Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 25 de enero de 2015

Con el anuncia del Reinado de Dios, Jesús dinamita los cimientos religiosos de su época.

Tercer domingo después de Epifanía.
Ciclo C

Marcos 1,14-20






En estos pocos versículos, Marcos aporta gran cantidad de información sobre el contexto en el que Jesús comienza a desarrollar su actividad y sobre el contenido central de la misma.

1.    El texto en su contexto:

Jesús, después de su bautismo, se quedó en el desierto hasta que Juan el bautizador o Juan el bautista fue encarcelado por orden de Herodes Antipas (versículo 14 cf 6,17-18). Es a partir de la detención de Juan que Jesús comienza su ministerio profético carismático reconocido por el pueblo (Marcos 6,15; 8,28; Mateo 21,11.46; Lucas 7,16; Juan 4,19; 6,14; 7,40.52; 9,17), pero también por los fariseos, aunque con desprecio y escepticismo (Marcos 8,11; Lucas 7,39). Con Jesús de Nazaret retorna el Espíritu profético a Israel, luego de muchos años de silencio (Macabeos, libro I, 4,46; 9,27; 14,4).

El centro de la predicación de Jesús es el Reinado de Dios (= basileía, en griego), es decir, la soberanía real de Dios (cf. Joachim Jeremías, Teología del Nuevo Testamento, volumen I, pág 119 y siguientes). Un tema que apenas es mencionado en el Antiguo Testamento, muy poco mencionado en el resto del Nuevo Testamento, a excepción de los Evangelios donde aparece casi constantemente en boca de Jesús.

Cuando Jesús anuncia el Reinado de Dios no hace referencia a un reino en sentido geográfico, localizado en un territorio. El vocablo malkuta utilizado por Jesús, traducido por los evangelistas al griego por basileía, hace referencia al poder de gobernar, a la autoridad de un rey y a su poderío, siempre como algo que se está realizando, por eso es preferible traducirlo por Reinado de Dios y no Reino de Dios. El concepto Reinado de Dios es mucho más fiel a lo que creyó, anunció y vivió Jesús.

“La característica principal de este reino divino es que Dios realiza el ideal regio de la justicia, un ideal por el que constantemente se había suspirado, y que jamás se había realizado plenamente en la tierra. La justicia del rey, según las concepciones de los pueblos de oriente y también según las concepciones de Israel desde los tiempos más antiguos, no consiste primordialmente en emitir un veredicto imparcial, sino en la protección que el rey hace que se preste a los desvalidos, a los débiles y a los pobres, a las viudas y a los huérfanos” dice Joachim Jeremías (cf obra citada).

Por esta misma razón, el Reinado de Dios es Buena Noticia (= evangelio) no para todas las personas, sino para aquellas que se encuentran vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mateo 11,18-30; Lucas 6,20-22), pues para otras, es una muy mala noticia (Lucas 6,23-26).

Los estudiosos bíblicos son coincidentes en que para Jesús, el Reinado de Dios (basileía en griego, malkuta en hebreo) significa el tiempo de salvación, la consumación de estas realidades mundanas, la restauración de la comunión entre Dios y la humanidad (cf Daniel 2,44; 7,27; Lucas 12,32), desde una perspectiva escatológica muy próxima: Dios está cerca, ya está aquí.

Sin lugar a dudas, para el pueblo empobrecido a través de impuestos, por el poder político y el poder religioso, este anuncio era una muy buena noticia. También para todas aquellas personas que eran despreciadas y discriminadas por la clase política y la clase religiosa: los jugadores de juegos de azar, los usureros, los recaudadores de impuestos, los publicanos, los pastores, las prostitutas, personas con escaza formación religiosa. A estas personas Jesús les dice que tienen participación en el Reinado de Dios (Lucas 6,20) no en un futuro sino ya desde ahora (Marcos 2,17); es el cumplimiento de las promesas de Dios (Isaías 29,19; Ezequiel 34,16; Sofonías 3,17).

Esta buena noticia anunciada por Jesús contradice todas las normas piadosas de aquel momento, ya que separarse de las personas pecadoras era la obligación religiosa para todo judío piadoso. El que Jesús llegara a estas personas con este mensaje de parte de Dios y no a las personas justas (Marcos 2,17) era un verdadero escándalo, al decir de Joachim Jeremías “la disolución de toda ética” (obra citada). El mensaje de Jesús dinamita los cimientos religiosos de su época.

Jesús inicia su ministerio profético, justamente entre las personas discriminadas, en Galilea lejos Judea, el centro político y religioso de Israel; y dentro de Galilea en Cafernaúm, no en Tiberíades su capital (Marcos 1,16.21). Al igual que los escribas de su tiempo, comienza a rodearse de un grupo de discípulos (versículos 16-20) que son invitados a formar parte del proyecto mesiánico.

2.    El texto en nuestro contexto:

En nuestro tiempo y nuestro contexto otras personas, discriminadas y excluidas por el actual sistema político y religioso, esperan el anuncio de una buena noticia de parte de Dios. Pareciera que también en estos tiempos se ha extinguido el Espíritu profético.

Las Iglesias, progresivamente nos hemos ido adaptando al sistema y con el paso de los siglos, hemos vuelto a cargar a aquellas personas a las que Jesús había alivianado su carga (Mateo 17,28-30); expulsando con nuestros dogmatismos, fundamentalismos y ritualismos a aquellas personas a las que Jesús había incluido en una comunidad de iguales; imponiendo una ética de la marginación y exclusión, donde las personas a las que Jesús sanó, liberó e incluyó, las invisibilizamos y silenciamos. Al igual que el sistema religioso de tiempos de Jesús, etiquetamos de pecadores y pecadoras a quienes no se ajustan a las imposiciones de nuestro sistema religioso.

Las Iglesias de tradición están envueltas en tradiciones y ritos, asfixiando todo surgimiento profético carismático que el Espíritu pudiera inspirar. Otras formas eclesiales, como el evangelismo pentecostal, están rigidizadas en una interpretación literal de las Escrituras, poniendo énfasis en los diezmos, la guerra contra los demonios y el cumplimiento de una ética más judaica que cristiana. La corriente del catolicismo independiente, que está surgiendo en los últimos años en América Latina, es una mera copia del conservacionismo católico romano o anglicano.

El Espíritu nos urge a convertirnos a la buena noticia de Jesucristo. La humanidad del siglo XXI necesita una Iglesia que pueda dialogar con ella y no censurarla, discriminarla o excluirla; una Iglesia profética, capaz de dinamitar los cimientos de un sistema religioso obsoleto, expulsivo y opresor; una Iglesia solidaria, capaz de estar junto a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad; una Iglesia dialogante y creativa, capaz de aprender de la sociedad y la cultura, aportando lo mejor del Evangelio de Jesucristo y asumiendo lo mejor de la humanidad del siglo XXI; una Iglesia de comprometida y de acciones, más que de adoración y culto, a ejemplo de Jesús y la Iglesia de la antigüedad.

La humanidad del siglo XXI necesita el anuncio profético de que el Reinado de Dios está aquí y que las personas vulneradas en sus derechos y dignidad son invitadas a participar ahora sin importar su condición o situación. Dios ama entrañablemente a todas las personas que son expulsadas y excluidas por el sistema político y religioso. Dios quiere que quienes quedaron fuera de la fiesta y de la mesa, ingresen con los mismos derechos de quienes ya están dentro.

Jesús nos convoca a hacer posible, aquí y ahora, la soberanía real de Dios haciendo justicia a quienes son víctimas de las injusticias. De nosotros y nosotras depende, ser parte de la misión profética de Jesús o de la hipocresía del sistema religioso.

Buena semana a todos y todas.
+Julio.

domingo, 18 de enero de 2015

Las personas invisibilizadas por el sistema religioso son elegidas por Dios para llevar adelante su proyecto liberador, sanador e inclusivo



Segundo domingo después de Epifanía.
Juan 1,43-51

1.    El texto en su contexto:

El texto evangélico relata el llamado de Felipe y Natanael por parte de Jesús. Este relato no tiene paralelo en los evangelios sinópticos. Cuenta que Jesús llama a Felipe de Betsaida (versículos 43-44) y que Felipe cuenta lo sucedido a Natanael.

El testimonio de Felipe tiene un contenido altamente teológico: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en los libros de la Ley, y de quien también escribieron los profetas” (versículo 45 primera parte); claramente, Felipe, está afirmando que Jesús es el anunciado y prometido por las Escrituras. Para los judíos, los libros de la ley y los libros de los profetas, son una referencia indiscutible a las Escrituras judías, el Antiguo Testamento (cf 5,17); para continuar diciendo: “Es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret” (versículo 45 segunda parte cf Mateo 1,18-25; Lucas 1,26-38; 3,23); esta afirmación nos permite suponer que le conocían a él o a José. Esto no es extraño, ya que por su oficio, tanto José como Jesús muchas veces debieron salir de su aldea para conseguir el sustento diario, desarrollando su oficio en aldeas y poblados de Galilea.

Nazaret era una pequeña aldea de Galilea, tan pequeña e insignificante, que no se la menciona en todo el Antiguo Testamento. Cuando Felipe, conversando con Natanael, sitúa a Jesús en Nazaret, Natanael desestima su testimonio (versículo 46). A pesar de ello, Natanael se dirigió al encuentro con Jesús.

A través del diálogo producido en ese encuentro, el evangelista nos presenta a un Jesús que tiene un conocimiento personal y profundo de cada persona (versículos 47-49 cf. Juan 2,24-25; 4,17-19; 13,11; 16,30); frente a la afirmación de Jesús, la confesión de fe de Natanael no se hace esperar: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios” (versículo 49 primera parte); otro versículo con un alto contenido teológico; el título “Hijo de Dios” es utilizado aquí como título mesiánico (cf Mateo 3,17; 14,33; 16,16; Juan 11,27), esta aclaración es importante porque podríamos forzar el texto utilizándolo para probar la filiación divina de Jesús, el versículo no hace referencia a su condición divina sino a su condición de mesías prometido por Dios y esperado por Israel; título que se ve reforzado por la segunda afirmación “tú eres el Rey de Israel” (versículo 49 segunda parte), otro título mesiánico (cf Juan 6,15; 18,33-36; 19,19), un rey de manera distinta a como era esperado por algunos sectores de Israel.

El relato finaliza con otra referencia al Antiguo Testamento. Jesús afirma que verán a los ángeles subir y bajar sobre el Hijo del Hombre (cf versículo 51), aludiendo al sueño de Jacob (Génesis 28,10-17). Cuando los discípulos sean testigos de la muerte y la resurrección de Jesús, comprenderán que El es la verdadera Casa de Dios entre la humanidad y para la humanidad y no Betel, el lugar sagrado donde Jacob tuvo el extraño sueño.


2.    El texto en  nuestro contexto:

El relato evangélico nos invita a descubrir la presencia de Jesús en aquellas personas que pareciendo insignificantes son su presencia real entre nosotros y nosotras.

A nuestro alrededor hay mucha gente invisibilizada por la sociedad, la cultura y la religión; personas de las que no esperamos nada porque son hijas o hijos de matrimonios disueltos, son personas adoptadas por personas gltb, son hijos o hijas de personas que viven con vih sida, son hijos o hijas de personas privadas de libertad, son hijas o hijos de personas adictas, son hijos o hijas de personas que viven en situación de calle …

El prejuicio, la discriminación, la exclusión, el bullying promovidos por la sociedad, la cultura y la religión son contrarios al proyecto liberador, sanador e inclusivo de Dios, escribía Pablo a los Corintios: “Hermanos, deben darse cuenta de que Dios los ha llamado a pesar de que pocos de ustedes son sabios según los criterios humanos, y pocos de ustedes son gente con autoridad o pertenecientes a familias importantes. Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo(1 Corintios 1,26-28 cf Mateo 11,25; Santiago 2,5).

Si nuestras comunidades pretenden ser casa de Dios (= Betel) para su contexto y su entorno,  necesariamente deberán estar integradas por personas invisibilizadas por el sistema, como Jesús.

Si nuestras comunidades pretenden ser testigos, como Felipe, para su contexto y su entorno, necesariamente deberán estar integradas por personas invisibilizadas por el sistema, como Jesús.

Si en nuestras comunidades hay muchas personas que les gusta ostentar sus títulos de maestro, profesor, doctor, ingeniero, abogado, escribano, y se lo permitimos, no somos la Iglesia de Jesucristo.

El evangelio nos interpela a revisar nuestra práctica, a transformarnos en una Iglesia abierta a todos y todas, pero especialmente y con predilección a aquellas personas que la sociedad, la cultura y la religión invisibilizan; porque Jesús eligió ser una de ellas (Mateo 25,31-40).

Buena semana para todos y todas.
+Julio.







domingo, 11 de enero de 2015

“Tú eres mi hij@ amad@ a quien he elegido”.



Bautismo de Jesús
Marcos 1,4-11


1.    El texto en su contexto:

Probablemente entre el año 27 y 28 aparece Juan desarrollando su actividad profética y no pasa para nada desapercibido. Provenía de una familia sacerdotal del medio rural, sin embargo, abandona su profesión y dirigiéndose al desierto, fuera de la tierra prometida anuncia su mensaje: la alianza entre Dios y el pueblo está rota y necesita ser restablecida, una vez purificado del pecado. Para nada es un mensaje pesimista. Muy por el contrario, es una invitación a ir al desierto, al lugar donde Dios se reveló al pueblo y renovar la alianza con Dios.

Juan desarrollaba su actividad bautizadora en el desierto (versículo 4) junto al río Jordán en Galilea (cf Mateo 3,13). Allí predicaba que debían cambiar de actitud y convertirse a Dios (cf Mateo 3,2) y que una vez bautizados les serían perdonados los pecados (cf Hechos 2,38; 13,24); por lo tanto, el bautismo no era únicamente un rito sino expresión de un verdadero retorno a Dios.

Según el versículo 5, mucha gente de distintas regiones iban a escuchar a este profeta y a bautizarse para perdón de sus pecados. Ya lo hemos comentado en otros momentos, ese lugar del río Jordán remitía al acontecimiento de la entrada en la tierra prometida, del pueblo hebreo guiado por Josué. Por lo tanto, no es casual que Juan eligiera ese lugar, frente a Jericó, para su predicación. Se estaba gestando la renovación de la Alianza con un pueblo renovado.

El aspecto de Juan (versículo 6) era similar al del profeta Elías (cf 2 Reyes 1,18; Zacarías 13,4), esperado por el pueblo para restablecer el reino de Israel. Y se presentaba como una persona sin poder, similar a un esclavo (versículo 7). Y anunciaba un bautismo diferente al que el pueblo estaba acostumbrado, hasta él, el bautismo será en agua, pero cuando se cumplan las promesas, el pueblo será bautizado en el Espíritu Santo (versículo 8 cf Juan 1,33; Hechos 1,5; 2,1-4).

Jesús se acerca a Juan y recibe su bautismo hacia el año 28 (versículos 9-10 cf Mateo 3,13-17; Lucas 3,21-22; Juan 1,31-34). Los cuatro evangelistas son coincidentes en que Jesús fue bautizado por Juan.

Este hecho fue muy conflictivo para las primeras comunidades cristianas: Jesús ¿era inferior a Juan para ser bautizado por él? Y si aceptaba ser bautizado por Juan para el perdón de los pecados, Jesús ¿era pecador? Sin embargo, Marcos que es el evangelio más antiguo, inmediatamente afirma la experiencia de la teofanía (versículo 11 cf Génesis 22,2; Salmo 2,7; Isaías 42,1; Mateo 3,17; 12,18; Lucas 9,35; 2 Pedro 1,17) resolviendo estos interrogantes y situando a Jesús en el lugar del señor y no del esclavo (versículo 7).

Una vez bautizado, Jesús no retornó a su casa (Marcos 1,12-13), se unió al proyecto de Juan convirtiéndose en uno de sus discípulos (en este punto hay acuerdo generalizado entre los mayores investigadores: Jeremías, Becker, Meier, etc), seguramente fascinado por el contenido del mensaje: el pueblo aunque hundido en su pecado sería restablecido por Dios y sería partícipe de una nueva alianza; de hecho, este fue el contenido de la predicación de Jesús (Marcos 1,14-15; cf Mateo 4,12-17; Lucas 4,14-15).


2.    El texto en nuestro contexto:

Sin lugar a dudas, nuestro contexto nos remite a la misma situación en que se encontraba Israel separado de Dios. Suficientes indicadores nos demuestran que nuestra sociedad y nuestra cultura han prescindido de Él:

- las situaciones de injusticia y discriminación que viven las personas con vih sida y las personas gltb
- la explotación salvaje de los recursos naturales del planeta
- la opresión de unas personas sobre otras, expresado en el machismo dominante, el fanatismo y fundamentalismo religioso, el patriarcado que no respeta los derechos de la niñez y la adolescencia
- el individualismo y la falta de solidaridad entre las personas y los pueblos que producen pobreza, marginalidad, exclusión
- el consumismo producto de un capitalismo desenfrenado que pone el tener sobre el ser

Y podríamos seguir enumerando aquellas cosas que denominamos pecado, porque atentan contra los derechos y la dignidad de las personas.

En este contexto de pecado, personal y social, el mensaje de Juan el Bautista es una puerta que abre a la esperanza. Dios no abandona a la humanidad que lo abandonó, por el contrario, se hace presente: sanando, liberando e incluyendo, a través de la Nueva Alianza sellada una vez para siempre, en la persona de Jesucristo.

Las comunidades cristianas, estamos desafiadas a convertirnos a Dios, para ser signos en el mundo, de su amor liberador e inclusivo. La sociedad y la cultura del siglo XXI necesitan experimentar el rostro humano de Dios, revelado en Jesucristo y que la Iglesia conoce y debe compartir con el resto de la humanidad.

El bautismo de Jesús, reafirma esa elección divina, en la cual Dios dice a cada hombre y a cada mujer: “Tú eres mi hij@ amad@ a quien he elegido”.


Buena semana para todas y todos.
+Julio.





domingo, 4 de enero de 2015

Herodes, modelo para algunas Iglesias




TIEMPO DE EPIFANÍA
Celebración de la Epifanía del Señor
Mateo 2,1-18


En esta Epifanía, no centraremos nuestra reflexión en los magos de oriente sino en Herodes. Tengamos en cuenta que los Evangelios no contienen, necesariamente, verdades históricas sino teológicas. Ese debe de ser el primer lente que tenemos que utilizar para leerlos y entenderlos para poder vivir con fidelidad a Jesús.

Muy probablemente, Jesús nació en la aldea de Nazareth de Galilea y no en Belén de Judea; sin embargo, tanto para el evangelista Mateo como para la comunidad, destinataria de su evangelio, se nos proporcionan mucha información de la infancia de Jesús. Esta información no es histórica sino que tiene una finalidad teológica.


1.    El texto en su contexto:

La ciudad de Belén se encuentra a pocos kilómetros al sur de la capital, la ciudad santa de Jerusalén y era el pueblo natal del rey David (1 Samuel 16,1). El relato evangélico nos ubica en tiempos del reinado de Herodes, llamado el Grande, pues gobernó Israel desde el año 37 aC hasta el año 4 aC, respondiendo fielmente al emperador romano.

El contexto socio político es importante para situar y entender este relato evangélico, por lo tanto vamos a detenernos un poco en la figura del rey Herodes el Grande, nacido en el año 73 aC, hijo de Antípater, nombrado procurado por el emperador Julio César en el año 47 aC; con este gobernador se establece una dinastía familiar que gobernó varios años y varias ciudades palestinas.

Antípater estableció a su hijo primogénito Fasael como perfecto de Jerusalén y a su segundo hijo Herodes, como perfecto de Galilea, quien se caracterizó por reprimir todo vandalismo en la región. Muerto Julio César, el senado romano influenciado por Antonio y Octavio (Augusto) lo designa “rey de los judíos”, título que llevó por más de treinta años junto al de “amigo y aliado de Roma”. Tras eliminar uno a uno la familia de los asmoneos, incluida su esposa Mariamne, se dedicó a consolidar el reino. Edificó grandes obras arquitectónicas: reedificó Samaría y la llamó Sebaste en honor del emperador; reedificó la torre Estratón en la costa mediterránea, construyó un puerto artificial y la denominó Cesarea en honor del emperador; reedificó la fortaleza Antonia al noroeste del Templo de Jerusalén; reconstruyó el Templo, edificó su propio palacio, entre otras obras. A pesar de ello, el pueblo nunca lo aceptó por dos razones, en primer lugar por ser edomita y no judío y en segundo lugar por haber exterminado la familia de los sumos sacerdotes (los asmoneos).  Con Mariamne tuvo dos hijos, Alejandro y Aristóbulo, que se criaron en Roma y eran los herederos del reino que, siendo acusados de complot fueron ejecutados; unos años después, su hijo mayor, Antípater fue acusado de complot y ejecutado también. Herodes el grande, tenía una tendencia a sospechar y eliminar  a quien se interpusiera en su camino.

En su testamento dividió el reino entre sus tres hijos: Arquelao, hijo de Herodes y  Maltaqué gobernó en Judea y Samaría (Mateo 2,22) sin el título de rey, Antipas, su hermano menor gobernó en Galilea y Perea (Lucas 3,1). Esta decisión fue ratificada por el emperador romano.

El relato evangélico nos sitúa en un contexto complejo, donde los maestros judíos no pudieron leer los signos de los tiempos e interpretar las Escrituras y les pasa desapercibido el nacimiento del Mesías; donde aparecen estos magos de oriente, paganos, planteando que vieron la estrella del rey de los judíos que acababa de nacer (versículo 3); esta estrella en algunos escritos hacía alusión al Mesías (Números 24,17); donde hay malestar en el pueblo por el rey no judío y asesino de la familia del sumo sacerdote; donde el rey vive con una sospecha enfermiza de complot contra él.

El relato de la visita de los magos de oriente y la posterior matanza de los niños (Mateo 2,16-18), aunque esta historia no aparece en ninguna otra parte, ni en los escritos de la época, ni en los evangelios, lo que estaría evidenciando que es una construcción teológica y no un dato histórico, nos muestran claramente el contexto socio político del momento en que nació Jesús.


2.    El texto en nuestro contexto:

El relato evangélico nos enseña que Dios lleva adelante su proyecto liberador e inclusivo, más allá de las instituciones que aparecen en la cultura, como mediadoras entre Dios y la humanidad; en aquel tiempo el judaísmo y el Templo de Jerusalén, en nuestro tiempo las Iglesias del cristianismo y sus doctrinas y lugares de adoración.

Aquellas personas discriminadas por el sistema religioso judío, fueron depositarias de la revelación del Mesías. En aquellas personas discriminadas por el sistema religioso cristiano, Dios continúa anunciando su buena noticia (Efesios 3,1-12).

En la actualidad, hay Iglesias que se denominan cristianas, sin embargo discriminan y excluyen de la participación plena, en la vida eclesial. Hay denominaciones que no admiten a las personas divorciadas, hay denominaciones que no admiten a las personas GLTB, hay denominaciones que no admiten a las mujeres en el liderazgo con igualdad de condición que los hombres, hay denominaciones que no admiten a las personas con VIH SIDA, hay denominaciones que se consideran un club selecto de personas salvadas y justas, hay denominaciones que dicen ser inclusivas pero sus acciones demuestran lo contrario. Estas repiten la conducta enfermiza de Herodes asesinando dignidades.

La Iglesia que se considera fiel a Jesucristo, discípula suya, se caracteriza porque sus miembros son una comunidad de iguales. Si las Escrituras nos enseñan que Dios quiso manifestar su amor misericordioso e inclusivo a toda la humanidad (Isaías 60,1-6) ¿Quiénes son los cristianos para cerrar puertas? ¿Quiénes son los líderes eclesiásticos para excluir de la mesa?.


3.    En conclusión:

En Navidad, Dios eligió a los pastores, población vulnerada y excluida por el sistema religioso, para revelarles al Mesías. En esta Epifanía, Dios manifestó a los paganos, población vulnerada y excluida por el sistema religioso, la buena noticia del nacimiento del Mesías. En todos los relatos evangélicos, Jesús el Mesías, libera, sana, incluye, enseña, elige a las personas vulneradas y excluidas por el sistema religioso, para revelarles el proyecto divino al que llamó Reinado de Dios, una comunidad de iguales.

Si las Iglesias nos empeñamos en continuar nuestras posturas fundamentalistas, literalistas, dogmáticas, repitiendo modelos que vulneran derechos y dignidades, como Herodes, Dios continuará su proyecto liberador e inclusivo a pesar de ellas o tal vez, sin ellas.

Buena semana para todos y todas.
+Julio.



jueves, 1 de enero de 2015

Santa Madre de Dios, 1 de enero




La Palabra tomó de María nuestra condición humana


San Atanasio ([1]) - Carta a Epicteto 5-9

La Palabra tendió una mano a los hijos de Abrahán, afirma el Apóstol, y por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos y asumir un cuerpo semejante al nuestro. Por esta razón, en verdad, María está presente en este misterio, para que de ella la Palabra tome un cuerpo, y, como propio, lo ofrezca por nosotros. La Escritura habla del parto y afirma: Lo envolvió en pañales; se proclaman dichosos los pechos que amamantaron Señor, y, por el nacimiento de este primogénito, fue ofrecido el sacrificio prescrito. El ángel Gabriel había anunciado esta concepción con palabras muy precisas, cuando dijo a María no simplemente «lo que nacerá en ti» –para que no se creyese que se trataba de un cuerpo introducido desde el exterior–, sino de ti, para que creyésemos que aquel que era engendrado en María procedía realmente de ella.

Las cosas sucedieron de esta forma para que la Palabra, tomando nuestra condición y ofreciéndola en sacrificio, la asumiese completamente, y revistiéndonos después a nosotros de su condición, diese ocasión al Apóstol para afirmar lo siguiente: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad.

Estas cosas no son una ficción, como algunos juzgaron; ¡tal postura es inadmisible! Nuestro Salvador fue verdaderamente hombre, y de él ha conseguido la salvación el hombre entero. Porque de ninguna forma es ficticia nuestra salvación ni afecta sólo al cuerpo, sino que la salvación de todo el hombre, es decir, alma y cuerpo, se ha realizado en aquel que es la Palabra.

Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que todos nosotros hemos nacido de Adán.

Lo que Juan afirma: La Palabra se hizo carne, tiene la misma significación, como se puede concluir de la idéntica forma de expresarse. En san Pablo encontramos escrito: Cristo se hizo por nosotros un maldito. Pues al cuerpo humano, por la unión y comunión con la Palabra, se le ha concedido un inmenso beneficio: de mortal se ha hecho inmortal, de animal se ha hecho espiritual, y de terreno ha penetrado las puertas del cielo.

Por otra parte, la Trinidad, también después de la encarnación de la Palabra en María, siempre sigue siendo la Trinidad, no admitiendo ni aumentos ni disminuciones; siempre es perfecta, y en la Trinidad se reconoce una única Deidad, y así la Iglesia confiesa a un único Dios, Padre de la Palabra.



([1]) Atanasio (296 – 373), obispo de Alejandría es considerado como Padre de la Iglesia.

María Madre de Dios



Antes de que los obispos reunidos en Éfeso (año 431) proclamaran a María, Madre de Dios, se produjeron una serie de controversias sobre Jesucristo y ello, por supuesto, tuvo sus efectos también en la persona de María.

Nestorio (386 – 451) siendo Patriarca de Constantinopla afirmó:

-       que hay dos personas distintas en Jesús, una humana y otra divina
-       sus dos naturalezas, humana y divina, no estaban unidas
-       María es madre de Jesús hombre no de Jesús en cuanto Dios encarnado, la segunda persona de la Santísma Trinidad
-       Jesús nació de María solo como hombre y más tarde, asumió la divinidad y por eso afirmamos que Jesús es Dios;

por lo tanto, al negar Nestorio que María es Madre de Dios niega también que Jesús es Dios.

En esta controversia doctrinal, Cirilo, obispo de Alejandría, tuvo un rol fundamental en establecer la doctrina sobre la divinidad de Jesús, por lo tanto, en el rol de María como Madre de Dios.


En el año 431, los obispos reunidos en concilio, en Éfeso, declaran:

 "Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo, también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios"

Por lo tanto, la recta doctrina a partir de Éfeso enseña que:

-       Jesús es una persona divina (no dos personas)
-       Jesús tiene dos naturalezas, una Divina y otra Humana (es verdadero Dios y verdadero Hombre)
-       María es madre de una persona divina y por lo tanto es Madre de Dios


A partir de Éfeso, la Theotokos, título que significa Madre de Dios, comenzó a ser utilizado en las oraciones de la Iglesia.

Los concilios de Calcedonia (451) y Constantinopla (553) ratifican y profundizan las verdades proclamadas en Éfeso.

La Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, que reconoce los concilios ecuménicos de la Iglesia no dividida del primer milenio, celebra en el día de hoy, a María como Madre de Dios.


+Julio.