Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 25 de mayo de 2014

Llamado a los Obispos de las Iglesias Católicas Independientes.




Saludo

Hermanos en el episcopado, “que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo, derramen su gracia y su paz sobres ustedes” (Filemón 1,3).

Esta carta es producto de mi reflexión y oración por el movimiento de Iglesias Católicas Independientes que ha florecido en las Américas, desde hace un tiempo a esta parte. Ello es un indicador de que el Espíritu Santo está actuando en nuestro continente y lo está haciendo por medio nuestro.

Sin embargo, muchas de nuestras acciones, parecieran conspirar contra la gracia que está actuando entre nosotros y nosotras, al estar divididos por cosas que nada tienen que ver con el Evangelio, con la Buena Nueva de Jesucristo, el Señor.



La situación actual

El catolicismo independiente está floreciendo en el continente, como una alternativa para quienes no se identifican con ninguna de las Iglesias de tradición o canónicas, sean católica romana, protestantes o evangélicas.

Prácticamente se ha extendido a todos los países del continente (Mateo 13,33 cf Lucas 13,20-21). Sin embargo, nosotros los Obispos, no estamos aprovechando esta situación para consolidarnos como movimiento continental. No estamos velando por los intereses de Jesucristo sino por los nuestros propios, ciertamente no todos, pero las divisiones son reales; esta situación, trae a mi mente la cita del apóstol Pablo: ¡Gálatas, duros para entender! ¿Quién los embrujó? En nuestra predicación hemos mostrado ante sus propios ojos a Jesucristo crucificado.Solo quiero que me contesten a esta pregunta: ¿Recibieron ustedes el Espíritu de Dios por el cumplimiento de la ley o por aceptar el mensaje de la fe?¿Son tan duros para entender, que habiendo comenzado con el Espíritu quieren ahora terminar con algo puramente humano?¿Tantas buenas experiencias para nada? ... ¡Imposible que hayan sido para nada!Cuando Dios les da su Espíritu y hace milagros entre ustedes, ¿por qué lo hace? No en virtud del cumplimiento de la ley, sino por aceptar el mensaje de la fe.” (Gálatas 3,1-5).

Pareciera que hemos olvidado las enseñanzas de la Iglesia de la antigüedad: “en lo que es necesario: unidad; en lo que es dudoso: libertad; en todo: caridad”(Agustín de Hipona) y bajo la consigna de unidad pretendemos la uniformidad rechazando a quien piensa o actúa diferente, como si el catolicismo fuera algo totalmente definido, acabado, inmutable, incuestionable, inflexible, rígido.


¿Qué es lo verdaderamente católico?

Como afirmaba Vicente de Lerins: “católico es aquello que fue creído y afirmado por todos y en todas partes”. Por lo tanto, ¿por qué estar divididos por cuestiones vanas?

Si todas nuestras iglesias comparten la fe de Jesucristo, y afirmo de Jesucristo, es decir la que transmitió a su comunidad discipular, no la fe en Jesucristo que hemos ido construyendo durante siglos, mientras tanto destruíamos su proyecto, entre divisiones, persecuciones y enfrentamientos; ¿por qué transitar por la vida separados y hasta enemistados? Es un tiempo de gracia que nos exhorta a morir a nuestras diferencias y mezquindades y abrazar el proyecto deseado por el Señor Jesús.

La base de nuestra unidad, la encontramos en el Símbolo de los Apóstoles. Este es nuestro punto en común, que nos une indisolublemente a Jesucristo y la tradición apostólica.

¿Por qué pretender que todas las Iglesias Católicas, teniendo en común los artículos de fe profesados en el Credo Apostólico, tengamos las mismas tradiciones, los mismos ritos, los mismos usos? Desde cuando la uniformidad es unidad?

El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de liberación (Lucas 4,18-21), de sanación (Lucas 4,31-40; 5,12-16), de perdón y reconciliación (Lucas 5,17-32), donde primero está la persona y luego la tradición (Lucas 6,1-11). No repitamos dogmatismos y fundamentalismos apegados a una tradición que no libera al ser humano (Lucas 11,37-54). Remitámonos al primer Concilio (Hechos de los Apóstoles 15), un acontecimiento eclesial liberador e inclusivo donde el Espíritu Santo marcó definitivamente el rumbo de la Iglesia de Jesucristo. La tradición quedo abolida frente a la gracia liberadora del Espíritu, “el amor por sobre la ley”


Algunas responsabilidad del episcopado

Señalo dos responsabilidades que tenemos en función de preservar la verdadera fe.

En primer lugar, los Obispos, tenemos la responsabilidad de “cuidar la iglesia de Dios” (1 Timoteo 3,5), así como Jesucristo cuidó de nosotros y nosotras; no sea que un día se nos reproche:Quieren ser maestros de la ley de Dios, cuando no entienden lo que ellos mismos dicen ni lo que enseñan con tanta seguridad” (1 Timoteo 1,7).

En segundo lugar, los Obispos, tenemos la responsabilidad de enseñar el contenido de las Sagradas Escrituras con fidelidad al mensaje fundamental (Efesios 2,20; 2Pedro 1,19-24; Gálatas. 1,6-7) pero también con fidelidad creativa (1Corintios 9,19. 22-23; Mateo 13,52; 2Timoteo 3,16-17), adaptándolo a nuestro tiempo y a nuestro contexto, pudiendo avanzar y trascender las tradiciones que cada cultura fue agregándole haciendo una carga difícil de llevar(Mateo 11,28-30).

Pero no es bueno que hagamos esta tarea en solitario, eso podemos aprenderlo del primer concilio ya mencionado (Hechos de los Apóstoles 15). Los Obispos Católicos Independientes somos muchos en este continente, sin embargo, caminamos separados, al parecer nuestras miserias y nuestros intereses se confunden y superponen al verdadero querer de Dios.


Llamamiento a un nuevo Pentecostés

Hermanos en el episcopado, les invito a iniciar un tiempo de oración y de reflexión, en estos días previos a Pentecostés, para que nos dejemos transformar por el Espíritu Santo.

La mucha gente que residen en nuestro continente, vulnerada en sus derechos y su dignidad, clama a Dios (Éxodo 2,23) necesitada de esperanza. Como pastores sabemos que la respuesta a esa necesidad es Jesucristo (Hechos de los Apóstoles 3,6).Partamos de lo que tenemos en común y dejemos las diferencias que nos separan, para construir y fortalecer un movimiento católico independiente, bajo la inspiración y guía del Espíritu Santo, “para dar razón de nuestra esperanza” (1Pedro 3,15).

En el próximo Pentecostés no sólo oremos por la unidad de la Iglesia de Jesucristo, hagamos que esa unidad sea posible, aceptando la diversidad de expresiones del catolicismo y dando los pasos necesarios para reducir y eventualmente erradicar la brecha que nos separa, mientras caminamos hacia el Misterio Divino al que llamamos Padre, en plena comunión con Jesucristo el Señor, “a fin de que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15,28).


Montevideo, 24 de mayo de 2014.
+Julio, Obispo de la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana.

En el sexto domingo de Pascua.

sábado, 24 de mayo de 2014

Sexto Domingo de Pascua



VI domingo del Tiempo Pascual
I Juan 1,1-10
Dios nos reconcilia en Cristo, y nos confía el ministerio de la reconciliación

Cirilo de Alejandría
Comentario a la II carta a los Corintios 5,5 - 6,2

Los que poseen las arras del Espíritu y la esperanza de la resurrección, como si poseyeran ya aquello que esperan, pueden afirmar que desde ahora ya no conocen a nadie según la carne: todos, en efecto, somos espirituales y ajenos a la corrupción de la carne. Porque, desde el momento en que ha amanecido para nosotros la luz del Unigénito, somos transformados en la misma Palabra que da vida a todas las cosas. Y, si bien es verdad que cuando reinaba el pecado estábamos sujetos por los lazos de la muerte, al introducirse en el mundo la justicia de Cristo quedamos libres de la corrupción.

Por tanto, ya nadie vive en la carne, es decir, ya nadie está sujeto a la debilidad de la carne, a la que ciertamente pertenece la corrupción, entre otras cosas; en este sentido, dice el Apóstol: si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. Es como quien dice: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y, para que nosotros tuviésemos vida, sufrió la muerte según la carne, y así es como conocimos a Cristo; sin embargo, ahora ya no es así como lo conocemos.

Pues, aunque retiene su cuerpo humano, ya que resucitó al tercer día y vive en el cielo junto al Padre, no obstante, su existencia es superior a la meramente carnal, puesto que murió de una vez para siempre y ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Si tal es la condición de aquel que se convirtió para nosotros en abanderado y precursor de la vida, es necesario que nosotros, siguiendo sus huellas, formemos parte de los que viven por encima de la carne, y no en la carne. Por eso, dice con toda razón san Pablo: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Hemos sido, en efecto, justificados por la fe en Cristo, y ha cesado el efecto de la maldición, puesto que él ha resucitado para liberarnos, conculcando el poder de la muerte; y, además, hemos conocido al que es por naturaleza propia Dios verdadero, a quien damos culto en espíritu y en verdad, por mediación del Hijo, quien derrama sobre el mundo las bendiciones divinas que proceden del Padre.

Por lo cual, dice acertadamente san Pablo: Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo, ya que el misterio de la encarnación y la renovación consiguiente a la misma se realizaron de acuerdo con el designio del Padre. No hay que olvidar que por Cristo  tenemos acceso al Padre, ya que nadie va al Padre, como afirma el mismo Cristo, sino por él. Y, así, todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió y nos encargó el ministerio de la reconciliación.


miércoles, 21 de mayo de 2014

LA DIDAJÉ (1)

Semanalmente iremos compartiendo escritos patrísticos con la finalidad de acercar los escritos de la iglesia de la antigüedad a nuestros días. En ellos está plasmada la fe, las prácticas, la experiencia de Dios que esa iglesia tenía.







CAPITULO 1 

1:1 Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos. 

1:2 El camino de la vida es éste: Amarás en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas tú a otro. 

1:3 Y de estos preceptos la enseñanza es ésta: 
Bendecid a los que os maldicen y rogad por vuestros enemigos, y ayunad por los que os persiguen. Porque ¿qué gracia hay en que améis a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros amad a los que os odian, y no tengáis enemigos. 

1:4 Apártate de los deseos carnales. Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele la izquierda, y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames. 

1:5 A todo el que te pida, dale y no le reclames nada, pues el Padre quiere que se dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento, pues éste es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, se le examinará sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último cuadrante.
1:6 También está dicho acerca de esto: que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién das. 


CAPITULO 2 

2:1. El segundo mandamiento de la Enseñanza es éste. 
2:2 No matarás, no adulterarás, no corromperás a los 
menores, no fornicarás, no robarás, no practicarás la 
magia o la hechicería, no matarás el hijo en el seno 
materno, ni quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás los bienes del prójimo. 
2:3 No perjurarás, no darás falso testimonio. No calumniarás ni guardarás rencor. 
2:4 No serás doble de mente o de lengua, pues la doblez es lazo de muerte. 
2:5 Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por las obras. 
2:6 No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No serás codicioso, o hipócrita, o malicioso ni orgulloso, no escucharás consejos maliciosos contra el prójimo. 

2:7 No tramarás planes malvados contra tu prójimo. No odiarás a hombre alguno, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma.


CAPITULO 3 

3:1 Hijo mío, aléjate de todo lo que es malo, y de todo lo que se le parezca. 
3:2 No te irrites, porque la furia lleva al asesinato. No seas celoso, querelloso, de temperamento rápido, pues todo esto lleva a matar. 

3:3 Hijo mío, no seas carnal, porque la carne lleva a la fornicación, no seas un hablador sucio, no te vanaglories mucho, porque de todas estas cosas sale el adulterio. 

3:4 Hijo mío, no seas un observador de presagios o agüeros, no seas un hechicero, ni astrólogo, ni purificador, ni desees ver estas cosas, porque de todo esto nace la idolatría. 

3:5 Hijo mío, no seas mentiroso, la mentira lleva al robo, no seas codicioso o engreído, de todas estas cosas surge el robo. 

3:6 Hijo mío, no seas un murmurador, ya que lleva a la blasfemia, no seas de mente enferma o voluntad egoísta, porque de todo esto nacen las blasfemias.
3:7 Mas bien sé manso, porque los mansos heredarán la tierra; 

3:8 Se sin embargo generoso, ten compasión, no hagas daño, se pacífico, y bueno, y ten temor siempre de las palabras que has escuchado. 

3:9 No te exaltarás a ti mismo, ni darás demasiada confidencia a tu alma. Tu alma no se debe unir con las engreídas, sino que debe caminar con las almas justas y humildes. 

3:10 Acepta todo lo que te pasa como bueno, sabiendo que sin Dios nada pasa. 


CAPITULO 4 

4:1 Hijo mío, te acordarás de día y de noche del que te habla la palabra de Dios, y le honrarás como al Señor porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor. 

4:2 Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras. 
4:3 No harás cisma, sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para reprender las faltas. 

4:4 No andarás con alma dudosa de si sucederá o no sucederá. 
4:5 No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar. 
4:6 Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados. 
4:7 No vaciles en dar, ni murmurarás mientras das, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna. 
4:8 No rechazarás al necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano, sin decir que nada es tuyo propio; pues si os son comunes los bienes inmortales, cuánto más los mortales. 

4:9 Tu mano no se levantará de tu hijo o de tu hija, sino que les enseñarás desde su juventud el temor de Dios. 
4:10 No mandarás con aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros... porque El viene no a llamar de acuerdo a las apariencias, sino a lo que el Espíritu ha preparado.
4:11 Vosotros, los esclavos, someteos a vuestros señores como a imagen de Dios con reverencia y temor... 

4:12 Odiarás la hipocresía y todo lo que no es grato a Dios. 
4:13 No abandonarás los mandamientos del Señor, sino guardad lo que has recibido, sin agregarle o quitarle; 
4:14 En la Iglesia confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia. Este es el camino de la vida


CAPITULO 5 

5:1 El camino de la muerte es éste. Primero de todo, es maligno, y lleno de maldiciones, se encuentran asesinatos, adulterios, concupiscencia, fornicación, robos, idolatrías, brujerías, orgullo, malicia, engreimiento, mal hablados, celos, audacia, orgullo, arrogancia. 

5:2 Hay aquellos que acosan al bueno-amantes de la mentira, no conocen la recompensa de la rectitud, no se acercan al juicio bueno y correcto, no miran por lo bueno sino que por lo malo, de quienes la humildad y paciencia están lejos, amando cosas que son vanas, buscando recompensas, no teniendo compasión del necesitado, no trabajando por el que está en problemas, no conociendo al que los hizo, asesinos de niños, corruptores de la imagen de Dios, quienes se alejan de los necesitados y los oprimen más en sus problemas, jueces injustos de los pobres, errando en todas las cosas. De todo esto, hijos, sean librados. 


CAPITULO 6 

6:1 Ve que nadie te impulse a errar de este camino de la doctrina, porque te aparta de Dios. 
6:2 Si tú eres capaz de soportar el yunque del Señor, serás perfecto; pero si no eres capaz, haz lo que seas capaz. 
6:3 Referente a la comida, soporta lo que seas capaz, pero ten cuidado con las cosas ofrecidas como sacrificios a los ídolos, porque es el servicio de dioses infernales. 


CAPITULO 7 

7:1 Y referente al bautismo, bautiza de este modo: habiendo recitado estos preceptos, bautiza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva; 

7:2 Pero si no tienes agua corriendo, bautiza en otra agua, y si no puedes bautizar en agua fría, hazlo con agua tibia;

7:3 Pero si no tienes ninguna, echa agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

7:4 Y antes del bautismo, el bautizado y el que bautiza debe ayunar previamente, y todos los que puedan. Tu le ordenarás al que esta bautizando que ayune uno o dos días antes. 


CAPITULO 8 

8:1 Pero no hagas que tu ayuno sea con los hipócritas, porque ellos ayunan en el segundo y quinto día de la semana. Mas bien, ayuna en el cuarto y sexto día. 

8:2 No ores como los hipócritas, sino como el Señor lo 
ha ordenado en Su evangelio, ora así: Padre Nuestro 
que estás en los Cielos, santificado sea tu nombre, 
venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad así en 
la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de 
cada día, perdona nuestras deudas como también 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos dejes 
caer en tentación y líbranos del mal. 
Tuya es la gloria y el poder por siempre. 
8:3 Tres veces al día reza de esta manera.


CAPITULO 9
9:1 Referente a la Eucaristía, da gracias de esta manera. 
9:2 Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David Tu siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos.
9:3 Luego sobre el trozo de pan: Te damos gracias, Padre nuestro,  por la vida y el conocimiento, que nos diste a conocer por medio de Jesús Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos. 
9:4 Como este fragmento estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida Tu Iglesia de los confines de la tierra en Tu reino.  Porque Tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por siempre.
9:5 Que nadie coma ni beba de vuestra comida de acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No deis lo que es santo a los perros.

CAPITULO 10
10:1 Después de saciaros, da gracias así: 
10:2  Te damos gracias, Padre santo, por Tu santo nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la  fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de Jesús, Tu Hijo, para El sea la gloria por siempre.
10:3 Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu  nombre, y diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute,  para que te dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un  alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna por medio de tu  Hijo.
10:4 Por sobre todo, te agradecemos que nos puedas salvar; para El sea la gloria por siempre. 
10:5 Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y hacerla  perfecta en tu caridad, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en Tu reino que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
10:6 Has que venga la gracia, y deja que pase este mundo. Hosana al Hijo de David. Si alguien es santo déjalo venir a la Eucaristía; si no lo es, déjalo que se arrepienta. Amén.
10:7 A los profetas, dejadles dar gracias cuanto quieran.

CAPITULO 11
11:1 Quienquiera que, entonces, venga y te enseñe todas las cosas que se han dicho antes, recíbelo. 
11:2 Pero si el mismo maestro, extraviado, os enseña otra doctrina para vuestra disgregación, no le prestéis oído;  si, en cambio, os enseña  para aumentar vuestra justicia y conocimiento del Señor, recibidle como al mismo Señor.
11:3 Concerniente a los apóstoles y profetas, actúa de acuerdo a la doctrina del Evangelio. 
11:4 Deja que cada apóstol que viene a ti sea recibido como al Señor. 
11:5 El se quedará un día, y si es necesario, dos, pero si se queda por tres días, él es un falso profeta. 
11:6 Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo si no  es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.
11:7 Y no atentarás o discutirás con ningún profeta que hable en el Espíritu, porque todos los pecados serán perdonados, pero este pecado no será perdonado. 
11:8 Con todo, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene el modo de vida del Señor.  En efecto, por el modo de vida se distinguirá el verdadero profeta del falso.
11:9 Y cada profeta que ordene en el Espíritu que se tienda la mesa, no deberá comer de ella él mismo, si lo hace, es un falso profeta;
11:10 y cada profeta que enseñe la verdad, si no la practica, es un falso profeta; 
11:11 y cada profeta, probado como verdadero, y trabajando en el misterio visible de la Iglesia, pero que no enseña a otros a hacer lo que el hace, no debe ser juzgado por ti, porque tiene su juicio con Dios, porque así hicieron los profetas del pasado. 
11:12 Pero al que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le prestéis oído. En cambio si dice que se dé a otros necesitados, nadie lo juzgue.

CAPITULO 12
12:1  Todo el que viniere en nombre del Señor, recibidle. Luego examinándole le conoceréis por su derecha y por su izquierda, pues tenéis discernimiento, conocimiento de lo bueno y de lo malo
12:2 Si la persona que viene es un peregrino, asístelo en lo que puedas, pero no se debe quedar contigo por más de dos o tres días, al menos haya una necesidad. 
12:3 Si quiere quedarse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.
12:4 Si no tiene oficio, proveed  según prudencia, de modo que no viva entre vosotros cristiano alguno ocioso. 
12:5 Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de un traficante de Cristo. De ésos mantente lejos.

CAPITULO 13
13:1 Todo auténtico profeta que quiera morar de asiento entre vosotros es digno de su sustento. 
13:2 Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como el trabajador, su sustento.
13:3 Por tanto, tomarás siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darás como primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumos sacerdotes. 
13:4 Pero si no hay profetas, dalo a los pobres. 
13:5 Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato.
13:6  Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas. 
13:7 De tu dinero, de tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al mandato.

CAPITULO 14
14:1 En el día del Señor reuníos y romped el pan y haced la Eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.
14:2 Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio.
14:3 Este es el sacrificio del que dijo el Señor: “En 
todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: 
porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre 
es admirable entre las naciones”

CAPITULO 15
15:1 Elegios obispos y diáconos dignos del Señor.  hombres mansos, no amantes del dinero, sinceros y probados; porque también ellos os sirven a vosotros en el ministerio de los profetas y maestros.
15:2 No los despreciéis, ya que tienen entre vosotros el mismo honor que los profetas y maestros
15:3 Repréndanse unos a otros, no con ira sino pacíficamente, como lo manda el Evangelio; y, no dejes que nadie hable a nadie que actúe desordenadamente referente al prójimo, ni le dejes escuchar de ti hasta que se arrepienta.
15:4  Que tus oraciones y alma y todas tus obras hagan como lo manda el Evangelio de nuestro Señor.

CAPITULO 16
16:1 Vigilad sobre vuestra vida. No se apaguen vuestras linternas, y no dejen de estar ceñidos vuestros lomos, sino estad preparados, pues no sabéis la hora en que vendrá nuestro Señor.
16:2 Reunios con frecuencia, buscando lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os servirá todo el tiempo en que habéis creído si no consumáis vuestra perfección en el último momento.
16:3 En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.
16:4 En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre si, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.
16:5  Entonces la creación de los hombres entrará en la conflagración de la prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que había sido maldecido.
16:6 Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar,  la resurrección de los muertos.
16:7 Como  está dicho: “Vendrá el Señor y todos los santos con El (Zac 14, 5). 
16:8 Entonces el mundo verá al Señor viniendo de entre las nubes del cielo


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(1) Didaché (en griego Διδαχή, que significa enseñanza o doctrina) es el nombre más común con el que hoy se denomina a una obra de la literatura cristiana primitiva que la tradición textual ha transmitido precedida de dos enunciados a modo de formas de identificación, uno corto: Διδαχή τών δώδεκα ἀποστόλων.(Enseñanza de los Doce Apóstoles) y otro largo: Διδαχή τού κυρίου διά τών δώδεκα αποστόλων τοΐς ἔθνεσιν (Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los Doce Apóstoles). y que pudo ser compuesta en la segunda mitad del siglo I, acaso antes de la destrucción del Templo de Jerusalén (70 d. C.), por uno o varios autores, los «didaquistas», a partir de materiales literarios judíos y cristianos preexistentes.
Desde que fuera encontrada en 1873 y publicada en 1883, la Didaché ha sido fuente inagotable de estudios y objeto de diversas controversias. La principal de ellas atañe a la fecha de su composición. De ser cierta la datación más temprana que se ha propuesto, la Didaché podría ser la regla u ordenanza religiosa utilizada por algunas comunidades cristianas, más bien judeocristianas, unas pocas décadas después de la muerte de Jesús de Nazaret. Según esta interpretación, laDidaché proveería el retrato de unos cristianos primitivos, arcaicos en su liturgia y su eclesiología, que vivieron un tiempo de transición donde la forma de judeocristianismo que ellos profesaban fue desplazada por el cristianismo gentil opaganocristianismo iniciado en Antioquía. Si, por el contrario, esa datación se retrasase uno o dos siglos, como también se ha propuesto, la Didaché no sería más que un fraude tardío, urdido con fines particularistas para dar una imagen tendenciosa de la Iglesia primitiva. De cualquier modo, la posibilidad de que sea más antigua que algunos libros del Nuevo Testamento ha hecho de ella un texto fundamental para comprender la evolución literaria y teológica del cristianismo de la primera centuria.
Las cuestiones que suscita la Didaché son variadas. Además de su datación, se ha estudiado su relación con otros escritos cristianos como el Evangelio de Mateo o la Epístola de Bernabé. También con oraciones judías como el Kidush, la Amidá o el manual de disciplina de la comunidad esenia de Qumrán. El interés que despierta no es sólo literario sino también litúrgico pues la Didaché contiene las primeras instrucciones conocidas para la celebración del Bautismo y la Eucaristía, así como una de las tres redacciones que han pervivido de la oración del Padre Nuestro. Si se consideran las diversas traducciones de la obra, la dispersión geográfica de los fragmentos encontrados y la lista de obras posteriores que dependen de ella, la Didaché debió ser muy conocida en los primeros siglos. Al igual que otras obras de la literatura cristiana, estuvo mucho tiempo cerca del canon bíblico, antes de ser finalmente descartada. Actualmente se la incluye dentro del heterogéneo grupo de los llamados Padres apostólicos, de los cuales puede ser el escrito más antiguo y, sin lugar a dudas, el más importante. (Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Didach%C3%A9)

sábado, 17 de mayo de 2014

Quinto Domingo de Pascua



Proponemos tres lecturas de la patristíca para esta semana, tomadas de la obra Caminar con los Padres de la Iglesia  José Argüello y Equipo Teyocoyani.



El camino para llegar a la vida verdadera
Del Comentario de Santo Tomás de Aquino, presbítero, sobre el evangelio de San Juan

Lectura bíblica: Jn 14, 6-7
Tomás de Aquino (1224-1274)

Aunque descendía de la clase social más alta de su tiempo, ingresó como fraile a la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán, que hacía su apostolado entre los más pobres. Para cumplir su ideal enfrentó y venció la resistencia de su familia. Estudió en Italia, Alemania y Francia. En la ciudad alemana de Colonia fue discípulo de San Alberto Magno. Enseñó teología en la famosa Universidad de París y asimiló al cristianismo las ideas del gran pensador griego Aristóteles (384-322 a.C.), que recién se divulgaban entonces en Europa y constituían una gran novedad. Por tal innovación tres años después de su muerte el obispo de París condenó su doctrina, pero cincuenta años después la Iglesia rectificó y pasó a considerar a Tomás de Aquino como uno de sus teólogos más profundos y geniales. El Papa León XIII (1878-1903) presentó su doctrina como fundamento de la teología y el pensamiento católico. Su gigantesca obra está escrita en lenguaje sencillo y preciso, y resume y profundiza el saber teológico acumulado hasta entonces por la Iglesia. Detrás de su estilo reflexivo palpita una profunda piedad. Tomás de Aquino, además de teólogo, era un místico que vivía en profunda e íntima comunión con Dios.


Si buscas por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque él es el camino: Éste es el camino, caminen por él. Y San Agustín dice: «Camina a través del hombre y llegarás a Dios.» Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera de camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando a la meta; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando de la meta.

Si buscas a dónde has de ir, aférrate a Cristo, porque él es la verdad a la que deseamos llegar: Mi paladar repasa la verdad. Si buscas dónde has de quedarte, aférrate a Cristo, porque él es la vida: quien me alcanza encuentra la vida y obtiene el favor del Señor.

Aférrate, pues a Cristo, si quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque él es el camino. Por esto, los que a él se agarran no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que él es la verdad y enseña la verdad completa, pues dice: Yo para esto nací y para esto vine al mundo: para declarar, como testigo, a favor de la verdad. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la vida y dador de vida, tal como dice: Yo he venido para que tengan vida, y que la tengan en abundancia.




Ser cristiano es asemejarse a Cristo
Del Tratado de San Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano

Lectura bíblica: 2 Co 13, 5 - 6; Ef 4, 17- 5, 1

Gregorio de Nisa (335-394)
Hermano menor de San Basilio de Cesarea y de Santa Macrina, poseía una inteligencia penetrante y un corazón ardiente. Durante su juventud estudió por su cuenta a los grandes pensadores griegos y aprendió a expresarse con elegancia y belleza. Recibió el bautismo ya adulto y se casó con Teosebia, fina mujer que compartía sus mismas inclinaciones espirituales y moriría pronto. Pasó varios años de retiro en el Ponto, dedicado a la oración y el estudio de la Sagrada Escritura. Obligado por las circunstancias a abandonar esa forma de vida tan acorde a sus inclinaciones, aceptó el cargo de obispo de la pequeña ciudad de Nisa en Cesarea (371). De su diócesis fue expulsado por intrigas de sus enemigos y volvió triunfalmente a ella en 381. Participó en Constantinopla en el segundo concilio ecuménico (381), donde impartió el discurso inaugural. Su “Vida de Moisés” describe el ascenso del alma hacia Dios y su “Gran Catecismo” expone ordenadamente la doctrina cristiana. Junto con su hermano Basilio contribuyó decisivamente a desarrollar la doctrina católica de la Santísima Trinidad, por lo que ha tenido una influencia enorme.


Hay tres cosas que manifiestan y distinguen la vida del cristiano: la acción, la manera de hablar y el pensamiento. De ellas, ocupa el primer  lugar el pensamiento; viene en segundo lugar la manera de hablar, que descubre y expresa con palabras el interior de nuestro pensamiento; en este orden de cosas, al pensamiento y a la manera de hablar sigue la acción, con la cual se pone por obra lo que antes se ha pensado. Siempre, pues, que nos sintamos impulsados a obrar, a pensar o a hablar, debemos procurar que todas nuestras palabras, obras y pensamientos tiendan a conformarse con la norma divina del conocimiento de Cristo, de manera que no pensemos, digamos ni hagamos cosa alguna que se aparte de esta regla suprema.

Todo aquel que tiene el honor de llevar el nombre de Cristo debe necesariamente examinar con diligencia sus pensamientos, palabras y obras, y ver si tienden hacia Cristo o se apartan de él. Este examen puede hacerse de muchas maneras. Por ejemplo, toda obra, pensamiento o palabra que vayan mezclados con alguna perturbación no están, de ningún modo, de acuerdo con Cristo, sino que llevan el sello del adversario, el cual se esfuerza en mezclar con las perlas el lodo de la perturbación, con el fin de afear y destruir el brillo de la piedra preciosa.

Por el contrario, todo aquello que está limpio y libre de toda turbia impresión tiene por objeto al autor y príncipe de la tranquilidad, que es Cristo; él es la fuente pura e incorrupta, de manera que el que bebe y recibe de él sus impulsos y afectos internos ofrece una semejanza con su principio y origen, como la que tiene el agua nítida del cántaro con la fuente de la que procede.

En efecto, es la misma y única nitidez la que hay en Cristo y en nuestras almas. Pero con la diferencia de que Cristo es la fuente de donde nace esta nitidez, y nosotros la tenemos procedente de esta fuente. Es Cristo quien nos comunica el adorable conocimiento de sí mismo, para que como humanos, tanto en lo interno como en lo externo, nos ajustemos y adaptemos, por la moderación y rectitud de nuestra vida, a este conocimiento que proviene del Señor, dejándonos guiar y mover por él. En esto consiste (a mi parecer) la perfección de la vida cristiana: en que, hechos partícipes del nombre de Cristo por nuestro apelativo de cristianos, pongamos de manifiesto, con nuestros sentimientos, con la oración y con nuestro género de vida, el poder de este nombre.





El camino de la luz
De la llamada Carta de Bernabé

Lectura bíblica: Tob 4, 5-11.14-19
Carta de Bernabé

Comentario
En la antigüedad se atribuyó por error al apóstol Bernabé, compañero de Pablo en sus viajes misioneros. En realidad no sabemos quién la escribió, pero sí que es un escrito de los tiempos apostólicos, divulgado entre comunidades cristianas de origen judío. El pasaje seleccionado aborda el tema del camino de la luz, opuesto al de las tinieblas. Tanto el Salmo 1 como los consejos de Tobit a su hijo Tobías claramente indican que se trata de un tema muy popular, proveniente del Antiguo Testamento. Para la Carta de Bernabé el camino de la luz pasa ahora por el acontecimiento salvador de Jesucristo. Caminar por el sendero de la luz es ya parte del seguimiento de Cristo. Sus recomendaciones pertenecieron desde un inicio al ideal cristiano de vida y mantienen plena actualidad.


El camino de la luz es como sigue: el que quiera llegar al lugar señalado de antemano ha de esforzarse al hacerlo con sus obras. Ahora bien, se nos ha dado a conocer cómo debemos andar este camino. Ama a Dios, que te creó; venera al que te formó; glorifica al que te redimió de la muerte; sé sencillo de corazón y rico en el espíritu; no te juntes a los que van por el camino que lleva a la muerte; aborrece todo aquello que desagrada a Dios; aborrece toda simulación; no olvides los mandamientos del Señor. No te ensalces a ti mismo, sé humilde en todo; no te arrogues la gloria a ti mismo.

No maquines el mal contra tu prójimo; guarda tu alma de la arrogancia. Ama a tu prójimo más que a tu propia vida. No cometas aborto, ni mates tampoco al recién nacido. No descuides la educación de tu hijo o hija, sino enséñales desde su infancia el temor de Dios. No desees los bienes de tu prójimo ni seas avaro; tampoco te juntes de buen grado con los soberbios, antes procura frecuentar el trato de los humildes y justos.

Cualquier cosa que te suceda recíbela como un bien, consciente de que nada pasa sin que Dios lo haya dispuesto. No seas inconstante ni hipócrita, porque la hipocresía es un lazo mortal.

Comparte todas las cosas con tu prójimo y no tengas nada como tuyo, pues si todos comparten y son a la vez dueños de los bienes incorruptibles, ¿cuánto más no deben compartir los corruptibles? No seas precipitado en el hablar, porque la boca es un lazo mortal. Procura al máximo la castidad (o dominio de la propia sexualidad), en bien de tu alma. No seas fácil en abrir tu mano para recibir y en cerrarla para dar. A todo el que te comunica la palabra de Dios ámalo como a las niñas de tus ojos.

Recuerda día y noche el día del juicio y busca constantemente la presencia de los santos, ya sea argumentando, exhortando y meditando con qué palabras podrás salvar un alma, ya sea trabajando con tus manos para obtener la redención de tus pecados.

No seas indispuesto para dar, ni des de mala gana, sino ten presente cuán bueno es el que te ha de premiar por tu generosidad. Conserva la doctrina recibida, sin añadirle ni quitarle nada. El malo ha de serte siempre odioso.

Juzga con justicia. No seas causa de enfrentamientos, antes procura reconciliar

a los que pelean entre sí. Confiesa tus pecados. No vayas a la oración con mala conciencia. Éste es el camino de la luz.


domingo, 11 de mayo de 2014

Cuarto Domingo de Pascua





IV domingo del Tiempo Pascual
Apocalipsis 12,1-18
Cristo, el buen pastor

San Gregorio Magno
Homilías sobre los Evangelios 14,3-6

Yo soy el buen Pastor, que conozco a mis ovejas, es decir, que las amo, y las mías me conocen. Habla, pues, como si quisiera dar a entender a las claras: «los que aman vienen tras de mí». Pues el que no ama la verdades que no la ha conocido todavía. Acabáis de escuchar, queridos hermanos, el riesgo que corren los pastores; calibrad también, en las palabras del Señor, el que corréis también vosotros. Mirad si sois, en verdad, sus ovejas, si le conocéis, si habéis alcanzado la luz de su verdad. Si le conocéis, digo, no sólo por la fe, sino también por el amor; no sólo por la credulidad, sino también por las obras. Porque el mismo Juan evangelista, que nos dice lo que acabamos de oír, añade también: Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso.

Por ello dice también el Señor en el texto que comentamos: Igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas. Como si dijera claramente: «la prueba de que conozco al Padre y el Padre me conoce a mí está en que entrego mi vida por mis ovejas; es decir, en la caridad con que muero por mis ovejas, pongo de manifiesto mi amor por el Padre».

Y de nuevo vuelve a referirse a sus ovejas diciendo: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. Y un poco antes había dicho: Quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. O sea, tendrá acceso a la fe, y pasará luego de la fe a la visión, de la credulidad a la contemplación, y encontrara pastos en el eterno descanso. Sus ovejas encuentran pastos, porque quienquiera que siga al Señor con corazón sencillo se nutrirá con un alimento de eterno verdor.

¿Cuáles son, en efecto, los pastos de estas ovejas, sino los gozos eternos de un paraíso inmarchitable? Los pastos de los elegidos son la visión del rostro de Dios, con cuya plena contemplación la mente se sacia eternamente. Busquemos, por tanto, hermanos queridísimos, estos pastos, en los que podremos disfrutar en compañía de tan gran asamblea de santos.

El mismo aire festivo de los que ya se alegran allí nos invita. Levantemos, por tanto nuestros ánimos, hermanos; vuelva a enfervorizarse nuestra fe, ardan nuestros anhelos por las cosas del cielo, porque amar de esta forma ya es ponerse en camino. Que ninguna adversidad pueda alejarnos del júbilo de la solemnidad interior, puesto que cuando alguien desea de verdad ir a un lugar, las asperezas del camino, cualesquiera que sean, no pueden impedírselo.


Que tampoco ninguna prosperidad, por sugestiva que sea, nos seduzca, pues no deja de ser estúpido el caminante que, ante el espectáculo de una campiña atractiva en medio de su viaje, se olvida de la meta a la que se dirigía.

lunes, 5 de mayo de 2014

XIIº aniversario de la Consagración Episcopal de José Ricardo Ferreira de Souza. 5 de mayo de 2002 - 5 de mayo de 2014

La Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana conmemora en el día de hoy un nuevo aniversario de la consagración episcopal del Obispo José Ricardo Ferreira de Souza, a quien reconocemos como nuestro hermano mayor, dentro del veterocatolicismo en el Río de la Plata.

Damos gracias a Dios, por su vida y su ministerio.

Oramos para que quienes seguimos sus huellas, seamos fieles a los principios que guiaron su práctica pastoral.

+ Julio, Obispo de la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana.



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