe (versículos 27-29). Sin embargo, la gente sigue exigiendo una señal, quiere que Jesús actúe como Moisés proveyendo el maná y la liberación (Ex 16,4.15, Sal 78,24), pero Jesús deposita la acción den Dios no en Moisés (Dt 8,3) y por otra parte, el mayor interés de Jesús es aplicar el texto bíblico a su situación presente (versículos 32-33). El episodio finaliza con la afirmación de Jesús: “yo soy el pan de vida”. Se presenta como el maná que se da al final de los tiempo, cuando Dios transforme el mundo e inaugure su reinado (versículos 35-40).


2.    El texto en nuestro contexto:

Este texto midráshico del Evangelio de Juan nos presenta dos temas para la reflexión a las iglesias del siglo XXI.

En primer lugar, realizar la obra de Dios que es creer en Jesucristo (versículos 28-29). Por la fe se obtiene el privilegio de la filiación divina (1,12). Creer es la única respuesta posible a la acción salvadora de Dios. Por la fe se entra a la dimensión del Reino (3,14-16; 6,40; 11,25-26; 20,31). Una Iglesia que no tiene a Jesucristo como el centro de su experiencia de fe no sirve para nada. Una Iglesia que no sigue radicalmente en Jesucristo no sirve para nada. Creer y seguir son inseparables. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua no rendimos culto a otro que no sea Jesucristo y le seguimos como Camino que conduce a la Vida (Jn 14,6) plena, digna y abundante a la que llamamos Reino (Jn 10,10). Respetamos a otras tradiciones eclesiales, que integran a su experiencia de fe, otras mediaciones. Nos parece en algunos casos, un riesgo muy grande para la fe católica y apostólica, más cuando presenciamos personas bien intencionadas que por fervor y pasión llegan a límites extremos en la veneración de los santos y las santas, incluso de la Madre de Dios, al punto de llamarla “corredentora” o “mediadora de todas las gracias”. Hermanos, hermanas, nada más alejando del Evangelio, Jesucristo es el centro de nuestra experiencia de fe, el único mediador entre Dios y la humanidad (1 Tm 2,5).

En segundo lugar, reconocer en Jesucristo la razón de nuestra existencia personal y eclesial. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua reconocemos en Jesucristo el pan (6,35), la luz (10,12), la puerta de acceso (10,7.9), la vida (11,25), el camino (14,6) y la verdad (14,6). En sus palabras y en sus acciones, encontramos todo lo necesario para el encuentro pleno con Dios, porque él es Dios con nosotros y nosotras y entre nosotros y nosotras (Mt 1,23 cf Is 7,14). Como Iglesia, existimos por Cristo, con Cristo y en Cristo y ese es nuestro testimonio a la sociedad actual; no pretendemos dar testimonio de otro que no sea Él, porque “tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).

Buena semana para todos y todas. +Julio.