Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

jueves, 30 de abril de 2015

La revelación de Dios (primera parte)






Aportes desde una perspectiva bíblica - primera parte

Autor: Julio Vallarino

La palabra revelación proviene del latín re-velare y su significado es descubrir algo. Estudiando la etimología de esta palabra se pueden realizar varias distinciones: 
a)    entre revelación activa, es decir, la palabra pronunciada por Dios y revelación pasiva el contenido, de esa palabra pronunciada;
b)    según el medio, es decir, puede ser revelación inmediata o revelación mediata;
c)    según el receptor, es decir, revelación pública o revelación particular;
d)    y finalmente la revelación puede ser natural o sobrenatural.

En las Escrituras Hebreas se entiende por revelación, la palabra dabar de Dios, dirigida a su pueblo Israel a través de la historia. Esta palabra está cargada de dinamicidad y reclama obediencia, conduciendo a la persona que la recibe a la acción (Gn. 12,1-3; Ex. 3,1-6; 1Sam. 3,4-10; Is. 6,1-9; Jr. 1,1-10). Para el pueblo hebreo, destinatario de las promesas, el punto central de la revelación es la Alianza (Ex 19), la cual se convierte en la Palabra de Dios por excelencia, plasmada en la Ley y meditada como Sabiduría; siguiendo a algunos autores y autoras, cuando uso este término, Escrituras Hebreas, me refiero al Antiguo Testamento y cuando utilizo Escrituras Cristianas me refiero al Nuevo Testamento, pues considero el término Antiguo Testamento algo despectivo, como superado y de alguna forma este concepto no se enmarca dentro de una relación de diálogo y respeto por el judaísmo.

La revelación es producto de la gratuidad de Dios (Gn. 12,1-3; Ex. 3,1-6; 1Sam. 3,4-10; Is. 6,1-9; Jr. 1,1-10), de una decisión libre, anterior a toda otra acción del mismo Dios: “nos ha elegido en El antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado” (Ef. 1,4-6 cf Jn. 17,24; 1Pe. 1,20; Hch. 1,7-8; 5,27; 1Cor. 1,8-9; 1Jn. 3,1; Rm. 8,29; Jn. 1,12). Es la manifestación libre de Dios a la humanidad y a la historia y en la historia. Manifestación gratuita y nueva que llama a la humanidad y la invita a la fe.

Se revela porque así lo quiere: “Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre el haz de la tierra. No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene y por guardar el juramente hecho a vuestros padres…” (Dt. 7,6-8 cf Ex. 19,6-8; Dt. 14,2; Is. 62,12; Jr. 2,3; Am. 3,2; Jn 15,16; 1Cor 1,26-29; 1Jn. 4,10.19). Toma la iniciativa por amor: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo…” (1Jn.4,10 cf 1Jn 4,19; Gal 4,4-5). Se entrega en su ser más íntimo y personal, autocomunicándose en la creación y en la historia: “lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver  a la inteligencia a través de sus obras…” (Rm. 1,19-20 cf Sab 13,1-9; Si 17,8; 1Co 1,21).

La revelación es palabra, encuentro y presencia de Dios que se comunica en el cosmos. En cuanto palabra, la revelación es acción por la que una Persona que es Dios, se dirige a otra u otras: la Humanidad, abierta a la comunicación. Por esto la revelación tiene contenido, es decir un mensaje, es interpelación que provoca una respuesta y es autocomunicación que descubre la actitud interna de quien emite el mensaje y provoca la respuesta. Esta es la categoría principal que reflejan las Sagradas Escrituras, para explicar la palabra de Dios (Gn. 12,1-3; Ex. 3,1-6; 1Sam. 3,4-10; Is. 6,1-9; Jr. 1,1-10). Por ello la revelación es dinámica, revela y enseña, es personal.

En cuanto encuentro, exige un yo y un tú; una relación interpersonal donde actúan dos libertades, la de Dios y la de la humanidad y, por ello, la reciprocidad es mutua: puro diálogo. Esta relación interpersonal entre Dios y la humanidad se da en la intimidad, lugar en donde experimentamos la amistad y el amor de Dios.

En cuanto presencia se establece una relación de Alianza construida sobre la elección libre y  gratuita, el contrato y la promesa: “Así habla Yahveh, tu creador Jacob, tu plasmador Israel, no temas que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Si pasa por el agua yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti. Porque yo soy Yahveh tu Dios, el Santo de Israel tu salvador” (Is 43,1-3).

En cuanto comunicación es una comunicación viva, que interpela, requiere de la presencia de Dios y de la humanidad: Dios revela su plan a la humanidad, “el misterio de su voluntad” (Ef. 1,9), “mantenido en secreto durante siglos” (Rm. 16,25), “escondido en Dios” (Ef. 3,9), “en el cual estaban ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Col. 2,2-3), destinado “desde antes de los siglos para gloria nuestra” (1 Co. 2,7), un plan que se va construyendo y revelando en la historia. Una historia que es creada por Dios (Gn 2,4). Que es construida y escrita por la Humanidad y por Dios: con promesas (Gn 12,1-9), liberaciones (Ex 13,17-22; 14,15-31), infidelidades (Ex 32; Dt 9,17), alianzas (Ex 34; Jos 24), conquistas (Jos 6), dificultades y derrotas (2Cro 36), esperanzas (Esd 1). Una historia que no es la Palabra de Dios, pero sí palabra de Dios a la Humanidad. Donde Dios utiliza el lenguaje humano. Donde todo lo hace Dios y todo lo hace la Humanidad. En la que Dios irrumpe mediante la encarnación porque la historia es el lugar de la revelación de Dios a la humanidad.  Esta historia necesita ser interpretada y la clave hermenéutica es la Encarnación: “Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1,14; Ga 4,4-5).

La revelación cristiana se entiende solamente dentro de la historia entendida como Historia de la Salvación. Por lo tanto, la historia es teleológica. Parte de un origen que es la creación (Gn 1) y  tiende a un fin o consumación que es el señorío de Cristo (Fi 2,10-11) y por lo tanto cristocéntrica, pues Jesucristo es “el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Ap 22,13).

Para el cristianismo la revelación es Jesucristo, verdadero Dios: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” (Jn. 1,1) y verdadero Hombre: “nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Ga. 4,4); afirmación que más adelante realizarán los concilios de Calcedonia (año 451) y Constantinopla II (año 381) y III (año 680).

Jesucristo es la revelación del Padre: “revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por las Escrituras que lo predicen” (Rm. 16,25-26) que nos comunica el designio divino, que la humanidad participe de la divinidad (Ef 1,3-10; 2,18.22; 2Pe 1,4; Jn 1,12; 14,20; 1Co 1,9; 1Jn 1,3).

La participación de la humanidad en la vida divina (Sab 2,23; 6,18 ss; Hch 17,28; 2P2 1,3-4) requería la encarnación: “Cristo ha sido predestinado desde toda la eternidad a esta divinización. La encarnación, pues, no es debida al pecado. Así como Dios es inmutable, del mismo modo la predestinación de Cristo es inmutable. Era, pues, necesario que aquél se encarnara para que el hombre pudiese ser deificado” (Honorio de Autún citado por J. Bórmida, 1999, p. 217).

La revelación es un encuentro entre personas. Dios sale al encuentro de la Humanidad (Gn. 12,1-3; Ex. 3,1-6; 1Sam. 3,4-10; Is. 6,1-9; Jr. 1,1-10), siempre toma la iniciativa. Este es un encuentro siempre progresivo y siempre limitado: “Ahora vemos como en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido” (1 Cor. 13,12).

La revelación es diálogo. En esta relación dialogal se encuentran dos misterios: el misterio de Dios y el misterio de la humanidad. En este diálogo Dios sigue siendo Dios y la humanidad sigue siendo humanidad: “Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex. 33,11; Num 12,8; Dt 34,10; Jn 15,15). Dios habla y su hablar es eficaz, crea la realidad que pronuncia: “Dijo Dios: -Haya luz-, y hubo luz (Gn. 1,3). Todo el relato de la creación presenta la eficacia de la Palabra de Dios: Gn. 1,6 (el firmamento); 1,9 (la tierra y los mares); 1,11 (la vegetación); 1,14 (las estrellas y los astros); 1,20 (animales marinos y voladores); 1,24 (animales terresrtres); 1,26 (la humanidad). En el diálogo con la humanidad su Palabra es eficaz, fecunda, fructífera: “Como baja la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que de semilla al sembrador y pan al que come; así será la Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is. 55,10-11). Todas las Sagradas Escrituras nos muestra a Dios hablando y actuando a la manera humana.

En la Escrituras Hebreas se revela Dios junto a su pueblo: “Yahveh iba al frente de ellos…” (Ex. 13,21-22; Ex. 40,36 ss; Dt. 1,33; Sal. 78,14; 105,39; Ne. 9,19; Sab. 10,17-18; 18,3; Is. 4,5; Jn. 8,12; 10,4). El pueblo experimenta que el obrar de Dios va construyendo la historia: liberación de los opresores (Ex 14,15-31), alimento y agua en el desierto (Ex 16 – 17),  presencia a través de la Tienda del Encuentro (Ex 33,7-11), promesa de la tierra (Dt 1,8); entrada en la tierra prometida (Dt3,14-17), conquista de las ciudades existentes en la tierra de la promesa ratificación de la alianza (Jos 6,1-18; 8,14-25; 10,28-43; 11,5-14; 12-13). La experiencia de la cercanía y presencia de Dios junto al pueblo llega al punto de que el mismo Dios abandona la ciudad santa y el Templo para estar junto a su pueblo en el destierro (Ez 10,18-22; 11,22-24).

En las Escrituras Cristianas se revela Dios encarnado: Jesucristo; sus dichos y hechos son la revelación que finalizará cuando “todo tenga a Cristo por Cabeza” (Ef. 1,10). Cristo, tiene la primacía en el orden de la creación natural por su preexistencia junto a Dios (Col 1,15-17 cf Rom 8,29; Heb 1,3; Jn 1,3) y en el orden de la recreación sobrenatural por su resurrección y glorificación (Col 1,18-20). Encarnado en la persona histórica de Jesús de Nazaret es la visible “Imagen de Dios invisible” (Col. 1,15) en quien “reside toda la plenitud de la Divinidad” (Col. 2,9), por quien tenemos acceso al Padre: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn. 16,6).

Jesucristo une lo divino, preexistente y glorificado, con lo creado, la humanidad y el cosmos por medio de su Encarnación y Resurrección (Mt 11,27; Jn 1,14; 17,1-3). 
A manera de conclusión, podemos afirmar que libre y gratuitamente, Dios se revela a la Humanidad, lo único que lo mueve es el amor. Se manifiesta en la historia comunicándose a Sí mismo en forma progresiva de manera que la humanidad pudiera ir descubriendo su presencia.  La máxima expresión de su revelación es Jesucristo: “el cual siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre” (Fil. 2,6-7).

Bibliografía

Vallarino, Julio: “Ensayo sobre Teología Fundamental” (2005).
Bórmida, Jerónimo: “Teología Fundamental” (1999)
E.F. Harrison: Diccionario de Teología (2002)
Holman: Diccionario Bíblico (2003)
Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación (1965)





domingo, 26 de abril de 2015

Jesús el buen pastor y la Iglesia enviada a continuar su misión




Cuarto domingo de Pascua
Ciclo B – Juan 10,1-21


Jesús se presenta como el buen pastor (Juan 10,11). Esta imagen no le era ajena al pueblo, pues se aplicaba a Dios y a los gobernantes (Salmo 23,1; Isaías 40,11; Jeremías 23,1-6; Ezequiel 34,11-31; 37,24).  La Iglesia primitiva  la refirió a Jesús (Mateo 9,36; 18,12-14; Marcos 6,34; Lucas 15,4-7; Hebreos 13,20; 1 Pedro 2,25; Apocalipsis 7,17) y también al liderazgo de las Iglesias (Juan 21,15 cf Hechos de los Apóstoles 20,26; Efesios 4,11; 1 Pedro 5,2).

Jesús, el buen pastor, ha venido para comunicar vida en abundancia (Juan 10,10), todo su ministerio ha sido restablecimiento de la dignidad humana (Marcos 1,21-28. 29-31. 40-45; 2,1-12: 3,1-6; 5,1-20; 21-42; 6,53-56; 7,24-30.31-37; 8,22-26; 9,14-29; 10,46-52); entre nosotros y nosotras “pasó haciendo el bien y curando” (Hechos de los Apóstoles 10,38). Lleno de amor compasivo y misericordioso, por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad por el sistema cultural y religioso (Juan 10,14-15), las sana, las libera y las incluye.

Las palabras y los gestos de Jesús, nos comunican un único mensaje: el amor de Dios se derrama abundantemente sobre la humanidad, nos ama porque somos su imagen y semejanza (Génesis 1,27); y “tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él, no se pierda sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16); nada de lo que seamos, nada de lo que hagamos va a cambiar ese sentimiento de Dios por la humanidad.

Tan grande es su amor, que no basta con que algunas personas lo conozcan y lo disfruten, la misión de Jesús es revelar ese amor compasivo y misericordioso (Salmo 103) a toda la humanidad, sin importar su raza, sexo, género, orientación sexual, condición social (Juan 10,16 cf  11,52; 17,20; Efesios 2,11-22; 1 Pedro 2,25), “porque Dios no hace diferencia entre las personas (Hechos 10,34), todas y todos estamos invitados a participar de la fiesta de la vida (Mateo 22,1-14) en igualdad de condiciones, en igualdad de oportunidades, en igualdad de derechos.

La Iglesia, en cuanto continuadora de la misión de Jesús está llamada a cuidar (Juan 21,15) de cada una de las personas que habitan este mundo, pero preferencialmente de quienes la política, la economía, la sociedad, la cultura, la religión, vulnera en sus derechos y su dignidad (Lucas 4,18-20).

La Iglesia tiene la enorme responsabilidad, de comunicar al mundo, que Dios ama a la humanidad entrañablemente. Ella no tiene la misión ni la potestad de juzgar y condenar, de discriminar y excluir. Está llamada a dignificar a las personas, a empoderar a las personas, a incluir a todas las personas, porque Dios así lo quiere, por más que esto le pese a muchos pastores dogmáticos y fundamentalistas, que difunden la imagen de un Dios cruel y malvado; “el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (1 Juan 4,8). “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4,16).


Buena semana para todos y todas, +Julio.-

domingo, 19 de abril de 2015

Tercer domingo de Pascua: El Resucitado se revela en la comunidad reunida y en las personas crucificadas por el sistema político y religioso.




Tercer domingo de Pascua
Ciclo B – Lucas 24,36-48



1.    El texto en su contexto.
La comunidad apostólica estaba reunida, compartiendo la experiencia del Resucitado. Jesús se había revelado a Simón (versículo 34) y a los discípulos que iban camino a Emaús (versículo 35). Mientras conversaban, seguramente entrada la noche (versículos 28-35) una nueva experiencia del Resucitado que en medio de ellos comunica su paz (versículo 36).

La paz, shalom, era la fórmula que utilizaba el judaísmo para saludarse, tanto al llegar como al retirarse. Esta paz siempre va acompañada de los bienes que Dios comunica a la humanidad (Números 6,26; Salmo 29,11; Isaías 9,6-7; 57,19; Lucas 2,14; Juan 16,33; 20,19; Romanos 5,1; Efesios 2,14).

Nuevamente, frente a la cristofanía, la respuesta de la comunidad apostólica es el miedo (versículo 37) que el Resucitado trata de clamar mostrando las señales de la crucifixión (versículos 38-43); luego les explica lo sucedido, recordándoles lo que habían conversado en otras instancias, sobre aquello que tenía que suceder, que cumplirse (Lucas 4,21 cf 18,31; 22,37) porque estaba escrito en las Escrituras del Antiguo Testamento: la Ley de Moisés, los profetas y los salmos (versículo 44). El texto bíblico, leído en el contexto de la comunidad, comienza a tomar sentido y a ser entendido (versículo 45). El Resucitado pone en diálogo a la comunidad apostólica con las Escrituras. Y les explica el sentido de las mismas (vesículo 46 cf Isaías 53,1-13; Oseas 6,2) preparando el envío, la misión de la Iglesia (vesículos 44-47). Lucas, a diferencia de Marcos y Mateo, sitúa el punto de partida de la misión desde Jerusalén al mundo (versículos 47-48 cf Hechos 2,14-39; 3,17-26; 8,35; 13,16-41; 26,20), poniendo en boca de Jesús, el recuerdo de la promesa del Espíritu Santo (versículo 49 cf Hechos 1,4; 2,33; Juan 14,16-17; 16,7; 20,21-22).


2.    El texto en nuestro contexto.

El texto evangélico de hoy nos presenta los dos espacios donde el Resucitado se hace presente.

En primer lugar en la comunidad reunida (Lucas 24,36) cumpliendo su promesa (Mateo 18,20). Cada vez que nos juntamos, como comunidad cristiana convocada en el nombre de Jesús, Él está presente comunicando paz y justicia, eso significa shalom. Pero no una justicia imparcial como la entendemos en la actualidad, sino una justicia que toma partido por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad; esa es la justicia que proviene de Dios (Génesis 18,25; Esdras 9,15; Salmo 7,11-12; 11,7; 97,2; Isaías 45,8; Ezequiel 18,21-32; 33,20 cf Oseas 2,21-23).

En segundo lugar en las huellas de la crucifixión (Lucas 24,39-40) cumpliendo su promesa (Mateo 25,31-46). Cada vez que trabajamos por los derechos y la dignidad humana, Él está presente en el encuentro de la comunidad servidora, de los discípulos y las discípulas que prestan el servicio, con las personas discriminadas, excluidas, oprimidas. El gran desafío que tenemos, como Iglesia del siglo XXI, es identificar las huellas del Crucificado, en aquellas personas que el sistema político y el sistema religioso crucifican con sus acciones, como lo hicieron con Jesús. Basta echar una mirada a nuestro alrededor para identificar las huellas del Crucificado en los niños y niñas en situación de calle, en las niñas y niños que trabajan, en las niñas y niños explotados sexualmente, en adolescentes y jóvenes con uso problemático de drogas, en mujeres víctimas de violencia doméstica, en ancianas y ancianos abandonados en residenciales; en campañas lanzadas por cristianos fundamentalistas contra las teorías de género, contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, contra la adopción por parte de personas gltb; campañas promovidas desde los centros de poder que reforzadas por los medios masivos de comunicación generan sensación de inseguridad poniendo a los adolescentes como responsables. Basta extender un poco más la mirada para identificar las huellas del Crucificado en las poblaciones originarias que son oprimidas y excluidas en nuestra América Latina; a las niñas que serán víctimas de pedofilia en estados musulmanes de aprobarse un proyecto de ley que viola la Convención Internacional de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes; a las personas discriminadas en los países europeos por llegar de países del tercer y cuarto mundo, en busca de una mejor calidad de vida. Y podríamos seguir enumerando situaciones en las cuales Jesús, manifiesta las huellas de la crucifixión para que lo identifiquemos. Tenemos un desafío inmenso, como discípulas y discípulos de Jesucristo, para llevar la paz y la justicia del Resucitado a todas estas personas, en todas estas situaciones. No tengamos miedo, servimos a Jesús en ellas y ellos.

La Iglesia, somos las personas que habiendo descubierto al Resucitado, en el seno de la comunidad y en el servicio a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, nos ponemos en camino para compartir la buena noticia que comenzó a anunciar Jesús en Galilea y nos mandata a continuar nosotros y nosotras en el resto del mundo (Mateo 28,19). El mensaje de paz y justicia a las víctimas de sistemas injustos, insolidarios y excluyentes es nuestra misión.


Buena semana para todos y todas.
+Julio.







lunes, 13 de abril de 2015

Sínodo de Iglesias de Tradición Católica



Informe del Sínodo de la Comunión de Iglesias de tradición Católica

En la ciudad de Córdoba, Argentina, se desarrolló el sínodo anual de la Comunión de Iglesias de tradición Católica, entre los días 10 y 12 de abril de 2015.

Participamos seis Iglesias del cono sur: Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero, representada por Vladyka Teófano, Juan Manuel Garayalde (Argentina), en representación de Su Beatitud Athanasios 1ro Aloysios; Iglesia Cristiana del Buen Pastor (Argentina), representada por el Obispo Omar Álvarez (Argentina); Iglesia Viejo Católica en América, representada por el obispo electo, Presbítero Roberto Maidana, delegado por el Obispo Miguel Ángel Paredes (Argentina); Iglesia Católica Apostólica Ecuménica  Santa María al pie de la Cruz, representada por el Obispo Ramón Álvarez (Chile); Iglesia Episcopal Antigua, representada por el Obispo Juan Carlos Urquhartde Barros (Argentina y Uruguay); Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana representada por el Obispo Julio Vallarino (Uruguay).

Nos acompañaron además, otros miembros de esas Iglesias: Obispo Sergio Rojas, Iglesia Cristiana del Buen Pastor, diócesis de Córdoba; Obispo Matías López, Iglesia Cristiana del Buen Pastor, Obispo Auxiliar de la diócesis de Córdoba; Presbítero Javier Danyluk, Iglesia del Buen Pastor, Vicario Episcopal de la diócesis de Misiones; Obispo Néstor Fabián Terrani, Iglesia Episcopal Antigua, diócesis de Córdoba; Obispo Leandro Suárez, Iglesia Episcopal Antigua, diócesis extraterritorial; Vladyka Basilio, Carlos Walter Vich, Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero, Eparca de Córdoba.

Los principales acuerdos fueron: a) la designación del Obispo Miguel Ángel Paredes como Coordinador para el período 2015; b) la conformación de una infraestructura funcional que cada Iglesia pone a disposición de las otras; c) la conformación de un espacio de diálogo ecuménico con el propósito de brindar una actualización en temas inherentes a la pastoral y la teología; c) la constitución de cuatro comisiones de trabajo: Prensa y Difusión, Teología, Liturgia, Estatuto y Reglamento.

La comisión de Prensa y Difusión queda integrada por Vladyka Teófano (Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero), Obispo Juan Carlos Urquhart de Barros (Iglesia Episcopal Antigua), Rvdo Diácono Nicolás (Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero).

La comisión de Teología queda integrada por el Obispo Julio Vallarino (Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana), el Obispo Ramón Álvarez (Iglesia Católica Apostólica Ecuménica  Santa María al pie de la Cruz), el Vladyka Teófano (Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero).

La comisión de Liturgia queda integrada por el Obispo Leandro Suárez (Iglesia Episcopal Antigua), el Obispo Miguel Ángel Paredes (Iglesia Viejo Católica en América), el Obispo Julio Vallarino (Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana), Vladyka Francisco (Iglesia Bielorrusa Eslava en el Extranjero), Presbítero Rvdo. Daniel Danyluk (Iglesia Cristiana del Buen Pastor), Presbítero Rvdo. José Juan Benítez (Iglesia Viejo Católica en América), Presbítero Fray Santiago Fías (Iglesia Católica Apostólica Ecuménica  Santa María al pie de la Cruz).

La comisión de Estatuto y Reglamento queda integrada por el Obispo Miguel Angel Paredes (Iglesia Viejo Católica en América), el Obispo Ramón Álvarez (Iglesia Católica Apostólica Ecuménica  Santa María al pie de la Cruz), el Obispo Juan Carlos Urquhart de Barros (Iglesia Episcopal Antigua), el Presbítero Roberto Maidana (Iglesia Viejo Católica en América).



sábado, 4 de abril de 2015

Mensaje de Pascua: El escándalo de la resurrección (Mateo 28,1-10)



Mensaje de Pascua – Abril 2015.



Mateo 28,1-10: El escándalo de la resurrección


1.    El texto en su contexto:

Las mujeres se han caracterizado por acompañar a Jesús durante todo su ministerio profético (Lucas 8,1-3), siendo testigos de su ejecución (Mateo 27,55-56) y las primeras testigos de su resurrección (Mateo 28,1), aunque la cultura judía, patriarcal y machista, considerara sin valor el testimonio de ellas, Jesús ha querido a escandalizar a la sociedad y a la religión, confiando a las mujeres, la buena noticia que será el fundamento de nuestra fe: El está vivo.

El relato evangélico nos narra, que amanecía el domingo, cuando María Magdalena y María la esposa de Cleofas y mamá de Jacobo (Marcos 16,1; Lucas 24,10; Juan 19,25) se dirigieron al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús (versículo 1).

Un ángel removió la piedra para que las mujeres fueran testigos de la resurrección de Jesús (versículo 2-4). El judaísmo creía que los ángeles eran seres de fuego por lo que producían terror (Jueces 6,22; 13,19; Esdras 10,25-27), de ahí el “no tengan miedo” –del ángel- antes de anunciarles la buena noticia (versículos 5 y 6). Tal como Jesús lo había anunciado, resucitó (Mateo 16,21; 17,23; 20,19 cf Lucas 24,6-7). Y nuevamente, Jesús ha querido escandalizar a la sociedad y la religión, ya no está en el sepulcro, tampoco en la ciudad santa de Jerusalén centro religioso del judaísmo, ni en el Templo el lugar sagrado por excelencia.

Jesús está en Galilea y allí se revelará a las discípulas y los discípulos (versículo 7). Galilea simbolizaba la discriminación, la conflictividad, la exclusión. Los judíos de Judea, discriminaba a los de Galilea, porque era tierra fronteriza y se producía intercambio con los paganos; los zelotes, uno de los grupos revolucionarios y violento, residía y operaba allí; el campesinado y la población de las aldeas, estaba empobrecida por los impuestos al gobierno local, al templo y al imperio. Es en ese lugar, donde Jesús decide revelarse a la comunidad discipular.

 Con esta noticia, las Marías se ponen en camino, experimentando una mezcla de miedo y de gozo (versículo 8), para llevar la buena noticia a los discípulos varones, que estaban encerrados por miedo a los judíos (Juan 20,19). De camino experimentan la presencia del Resucitado que provoca en ellas amor y adoración. Y nuevamente Jesús vuelve a escandalizar, esta vez a las creyentes, no les permite quedarse en adoración, sino que las envía a servir: “avisen a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán”. Jesús recuerda a las mujeres, que él está en quienes tienen hambre y sed, en quienes tienen escasez de ropa y calzado, en las personas enfermas y privadas de libertad (Mateo 25,31-46).


2.    El texto en nuestro contexto:

¿Qué mensaje tiene este evangelio para la Iglesia del siglo XXI?

No difiere mucho del que tuvo para la Iglesia primitiva.

Para encontrarse con el Resucitado, hay que desinstalarse y ponerse en camino. No es en la seguridad de lo conocido, sino en el riesgo del encuentro con el otro o la otra, que se revela Jesucristo (Lucas 24,13-35). Es necesario dejar Jerusalén y ponerse en camino a Galilea.

Para ponernos en camino, necesitamos apertura al proyecto de Dios. Quienes nos muestren el camino al encuentro con el Resucitado, no serán las personas que el sistema religioso o social nos propongan, porque son cultas e instruidas, ni porque tengan trayectoria religiosa, sino aquellas que Dios nos envíe, aunque no sean personas reconocidas o valoradas (1 Corintios 1,26-29). Al igual que las Marías escandalizaron, seguramente a la comunidad discipular y a la sociedad de Jerusalén, otras personas hoy, nos estarán mostrando el camino aunque sean motivo de escándalo, para el sistema religioso o social.

También es necesario, para ponernos en camino hacia el Resucitado, abandonar lo que para nosotros y nosotras es sagrado y adentrarnos en lo profano, la Galilea de los gentiles (Mateo 4,12-17). El Resucitado no está en el templo, sino en las personas con hambre y con sed, en situación de calle, con escasez de ropa y calzado en los asentamientos y en los refugios, enfermas terminales en los hospitales, que viven con vih y sida, en las adictas a las drogas, en las que ejercen la prostitución, en quienes enloquecieron y están en hospitales psiquiátricos, en  quienes envejecieron y están en residenciales hacinados o el Piñeyro del Campo, en las privadas de libertad (en la colonia Berro, en la cárcel de Punta Rieles, en el penal de Santiago Vázquez, en el penal de Libertad). El Resucitado nos escandaliza a las Iglesias, porque no está en el espacio sagrado, sino en el profano, donde se encuentran las personas que el sistema religioso y social depositan, encierran e invisibilizan. No está ahí, porque esas personas sean buenas, sino porque son vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mateo 25,31-46).

En el espacio profano de nuestro sistema religioso y social, en la Galilea de los gentiles, es donde se revela el Resucitado. Una vez desinstaladas y desinstalados, habiéndonos puesto en camino, y legando al espacio profano, al fin ahí, podemos amarlo y adorarlo, en el servicio solidario a las personas oprimidas, discriminadas y excluidas, porque ¿cómo podremos amarlo a El que no lo vemos, si no amamos a las hermanas y hermanos a quién si vemos? (1 Juan 4,20).

Nosotras y nosotros que formamos la Iglesia del Resucitado ¿en qué parte del itinerario nos encontramos? encerrados por miedo? en camino con gozo y alegría al encuentro del Resucitado? en adoración y servicio, a quienes son el sacramento por excelencia, de la presencia del Resucitado en la humanidad?

“No tengan miedo, vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, allí me verán” (Mateo 28,9).

Felices Pascuas de Resurrección a todos y todas.
Pascua 2015.
+Julio.




viernes, 3 de abril de 2015

Viernes Santo: Pensando en las crucifixiones del siglo XXI







VIERNES SANTO


El relato de la pasión de Jesús ha servido para expresar y representar el sadismo en toda su expresión. Imágenes de Jesús desfigurado por la tortura se exhiben en templos, se lleva en procesiones, incluso se representa el camino de Jesús hasta la cruz expresando todo el sadismo religioso que durante el año pareciera contenerse o reprimirse.

El relato de la pasión de Jesús es para que reflexionemos en la injusticia y sus formas extremas con las que convivimos todos los días. Nos invita a mirar a la cruz y ver a tantos millones de seres humanos vulnerados en sus derechos y su dignidad. Nos invita a bajar de la cruz a todas las personas oprimidas, discriminadas, excluidas, invisibilizadas por el sistema religioso y por el sistema social.

Las Iglesias tenemos que poner fin al cristiano – sadismo, paseando imágenes de un Jesús destrozado para comenzar a bajar de la cruz a las hermanas y los hermanos que el mismo sistema religioso ha crucificado.

Bendiciones a todos y todas. +Julio.


jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: el misterio del pan partido, repartido y compartido




1 Corintios 11,13-26


El misterio del pan partido, repartido y compartido


Este relato de la Cena del Señor es el más antiguo. Los relatos posteriores, contenidos en los evangelios sinópticos, son coincidentes con este (Marcos 14,22-15; Mateo 26,26-29; Lucas 22,14-20).

Pablo transmite a la iglesia de Corinto la tradición recibida de la comunidad apostólica, sobre la institución de la Eucaristía (versículo 23).

Enseña que Jesús, mientras cenaba son sus discípulos y discípulas (Marcos 14,12-23), la noche en que Judas lo entregaría al poder religioso de Israel (Marcos 14,10-11.43-46), para que éste pidiera su ejecución al poder político romano (Marcos 15,1-20), tomó pan y lo partió y repartió entre ellos y ellas (Marcos 14,22; Mateo 26,26; Lucas 22,19) diciendo “Esto es mi cuerpo” (versículo 24 cf Juan 6,51-58) y después de la cenar tomo la copa y la repartió (Marcos 11,23; Mateo 26,27; Lucas 22,20) diciendo  “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre” (versículo 25 cf Éxodo 24,6-8; Romanos 3,25; Efesios 2,13; 1Juan 1,7). En ambos casos, tanto cuando reparte el pan partido, como cuando entrega la copa, dice “hagan esto en memoria mía” (versículos 24 – 25).

Esta tradición llega hasta nuestros días, transmitida de generación en generación dentro de la Iglesia y así continuará hasta el final de los tiempos (versículo 26).

Para nosotros y nosotras, discípulos y discípulas de Jesús en el siglo XXI, en la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, la Eucaristía en la mesa compartida es el centro de nuestra experiencia de fe. Al sentarnos en torno a la mesa, compartimos fraternalmente lo vivido durante la semana, alegrías y tristezas, estudio y trabajo, vida comunitaria y familiar, encuentros y reencuentros con personas queridas, todo lo transitado en la semana. Nos reconciliamos, alabamos, adoramos, agradecemos e intercedemos. Todo confluye en el memorial.

En el pan y el vino ofrecemos a Dios lo que somos, tenemos y hacemos.

Haciendo uso del sacerdocio universal (1Pedro 2,9) la comunidad junto a sus líderes (obispo/a, presbítero/a) consagramos el pan y el vino, siguiendo el mandato del Señor Jesús y las enseñanzas apostólicas compartiéndolo entre nosotros y nosotras.

Esta experiencia de fe compartida, hace realmente presente al Señor Jesús en la Eucaristía (Mateo 18,20). En este encuentro real con Él nos libera, nos sana y nos incluye (Mateo 8,1-4.5-22.28-34; 9,1-8.18-38;15,21-28;17,14-23), pero también nos envía (Mateo 10,5-15), puesto que la comunidad eclesial no es un lugar de adoración a Dios (Hechos 1,11), sino fundamentalmente es una comunidad enviada a servir (Mateo 20,28) y no a todas las personas, sino a aquellas vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mateo 25,31-46) en quienes ha querido quedarse especialmente, como sacramento para la humanidad.

El pan partido en la Eucaristía y repartido en la Comunión, exige de nosotros y nosotras que lo compartamos con las personas oprimidas, discriminadas y excluidas a través de obras de solidaridad, porque el amor es señal de nuestra comunión con Dios (1 Juan 4,7-21) porque “si uno no ama a su hermano a quien ve, tampoco puede amar a Dios a quien no ve” (1 Juan 4,20 cf 2,9-11).

En este jueves santo, en que conmemoramos la institución de la Eucaristía por parte del Señor Jesús, dediquemos un tiempo de la jornada al servicio y la solidaridad como gesto de comunión con Él (Juan 13,1-20), sin este gesto, la participación en la celebración comunitaria, en la hora santa y en cualquier otro acto litúrgico se volverá vacía y carente de sentido.


Bendiciones a todos y todas. +Julio.

miércoles, 1 de abril de 2015

Consagración de los Santos Óleos - Semana Santa 2015



Lucas 4,16-21

El relato evangélico nos presenta a Jesús, ungido por Dios para llevar la buena noticia a las personas de su tiempo, vulneradas en sus derechos y su dignidad. El texto de Isaías 61,1-2, define la misión de Jesús. Sus palabras y sus acciones expresan el amor preferencial de Dios por las personas discriminadas, excluidas, oprimidas.

Esta celebración tan especial para nosotros y nosotras, los obispos y las obispas de la Iglesia de Jesucristo, nos recuerda lo esencial de nuestra misión en la Iglesia y en la sociedad en la que vivimos. Somos servidores (Mateo 20,28) que intentamos seguir el ejemplo del Maestro (Mateo 10,24).

Nuestra función en la Iglesia es garantizar que se mantenga vivo el anuncio de la Buena Noticia, que Jesucristo comunicó a la humanidad. Una Buena Noticia que sana, que libera, que incluye.

Las obispas y los obispos independientes, tenemos la oportunidad de pensar y proyectar nuestro rol en la coyuntura actual, de la iglesia, de la sociedad y de la cultura. No podemos, ni debemos desvirtuar el mensaje originario de Jesucristo. No podemos, ni debemos copiar modelos desgastados y obsoletos.

Las palabras de Jesucristo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor” (Lucas 4,18-19), deberían desafiarnos a confeccionar un itinerario pastoral, cuyo cimiento sea el servicio a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, no importando quienes sean, “porque Dios no hace diferencia entre las personas” (Hechos 10,343).

Este, debiera ser el plan pastoral para transmitir a las presbíteras y los presbíteros, a las diáconas y a los diáconos, y a todas nuestras comunidades, porque por ello es lo único, por lo que deberemos rendir cuentas (Matero 25,31-46).

Por esta razón, en el año 2015, pondremos especial atención en el servicio pastoral a las personas que viven con vih sida, a las personas gltb y a las personas adultas mayores, como tres colectivos que se caracterizan por ser vulnerados en sus derechos y su dignidad en nuestro país.

Bendiciones a todos y todas.
+Julio.