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jueves, 25 de diciembre de 2014

Aniversario del Nacimiento de Jesús de Nazareth




Aniversario del Nacimiento de Jesús de Nazareth
Lucas 2,8-20

Nada sabemos del nacimiento de Jesús. Los relatos de Mateo y Lucas son construcciones teológicas y no históricas, por lo tanto, nos aportan la reflexión de las comunidades cristianas de ese tiempo, pero no datos históricos como los entendemos hoy en día.

Ni siquiera sabemos la fecha en que nació Jesús. De hecho, la Iglesia antigua no la celebraba. No aparece en el calendario litúrgico de Ireneo ni de Tertuliano. La adopción del 25 de diciembre, según muchos investigadores, se debería a que era la antigua celebración del nacimiento del dios Sol, en el  solsticio de invierno, que luego la Iglesia adoptaría, hacia el siglo tercero, como fecha del nacimiento de Jesús de Nazareth, con la finalidad de convertir a los pueblos paganos al cristianismo.

Alguna información curiosa, respecto a la celebración del nacimiento de algunos dioses durante el solsticio de invierno:

- los romanos celebraban el 25 de diciembre el Nacimiento del Sol Invicto; también durante el solsticio celebraban la saturnalia en honor de Saturno;
- los germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el advenimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad;
- los aztecas celebraban, durante el mismo solsticio, que equivaldría a las fechas entre el 7 y 26 de diciembre, el advenimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra;
- los incas celebraban el renacimiento de Inti, el dios Sol en el mismo solsticio.


1.    El texto en su contexto:

Los pastores eran tratados muy mal por la clase política y religiosa, debido a que eran pobres, ignoraban las Escrituras y no practicaba estrictamente la Ley. El mensajero de Dios llega a ellos con una buena noticia (versículos 9-10; cf  Lucas 4,18-19; 6,20-26).

Esta buena noticia (“evangelio” en griego) no es para nada religiosa, en el sentido como entendemos y celebramos hoy la Navidad, por el contrario, es altamente revolucionaria. En el pueblo del rey David nació un Salvador (“Yahveh salva”, es decir, Emmanuel en Isaías 7,24; pero era también uno de los títulos del emperador “salvador” = “Sóster”), que es el Mesías (que significa “Ungido” uno de los títulos reales por excelencia del judaísmo), el Señor (que significa Kyrios, finalmente, otro de los títulos imperiales). Indiscutiblemente, esta buena noticia tenía un contenido altamente político.

Y sin lugar a dudas, una noticia escandalosa; “el Salvador, Mesías y Señor” no nace ni en el Templo, ni en la ciudad Santa de Jerusalén, ni en palacios, ni siquiera en la ciudad porque como nos relata Lucas “no había lugar para ellos en la posada” (2,7). “Dios con nosotros y nosotras, y entre nosotros y nosotras” (Emmanuel) nace excluido y su nacimiento es anunciado a los excluidos (los pastores); y por cierto, ellos son los únicos que van a su encuentro; no hubo sacerdotes, ni maestros de la ley, ni escribas, ni fariseos, ni gobernadores, ni poderosos.


2.    El texto en nuestro contexto:

Ayer y hoy muchos cristianos y muchas cristianas van a los oficios religioso a adorar al Niño Dios; sin embargo, al igual que los religiosos del tiempo de Jesús se perdieron del “mayor acontecimiento de la historia de la humanidad” Dios encarnado elegía no estar en el Templo sino entre los pobres; elegía revelarse no a los líderes religiosos sino a los pobres y excluidos del sistema religioso. Pareciera que a Dios le gusta contradecirnos.

En realidad, pareciera que las cristianas y los cristianos no hubiéramos entendido la revolucionaria y escandalosa buena noticia de los mensajeros de Dios. Días pasados compramos regalos, compramos comida, compramos bebida, armamos el arbolito de Navidad, pusimos guirnaldas, armamos el pesebre … Anoche comimos, bebimos, nos regalamos, nos saludamos, nos abrazamos, pero en todo eso no estaba el Salvador, el Mesías, el Señor. Al igual que los paganos de otras épocas perdimos nuestro tiempo en cosas superfluas, mientras el mayor acontecimiento de la historia sucedía en otras partes:

- en la soledad de un pabellón psiquiátrico
- en el aislamiento de los calabozos de la cárcel
- en la agonía de las personas internadas en hospitales
- en el abandono de los adolescentes privados de libertad
- en el sin sentido de los jóvenes adictos
- en la esquina oscura donde para las prostitutas y las travestis
- en la pobreza de los asentamientos marginales
- en las personas durmiendo en las calles;

y así, otra navidad atrapadas y atrapados por las reglas de la sociedad y la cultura, perdiendo la posibilidad de recibir la buena noticia, de ponernos en camino, de encontrar y adorar al Dios Humanado que vino a los suyos, cristianos y cristianas, “pero los suyos no lo recibieron” (Juan 1,11), estábamos ocupados preparando la cena de Navidad.


3.    Conclusión:

Gracias Señor, porque Navidad es cada día que podemos solidarizarnos con quienes son tus preferidos y no solamente el 25 de diciembre.

Buena semana para todos y todas. +Julio.





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