Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 27 de septiembre de 2015

A buen entendedor pocas palabras ...





19º Domingo después de Pentecostés
Ciclo B – Marcos 9,38-43


1.    El texto en su contexto:

Los discípulos continúan sin entender el proyecto de Jesús. Viene de una serie de tropiezos en su trayecto discipular; primero queriendo que Jesús evite las consecuencias de su ministerio (8,32-33), segundo fracasando en su ministerio (9,18), tercero compitiendo por quién es el más importante (9,34) y ahora la envidia (9,38).

Alguien estaba ministrando en el nombre de Jesús y eso molestó a los discípulos y Juan se hizo portavoz. Sin embargo, el Maestro es categórico “no se lo prohíban”. Jesús, en otro momento había enseñando que la forma de conocer a alguien es a través de sus acciones (Mt 7,15-20); en efecto quien cree en Jesús sólo puedo obrar como él (Jn 14,12). Y es importante establecer la diferencia, ese hombre no estaba predicando en nombre de Jesús, sino que estaba obrando en nombre de Jesús, concretamente Marcos relata un exorcismo. En otro lugar, Jesús había enseñando que los signos del Reino se manifiesta únicamente en quienes hacen la voluntad del Padre no en quienes hablan de Él (Mt 7,21-23).

No sólo habilita que este hombre siga ministrando en su nombre, sino que afirma que está a su favor (versículo 40 cf Mt 12,30; Lc 11,23).


2.    El texto en nuestro contexto:

El Evangelio de hoy es muy duro con aquellas personas e Iglesias que dicen hablar de parte de Dios; “la biblia dice”, “la palabra de Dios dice”, “la Iglesia enseña”. También es muy duro con aquellas personas e Iglesias que dicen ser la verdadera.

El Evangelio de hoy nos enseña a identificar quienes son discípulos y discípulas porque lo manifiestan en sus obras haciendo lo que Jesús hizo: sanando a las personas enfermas (Mc 1,29-31; 40-42; 2,8-12; 3,1-5; 5,23-42; 6,53-56; 7,31-37; 8,22-26; 10,46-52), liberando a las personas oprimidas (Mc 1,23-26; 5,2-13; 7,24-30; 9,14-29), incluyendo a quienes el sistema religioso discriminaba y excluía (Mc 2,13-17; Jn 7,53-8,1; Mt 22,9).

Pero también nos enseña a identificar a aquellas personas y aquellas Iglesias que dicen hablar de parte de Dios, que dicen ser la verdadera Iglesia, pero en realidad no son discípulas ni discípulos de Jesús, porque juzgan y condenan a otras personas (Mc 2,6-6; 11,27-33; Lc 7,39), porque ponen centran su experiencia de fe en mandatos y ritos que oprimen (Mc 2,18-22.23-27; 7,1-23; Mt 23), porque excluyen (Mc 3,6; Jn 7,53 – 8,11).

Transitamos tiempos de fundamentalismo religioso y las Iglesias cristianas no escapamos de ello.  Algunas personas e Iglesias creen que por citar textos bíblicos están siguiendo a Jesús, que por cumplir estrictamente las enseñanzas de la Biblia están siguiendo a Jesús, que por juzgar, condenar, excluir están obrando en nombre de Dios. Nada más lejos del Evangelio de Jesucristo. Algunas personas e Iglesias acusan a otras de falsos cristianos, de abominables, de pecadoras, de falsos ministros. Nada más lejos del Evangelio de Jesucristo. Pero el indicador para identificar el árbol bueno o el árbol malo son sus frutos (Mt 7,15-20) y los frutos no son palabras (Mt 7,21-23) sino obras (Mt 25,31-46).

Urge desarrollar un ecumenismo serio y sólido. Urge formar una Iglesia inclusiva y acogedora. Urge renunciar a fundamentalismos y dogmatismos para “que tod@s sean un@ para que el mundo crea” (Jn 17,21).

Buena semana para todos y todas +Julio.


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