Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

miércoles, 26 de febrero de 2014

Documento de Inter Comunión Eclesial entre la Iglesia Episcopal Antigua y la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana

Luego de varias instancias de trabajo, el 25 de febrero de 2014, acordamos el texto de inter comunión que sigue a continuación y que será firmado el próximo domingo 2 de marzo en la celebración de la Eucaristía.


En la ciudad de Montevideo, a los 25 días del mes de febrero, del año del Señor 2014, nos reunimos, por una parte: en representación de la Iglesia Episcopal Antigua, S.E.R. Mons Luis Alberto Acuña Ouviña, Arzobispo de Uruguay y S.E.R. Mons. Juan Carlos Urquhart de Barros, Arzobispo de Argentina; y por otra parte: en representación de la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, S.E.R. Mons. Julio Vallarino Cruz, Obispo de Uruguay, con la finalidad de firmar el presente documento de Inter Comunión Eclesial.

1.    Antecedentes:

Nuestras Iglesias tienen un origen común produciéndose en 2011, una división por desacuerdos, más teológico pastorales que doctrinales. A pesar de ello, hemos mantenido un diálogo fluido durante todo este tiempo, compartiendo encuentros eclesiales, espacios de confraternización, celebraciones litúrgicas entre las que destacamos: la celebración de la Eucaristía y la Ordenación Presbiteral; en el entendido que ambas denominaciones se ajustaban a la catolicidad, entendida tal como afirmaba Vicente de Lerins “católico es aquello que fue creído y afirmado por todos y en todas partes”

Esos acuerdos que desarrollamos durante este tiempo, pero especialmente en el último año, ahora lo documentamos por escrito en el día de la fecha.


2.    Acordamos:

Mientras caminamos hacia la plena comunión en la fe y en la vida eclesial, en el día de la fecha, firmamos este acuerdo de Inter Comunión, formalizando por escrito, aquello que ya se daba por la vía de los hechos:

-  El mutuo reconocimiento eclesial, a la forma de gobierno expresado en las autoridades de cada Iglesia, a los sacramentos impartidos por éstas y a la sucesión apostólica.

-       El respeto a las prácticas litúrgicas y tradiciones de cada Iglesia.

-       El compromiso a colaborar mutuamente en todo aquello que sea posible para alcanzar la unidad de la Iglesia y la edificación del Pueblo de Dios.

Reafirmando de esta forma, aquella frase de Agustín de Hipona: “en lo que es necesario: unidad; en lo que es dudoso: libertad; en todo: caridad”.


3.    Conclusión:

Suscribimos y sellamos el presente documento de INTER COMUNIÓN ECLESIAL los abajo firmantes, en representación de las Iglesias, entrando en plena vigencia, a partir de la ratificación por parte de cada uno de los Sínodos eclesiales, dando aviso por escrito a la contraparte. Siguen firmas.-



Una vez firmado y sellado el día domingo se subirá el original.-

martes, 25 de febrero de 2014

Aportes sobre la Declaración de Ultrecht - parte 2




El segundo postulado:


“Por lo tanto rechazamos los decretos del denominado Concilio del Vaticano, promulgados el 18 de julio de 1870, referidos a la infalibilidad y al Episcopado universal del Obispo de Roma, decretos que están en contradicción con la fe de la Iglesia antigua, y que destruyen su antigua constitución canónica atribuyendo al Papa la plenitud del poder eclesiástico sobre todas las Diócesis y sobre todos los creyentes. Con la negación de esta primacía jurisdiccional no deseamos negar la primacía histórica que varios Concilios Ecuménicos y Padres de la Iglesia antigua han atribuido al Obispo de Roma reconociéndolo como el "Primus inter pares" (Primero entre sus iguales”).

Los obispos rechazan:

-       El dogma de la infalibilidad pontificia (Constitución dogmática Pastor Eternus, promulgada por el papa Pío IX el 19 de julio de 1870, luego de haber sido aprobada por el Concilio Vaticano I, 1870).

La Iglesia Católica Apostólica Romana explica este dogma como una asistencia especial de Dios al obispo de Roma cuando éste, se propone definir como “divinamente revelada” determinada doctrina sobre fe o moral. Esto fue ratificado por la Constitución dogmática Lumen Gentium (numeral 18) del Concilio Vaticano II.

-       El episcopado universal del obispo de Roma, otorgándole: "una potestad plena y suprema de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no sólo en aquellas cosas que pertenecen a la fe y costumbres, sino también en lo tocante a la disciplina y al gobierno de la Iglesia extendida por todo el mundo" (Concilio Vaticano I); de esta forma el obispo de Roma no es “el primero entre iguales”, como ocurre con el Arzobispo de Canterbury entre los anglicanos, que no tiene jurisdicción fuera de su diócesis; ni tampoco se limita a un primado de honor, como sucede con el Patriarca de Constantinopla entre las iglesias autocéfalas ortodoxas.


Adherimos a este postulado, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, en el entendido que no existe fundamentación bíblica ni patrística que permita sostener la primacía del Obispo de Roma sobre las otras sedes episcopales con una atribución de jurisdicción universal y mucho menos la infalibilidad de dicho Obispo.


continuará ...

lunes, 24 de febrero de 2014

Una llamada escandalosa



7 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 38-48
UNA LLAMADA ESCANDALOSA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/02/14.- La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar. 


(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

domingo, 23 de febrero de 2014

Paz al pueblo venezolano.





Como pastor y latinoamericano no puedo mantenerme ni al margen ni en silencio.

Ser discípulo o discípula de Jesús nunca ha sido fácil. Las cristianas y los cristianos se adaptan a las circunstancias, a lo largo de la historia han tomado partido, algunos por los imperios y los emperadores, otros por las revoluciones y los revolucionarios. Desde nuestros inicios hasta la actualidad, en veintiún siglos de cristianismo, la división interna ha existido en varias oportunidades, pero sobre todo cuando se trata de posicionamiento político.

Pareciera que el ideal personal, el ideal político, siempre es mayor que la propuesta evangélica. Entonces se toma partido por un bando o por el otro. Se pierde de vista el contexto inmediato y el no tan inmediato, se olvida la historia y se cierran los oídos a las razones diferentes.

El discipulado, no el cristianismo, no ha sido comprendido ni siquiera por los propios cristianos y cristianas. El discipulado evangélico no supone consolidar la posición que se tenga, aunque eso signifique desprestigiar, argumentar sin fundamentos, burlarse o subestimar al contrario. 

El discipulado es apertura al diálogo, apertura a lo diferente para tratar de comprenderlo no de someterlo, imponerle lo propio o transformarlo a la manera de uno. Tal vez por eso, es que hay tantos cristianos y cristianas y tan pocos discípulos y discípulas de Jesús.

Ustedes se preguntarán ¿y a qué viene todo esto? …

Me da vergüenza decir que soy cristiano cuando escucho, veo o leo los posicionamientos simplistas de cristianos y cristianas, de iglesias, frente a problemas tan complejos como los que enfrenta nuestra sociedad mundial, continental y nacional. Por ejemplo, centrar el problema venezolano en dos líderes políticos, uno de izquierda y otro de derecha. La realidad venezolana, la realidad latinoamericana y la realidad mundial apenas pasa por las rivalidades entre esos señores.

Seguramente lo que está sucediendo, tiene que ver con aspectos mucho más profundos y serios que ni siquiera pasan por las manifestaciones estudiantiles y las represiones policiales o militares. Tal vez lo que está en juego en este momento en territorio venezolano se halla preparado en otro lugar. Me viene a la memoria en estos momentos la compleja situación en Arabia Saudita, el conflicto entre Irán e Irak y los arcenales químicos que jamás aparecieron, el conflicto entre Israel y Palestina; pero yendo un poco más atrás en el tiempo latinoamericano, la expropiación de la materia prima, el entrenamiento de grupos paramilitares, la instalación de las doctrinas de seguridad nacional en todo el continente, el entrenamiento a los grupos militares represivos…

Seguramente habrá quien ya me colocó en el cartel de la izquierda, esa persona o no tiene los elementos para leer los signos de los tiempos, los datos que nos proporciona la historia, o es cómplice de los poderosos.

No defiendo al gobierno de Maduro ni tampoco lo ataco. Simplemente trato de comprender qué produce estos desequilibrios en los países que no son del norte. ¿Qué tiene Venezuela que tanto interesa? ¿Será lo mismo que provocó y justificó las guerras en el Medio Oriente? ¿Será que somos tan ingenuos que todavía llevamos el caballo de madera dentro de nuestras mentes?

Como discípulo de Jesús:

- tengo la obligación de denunciar la violación a los derechos humanos y la dignidad humana que se da, tanto de un lado como del otro, porque los derechos humanos y la dignidad humana, no es de izquierda ni de derecha, es patrimonio de todos y todas; 

- tengo la obligación de anunciar el Evangelio de Jesús, un mensaje de paz con justicia y solidaridad, donde la dignidad y los derechos sociales, culturales y económicos son la meta para una sociedad justa, equitativa y solidaria, a la que Jesús, llamó el Reino que iniciaba aquí y ahora.

El pueblo venezolano se merece nuestro respeto, y son parte del pueblo, tanto los de izquierda como los de derecha, y no podemos hacer de su dolorosa situación, el campo de batalla para nuestras consignas políticas, de nuestro oportunismo político o de nuestro fundamentalismo religioso.

Pido a Dios:

- que conceda las luces necesarias a todas las personas involucradas en este conflicto, para que busquen el bien común, el progreso de su país y la justicia social dignificando a quienes están excluidos y discriminados;

- y que las cristianas y los cristianos, sean coherentes con el Evangelio de Jesucristo.


+ Julio, obispo de Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana
Montevideo, 22 de febrero de 2014.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Aportes sobre la Declaración de Ultrecht - parte 1

En el marco de los 125 años de la Declaración de Ultrecht





A 125 años de la Declaración de Ultrecht, nuestros y nosotras, la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, que adherimos a ella, nos sentimos con la obligación de explicarla a las personas miembros de nuestras comunidades, insertas en el mundo actual.


El primer postulado:

“Adherimos fielmente a la Regla de Fe expresada por San Vicente de Lérins en estos términos: "Id teneamus, quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum" ("Debe tenerse como propiamente católico aquello que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos"). Por esta razón preservamos y profesamos la fe de la Iglesia primitiva, según lo formulado en los símbolos ecuménicos y lo precisamente especificado por las decisiones unánimemente aceptadas de los Concilios Ecuménicos sostenidos en la Iglesia indivisa del primer milenio”.

Los obispos, recurriendo a la tradición de la Iglesia no dividida del primer milenio, declaran su adhesión a la fe de la Iglesia primitiva, asegurada en dos tradiciones católicas.
Por un lado, los símbolos ecuménicos, esto es los tres credos de la Iglesia de la antigüedad: el apostólico, el niceno y el de Atanasio:


1.    Credo apostólico:

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro; que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.


2.    El credo niceno:

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.


Creo la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.


3.    El credo de Atanasio:

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.
Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera , pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.
Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado al adiestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.


Por otro lado, las decisiones unánimes aceptadas de los Concilios Ecuménicos sostenidos en la Iglesia indivisa del primer milenio:


1.    Primer Concilio Ecuménico:

Fue convocado por contra los arrianos, en el año 325, en Nicea,  participando 318 obispos.

Arrio negaba la divinidad del Hijo, “consubstancial” al Padre. El Concilio declaró que Cristo es Dios, siendo de la misma naturaleza que Dios el Padre. Condenó a Arrio como hereje y ratificó la primera parte de los artículos de credo:

“Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; nacido, no hecho; consubstancial al Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y de María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día, según las escrituras; y subió a los cielos, y está sentado a la derecha del Padre; y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a vivos y a muertos; y su reino no tendrá fin.”


2.    Segundo Concilio Ecuménico:

Fue convocado contra los macedonios, en el año 381, en Constantinopla, participaron 150 obispos.

Macedonio negaba la divinidad del Espíritu Santo, planteando que no era una persona sino un poder de Dios, por lo tanto, inferior al Padre y al Hijo. El Concilio declaró que había un Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Condenó a Macedonio como hereje y ratificó nuevamente el credo agregando los siguientes artículos:

Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador; que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es adorado y juntamente glorificado; que habló por los Profetas. En una sola Iglesia, Santa, Católica y Apostólica. Reconocemos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. Amen.


3.    Tercer Concilio Ecuménico:

Fue convocado a solicitud de Nestorio, en el año 431, en Éfeso, participaron 200 obispos.

Nestorio admitía dos personas en Cristo. Enseñaba que María dio a luz al hombre Jesús, no a Dios (“Logos”, “La Palabra”, “el Verbo”, “Hijo de Dios”). El Logos moraba en Jesucristo como en un templo. Por lo tanto, María debería ser llamada “Christotokos”, Madre de Cristo y no “Theotokos”, Madre de Dios.

El concilio declaró que la Divinidad y la Humanidad de Cristo han sido unidas en la persona única de Cristo. La encarnación es la unión de Dios y el hombre dentro de la persona de Cristo encarnada. María es declarada la “Theotokos” porque ella dio a luz no a un hombre sino a Dios convertido en hombre. La unión de las dos naturalezas de Cristo tuvo lugar de tal forma que una no perturbó a la otra. Y decretó que el texto del credo, elaborado en el primer y segundo concilio ecuménico era completo y prohibió cualquier cambio, añadidura o enmienda.


4.    Cuarto Concilio Ecuménico:

Se realizó contra los monofisitas y el eutiquianismo, en Calcedonia, en el año 451, participaron más de 500 obispos.

Se caracterizó por ser el gran concilio cristológico. Los monofisitas defendían una única naturaleza en Cristo (monos = solo; physis = naturaleza). El eutiquianismo no reconocía en Cristo, dos naturalezas perfectas. El concilio declaró que en Cristo hay dos naturalezas, una Divina y otra Humana, ratificando las enseñanzas de los concilios anteriores, confirmando el credo niceno constantinopolitano del primer concilio (325) y del segundo concilio (281) y condenó a los monofisitas y al eutiquianismo.

Otro aspecto importante de este concilio es que rechazó el credo propuesto por Dionisio “el Exiguo” por haber añadido el término “filioque”. En la teología esta controversia, hace referencia a la postura de los dos grandes patriarcados. La Iglesia de Oriente difiere de la Occidental en lo que expone el Credo Niceno acerca del Espíritu Santo. En la forma Oriental se dice: el Espíritu Santo “procede del Padre”. En la forma Occidental se añaden las palabras: “y del Hijo” (escrito en latín: filioque). La Iglesia Occidental confiesa una doble procesión del Espíritu Santo: “del Padre y del Hijo”. La Iglesia Oriental considera que esto es una herejía.

Finalmente, el concilio el origen divino del primado romano reduciéndolo a un hecho circunstancial por ser la capital imperial:

“Así como los Padres reconocieron a la vieja Roma sus privilegios porque era la ciudad Imperial, movidos por el mismo motivo, los obispos reunidos decidieron concederle iguales privilegios a la sede de la Nueva Roma, juzgando rectamente que la ciudad que se honra con la residencia del Emperador y del Senado, debe gozar de los mismos privilegios que la antigua ciudad Imperial en el campo eclesiástico y ser la segunda después de aquella”.


5.    Quinto Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado en Constantinopla, hacia el año 451, donde participaron 164 obispos.

El concilio condenó a Teodoro de Mopsuestia, los escritos de Teodoro de Cyrus contra Cirilo y la carta de ibas de Edesa a Moris, acusados de nestorianismo.


6.    Sexto Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado nuevamente en Constantinopla, hacia el año 680 con la participación de 160 obispos.

El concilio condenó el monotelismo (mono = única y telisis = voluntad) que afectó a Honorio, obispo de Roma. Sergio, Patriarca de Constantinopla consideró que al declarar que hay una sola voluntad en Cristo, los monotelistas Sirios y Egipcios, volverían a la comunión plena, dando fin al cisma. Sofronio, Patriarca de Jerusalén se opuso a esta enseñanza afirmando que era el monofisismo disfrazado.


7.    Séptimo Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado en Nicea, hacia el año 787 con la participación de 368 obispos.

Este concilio determinó que los íconos y las imágenes sagradas no fueran objeto de adoración sino de veneración puesto que son útiles para elevar la mente de la congregación a los objetos que representan.



Los obispos reunidos en Ultrecht se posicionan en la tradición de la Iglesia de la antigüedad, no dividida, del primer milenio. 

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana adherimos a estos obispos, en el entendido que son fieles a la tradición y la doctrina de la Iglesia primitiva.


CONTINUARÁ ….

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana

lunes, 17 de febrero de 2014

Sembrando Iglesias domésticas, diversas e inclusivas (fotos)

Registro fotográfico 
de la fundación de la misión de Diversidad Cristiana - Iglesia Antigua 
en el municipio de Tarariras, departamento de Colonia, 
el 16 de febrero de 2014.



Almuerzo compartido a la llegada a Tarariras en casa de Gastón y Germán. El diácono Vartán bendice la mesa y los alimentos.


Celebración de la Eucaristía:









Vino y Vida Cotidiana una vez finalizada la celebración de la Eucaristía:





Retornando a Montevideo:








Crónica de la fundación de Diversidad Cristiana - Iglesia Antigua de Tarariras.

Durante el año 2013, Gastón y Germán mantuvieron diversos contactos con Diversidad Cristiana - Iglesia Antigua de Montevideo, hasta que el 16 de febrero de 2014 se concretó la fundación de la Iglesia en Tarariras.

Para dicho acontecimiento, viajamos de la comunidad de Montevideo: Ana, Fabiana, Vartán y yo; de la comunidad de Pinamar: Flavia además de Ana que es presbítera en esa comunidad. Partimos de la terminal Tres Cruces a las 8.00 de la mañana, luego de varios días de preparación. Dos horas y media después llegábamos a Tarariras donde nos esperaban en la terminal Gastón y Germán.

Ya instalados en casa de estos hermanos, compartimos los saludos de Sonia y Daniel de Montevideo, de Gladys de la IMU Aguada, de Rita y la comunidad de Pinamar, entre mates y  grapamiel y una riquísima picada de tartas diversas y bizcochos. Luego un riquísimo asado a las brasas que nos preparó Gastón y comenzaron los preparativos para la celebración.

Poco antes de las 16.00 llegaron Gladys y Lila del paraje Semilleros, a más de 10 kilómetros de Tarariras.

A las 16.00 horas comenzamos la celebración Eucarística. Con momentos de canciones, lecturas bíblicas, rico intercambio en las oraciones de quienes participamos, un tiempo de gracia en que el Espíritu Santo nos colmó de su presencia .... y otra vez se cumplió la promesa del Señor: "donde dos o tres se reúnen en mi nombre ahí estoy yo".

De esta forma, cumplimos con la primera misión de instalar una iglesia doméstica en Tarariras. A partir de ahora, la segunda misión da comienzo: acompañar a esa iglesia en su crecimiento y desarrollo. Confiamos en que el Señor lleve a buen término la obra iniciada en Tarariras.

Llegamos de retorno a Montevideo a las 21.45 dando gracias por la hospitalidad de Gastón y Germán, la alegría de Gladys y Lila y la acción del Señor que "cada día agrega hermanos y hermanas a la Iglesia".

Dios sea bendito.

Montevideo, 17 de febrero de 2014
+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana - Iglesia Antigua.

sábado, 15 de febrero de 2014

Sembrando Iglesias domésticas, diversas e inclusivas (Romanos 16,1-6; Mateo 13,31-33)


Este domingo cambié las lecturas propuestas por el Leccionario Dominical Ecuménico propuestas para el sexto domingo del Tiempo Ordinario o Tiempo de la Iglesia o Tiempo del Espíritu Santo. La circunstancia lo amerita. Parte de la comunidad de Montevideo se trasladó a la ciudad de Tarariras, en el departamento de Colonia, a la casa de nuestros hermanos Germán y Gastón, a quienes conocimos el año pasado, para sembrar una Iglesia doméstica en esta ciudad. Es la tradición más antigua de la Iglesia, atestiguada en el Nuevo Testamento.


En primer lugar, el trozo que escuchamos de la Carta del apóstol Pablo a las comunidades cristianas en Roma (Romanos 16,1-16), nombra a 38 personas que formaban las cinco comunidades eclesiales de la capital del imperio romano (menos de 8 personas por comunidad):

-       32 personas aparentemente no casadas (solteras / divorciadas / viudas)
-       6 personas casadas (3 matrimonios
-       12 personas esclavas o esclavas liberadas (dato que nos proporcionan los nombres propios)
-       12 personas con posibles nombres de esclavos /as
-       10 mujeres (1 apóstol, 1 diácono, 10 líderes)

Cuanta similitud con Diversidad Cristiana. Nuestras comunidades son pequeñas, diversas en cuanto que se integran con pocas personas casadas; muchas separadas, divorciadas y solteras. A excepción de la comunidad de Montevideo, nos reunimos en las casas, siguiendo el modelo de las Iglesias Hogar de los primeros tiempos del cristianismo. También las mujeres están teniendo predominancia en el liderazgo, la comunidad de Pinamar está liderada por Rita y Estela, la comunidad de Montevideo Ana, Sonia, Cris y Mirian han recibido ministerios eclesiales.

Nuestra experiencia eclesial no es tan distinta a la experiencia de la Iglesia de la antigüedad.

En segundo lugar, el trozo que acabamos de escuchar del Evangelio de Mateo, plantea dos ejemplos de cómo se desarrolla el Reino prometido por Dios, anunciado por los profetas y revelado por Jesucristo: la semilla de mostaza y la levadura en la masa (Mateo 13,31-33).

Ambas, semilla y levadura, para cumplir con su finalidad se mezclan y desaparecen en su entorno, produciendo algo nuevo. La semilla, puesta en tierra y cubierta por ésta, a través de su poder germinativo produce una planta. La levadura, puesta en la harina y el agua y mezcladas con ellas, a través de su poder leudante, produce un crecimiento de la masa que luego se transforma en pan.

Lo mismo sucede con la Iglesia. Comienza siendo un grupo muy pequeño, que se reúne, se fortalece, se consolida y se mezcla en su entorno, intercambiando con el contexto político, económico, cultural, social, religioso. Va transformando ese entorno, humanizando, dignificando, empoderando en derechos. De ese entorno, la Iglesia se va retroalimentando. Ella es transformadora del mundo y a su vez se ve transformada por éste, en un intercambio contante, comprometido, dinámico.

En Diversidad Cristiana hemos establecido esta estrategia, propuesta por el Evangelio de Jesucristo. La comunidad de Aguada en Montevideo se fortaleció, se consolidó y comenzó a mezclarse con su entrono, a través del ministerio hacia las personas GLTB, luego hacia las personas con VIH y actualmente hacia las personas de la tercera y cuarta edad; simultáneamente desarrolló actividades ecuménicas e interreligiosas y participó en eventos ciudadanos y políticos. Finalmente, comenzó a sembrar comunidades, pequeñas Iglesias domésticas, que como las que mencionaba la Carta a los Romanos que acabamos de leer, buscan aproximarse e imitar las comunidades descritas en Hechos de los Apóstoles (2,42-47), reuniéndose en las casas, leen las Sagradas Escrituras, oran, comparten la Eucaristía y practican la solidaridad.

Así surge la primera misión el año pasado, 2013, en Pinamar, departamento de Canelones, actualmente, está en camino de dejar de ser Misión, para transformarse en Iglesia Hogar o Iglesia Doméstica.

Hoy, en 2014, en Tarariras, departamento de Colonia, estamos sembrando la segunda Misión, con la presencia de miembros de la comunidad de Aguada: Ana, Vartán y yo y con miembros de la comunidad de Pinamar, ya que Flavia participa tanto en Aguada como en Pinamar y Ana es la pastora de dicha comunidad.

Aquel primer contacto que realizamos con Gastón y Germán el año pasado con motivo de su matrimonio, que luego se fue intensificando a través de visitas de ellos a la comunidad de Aguada y de llamadas telefónicas periódicas, hoy se concreta en esta nueva Iglesia que sembramos en Tarariras. Iglesia quiere decir comunidad, asamblea, congregación, exige que se junten las personas en el nombre de Jesús, para que se cumpla su promesa: “donde dos o tres se reúnan en mi nombre, yo estaré con ustedes” (Mateo 18,20). Por lo tanto, cuando hablamos de Iglesia, no hablamos de templo, de lugar de culto, de edificio. Hablamos de una comunidad que se reúne en el nombre de Jesús para compartir la vida cotidiana y la fe, en cualquier lugar, una casa, un local prestado, un parque, cualquier lugar es bueno para ello.

A esta Iglesia que sembramos en Tarariras la saludan Sonia que no ha podido venir por compromisos personales, Daniel que está internado y a quien hemos estado acompañando estos días, Gladys y María Julia de la Iglesia Metodista quienes les conocen de las reuniones de Vino y Vida Cotidiana al igual que los obispos Juan Carlos y Luis de la Iglesia Episcopal Antigua.

Que Dios, lleve a buen término, la obra que hoy inicia a través nuestro (Salmo 137,8 cf Filipenses 1,6).


15 de febrero de 2014
Sexto Domingo del Tiempo de la Iglesia
Primera celebración en Tarariras
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana - Iglesia Antigua.

sábado, 8 de febrero de 2014

Pidámosle a Dios que nos ayude a ser sal y luz en esta sociedad, dando importancia a lo realmente importante: el prójimo (Mateo 5,13-20) - 5º Domingo del Tiempo de la Iglesia



Estos versículos son una parte constituyente del denominado Sermón del Monte que en el evangelio de Mateo se desarrolla en los capítulos que van del 5 al 7. Tiene su paralelo, pero mucho más breve, en Lucas 6:20-49.

Hay quienes señalan que lo relatado en Mateo y Lucas se trataría de dos instancias distintas, mientras que otros indican que nunca habrían existido tales hechos, sino que fue una forma que usaron los escritores de los evangelios para compilar y resumir las primeras enseñanzas de Jesús.

Sea como sea, el Sermón del Monte es considerado como la guía por excelencia para la vida cristiana, pues contiene los lineamientos principales de la actitud que se debería asumir.

Continuando, los pasajes del día de hoy son plausibles de dividirse en tres partes:

-      La metáfora de la sal
-      La metáfora de la luz
-      La referencia a la Ley

Metáfora de la sal (Mt. 5:13; Mr. 9:50; Lc. 14:34-35)

En aquellos días la sal era usada para condimentar los alimentos y conservarlos (Job 6:6; Eclo. 39:26), para purificar y/o como antiséptico (2 Re. 2:19-22; Ez. 16:4) y para colocar en las ofrendas (Lv. 2:13; Ez. 43:23-24).

Por otra parte, en Nm. 18:19 y 2 Cr. 13:5 se hace referencia a la misma como sello de pactos de Dios con los levitas, y de Aquél con David, respectivamente (en relación a ello, hasta el día de hoy entre los árabes la sal es símbolo de alianza de paz, amistad y fidelidad entre pueblos). En ese mismo sentido, se utiliza en Mr. 9:50.

¿Cuál es el mensaje detrás de este simbolismo?

Más allá de que la sal tiene otros usos mencionados en la Biblia (Gn. 19:26; Dt. 29:23; Jue. 9:45; Sof. 2:9; Mr. 9:49), el contexto y la forma en que se aplica en la metáfora indica que se está intentando promover algo positivo en la multitud que escucha.

Líneas de reflexión:

-      La proporción de sal que se utiliza para purificar, sazonar y conservar, es mucho menor en comparación a los elementos en los que se usa. Unos pocos cristianos pueden hacer la diferencia en el mundo. La comunidad puede hacer la diferencia en la sociedad. Tú puedes ser la diferencia en la vida de alguien.

-      El creyente, su forma de ser, sus palabras deben ser como la sal: con lo justo y necesario alcanza para cumplir con lo que debe hacer (Col. 4:6): traer alegría, esperanza y dignidad a quienes la han perdido.

-     Como la sal que preserva los alimentos deteniendo la descomposición, como discípulos de Cristo debemos detener las injusticias, la discriminación y la exclusión; debemos preservar a aquellos y aquellas a quienes la sociedad intenta permanentemente destruir y quitar toda fe.

-      Si no hacemos lo que tenemos que hacer, si nuestro compromiso por las cosas de Dios se va debilitando, si nos alejamos, si no cuidamos nuestra relación con Dios, si no fortalecemos nuestra fe, vamos perdiendo el estímulo por lo divino y no cumplimos el cometido para el que Jesús nos llamó, vamos perdiendo nuestro sabor y nos volvemos insípidos.

-      La sal no es un manjar, es algo común e insignificante, pero su actuar puede ser poderoso. De igual manera, Jesús no se sirve de personas destacadas, importantes, influyentes para llevar su mensaje; no, Jesús elige lo despreciado del mundo, personas comunes y corrientes que estén dispuestas a amar a Dios y servir a otros.

-      La sal va obrando silenciosamente; no es necesario ser sensacionalista ni asustar o condenar a la gente para que el mensaje de salvación llegue a sus vidas. Todo lo contrario, con el actuar diario, con el ejemplo de una vida distinta, se da un mejor testimonio que de la otra forma.

-      La sal no tiene una utilidad en sí misma sino que su eficacia se deriva del condimento, limpieza y preservación de otros elementos, por ello es necesario que sea de buena calidad para que pueda cumplir su cometido. En el mismo sentido, el cristiano no puede estar encerrado entre 4 paredes, de esa forma no influencia a la sociedad y el mundo. Se debe salir puertas afueras para influir en otras vidas. Nuevamente, como lo hemos comentado en domingos anteriores, abandonar las zonas de confort y comodidad, cumpliendo la misión para la que Jesús nos ha llamado.

Pero algo a destacar es que la misma esencia de la sal es la que le da esa utilidad; una esencia de calidad, una esencia comprometida con su finalidad, con su misión.

Es a través de su entrega total que puede cumplir con lo que debe hacer. De igual forma debemos hacer nosotros como hijos de Dios.

Así es que presentémonos ante Dios en sacrificio permanente y agradable (Ro. 12:1), entregando nuestra vida a Jesús y convirtiéndonos en verdaderos discípulos, porque no basta con decirnos cristianos, debemos ser cristianos; de lo contrario, al igual que la sal, perdemos nuestra utilidad.

Metáfora de la luz (Mr. 4:21; Lc. 8:16; Fil. 2:15; 1 P. 2:12)

En la Biblia, las referencias a la luz son múltiples y con diversos simbolismos: como principio organizador en la creación (Gn. 1:3); en relación a Dios como luz espiritual (Sal. 27:1; 36:9; 43:3; Is. 51:4; 60:19-20; Miq. 7:8-9; 1 Jn. 1:5; Apo. 21:23; 22:5); haciendo referencia a Cristo como luz para la Humanidad (Is. 42:6; Lc. 2:32; Jn. 1:4; 1:9; 8:12; 9:5; Hch. 13:47; 26:18, 23; 2 Co. 4:4; Ef. 5:14; 2 Ti. 1:10); la Palabra de Dios como luz que guía (Sal. 19:8; 119:105, 130; Pr. 6:23; 2 Pe. 1:19); como característica de los cristianos o como algo a lo que deberían aspirar (Is. 2:5; Mt. 5:14-16; 6:22-23; 2 Co. 6:14-18; Ro. 13:12; Ef. 5:8-12; Fil. 2:15; Col. 1:12-13; 1 Ts. 5:5; 1 Pe. 2:9; 1 Jn. 1:5-7); entre otros.

Pero tanto en relación a la sal como a la luz, son elementos que hacen referencia a su eficacia en función de otros: la luz, aunque interior fruto de la relación con Cristo, se exterioriza en la vida cotidiana de los cristianos y es guía para otros.

De nada sirve que seamos o nos creamos “buenos cristianos”, que tengamos una vida de devoción espiritual personal intensa, que leamos la Biblia, oremos todos los días, etc., si eso no se refleja hacia el exterior; de nada sirve ser una “comunidad cristiana” que se reúne cómodamente todos los domingos pero que permanece encerrada en sí misma; de nada sirven las buenas intenciones si no hay obras tangibles que sean de edificación a otros.

Jesús nos dejó indicaciones bien claras: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). Esto es que seamos luz para otros, que llevemos la buena noticia del evangelio de Cristo y del amor de Dios hacia todos, que seamos portadores de esperanza y alegría para quienes están en las tinieblas de la aflicción y el desánimo, para quienes no saben cómo ni por dónde seguir.

Tanto la sal como la luz tienen que ver con la misión que Jesús desarrolló mientras estuvo humanamente entre nosotros y que nos dejó como herencia. Esto no para nuestra vanagloria personal, sino como servicio desinteresado hacia los demás y para la Gloria de Dios! (v. 16)

Pero también hay otra factible reflexión sobre estos versículos: antes de poder ser sal y luz para otros, primero debemos serlo para nosotros mismos. ¿Hay algo en nuestras vidas que nos está impidiendo serlo? ¿Hay en nuestro interior alguna cosa que está frenando la manifestación de la luz de Dios en nosotros?

La luz es vida y la sal preserva las cosas de la putrefacción (de la muerte), ambas simbolizan liberación, entonces ¿existe en nosotros, en nuestro corazón, en nuestros pensamientos algo que nos esté manteniendo en las tinieblas, en la muerte? ¿Por qué motivo no podemos ser felices? ¿Qué es lo que está frenando la bendición en nuestras vidas? ¿Por qué no podemos ver la manifestación de la Gloria de Dios en nosotros?

En este sentido, los invito, a quienes así lo sientan, a poner en oración durante esta semana esta situación y pedirle a Dios que haga carne en nuestras vidas Su Palabra y que se cumpla en nosotros el versículo que dice “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz” (Mr. 4:22)

Sea lo que sea, que Dios nos ayude para que, una vez esclarecido, podamos trabajar en ello, sanarnos, crecer en la fe, ser sal y luz para otros, sintiendo el gozo y la alegría de ser hijos e hijas de Dios.

La referencia a la Ley (Lu. 16:17; Ro. 3:31; Ga. 3:24; Stg. 2:10)

¿En qué forma somos sal y luz en el mundo? Siendo fieles a Dios, cumpliendo Su Palabra, siguiendo el ejemplo de Jesús y llevando adelante la misión que nos encomendó. A ello es a lo que se refieren estos versículos.

Jesús no vino a dejar sin efecto la Ley, vino a cumplirla puesto que con su venida muchas profecías encontraron su respuesta y fue el único capaz de cumplirla en toda su extensión pues no tuvo pecado. Además, dejarla sin efecto era desconocer y negar a Dios, al igual que su plan salvífico para la Humanidad; era en cierto punto negarse a sí mismo.

Entonces, esto quiere decir que: ¿debemos volver a la esclavitud?, ¿a vestirnos según lo indican las escrituras?, ¿debemos obligar a una mujer que ha sido violada a casarse con su victimario?, ¿apedreamos a los adúlteros?

No, debemos ser fieles a la Palabra de Dios, al llamado de Jesús en nuestras vidas, y al igual que lo hizo Cristo en su época, ser revolucionarios y creativos en relación al mensaje que Jehová quiere transmitir en esta sociedad, en esta cultura y en este momento histórico. Porque además para nosotros, como seres humanos imperfectos, cumplir la Ley en todos sus términos, es imposible.

Por lo que nos pide que nuestra fidelidad sea mayor que la de escribas y fariseos, que seamos realmente fieles a lo que es importante para Dios: el amor por Él y por el prójimo (Mt. 22:37-40; precisamente en este último versículo es que se encuentra el fundamento para lo dicho anteriormente: “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”).

Jesús aquí no nos está pidiendo que nos convirtamos en religiosos esclavos de la letra fría, no quiere que nuestro actuar esté vacío de todo contenido. Lo que realmente nos pide es que le demos importancia a lo que es verdaderamente valioso; que demos frutos de amor, misericordia, mansedumbre, empatía, justicia, etc.; que nuestro actuar refleje lo que significa Jesús en nosotros; que las personas sean más importantes para nosotros que las doctrinas y tradiciones humanamente establecidas.


En suma, pidámosle a Dios que nos ayude a ser sal y luz en esta sociedad, dando importancia a lo realmente importante: el prójimo.

Buena semana para todos y todas.
Presbítera Ana Mássimo.
Quinto Domingo del Tiempo de la Iglesia.