Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 29 de noviembre de 2015

La PROMESA de Dios a la Humanidad



"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: "Señor-nuestra-justicia" (Jeremías 33,14-16).


Primer Domingo del Tiempo de Esperanza
Ciclo C 


1.    El texto en su contexto:

El capítulo 33 del profeta Jeremías continúa el anuncio de consolación iniciado en el capítulo 30. Dios promete la restauración de Israel y de Judá (33,4-13) y la continuidad del linaje davídico y del sacerdocio levítico (33,14-26).

En el versículo 14 se anuncia el día en que se cumplirán las promesas divinas, promesas de bendición para el pueblo de Dios (2 Sam 7,11-12; Is 41,1-20; 49,8-26; 52,1-12; 60-62; Jer 30-31; Ez 34,11-31; 36-37; 39,21-29; Am 9,11-15; Sof 3,14-20).

En el versículo 15 se anuncia el tiempo de paz y justicia, establecido por un descendiente davídico (Is 9,2-7; 11,1-10; Miq 5,1-15; Zac 9,9-10).

En el versículo 16 asegura paz, justicia y protección para el pueblo rescatado y la ciudad santa será llamada “el Señor nuestra victoria”; un paralelo con Jer 23,5-6 aplicándosele a Jerusalén el título que antes se aplicó al descendiente davídico (Ez 34,23). Este nombre simbólico resume todos las promesas para los tiempos mesiánicos: rectitud y justicia, salvación y liberación (Is 9,7[6]; Miq 5,4[3]).


2.    El texto en nuestro contexto:

El texto del profeta Jeremías, es totalmente vigente en nuestros días, donde importantes sectores de la humanidad están vulnerados en sus derechos y su dignidad; basta con echar una mirada a nuestro continente latinoamericano para identificar la marginación de los pueblos originarios, el empobrecimiento de los sin tierra, las situaciones generalizadas de violencia doméstica, la invisibilización de quienes se encuentran en situación de calle, el estigma del colectivo trans, la intolerancia hacia las personas homosexuales y tantas otras situaciones que claman por justicia (Ex 3,7).

En medio de esta realidad latinoamericana, la Iglesia de Jesucristo tiene la obligación de denunciar la injusticia y anunciar la promesa de Dios; una promesa que llegará a su pleno cumplimiento cuando logremos establecer otra sociedad, otra cultura, otra religión, otro mundo posible, donde todos y todas puedan acceder a los mismos derechos; donde todos y todas tengan vida plena, digna y abundante (Jn 10,10); donde todos y todas participen de la fiesta de la vida (Mt 22,9).

Pero mientras caminamos hacia esa meta, la Iglesia tiene que continuar trabajando por los derechos y la dignidad de todas las personas; pero especialmente de aquellas que son vulneradas “porque Dios no hace diferencias entre las personas (Hch 10,34); anunciando la justicia y la liberación para todos y todas sin exclusiones, porque la Iglesia es discípula y continuadora de la obra de Jesucristo que fue “consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (cf Lu 4,18-19).

El profeta Jeremías, urge a la Iglesia seguidora del Mesías, a sembrar la esperanza en las promesas liberadoras de Dios. Una Iglesia que no se compromete con la esperanza en la liberación no es la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que no se compromete con los derechos humanos y la dignidad humana no es la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que se atribuye el poder de juzgar, de condenar, de excluir de la fiesta de la vida (Mt 22,9) no es la Iglesia de Jesucristo.

En este primer domingo del Tiempo de Esperanza, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, que nos sentimos parte de la Iglesia de Jesucristo: Una, Santa, Católica y Apostólica, reafirmamos nuestro compromiso de llevar la esperanza a todas las personas que el sistema religioso, el sistema cultural, el sistema político se la han arrebatado. Nos sentimos enviados y enviadas a recordar a todas las personas, que Dios las ama entrañablemente (Jn 3,16), que cada una de ellas es imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27) y que Jesús las sana, las restaura y las libera (Mt 11,28-30).

Buena semana para todos y todas. Buen comienzo del Tiempo de Esperanza +Julio.

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