Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 28 de julio de 2013

Padre nuestro al revés



17º Domingo del Tiempo de la Iglesia.
Lucas 11,1-13.

Hace algún tiempo, buscando en internet encontré “el Padre nuestro al revés”. Me parece un mensaje oportuno, para que en esta semana nos detengamos a reflexionar”:

“¿Has pensado como oraría Dios el Padre nuestro?

Hijo mío e hija mía, que estás en la Tierra, preocupado /a, confundido /a, desorientado /a, solitario /a, triste, angustiado /a … Yo conozco perfectamente tu nombre y lo pronuncio bendiciéndolo porque te amo.

¡No! … No estás solo /a porque Yo habito en ti; juntos construiremos este Reino, del que tú vas a ser mi heredero /a.

Deseo que siempre hagas mi voluntad, porque mi voluntad es que tú seas feliz.

Debes saber que cuentas siempre conmigo porque nunca te abandonaré y que tendrás el pan para hoy. No te preocupes. Solo te pido que siempre lo compartas con tu prójimo /a, con tus hermanos /as.

Debes saber que siempre perdono todas tus ofensas, antes incluso que las cometas, aún Yo sabiendo que lo harás, por lo que te pido que hagas tú lo mismo, con los /as que a ti te ofenden.

Deseo que nunca caigas en la tentación, por lo que toma fuerte mi mano y siempre aférrate a mí y Yo te libraré del mal.


Recuerda y nunca olvides, que te amo desde el comienzo de tus días y te amaré hasta el fin de los mismos … Yo te amaré siempre porque soy tu Padre.

Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

domingo, 21 de julio de 2013

La importancia de la escucha en el camino del discipulado - Lucas 10,38-42




1.     El texto en su contexto:

Jesús estaba de camino (versículo 38). Era su último viaje de Galilea a Jerusalén (Lucas 9,51-19,27). En este trayecto, progresivamente va formando a sus seguidoras y seguidores en el discipulado: actitudes de misericordia (9,51-56), abandono de las pretensiones de poder y radicalidad en el seguimiento (9,57-62), solidaridad inclusiva (10,25-37) y escucha atenta a la Palabra de Dios (10,38-42).

En ese camino, Jesús se hospedó en casa de una familia no convencional, Marta y María (versículos 38-39), ambas hermanas de Lázaro (Juan 11,1; 12,2-3). Tres hermanos, el evangelio no menciona parejas, ni familiares ascendentes (madre – padre) o descendentes (hijas – hijos).

En la cultura de Jesús, la hospitalidad era una norma fundamental. Recibir o alojar a un viajero no era una simple costumbre ni una expresión de buenos modales, sino un deber sagrado que todas las personas judías estaban obligadas a cumplir. Esta práctica era tan importante en la tradición judía, que abarcaba desde el esclavo que hubiera huido o al propio enemigo (Deuteronomio 23,15-16). La Ley establece claramente mandamientos especiales para situaciones de hospitalidad (Levítico 19,33-34; Deuteronomio 10,18-19; 24,17-22). Las faltas de hospitalidad eran condenadas y castigadas (Génesis 19,1-11; Jueces 19,10-25). Tanto Jesús, como las primeras comunidades cristianas practicaron la hospitalidad en la misma línea que el judaísmo (Mateo 8,20; Lucas 7,36; 9,2-5; 10,4-11; 1 Timoteo 3,2; 5,10; Tito 1,8; Romanos 12,13; 1 Pedro 4,9), como expresión natural de amor fraternal (Hebreos 13,1-2; 1 Pedro 4,8-9).

En la casa de Marta, María y Lázaro, Jesús se enfrenta a dos actitudes radicalmente diferentes. María que se sentó a escuchar a Jesús (versículo 39) y Marta que  estaba atareada con los quehaceres de la casa (versículo 40). María recibe a Jesús en su casa y se detiene a escucharle. Marta también lo recibe pero no tiene tiempo para escuchar lo que tiene que decir. María rompe con una norma del judaísmo, realiza un acto escandaloso, no sirve al huésped, sin embargo realiza algo mayor: lo escucha. Marta continúa arraigada a la tradición. Pero la actitud de María es aún más escandalosa, pues asume la actitud de los discípulos varones frente a un maestro, sentándose a los pies para escuchar. De esta forma, se acredita como discípula.

Marta molesta con esa actitud de su hermana, se dirige a Jesús para que la ponga en su lugar (versículo 40), haciendo lo que culturalmente le era propio para ese tiempo y esa época, servir al maestro y los discípulos varones. Pero Jesús resultó aún más escandaloso que María, no solo había aceptado su actitud permitiéndole estar a sus pies escuchando el mensaje, sino que avala ese comportamiento escandaloso (versículos 41-42).

La actitud de María, aparentemente cómoda, es mucho más difícil que la de Marta, ella escucha el mensaje, se deja interpelar por la presencia del Maestro, ciertamente, resulta mucho más fácil moverse, hacer cosas, estar con distracciones de la vida cotidiana, que es la actitud de Marta, el hacer le impide escuchar.

Marta le reclama a Jesús, no sabe en realidad lo que él quiere, pero se guía por las costumbres, lo aprendido. El desafío es justamente este, descubrir qué quiere Jesús de cada uno y cada una de nosotros y nosotras.

2.     El texto en nuestro contexto:

En la tradición de la iglesia se ha mal utilizado este pasaje para fundamentar la vida contemplativa por sobre la vida activa. El mensaje evangélico no es ese.

El centro del mensaje, tanto para la audiencia de Lucas como para nosotros y nosotras hoy, es preguntarnos qué espera Jesús de nosotros y nosotras. Las comunidades cristianas ¿estamos siendo fieles a la escucha de la Palabra del Maestro?. Las prácticas de las comunidades cristianas ¿provienen de una actitud de discipulado o del cumplimiento de obligaciones, tradiciones y costumbres?

La Iglesia, para ser verdadera discípula de Jesús, tiene que priorizar lo fundamental sobre las urgencias. Lo fundamental es la Palabra de Dios que nos interpela, nos envía, nos compromete.

Buena semana para todos y todas.

+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
16º Domingo del Tiempo de la Iglesia.

domingo, 14 de julio de 2013

¿Quién es mi prójimo? - Lucas 10,25-37



1.    El texto en su contexto:

No podemos dejar de lado el contexto literario en el cual el Evangelista Lucas ubica el relato: en 9,57-62 presenta las exigencias del seguimiento, en 10,1-12 el envío de la comunidad misionera a los pueblos, en 10,17-24 el regreso de la misión y la alabanza a Dios por revelarse a la gente pequeña y a continuación el relato de “el buen samaritano” (Lucas 10,25-37).

Este relato tiene algunos paralelos en Mateo 19,16.19; 22,34-40; Marcos 12,28-34.

El maestro de la ley pone a prueba a Jesús (versículo 25) y Jesús le responde enfrentándolo a la Ley (versículo 26). Entonces el maestro de la ley cita Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18 (versículo 27). Jesús ratifica la respuesta del maestro de la Ley citando Levítico 18,5 (versículo 28). No se justificaba que el maestro de la ley, por el rol que desempeñaba, presentara estos interrogantes, pues su tarea justamente, era enseñarle al pueblo los mandamientos de Dios, es decir la Ley.

El maestro de la ley pone a prueba, nuevamente, a Jesús (versículo 29). Según Levítico 19,18.33-34 el deber de amar al prójimo se extendía al pueblo israelita y a personas extranjeras establecidas en Israel.

Es aquí donde Jesús introduce lo escandalosamente revolucionario modificando la ley de Moisés (Lucas, 10,30-35).

El camino que va de Jerusalén a Jericó es relativamente corto, apenas unos 25 kilómetros, en ese trayecto se desciende unos 1000 metros, hasta llegar al valle del río Jordán. Ese camino pasaba por lugares desiertos donde los asaltos eran comunes. La audiencia de Jesús y especialmente el maestro de la ley, darían por supuesto que el hombre del relato era judío (versículo 30).

Jesús pone el ejemplo de tres personas frente al hombre golpeado: un sacerdote que viéndolo lo evita (versículo 31), un levita que hizo lo mismo (versículo 32) y finalmente un hombre de Samaría que al verlo se compadece (versículo 33).

Este ejemplo de Jesús, sin lugar a dudas fue un verdadero escándalo para quienes le escuchaban. Los judíos consideraban a los samaritanos como extranjeros y paganos. Ambos pueblos no tenían relaciones amistosas (Lucas 9,52-53). Para poder contextualizar mejor la escena, digamos que geográficamente, Samaría estaba entre Galilea al norte y Judea al sur. Debido a la rivalidad entre ambos pueblos, los judíos peregrinos de Galilea a Jerusalén no recibían ayuda de los samaritanos en su paso por su región (cf Juan 4,9). El conflicto era casi ancestral. Los samaritanos, aunque originalmente eran de la misma raza judía, se habían separado política y religiosamente de ellos. De las Sagradas Escrituras, únicamente consideraban el Pentateuco (la Ley) desconociendo el resto de la Biblia. La separación entre ambos era tan fuerte, que los judíos llegaron a considerarlos como paganos (Sirácida 50,25-26).

El sentimiento de compasión (versículo 33) se transformó en un acto de solidaridad (versículos 34-35): curándolo, transportándolo a un lugar seguro, cuidando de él y haciéndose cargo de los gastos generados para su recuperación.

El contenido del versículo 36 es sumamente rico, es el núcleo del mensaje de esta parábola. Jesús deja entrever que, tanto el sacerdote como el levita no cumplieron con la ley haciéndose prójimos de aquel judío asaltado, sin embargo, el samaritano no se detuvo a preguntarle al hombre golpeado, si era su prójimo, sino que se hizo prójimo al cumplir con el mandato de la Ley y proporcionarle ayuda.

El maestro de la ley impedido por sus tradiciones para considerar prójimo al hombre de Samaría, no puede y demostró no querer contestar a Jesús directamente “el samaritano”, pero tampoco pudo eludir una respuesta que era obvia, contestando “el que tuvo compasión de él” (versículo 37).

El final del relato resulta radicalmente escandaloso y subversivo: “Jesús le dijo –pues ve y haz tú lo mismo-“


2.    El texto en nuestro contexto:

Ciertamente el Evangelio nos interpela sobre ¿quién es mi prójimo? Y nos confirma que no es a quien elegimos, sino a quien Dios pone en nuestro camino.

Prójimo podría ser aquel hombre que considero indigente, aquel joven que su apariencia me hace sospechar, aquella mujer de mala vida, aquella persona trans portadora de vih.

Prójimo podría ser aquella persona que nos desespera con sus rituales obsesivos, nos cuestiona con ironía, la consideramos de fe sencilla o hasta mágica, la subestimamos por su formación, la catalogamos de verticalista porque nos dice lo que no nos atrevemos a ver en nosotros mismos y nosotras mismas.

Prójimo podría ser aquella persona que no la consideramos una de las nuestras.

Jesús nos envía a servir y solidarizarnos con quien se presente en nuestro camino, no a quienes nosotros y nosotras eligamos.


3.    Para la reflexión:

“Dios no creo a mi prójimo como yo lo hubiera creado. No me lo dio como un hermano a quien dominar, sino para que, a través de él, pueda encontrar al Señor que lo creo. En su libertad de criatura de Dios, el prójimo se convierte para mi en fuente de alegría, mientras que antes no era más que motivo de fatiga y pesadumbre. Dios no quiere que yo forme al prójimo según la imagen que me parezca conveniente, es decir, según mi propia imagen, sino que él lo ha creado a su imagen, independientemente de mi, y nunca puedo saber de antemano cómo se me aparecerá la imagen de Dios en el prójimo; adoptará sin cesar formas completamente nuevas, determinadas únicamente por la libertad creadora de Dios. Esta imagen podrá parecerme insólita e incluso muy poco divina, sin embargo, Dios ha creado al prójimo a imagen de su Hijo, el Crucificado, y también esta imagen me parecía muy extraña y muy poco divina, antes de llegar a comprenderla” (Dietrich Bonhoeffer).


Buena semana para todos y todas.
Agradezco al hermano que aportó este texto del teólogo D. Bonhoeffer.
En el 15º domingo del Tiempo de la Iglesia – Ciclo C

+Julio, obispo de Diversidad Cristiana

domingo, 7 de julio de 2013

La misión es urgente y exige radicalidad (Lc 10,1-12.17-20)




1.    El texto en su contexto:

Este relato evangélico es propio de Lucas. Sin embargo, los versículos 4 al 11 son comunes a la institución y envío de los apóstoles en los sinópticos (Mateo 10,7-14; Marcos 6,8-11; Lucas 9,3-5).

El inicio (versículo 1) parece ser una alusión a la evangelización del mundo pagano, ya que en esos tiempos se reconocían 72 naciones en el mundo (Génesis 10: son 70 naciones en el texto hebreo y 72 en la traducción de los LXX). Sin embargo, también nos refiere al Antiguo Testamento cuando se quería hacer referencia a un grupo grande e importante (Éxodo 1,5: los descendientes de Jacob;  24,1: los ancianos de Israel que representan al pueblo y tenían autoridad sobre sus clanes o tribus; véase también Éxodo 3,16 y Números 11,16). Enviarles de dos en dos, seguramente les ofrecía protección y contención en la tarea misionera, pero también los refería al uso de dos testigos que mandaba el Antiguo Testamento (Deuteronomio 17;6; 19,15).

En el versículo 2, Jesús hace referencia a las multitudes del pueblo que presenciaban su misión (Mateo 9,33) y le seguían (Mateo 9,36), contrapuestas a los líderes y dirigentes religiosos que le rechazaban (Mateo 9,34). El “Señor de la mies” es la persona encargada de contratar jornaleros para recoger la cosecha. En este caso hace referencia a Dios (cf Juan 4,35).

En el versículo 3 (cf Mateo 10,16), presenta a quienes siguen a Jesús en el discipulado como las “ovejas”, mientras que quienes se oponen a El son los “lobos”. El ejemplo propuesto advierte a seguidoras y seguidores de Jesús sobre las hostilidades que experimentarán en el desarrollo de la misión.

En el versículo 4, presenta la urgencia que tiene la misión. Generalmente, cuando los judíos emprendían un viaje largo llevaban una pequeña bolsa para el dinero y otra un poco más grande para los alimentos. Jesús les propone prescindir de ellas. La segunda parte del versículo parece una descortesía de parte de Jesús, sin embargo, los intercambios ceremoniales de saludos en el oriente, llevaba bastante tiempo (2 Reyes 4,29) y la urgencia y dedicación total a la misión eran prioridad.

Los versículos 5 y 6 no hacen referencia a un simple saludo de paz, sino al “Shalom” la promesa mesiánica de paz que gozan quienes reciben el mensaje y se integran al reinado de Dios.

En los versículos 7 al 9, Jesús plantea los derechos y deberes de quienes desarrollan la tarea evangelizadora. Dentro de sus derechos (vesículo 7) está el ser sostenidos económicamente por quienes son ministrados, aspecto que luego retomarán Pablo (1 Corintios 9,14; 1 Timoteo 5,18) y Juan (3 Juan 5-8). Dentro de sus deberes (versículo 8) está no exigir más de lo que la comunidad les proporciona (= “coman lo que les sirvan”), restituir dignidad a las personas incluyéndolas en la comunidad mesiánica como signo de la presencia de que el Reinado Divino se acercó (= “sanen a las personas enfermas”), y anunciar la cercanía – presencia del Reinado Divino (= “díganles: el Reino de Dios está cerca de ustedes”).

Los versículos 10 y 11, refieren a quienes no reciben el mensaje, negando el inicio de la era mesiánica. Aunque la audiencia se niegue a escuchar y las personas enviadas protesten (cf Mateo 10,14; Hechos 13,51) el mensaje debe ser comunicado: “sepan esto, el Reino de Dios está cerca de ustedes”.

El versículo 12 plantea nuevamente la radicalidad de Jesús respecto del juicio divino para quienes no reciben el Reino. Para los judíos, tanto Sodoma (Génesis 19,24-28; Mateo 10,15; 11,24) como Tiro y Sidón (Lucas 10,14), eran símbolos del castigo y juicio divinos. Jesús dice que el castigo para estas ciudades será más tolerable, pues tienen menos responsabilidad, porque en ese tiempo ya no existían debido a las destrucciones.

Los versículos 17 al 20 narran el diálogo entre Jesús y los 72 que retornaron alegres de la misión por los logros alcanzados (versículo 17). Jesús alude a la derrota del mal (cf Juan 12,31; Romanos 16,20), tal vez una referencia a Isaías 14,4-21. Algunos exégetas señalan que literalmente, Jesús se refiere a su presencia en la caída original de Satanás delante de Dios. Sin lugar a dudas, el texto se refiere a la derrota del mal durante el ministerio de Jesús (Marcos 3,27; Lucas 11,20-22), un anuncio de la derrota definitiva (Apocalipsis 20).

Jesús otorga poder a las personas enviadas sobre sus enemigos. Poder que no es de sometimiento y dominación, sino de protección (versículo 19 cf Mateo 13,39; Génesis 3,15; Apocalipsis 20,10; Salmo 90[91],13; Mateo 16,18; Hechos 28,3-6).

Finalmente, Jesús les plantea que la fuente de alegría y gozo, no es tener poder y autoridad para derrotar el mal, sino por el privilegio de participar de la filiación divina (= hijos e hijas de Dios) al estar inscriptos sus nombres en el Libro de la Vida (versículo 20 cf Salmo 68[69],29; Éxodo 32,32; Daniel 12,1; Filipenses 4,3; Hebreos 12,23; Apocalipsis 3,5; 13,8; 17,8; 20,12).

2.    El texto en nuestro contexto:

La Iglesia de Jesús toda y Diversidad Cristiana como parte de ella, es enviada al mundo para comunicar que otro mundo es posible, construido sobre la defensa de los derechos sociales, económicos y culturales de los pueblos y la dignidad de las personas (= la paz mesiánica).

Este mensaje no es imposición, no es sometimiento, no es colonización. Es testimonio de pequeñas comunidades (= de dos en dos) que hacen posible lo que para los poderosos es imposible, a través del ejemplo cotidiano, promoviendo relaciones de paz y armonía entre las personas, sirviendo a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, anunciando de esta manera, que otra Iglesia es posible.

La misión exige radicalidad, despojarse de ataduras y de cargas (= sin bolsas, sin comida, sin calzado) transitando la pobreza, encarnarse en ella, para con las personas empobrecidas construir nuevas relaciones de solidaridad con justicia, porque otra sociedad es posible. Esto provocará a la dirigencia religiosa que eligió otros mensajes al de Jesús. Producirá críticas, descalificaciones y aún persecuciones de líderes religiosos que se denominan cristianos pero no se identifican con el mensaje de Jesús.

La misión es urgente. El mundo necesita el testimonio de las discípulas y los discípulos de Jesús, para descubrir otras realidades que surgen de la vivencia evangélica. El mundo necesita paz, necesita justicia, necesita solidaridad. Las personas necesitan descubrir y redescubrir sus derechos y su dignidad.

La Iglesia de Jesús toda y Diversidad Cristiana como parte de ella, no podemos permanecer en la indiferencia. Hemos recibido el llamado, no para estar en el espacio sagrado rindiendo culto a Dios, sino para ser enviados a la sociedad y la cultura de la que somos parte, para transformarla, no a través del sometimiento y la dominación, sino a través del servicio y el testimonio profético, en un espacio donde sin discriminación ni exclusión, donde podamos proclamar que Dios es Madre – Padre y todas las personas somos hermanas.

El desafío queda planteado.
Buena semana para todas y todos.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.