Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 30 de junio de 2013

Radicalidad evangélica



Reflexión Comunitaria del domingo 13º del Tiempo de la Iglesia.
Lucas 9,57-62
Participamos: Vartán, Cris, Ana, Fernando, Miran, Sebastián, Julio.


El seguimiento de Jesús en el discipulado es exigente, radical. Seguirlo es un camino arduo y difícil.

Quiénes no transitan el discipulado están muertos. Quienes siguen a Jesús, deben apartarse de ellos: “deja que los muertos entierren a sus muertos”

Las posturas fundamentalistas insisten en la separación de la familia. Las posturas mediocres plantean que a Jesús se le puede seguir en cualquier lado, justificando su falta de compromiso y radicalidad.

Seguirlo implica renuncias y sacrificio, y de parte de las familias de quienes emprenden el discipulado, muchas veces genera resistencias e incomprensiones. Pero es necesario establecer la diferencia entre “renuncia en libertad” y “renuncia obligada”.

En el seguimiento, muchas veces se presentan situaciones de renuncia que no entendemos y enfrentamos la posibilidad de renunciar y continuar el camino del discipulado o detenernos y regresar decepcionados /as. Cuando se inicia el camino del discipulado, es un recorrido que lleva la vida y toda la vida: “el que pone la mano sobre el arado y mira para atrás …”. En ese camino anunciamos el Reino.

El anuncio del Reino es una actitud de vida. Llevar el mensaje, realizar la misión es una tarea cotidiana, se puede seguir a Jesús en los espacios donde estamos, danto testimonio mediante la presencia, los valores, la actitud evangelizadora, con la seguridad de que no caminamos en soledad, su presencia nos conforta.

El “no mirar atrás” entendemos que tiene varias acepciones: vivir el ahora con intensidad y compromiso, no quedarnos atados /as al pasado … sin embargo, endentemos que teniendo en cuenta nuestra historia es una forma de aprender: somos lo que somos por el pasado vivido.

Jesús realiza diferentes llamados para diferentes ministerios, otorgando diferentes dones para poder realizarlos. Estas diferencias, producto de la gracia, nos complementan potenciando la acción comunitaria e impregnando una modalidad propia a la forma de vivir el Evangelio en nuestra cotidianeidad.

Buena semana a todos y todas.

domingo, 16 de junio de 2013

Jesús asume una opción preferencial por quienes están en situación de desigualdad (Lucas 7,36 – 50)



El relato de la cena de Jesús en casa del fariseo Simón (Lucas 7,36-50) es común a todos los evangelistas (Mateo 26,6-13; Marcos 14,3-9; Juan 12,1-8) sin embargo difieren en varios aspectos.


1.    El texto en su contexto

Simón era fariseo. Los fariseos eran de poder del judaísmo en tiempos de Jesús, con gran influencia a nivel político y religioso, que se enfrentaron con Jesús (Mateo 9,34; 12,14.24; 16,1-12; 22,15; Juan 7,32; 9,16; 11,47-48.57) porque él les reprochó (Mateo 23,2-36; Lucas 16,14-15) sus doctrinas y prácticas (Mt 9,11.14; 12,2; 15,1-9; 19,3; Lc 18,11-12; Hch 15,5; 23,6-8); sin embargo, algunos de ellos fueron favorables a Jesús (Lc 7,36; 11,37; 13,31; 14,1; Jn 3,1; 7,50-51).

Jesús fue a su casa y se sentó a la mesa con él (versículo 36).

Una mujer de mala vida, una traducción literal diría “una pecadora”, aunque el término tiene un sentido más general, pues los fariseos consideraban “pecadores” y “gente de mala fama” a quienes no interpretaban la ley como ellos o ejercía oficios degradantes (Mateo 9,10), fue a ver a Jesús y llevó consigo un frasco de perfume (versículo 37).

Esta mujer pecadora, llorando se puso a los pies de Jesús (versículo 38). En algunas ocasiones importantes, formales, los judíos se recostaban en una especie de divanes para comer, con los pies descalzos y alejados de la mesa. Esto ubicaría al fariseo Simón en una posición socio económica alta. Cuenta el evangelio, que la mujer, lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, los secó con sus cabellos y los ungió con perfume.

Esta escena, llena de ternura acogedora, despertó en el fariseo Simón, la sospecha hacia Jesús, en cuanto hombre de Dios, “si este hombre fuera de veras un profeta, se daría cuenta de que clase de persona es esta que lo está tocando” y el prejuicio y la discriminación hacia la muer, “una mujer de mala vida” (versículo 39).

Los sentimientos del fariseo Simón son el disparador para  que Jesús ponga el ejemplo del prestamista que perdona la deuda a dos personas que no podían pagarla, una que le debía quinientos denarios y otra que le debía cincuenta. El salario de un día era el equivalente a un denario.  Si convertimos, haciendo una aproximación, estas deudas a nuestros tiempos, sería algo así como que, una persona le debía cuatrocientos mil pesos y otra la debía cuarenta mil pesos. Establecida la diferencia entre la deuda de una persona y la otra, Jesús pregunta ¿cuál de las dos personas le amará más? (versículos 40 - 42). El término amar, en este caso, se aproxima más al concepto de agradecimiento.

La respuesta del fariseo Simón, no fue diferente a lo que responderíamos nosotros y nosotras: la persona más agradecida es la que debía más y se le perdonó (versículo 43).

La respuesta acertada de Simón a Jesús, habilita el reproche de Jesús y la comparación entre el gesto de la mujer pecadora y el gesto del fariseo Simón (versículos 43 – 47), que no brindó las atenciones que mandaba la ley, ante el recibimiento de un huésped de honor (Génesis 18,4; Salmo 23,5).

Inmediatamente al reproche, sigue el escándalo del perdón. Jesús, asumiendo una acción propia de Dios, el perdonar, dirigiéndose a la mujer le dice: “tus pecados son perdonados” (versículo 48). Este frase, no hizo demorar el cuestionamiento y rechazo del resto de las personas invitadas a la comida “quién es este que perdona pecados” (versículo 49 cf Marcos 2,5; Lucas 5,29).

Pero tampoco se hizo esperar la respuesta de Jesús, que ignorando a quienes estaban a la mesa, se dirige nuevamente a la mujer para confirmar lo anterior: “por tu fe has sido salvada, vete tranquila” (versículo 50). Nuevamente, a una mujer oprimida por el sistema patriarcal y machista, representado en el poder político y religioso, que la consideraba “da mala vida”, Jesús le restituye sus derechos y su dignidad (Lucas 8,48). Nuevamente, a una persona discriminada y excluida porque no se ajustaba a la norma socio cultural, reforzada por el sistema religioso, Jesús le devuelve dignidad (Lucas 17,19; 18,42) incluyéndola en la comunidad mesiánica.


2.    El texto en nuestro contexto:

En el relato evangélico, el evangelista Lucas coloca a Jesús asumiendo una opción de preferencia por quién está en situación de desigualdad, cuyos derechos y dignidad son vulnerados por el sistema religioso. Jesús toma partido en defensa de la mujer de mala vida colocándose en contra de Simón, un representante del sistema religioso de su época.

Como comunidad cristiana, no podemos dejar pasar el contexto en el cual nos encontramos en estos momentos, sin preguntarnos ¿qué nos está diciendo Dios a través de este relato bíblico?.

¿Cuál es el contexto? Hace poco tiempo se aprobó y entró en vigencia la ley que despenaliza el aborto. Esta ley no obliga a las mujeres a abortar. Tampoco permite la interrupción del embarazo sin un proceso previo de información y deliberación, estableciendo un período de reflexión de la mujer que solicita el aborto. Asegura las mismas posibilidades, a mujeres ricas que a mujeres pobres, para acceder a un procedimiento médico informado y seguro. Algunos sectores de nuestra sociedad, están dirigiendo una campaña para poder derogar esta ley y volver al antiguo sistema, donde las mujeres ricas abortaban con seguridad en los procedimientos y las mujeres pobres, lo hacían en condiciones de insalubridad, teniendo en muchos casos consecuencias en su organismo, quedando expuestas a procesamientos con prisión, y en otros casos muriendo.

Una situación, que sin lugar a dudas, la mujer pobre queda en desigualdad frente a las mujeres ricas y sometida al control y la sanción social, generando inequidad, injusticia y exclusión.

Algunas iglesias cristianas, de carácter fundamentalistas rechazan la ley y movilizan a sus miembros promoviendo una campaña para derogarla. Algunos sectores políticos, fundamentalmente partidos conservadores que en otros momentos estuvieron a favor del aborto, actualmente se suman a esta iniciativa, sin lugar a dudas por conveniencia política, en una coyuntura preelectoral como a la que estamos ingresando. Y por supuesto, no podemos dejar de mencionar, los grupos sociales que se suman por conveniencia política y económica, por convicción patriarcal o incidencia cultural.

En Diversidad Cristiana no estamos a favor del aborto. Tampoco condenamos a quienes deciden interrumpir su embarazo, en el marco establecido por la legislación vigente. Entendemos que es un tema que debe ser debatido, por la complejidad del mismo y por las implicancias culturales que conlleva. Sin embargo, derogar la ley implicaría volver a una situación que somete a las mujeres pobres e impone a toda la sociedad valores que provienen únicamente de un grupo.

Si se quiere generar información y debate sobre el tema, como plantean quienes promueven la derogación de la ley, desde nuestro punto de vista, estrictamente pastoral, entendemos que no es necesario derogar la ley. Comencemos a informarnos, a debatir, a reflexionar ahora; salvo, que la intensión no sea informarnos y debatir para luego decidir por una u otra posición.
Oramos por todas y por todos.

Buena semana.

+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana 

domingo, 9 de junio de 2013

Jesús opta por las personas que el sistema político religioso vulnera - Lucas 7,11-17


Tercer domingo después de Pentecostés

1.    El texto en su contexto:


Este texto es propio del evangelio de Lucas, no lo encontramos en los sinópticos y es utilizado por el evangelista para preparar la respuesta de Jesús a los enviados de Juan (Lucas 7,22).

Naín era una aldea ubicada a pocos kilómetros de Nazaret, al sudoeste de Galilea, próxima a la ciudad de Sunam, donde el profeta Elías había resucitado al hijo de otra mujer (2 Reyes 4,18-36). Naín estaba situada sobre una colina con vista a la Llanura de Esdraelón. Ubicada en la frontera entre Galilea y Samaría. Su nombre significa “agradable”.

Jesús iba acompañado de la comunidad discipular, sus seguidores y seguidoras más próximos, pero relata Lucas que además, lo acompañaba una gran multitud (versículo 11). Próximos a la entrada de la aldea, presencian un cortejo fúnebre. El muerto era el hijo único, hijo varón de una viuda (versículo 12).

En Palestina, los muertos eran enterrados lo más rápido posible porque eran considerados ritualmente impuros, también por eso se daba sepultura fuera de la ciudad.

Las viudas debían ser consideradas de manera especial (Éxodo 22,22). En la tradición religiosa se decía que Dios tenía compasión de ellas (Salmo 68,5; 146,9; Proverbios 15,25) y por eso, el sistema religioso y el pueblo debían hacer lo mismo (Isaías 1,17), también las comunidades cristianas adoptaron este mandato (1 Timoteo 5,3; Santiago 1,27). Las Escrituras enseñan que Dios bendice a quienes actúan así (Deuteronomio 14,29; Jeremías 7,5-7) y maldice a quienes no lo hacen (Deuteronomio 27,19; Job 22,9-11; Jeremías 22,3-5; Ezequiel 22,7.15.16; Malaquías 3,5). Joab apeló a la compasión de David hacia las mujeres viudas (2 Samuel 14,1-21). Ellas carecían de protección económica, legal y física que eran provistas por el hombre.

Ser viuda y sin hijos era una doble exclusión. No tiene marido que asuma el rol de proveedor y protector, ni un hijo varón que asuma ese rol. Con la viudez, también se ve interrumpida la continuidad familiar porque se interrumpe la procreación y no hay quien la cuide y sustente en la vejez (Rut 4,10; 2 Samuel 14,7; 1 Reyes 17,8-24).

Por esta razón, frente a tanta vulnerabilidad, los relatos bíblicos presentan a Dios, que en su compasión se les restauraba derechos y dignidad mediante un milagro: la resurrección del hijo (la viuda de Sarepta y la viuda de Naín) o a través de un nuevo matrimonio (Noemí).

La ley proveía a las viudas de un diezmo especial (Deuteronomio 14,28-29; 26,12-13) y una política de asistencia alimentaria (Deuteronomio 24,19-21).

El evangelista relata que Jesús, al ver a esa mujer viuda, desconsolada, vulnerable, sintió compasión (versículo 13). No es la primera vez que Jesús se conmueve frente a la indefensión de la mujer en su cultura y su sociedad.

El versículo 14, presenta una situación verdaderamente escandalosa y desafiante en Jesús, tocando al muerto. Apartándose de las enseñanzas y tradiciones religiosas, Jesús se hace impuro al tocar al muerto para darle vida y devolvérselo a su madre (versículo 15).

El fin del relato, los versículos 16 y 17 presentan la reacción de la gente maravillada por la intervención divina. Seguramente todas las personas, asociaron la resurrección del hijo de la viuda de Naín, realizada por Jesús, con la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta, realizada por el profeta Elías (1 Reyes 17,2-9).


2.    El texto en nuestro contexto:

Nuestra sociedad y nuestra cultura, son el escenario donde se transita de lo sagrado a lo profano y de lo profano a lo sagrado. Es el lugar donde las personas, imagen y semejanza de Dios (Génesis 1,27), son victimizadas por otras personas, por eso, es el lugar donde Dios revela su compasión y predilección, actuando por gracia la restauración.

El sistema cultural, en diferentes momentos de la historia, va naturalizando situaciones opresivas y discriminatorias, que terminan por aceptarse como “naturales”. Es así que en determinado momento de la historia se afirmó la naturalidad de la esclavitud, sometiendo a seres humanos a condiciones degradables; se afirmó con naturalidad que los pueblos originarios de América no eran humanos, oprimiéndolos y llevándolos incluso enjaulados a exposiciones organizadas por la civilización; se afirmó con la misma naturalidad, que las mujeres eran inferiores a los hombres, ubicándolas en un lugar de dominación por parte del patriarcado; igualmente se afirmó con la misma naturalidad, la existencia de dos géneros y dos sexos que se corresponden uno al otro, discriminando y excluyendo a las personas GLTB; y así podríamos continuar una larga lista de situaciones naturalizadas por la cultura y validadas por el sistema religioso.

Si queremos ser la Iglesia de Jesús, tenemos que seguir su ejemplo: sentir compasión por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, e involucrarnos en su proceso de liberación, porque “lo que no se asume no se redime” (San Agustín), más allá de cual sea el mandato social, cultural o religioso en nuestra época; de lo contrario, Diversidad Cristiana será algo muy bueno, pero no será la Iglesia de Jesús.


Buena semana para todos y todas.
+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

domingo, 2 de junio de 2013

Breve declaración sobre la Eucaristía - Segundo domingo después de Pentecostés.




La historia del pueblo hebreo testifica diversas comidas rituales: para sellar pactos o alianzas (Gen. 31,54; Ex. 24,3; Tob. 7,11-15), para agasajar visitas (Gen. 18,3-5; 19,3). La comida ritual sagrada más importante es la Cena Pascual (Ex. 5,1-3; 10,8-9; 12-13). La celebración pascual concentró los grandes momentos en que Israel renovó la alianza (Num. 9,1-14; Jos. 4,19-5,12; 2Re. 23,33; 2Cro. 30; 35).

Las Escrituras Cristianas conservan cuatro relatos sobre la institución de la Eucaristía (1Co.11,23-25; Mc.14,22-25; Mt. 26,26-29; Lc. 22,19-20), de los cuales el primero se puso por escrito más de 20 años después del Acontecimiento Pascual. Estos relatos incorporan tres aspectos teológicos fundamentales: la expiación vicaria (Is. 52,13-53,12), la alianza (Ex. 12-13; Jr. 31,31; Is. 42,6; 49,8) y las bendiciones mesiánicas.

El Concilio de Trento define[i] la presencia real (canon 1), el memorial y anuncio de su muerte (canon 2), la presencia del cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo después de la consagración, bajo la apariencia de pan y vino (canon 3) los demás sacramentos tienen por virtud santificar pero la Eucaristía está el autor de toda santidad; por la consagración se realiza la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo y de toda la substancia del vino en la substancia de la sangre de Cristo (canon 4), y continúan los Padres Conciliares en la XIII sesión del 11 de octubre de 1551. La doctrina de la transubstanciación  fue desarrollada por Tomás de Aquino en el siglo XIII. 

En el siglo XVI los reformadores presentaron otras  interpretaciones a la transubstanciación. Martin Lutero habló de la consubstanciación (Cristo está presente en, con y bajo los elementos). Ulrico Zuinglio negó cualquier conexión real entre el pan y el vino y el cuerpo y la sangre de Cristo; planteando que en la celebración de la eucaristía, que recuerda a los fieles las palabras y la obra del Señor, Cristo está con ellos por el poder del Espíritu Santo; consideraba que el pan y el vino recuerdan la última cena, pero no se da ningún cambio de substancia en ambos elementos. Juan Calvino afirmó que Cristo está presente tanto en un sentido simbólico como por su poder espiritual, que es impartido por su cuerpo glorificado a las almas de las personas creyentes cuando participan de la eucaristía. Esta doctrina es llamada presencia dinámica. La doctrina anglicana afirma la presencia real de Cristo, pero no especifica el modo.

En Diversidad Cristiana, reconocemos que la Eucaristía es un Misterio en el cual Jesucristo está realmente presente. Pero como Misterio no podemos explicarlo. Por lo tanto, aceptamos y respetamos las tradiciones de nuestras respectivas comunidades. Para unas se producirá la transubstanciación estando presente en los elementos del pan y del vino una vez que éstos sean consagrados. Para otras se producirá la consubstanciación estando presente durante la celebración eucarística. Finalmente, otras harán memoria de la Cena del Señor.

Los principales ritos son la iniciación, la liturgia de la Palabra, la liturgia de la Eucaristía, la despedida donde aparece la nuevamente imposición de manos (materia) con la invocación al Espíritu Santo (forma), el pan y el vino (materia) acompañada de las palabras consagratorias (forma). Siendo el ministro de este sacramento el obispo y/o el presbítero. 



[i] Otros Concilios IV de Letrán, Constanza, Florencia anteriormente desarrollan el tema y el Vaticano II afirma que “es fuente y culmen de toda vida cristiana” (LG 22) y en la Encíclica Mysterium Fidei (1965) Pablo VI afirma y afianza la doctrina de la presencia real.