Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

sábado, 30 de marzo de 2013

Mensaje Pascual 2013






El anuncio pascual está compuesto por tres ejes que transversalizan la vida de la Iglesia.

“No tengan miedo” (Mateo 28,5).

Nos encontramos en una coyuntura de cambios profundos. Los valores que se habían mantenido incuestionables durante siglos están en entredicho. La sociedad y la cultura se encuentran en una profunda crisis. Las distintas iglesias no están pudiendo adaptarse a esta realidad cambiante, están envejeciendo y se están despoblando. Ante esta realidad, pareciera que la Iglesia está inmovilizada, paralizada, detenida en el tiempo y en la historia, aferrada a sí misma, atemorizada. En este contexto, el mensaje de Dios a la comunidad eclesial, sigue siendo el mismo, “no tengan miedo”.

La experiencia pascual nos da la certeza de que Dios tiene la última palabra en la historia humana y nos proporciona el coraje para comprometernos:
- en la transformación de las estructuras del mundo, porque otro mundo es posible, con justicia y solidaridad, con derechos y dignidad para todas las personas;
- y la transformación de las estructuras de la Iglesia, porque otra Iglesia es posible, ecuménica e inclusiva, abierta al diálogo con la sociedad y la cultura, comprometida con las personas de su tiempo, especialmente con las empobrecidas, las discriminadas, las excluidas.

En la Iglesia de Jesús, no hay lugar al miedo. En las discípulas y los discípulos de Jesús no hay lugar al miedo. La experiencia pascual es la certeza de que la vida venció a la muerte, la alegría venció al miedo, la liberación venció a la opresión, la inclusión venció a la discriminación… hace dos mil años que el mensaje de Jesús sigue resonando, sin que sea silenciado por nada ni por nadie:  “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor.” (Lucas 4, 18-19).

Esta sigue siendo la misión de la Iglesia en el mundo de hoy. Este sigue siendo el envío, a esta pequeña comunidad que llamamos Diversidad Cristiana, que quiere seguir por el camino de la iglesia antigua del primer siglo, en el discipulado de Jesús, nuestro único Maestro, nuestro único Camino, nuestra única Verdad, y nuestra única VIDA.

Están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado” (Mateo 28,5-6)

Las distintas iglesias, corremos el riesgo de quedarnos junto al sepulcro, inmersas en los recuerdos del Maestro. El duelo que generan los cambios, nos impiden entender que el Crucificado ha resucitado. Seguimos velando al Maestro muerto, sin comprender lo que Él nos prometió (Mateo 16,21; 17,23; 20,19 cf Lucas 24,6-7).

Se hace necesario que las comunidades eclesiales estemos atentas a quienes nos recuerdan que el sepulcro está vacío, porque en el Resucitado, la luz venció a la oscuridad, el día a la noche, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

No podemos quedarnos en el sepulcro vacío porque perderemos la posibilidad del encuentro con el Maestro (Mateo 28.8-9). Y encontrándolo no podemos quedarnos en la admiración y la adoración, porque todavía hay quienes tienen que recibir la buena noticia de la Resurrección, Jesús dice a las mujeres: “Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán” (Mateo 28,10).

María Magdalena y probablemente María, la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 27,56) se transforman en las primeras testigos de la resurrección de Jesús, y las apóstolas que confirman en la fe a sus hermanos, los discípulos varones.

Esta sigue siendo la enseñanza para la Iglesia en el mundo actual. Esta sigue siendo la enseñanza para las discípulas y los discípulos de Jesús. El testimonio de la resurrección inicia con el ministerio evangelizador de las mujeres. Esta sigue siendo la enseñanza para esta pequeña comunidad que llamamos Diversidad Cristiana que quiere seguir el camino de la iglesia antigua del primer siglo, que fue liderada por mujeres según varios testimonios en las cartas paulinas, en el seguimiento del Maestro que también llamó a mujeres para acompañarle en el ministerio por Palestina.

“Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán” (Mateo 28,7).

La comunidad apostólica no puede quedarse en Jerusalén la ciudad santa. Jesús la envía al lugar donde surgió: Galilea, tierra de pescadores y agricultores empobrecidos, de revolucionarios zelotes y de judíos impuros, todas esas personas, consideradas pecadoras por el sistema religioso, y empobrecidas y sometidas por el poder político.

La Iglesia en tiempos actuales, está desafiada a volver a sus raíces. El cristianismo no fue la religión del poder sino de las personas esclavizadas, empobrecidas, de mala reputación. El cristianismo no fue la religión de los templos lujosos sino de la congregación en las catacumbas y los lugares hostiles.

La Iglesia en tiempos actuales, está desafiada a desinstalarse, trasladarse del lugar del poder, representado en Jerusalén, al lugar de la vulneración y la indefensión, representado en Galilea.

Diversidad Cristiana, que quiere seguir el camino de la iglesia antigua del primer siglo, necesariamente tenemos que ser una iglesia desinstalada, en medio de personas de dudosa reputación, pobre y al servicio de las personas vulneradas en sus derechos y dignidad, para ser fieles al envío del Resucitado. Tenemos la misión de ser levadura en la masa (Mateo 13,33). La única forma de transformar la realidad en la que nos encontramos, es insertarnos en ella; por lo tanto, la única forma de construir otro mundo posible, al que Jesús llamó Reino, es comenzar a vivirlo, en primer lugar, en el seno de nuestra comunidad; y la única forma de construir otra iglesia posible, a la que Jesús convocó a hombres y mujeres por igual, respetuosa de la diversidad humana, inclusiva y servidora, es comenzar a vivirla, en primer lugar, en el seno de nuestra comunidad.

Estos cambios, tal vez nos producen miedos. Entonces, miramos a quienes nos precedieron en el seguimiento:
-       si Abraham hubiera continuado con las costumbres de su época, habría sacrificado a Isaac y se hubiera quedado sin descendencia; pero Abraham se reveló contra su cultura;
-       si Moisés hubiera continuado instalado en Egipto, gozando de los beneficios de haber sido criado por la familia del faraón, y no se hubiera comprometido con quienes estaban oprimidos, el pueblo hebreo no hubiera podido experimentar la liberación y el cumplimiento de las promesas; pero Moisés se reveló contra su cultura;
-       si Jesús hubiera continuado con las tradiciones de los fariseos y maestros de la ley, hubiera conservado su vida; pero Jesús se reveló contra su cultura.

En el capítulo 11 de Hebreos encontramos muchos más testimonios de quienes dejando los miedos de lado, creyeron y por su fe, lograron transformaciones que condujeron a la realización del proyecto de Dios en la historia humana.

En este tiempo, la Iglesia tiene el protagonismo de creer para transformarse y transformar. Únicamente esa experiencia pascual logrará que sea realmente la Iglesia del Resucitado, que dice al mundo la buena noticia de parte de Dios.

Felices Pascuas de Resurrección.
+Julio Vallarino, obispo de Diversidad Cristiana.

viernes, 29 de marzo de 2013

Una reflexión pastoral mirando a la cruz y a l@s crucificad@s de nuestro tiempo





Diversidad Cristiana, comunidad presencial de Montevideo, misión San Sebastián de Pasto, comunidad virtual, seguidor@s de facebook y del blog, tengan mucha paz.

Hoy es viernes santo. A diferencia de la comunidad de discípulas y discípulos de Jesús, que en este día fueron destruidas sus esperanzas por la ejecución del Maestro, porque aún no habían tenido experiencia de la resurrección; las actuales comunidades de discípulas y discípulos sabemos que a la cruz sigue el resurgimiento de la vida; nuestra experiencia de fe nos da la certeza absoluta de que Dios tuvo la última palabra en la historia “resucitando a Jesús” (Hechos 4,10).

Sin embargo, así como Jesús fue víctima del poder político y religioso, a lo largo de la historia humana, muchas personas comparten los sufrimientos que él padeció, producidos por un sistema injusto e insolidario, que se manifiesta en el poder político, el poder económico, el poder cultural, el poder religiosos, el poder social; que les mantiene crucificadas y crucificados.

El mensaje que Jesús anunció a lo largo de su ministerio, con palabras y con acciones, fue la irrupción de la presencia divina en la historia humana, a esta irrupción la llamó Reinado de Dios (Mateo 4,17) que se manifiesta en acciones de solidaridad y de liberación, de restauración y de inclusión (Lucas 4,16-21 cf Isaías 42,1; 49,9; 58,8; 61,1-2).

Las comunidades eclesiales, somos continuadoras de la obra de Jesús en el mundo. Por el bautismo se nos ha conferido la misión profética de denunciar toda forma de opresión y discriminación, explotación y exclusión; y de anunciar la acción liberadora, restauradora e inclusiva de Dios, que se solidariza con la humanidad.

Por lo tanto, tenemos que dirigir nuestras miradas hacia las cruces construidas por los poderosos, para identificar los diferentes rostros que cuelgan del madero: las mujeres víctimas de violencia doméstica; las niñas, niños y adolescentes explotados sexualmente; las víctimas de la explotación laboral infantil y trabajo callejero; las personas en situación de calle; las víctimas de discriminación por su orientación sexual o su color de piel; las personas desempleadas, las empobrecidas, las que se encuentran en situación de calle; las personas extranjeras explotadas laboralmente; las personas discriminadas y abandonas por ser portadoras de vih sida, las personas adolescentes y jóvenes marginadas por tener un uso problemático de drogas y podríamos continuar poniendo rostros a las cruces; rostros en los cuales podemos identificar a Jesús condenado por el poder político y religioso.

En este viernes santo, el Evangelio de Jesús nos urge a las comunidades eclesiales a descrucificar. No podemos llamarnos cristianas y cristianos, si con nuestras palabras y acciones generamos prejuicios, incitamos al odio, la injusticia, la insolidaridad, la discriminación y la exclusión hacia otras personas, sean como fueren. No podemos llamarnos discípulas y discípulos de Jesús, si no asumimos la tarea de bajar de la cruz a las crucificadas y los crucificados, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene (Juan 19,38-42). La única forma posible, de ser la Iglesia de Jesús, es comprometernos radicalmente en la defensa de los derechos y la dignidad humana, como expresión de una vida más plena, más digna y más abundante para todas las personas, en todas partes y en todos los tiempos. Esta tarea no la realizamos en soledad, somos la Iglesia de Jesús y tenemos su promesa de que está con nosotros y nosotras siempre (Mateo 28,20).

Permanecer en silencio frente a la injusticia, mirar hacia otro lado frente a la discriminación, justificar la exclusión nos hace cómplices de quienes aún hoy, continúan crucificando a Jesús, en cada uno de nuestros hermanos y nuestras hermanas. En el seguimiento de Jesús, no existe la posibilidad de permanecer indiferente (Lucas 11,23; cf Mateo 12,30; Marcos 9,40; Lucas 9,50).

Les invito en este día, a soñar y a trabajar por otro mundo posible, aquel por el que Jesús y tantas mujeres y hombres, entregaron sus vidas, dejándonos el relevo de continuar la tarea.

+Julio Vallarino, obispo de Diversidad Cristiana.
Viernes Santo, 2013.

jueves, 28 de marzo de 2013

Jueves Santo: Transitando de lo sagrado a lo profano, para que lo profano sea sagrado.




Juan 13,1-20

El texto que reflexionamos hoy, es parte de la Cena de despedida que va de 13,1 a 17,26.


1.    El texto en su contexto.

Según el evangelista Juan, la celebración Pascual se celebra después de la muerte de Jesús (versículo 1 primera parte (a) cf 18,28; 19,14; 19,31) y pone de relieve un tema que atraviesa todo el evangelio: “la hora de Jesús”  que hace referencia a su muerte y glorificación definitiva (versículo 1 segunda parte (b) cf  2,4; 7,6.8.30; 8,20; 12,23; 13,1; 17,1) retornando junto al Padre. La tercera parte del versículo 1 (c) se refiere al amor incondicional de Jesús a sus discípulos y sus discípulas, un amor extremo por el que es capaz de dar la vida e interceder por ellos (18,8-9).

Juan plantea un movimiento descendente – ascendente en los versículos 2-4: “Jesús sabía que había venido de Dios y que iba a volver a Dios” (cf 16,28), haciendo referencia a su glorificación y entronización (cf 3,35; 10,18; Mateo 11,27; 28,18; Lucas 10,22).

Este relato presenta similitudes con los de la institución de la Eucaristía en los evangelios sinópticos: “mientras estaba cenando” (cf Mateo 26,20-21; Marcos 14,22-23; Lucas 22,14-19). Pero aunque esta cena tiene muchas coincidencias con la cena Pascual de los evangelios sinópticos, en Juan no hace referencia a la cena Pascual, sino a una de tantas comidas o cenas que Jesús mantuvo con los suyos (cf Mateo 9,10; 11,19; 26,7; Lucas 7,36-50).

El gesto de lavar los pies a sus discípulos (versículos 5-11), resulta un escándalo para Pedro y seguramente para cualquier miembro de una audiencia judía. Lavar los pies era una tarea reservada a las mujeres y los esclavos (cf Génesis 18,4; 1 Samuel 25,41); era impensable que un hombre judío lavara los pies a otra persona, un gesto capaz de avergonzar a quienes estaban viéndolo. Pedro, llegó a comprender cabalmente esta enseñanza del Maestro mucho tiempo después, como puede constatarse en su exhortación a los líderes de la Iglesia (1 Pedro 5,3).

Este gesto, relacionado al versículo 12 “volvió a ponerse la capa, se sentó otra vez a la mesa” tiene una estrecha relación con el movimiento descenso – ascenso de los versículos 2 al 4, que planteábamos más arriba (cf Filipenses 2,6-11).

En los versículos 12 – 17, el evangelista Juan pone en boca de Jesús, el camino que han de recorrer quienes siguen a Jesús en el discipulado. No es un camino de honores y reconocimientos sino de servicio humilde y solidario a las hermanas y los hermanos (cf 1 Timoteo 5,10), siguiendo el ejemplo de Jesús (cf Mateo 20,26-28; Marcos 10,43-45; Lucas 22,26-27; Filipenses 2,5-8; 1 Pedro 2,21). Indiscutiblemente, Juan está dejando una enseñanza a quienes lideraban las comunidades cristianas y era que el liderazgo pasa por el servicio.

La perícopa finaliza con dos afirmaciones de Jesús.

La primera “para que cuando suceda esto, ustedes crean que YO SOY” (versículo 19). Esta expresión utilizada por el evangelista Juan en boca de Jesús, adquiere un relieve significativo; en 8,24 resulta un asunto de vida o muerte eterna y no una cuestión de identidad como mal entendieron los judíos (8,25); en 8,58 resulta un asunto de equiparación divina, por eso los judíos tomaron piedras para lanzarle; en 18,5 sugiere algo más que “yo soy el que buscan”, sino más bien la presencia imponente que hizo retroceder a la guardia y adoptar una postura reverente. También, en este evangelio, la fórmula YO SOY va acompañada de los bienes que Jesús comunica a la humanidad: el pan y la luz (10,12), la puerta por la que se entra (10,7.9), la vida (11,25), el camino y la verdad (14,6). Por otro lado, recuerda la fórmula con que es identificado el enviado antes de regresar al que lo envió (Tobías 12,14-20). Por otro lado, hace una clara referencia a las fórmulas divinas, reveladas en el Antiguo Testamento (Éxodo 3,14-15; Isaías 43,11; 45,5; 48,12).

La segunda “el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado” (versículo 20; cf Mateo 10,40; Marcos 9,37; Lucas 9,48; 10,16; Juan 12,44-45). El evangelista plantea la íntima y estrecha relación entre quien envía y quien es enviado (Juan 12,45; 14,9 cf 1,18; Colosenses 1,15; Hebreos 1,3).

El evangelista Juan, presenta a Jesús transitando del lugar sagrado al profano para que el profano sea sagrado. El Hijo (= La Palabra, El Verbo) de naturaleza divina había salido de Dios y encarnándose, volvía a Dios con naturaleza humana. Jesús, como Maestro y Señor, presidiendo la cena había dejado su lugar, para lavar los pies de sus amigos, retornando luego de haber transitado por un rol de Siervo y de Mujer. Arriesga aún más el evangelista, reemplazando la institución de la Eucaristía, presente en los sinópticos, un momento profundamente sagrado, donde Jesús se queda para siempre en la comunidad eclesial, por un gesto totalmente profano, como lavar los pies a alguien, poniendo en el mismo rango de importancia, Eucaristía y Servicio.


2.    El texto en nuestro contexto.

El análisis del texto en su contexto, pone en el centro del mensaje el gesto del humildad y servicio del liderazgo eclesiástico para con la comunidad.

El liderazgo en la comunidad eclesial necesariamente debe desempeñarse desde una actitud de servicio, siguiendo el ejemplo de Jesús. Un servicio que se caracteriza por escandalizar al poder político y al poder religioso. Y si nuestro servicio no produce el efecto escandalizador, no estamos sirviendo de acuerdo a lo que Jesús espera de nosotros y nosotras.

Evidentemente, en pleno siglo XX y en nuestro contexto socio cultural, lavar los pies a otra persona, una vez al año como ritual de una ceremonia, no es un claro gesto de servicio humilde y saca de contexto el fuerte contenido evangélico de lo que Jesús espera de nosotros y nosotras.

2.1.        La comunidad eclesial al servicio de la sociedad:

La comunidad eclesial se caracteriza por brindar un servicio único y exclusivo a la sociedad y la cultura, pero con un preferencia especial a aquellas personas que están discriminadas y excluidas, vulneradas en sus derechos y su dignidad; y ese servicio es comunicar la buena noticia de Jesús que tiene como mensaje central el gobierno (= reinado) de Dios que se hace presente en la historia humana.

Un mensaje que nos confirma que “otro Dios es posible” el revelado por Jesús a través de sus palabras y sus acciones; “otra Iglesia es posible” cuyo modelo de inclusividad y equidad es la comunidad de hombres y mujeres que Jesús formó en torno a sí, dejándoles su ejemplo; “”otro mundo es posible” inclusivo y solidario por el que Jesús entregó su vida.

Este servicio de la comunidad eclesial a la sociedad, no puede quedar limitado a declaraciones, anuncios o comunicados; nos dice Juan en el prólogo de su evangelio “la Palabra se hizo carne” (1,14); por lo tanto, la comunidad eclesial está llamada a hacer que sus palabras sean acciones. No puede haber una verdadera evangelización, un testimonio serio, si no está acompañado de acciones concretas que liberen e incluyan: movilizando (Mateo 9,1-7); devolviendo vida (Mateo 9,18-19.23-26) plena, digna y abundante, permitiendo ver (Mateo 9,27-31), devolviendo voz (Mateo 9,32-34)…  Esta es la característica de una Iglesia comprometida con el Evangelio de Jesucristo

2.2.        La dirigencia eclesial al servicio de la comunidad y de la sociedad:

Los dirigentes eclesiales no somos señores ni maestros. A muchos líderes les gusta que le llamen pastor, padre, monseñor, reverendo … a muchos líderes religiosos les gusta utilizar ropas que les distinga del resto, ornamentos que dejen en evidencia el cargo que ocupan en la comunidad… a muchos líderes religiosos les gusta ocupar lugares de honor en las actividades comunitarias, por ejemplo las cabeceras de las mesas, el lugar más destacado en los cultos … Jesús ya nos enseñó sobre ese tipo de liderazgo (23,1-36).

Los dirigentes eclesiales somos hermanos y hermanas a los que se nos confía una misión, confirmar en la fe y cuidar a la comunidad que lideramos (cf 1 Timoteo 3,1-7; Tito 1,6-9; 1 Pedro 5,1-4) y servirla siguiendo el ejemplo de Jesús (Mateo 20,25-28).

2.3.        Diversidad Cristiana, una experiencia al estilo de la Iglesia Apostólica:

En nuestros poco más de tres años de vida eclesial, hemos ido construyendo una comunidad que trate de asemejarse a aquella que formó Jesús en torno a sí. Esta experiencia ha requerido mucho esfuerzo de análisis e investigación, de revisión y de renuncia a nuestras tradiciones, las que traíamos de nuestras iglesias de origen. También nos ha generado conflictos con líderes religiosos de otras comunidades a las que hemos escandalizado por nuestro retorno a los orígenes, por nuestra adaptación de la liturgia al contexto en el que nos encontramos, por nuestra teología poco cristiana y mucho más jesusiana.

En Diversidad Cristiana sentimos el desafío de transitar de lo sagrado a lo profano. Ir a nuestras raíces, en aquellas comunidades de la iglesia antigua en el primer siglo, aprender de ellas el seguimiento del Maestro, comprender como ellas la fe apostólica para comunicarla a la sociedad y la cultura del siglo XXI. Entendemos que este es nuestro servicio en el contexto en el que nos encontramos: generar espacios inclusivos y solidarios, donde compartamos la vida cotidiana a la luz de la experiencia de fe.

En esta celebración, sentimos la invitación de Jesús a transformar lo profano en sagrado, asumiendo el compromiso de servicio solidario, desinstalarnos de nuestros espacios sagrados para instalarnos en espacios profanos, dejar la mesa del culto para ir a servir a quienes lo necesiten; como en otro tiempo, él dejó la mesa para lavar los pies de sus amigos.

Jueves Santo, 2013.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

domingo, 24 de marzo de 2013

Inicia la Semana Santa: ¡Ni palmas ni olivos sino derechos y dignidad!



Lucas 19,28-47

Este texto es común a los cuatro evangelios. Podemos encontrarlo en Mateo 21,1-17; Marcos 11,1-19; Juan 12,12-19; 2,13-22).


El texto y su contexto:

El evangelista aporta unos datos geográficos interesantes en los versículos 28-29. Betfagé era una aldea cercana a Jerusalén, camino a Betania. Betania se encontraba ubicada a unos 3 kilómetros al este de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de los Olivos, un cerro que estaba próximo a la ciudad santa. El escenario geográfico entonces, es el entorno de Jerusalén, la ciudad que el rey David había elegido como capital del Reino, el lugar donde se encontraba el Templo, residencia del poder político y religioso.

Los sucesos descritos en los versículos 30-34 nos remiten a la profecía de Zacarías (9,9-10) destacando el carácter humilde del Mesías. Jesús no entra en un caballo como lo haría un rey o un personaje poderoso, ni en un carro de guerra como lo haría un guerrero (cf Éxodo 14.9; Zacarías 1,7-11) sino montado en un burro dejando evidenciar su carácter pacífico (cf Isaías 9,6).

Pero según la profecía de Zacarías, el Mesías no era solo un rey pacífico que unificaría los reinos divididos, del norte y del sur (cf Jeremías 3,18; Ezequiel 37,15-28), sino un rey universal (cf Salmo 72 (73),7-8; Isaías 2,1-5; 11,6-9; Oseas 2,18; Miqueas 4,1-4).

Los versículos 35-38 presentan a la multitud aclamando al rey mesiánico (cf 2 Reyes 9,13), peregrinos venidos de todas partes, tengamos en cuenta que la proximidad a la Pascua, hacía que muchas caravanas provenientes de distintos lugares llegaran a Jerusalén, que por otra parte no estaba en poder de las autoridades judías sino de las autoridades romanas.

Los cánticos en boca de la multitud hacen referencia al salmo 118 (119),26. Un texto que se utilizaba para saludar a los peregrinos que llegaban a Jerusalén, pero que inicialmente, era un saludo al rey de Israel cuando éste iba al Templo. Por lo que resulta muy significativo que en este contexto se le aplique a Jesús.

Los versículos 39-40 hacen explícito el conflicto entre los fariseos y Jesús. Ellos no se molestan por los cánticos de los peregrinos en sí, sino porque se dieron cuenta que estaban reconociendo en Jesús, al Mesías. La respuesta de Jesús a los fariseos es categórica. No era necesario que sus seguidores le aclamaran. El propio contexto evidenciaba que él era el rey mesiánico al que aludían todas las profecías.

Los versículos 41-44 aumentan la tensión entre Jesús y los fariseos. Por el camino que iba del Monte de los Olivos a Jerusalén se contemplaba un panorama imponente de la ciudad santa. Jesús llora frente a esa vista. Anteriormente (Lucas 13,31-35) Jesús reconoce que en ella se mata a los profetas de Dios (cf 1 Reyes 19,10; Jeremías 2,30; 26,20-23), se niega la protección y al amparo divino, por lo que se estarían cumpliendo las profecías de Isaías (29,3), Jeremías (6,6) y Ezequiel (4,2) porque Israel se negó a la visita divina. Tanto en hebreo como en griego, el vocablo “visitar” hace referencia a la intervención salvadora de Dios (cf Éxodo 20,5; 32,34; Salmo 59 (60),5 (6); Isaías 10,12). Es decir que Israel rechazó la intervención salvadora (= liberadora) de Dios realizada por medio de su enviado, Jesús el Mesías. En el año 70 dC el ejército romano sitia Jerusalén y la destruye por completo, incluido el Templo. Es altamente probable, que Lucas tuviera muy presente este acontecimiento de la historia de Israel, al poner en boca de Jesús, los versículos 43-44.

Si bien los versículos 28-44 demuestran simbólicamente que Jesús es el Mesías; los versículos 45-48 demuestran simbólicamente su autoridad mesiánica.

Jesús ingresa al atrio exterior del Templo, el lugar donde podían entrar las personas que no eran judías. En ese lugar se encontraban también los comerciantes que vendían animales para los sacrificios y cambiaban monedas extranjeras, que eran consideradas impuras, por monedas de Tiro, que eran las únicas aceptadas para las ofrendas o el pago de impuestos para el Templo (cf Mateo 17,24). Este negocio, que era legítimo en sí mismo, se prestaba para grandes abusos (versículo 46 cf Isaías 56,7; Jeremías 7,11).

Este escándalo, no pasó desapercibido al poder religioso (maestros de la ley, fariseos y sacerdotes) ni tampoco al poder político militar (la guardia romana apostada en la fortaleza Antonio, a escasos metros del lugar donde estaban sucediendo estas cosas):

Desde ese momento, Jesús enseñaba todos los días en el Templo (Lucas 21,37; 22,53; Juan 18,20) pero sus enseñanzas inquietaban aún más al poder político y al poder religioso:
-       La autoridad de Jesús y el bautismo de Juan (Lucas 20,1-8) enfrentándose a los maestros de la ley, los sacerdotes y los ancianos.
-       La parábola de los labradores malvados (Lucas 20,9-19) enfrentándose con los maestros de la ley y los sacerdotes.
-       Sobre el impuesto a Roma (Lucas 20,20-26) enfrentándose a los enviados de los maestros de la ley y los sacerdotes.
-       Sobre la resurrección de los muertos (Lucas 20,27-40) enfrentándose a los saduceos.
Esta tensión llevará a que el poder religioso y el poder político se alíen para buscar la forma de matar a Jesús (versículo 47).


El texto en nuestro contexto:

La celebración de ramos no puede quedar ligada al hecho anecdótico de bendecir unos ramos de laurel, olivo o palmera, luego de haber destruido árboles, atentando contra nuestro medio ambiente, y sacudirlos en alto en el templo cantando: “Hosanna al hijo de David. Hosanna al rey de Israel. Bendito el que viene en nombre del Señor”. Esos gestos y esas palabras nos remiten directamente al plan liberador de Dios que nos revela Jesús el Mesías (= Enviado) de Dios.

Al inicio de esta semana que llamamos santa, por los acontecimientos que recordamos: la detención, la tortura, el juicio injusto, la condena a muerte, la ejecución en cruz y su resurrección, las comunidades cristianas tenemos que revisar nuestro actuar ¿estamos participando de la misión mesiánica de Jesús de Nazaret o estamos instaladas en el sistema de privilegios que otorga el poder? ¿somos cuestionadas por las personas oprimidas, excluidas y discriminadas o por el sistema político y religioso de nuestro tiempo? ¿estamos con Jesús y el mundo marginado o estamos contra Jesús y el mundo marginador?

Durante siglos hemos recordado con una serie de ritos, que en la actualidad no dicen absolutamente nada, a la sociedad y la cultura contemporáneas, y por eso son necesarios explicarlos cada año, los acontecimientos que conmemoramos esta semana. Entonces, no sólo es necesario que revisemos nuestra experiencia de discipulado, sino también la forma en que comunicamos nuestra experiencia de fe. La forma, es la que también da testimonio a la sociedad y la cultura, de qué somos y quienes somos las comunidades cristianas.

Por otra parte, ¿estamos diciendo a la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, lo mismo que Jesús dijo a la de su tiempo?.

Jesús se presentó montado en un  burro, un animal de carga, dio un claro mensaje que no era poderoso y que no era un rey temporal. A lo largo de la historia, la Iglesia lo ha presentado como Señor de Señores, Rey de Reyes y de esa forma quienes debían servir, siguiendo el ejemplo del Maestro, se transformaron en servidos por otras personas. En Diversidad Cristiana, entendemos que el carácter humilde que Jesús marcó al entrar en la ciudad santa, identificando su ministerio mesiánico de esa manera, debe de ser el carácter que rija a esta comunidad que quiere seguir su ejemplo de humildad y pacifismo.

Jesús se presentó como el mesías que podía unificar los dos reinos y atraer a otros pueblos hacia Dios. A lo largo de la historia, la Iglesia lo ha presentado como el Dios que prefiere a los cristianos y dentro del cristianismo al catolicismo romano, generando dogmatismos y fundamentalismos que en lugar de unir dividieron aún más al cristianismo. En Diversidad Cristiana, entendemos que el carácter universal que Jesús marcó a su ministerio mesiánico, en lugar de excluir incluye, en lugar de fragmentar une, en lugar de condenar salva. Así como él recibió a todas las personas de las más diversas procedencias y así formó su comunidad, en Diversidad Cristiana preferimos apostar a la unidad en la diversidad porque libera, en lugar de la unificación que se impone y avasalla derechos y dignidades.

Jesús se presentó como el creyente celoso del Templo, porque era un lugar sagrado que había sido convertido, por aquellas personas encargadas de cuidarlo, en un lugar profano y de abusos. A lo largo de la historia, la Iglesia se ha dedicado a cuidar de los templos de piedra, descuidando aquellos templos que son residencia del Espíritu Santo: las personas. En Diversidad Cristiana, entendemos que Jesús nos urge con su ejemplo, a cuidar de aquellas personas que son vulneradas en sus derechos y su dignidad, muchas veces por el propio sistema religioso, porque son imagen y semejanza divina (Génesis 1,26-27) portadoras del Espíritu (Génesis 2,7) y templos del Espíritu Santo (1 Corintios 3,16); aunque eso sea un escándalo para muchos que dicen hablar en nombre de Dios y representarle.

En Diversidad Cristiana reconocemos en Jesús de Nazaret, aclamado por las personas del pueblo de su tiempo como el Enviado de Dios, el único modelo a seguir, dando testimonio a la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, de los valores del Reino que él anunció, por eso, no levantamos ramas de olivo, ni de laurel, ni de palmas, sino que ponemos en alto, los derechos y la dignidad de todas las personas, en todos los lugares y en todos los tiempos. Trabajamos por una sociedad y una cultura sin exclusiones, sin discriminaciones, sin opresiones y nos comprometemos a que esta utopía comience hoy a ser realidad en el seno de nuestra propia comunidad eclesial.


Buena semana santa para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
Domingo de Ramos, 2013.