Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 27 de enero de 2013

Tercer domingo después de Epifanía: la iglesia enviada a continuar la misión de Jesús





La Iglesia enviada a continuar la misión de Jesús
Lucas 4,14-21

El relato evangélico que nos propone la liturgia para este domingo es radicalmente escandaloso, presentando al Enviado de Dios tomando partido por las personas empobrecidas, privadas de libertad, enfermas y oprimidas.


El texto en su contexto:

El Evangelio es buena noticia para unas personas pero mala noticia para otras personas. Las personas empobrecidas, las privadas de libertad, las oprimidas (Lucas 4,18) son destinatarias de la buena noticia: Dios toma partido por ellas (Lucas 4,19 cf. Isaías 61,1-2; Éxodo 21,2; Deuteronomio 15,1.12; Levítico 25,8-16). Pero, para quienes causan la pobreza, privan de libertad y oprimen, el Evangelio de Jesús es mala noticia (Lucas 6,24-26), porque les enfrenta al juicio divino.

La misión de Jesús no es neutral. Todo su ministerio está dirigido a quienes están vulnerados en sus derechos y su dignidad (Lucas 4,31-37. 38-39. 40-41; 5,12-16. 17-26; 6,6-11; 7,1-10. 11-17. 36-50; 8,26-39. 40-56; 9,37-43; 13,10-17; 14,1-6; 17,11-19; 18,35-43). La actividad misionera de Jesús es revelar la presencia del Reinado de Dios que se inaugura en la historia humana (Lucas 7,22-23). Un Reinado que altera radicalmente el orden establecido.

Jesús, el elegido de Dios (Lucas 3,22) no defiende el orden establecido, lo altera radicalmente (Lucas 6,20-23) y denuncia la injusticia, la falta de solidaridad, la discriminación y la opresión.


El texto en nuestro contexto:

Más de mil ochocientos años de cristianismo han anestesiado al movimiento de Jesús, sin embargo, el Espíritu continúa haciendo resurgir, discípulas y discípulos, que envestidos del don de la profecía, son enviados y enviadas a la sociedad y la cultura, para continuar con la misión de Jesús.

Si somos la Iglesia de Jesús, no podemos eludir el ser enviados y enviadas a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, en nuestra sociedad y nuestra cultura.

La Iglesia no es la comunidad de quienes celebran la memoria de Jesús en templos, sino la comunidad de quienes mantienen viva su palabra y su acción, entre las personas discriminadas, oprimidas y excluidas, llevando la buena noticia, liberadora e inclusiva (Lucas 7,22-23) a todos los rincones de la sociedad y la cultura donde se encuentra inserta.

La Iglesia no es la comunidad de quienes se alían con las personas poderosas, sino la comunidad profética que denuncia a los poderosos de este mundo, porque causan pobreza, privación de libertad y opresión (Lucas 11,37-53).

La Iglesia no es la comunidad de las personas justas, sino la comunidad de las personas que fueron justificadas (Hechos 10,34).

El relato evangélico de hoy, nos enfrenta a la situación de tener que elegir, entre el cristianismo y el discipulado. La iglesia que no toma posición a favor de las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, la que no alza su voz en defensa de las personas discriminadas y excluidas, la que se encierra en los ritos y los templos, la que mantiene sus privilegios mientras que multitudes no acceden a una vida plena y digna; esa iglesia no es la Iglesia de Jesús.

La verdadera Iglesia, no importa su denominación, es la que subsiste como movimiento ecuménico y periférico, junto a todas las personas “desafiliadas” sociales, culturales, económicos, religiosos … es la que continúa la misión de Jesús, anunciando que otro mundo es posible y realizable: “el año favorable del Señor” (Lucas 4,19).


Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

domingo, 20 de enero de 2013

Segundo domingo después de Epifanía: el Reino es una alegre fiesta a la que somos convocados y convocadas.


Las bodas de Caná
Juan 2,1-12

Seguramente, muchos sermones pondrán énfasis en el rol de María como intercesora, otros en el anuncio profético de Jesús sobre su muerte; interesantes temas para la reflexión pero muy alejados del mensaje de este relato evangélico.

El texto en su contexto.

Un primer aspecto es tener en cuenta que el evangelio de Juan, no es un documento histórico sino eminentemente teológico; los otros tres evangelios nada relatan respecto a este acontecimiento.

Un segundo aspecto es dejar de lado los personajes, que en el relato son secundarios y centrarnos en los objetos, y situarnos en la audiencia a la que Juan escribe, para poder entender el contenido del texto:

1-     El banquete de bodas.

El evangelio de Juan inicia la actividad mesiánica de Jesús con un banquete (2,1-12) en Caná de Galilea y finaliza su actividad mesiánica con otro banquete (13,1-20) en Jerusalén.

Para las comunidades cristianas, el banquete era símbolo del Reino (Mateo 8,11; 22,2-14; 25,1-12; Lucas 14,16-24).

En la tradición judía, todas las bodas se celebraban con un banquete y las comunidades cristianas, la referían al Reino en su plenitud (Apocalipsis 19,7-9).


2-     Se terminó el vino (Juan 2,3).

El vino tiene una relación directa con la alegría. Al terminarse el vino en el banquete de bodas se acabó la fuente de alegría.

El vino era el producto de la vid, y el pueblo judío se sentía representado en la vid (Deuteronomio 8,7; Isaías 5,1-7; Ezequiel 17,1-10; Mateo 20,1-15; 21,28.33-46; Lucas 13,6-9).


3-     Las tinajas vacías (Juan 2,6).

Las tinajas eran utilizadas para el ritual de purificación del pueblo judío (Marcos 7,2-3). La purificación no se realizaba por razones de higiene sino de pureza ritual. Una práctica que los rabinos se encargaron de detallar puntualmente.

Pero estas tinajas estaban vacías. Ya no cumplían con la finalidad para la cual habían sido creadas. Eran símbolo de una religión que se había agotado, resecado, ya no era motivo de alegría para el pueblo.


4-     El agua convertida en vino (Juan 2,7-10).

Jesús pide que las llenen de agua (versículo 7). Las vasijas llenas de agua representaban la práctica del rito de purificación del pueblo judío. Pero al sacar su contenido comprueban que es vino y del bueno (versículo 10) que representa la novedosa presencia del Reino de Dios revelada por Jesucristo, reemplazando el ritual y las leyes antiguas, que restablecen el gozo y la alegría en el pueblo.

5-     Un pueblo testigo del Reino.

El pueblo judío, que tenía la misión de señalar la Alianza liberadora de Dios, motivo de gozo para todas las personas que formaban parte, había perdido el rumbo, y se había rodeado de normas y ritos que en lugar de liberar oprimían (Mateo 11,28).

El movimiento que se forma en torno a la persona de Jesús de Nazaret, comienza a configurarse como el nuevo pueblo de la Nueva Alianza. La señal que caracteriza al movimiento de Jesús es el seguimiento radical de su Maestro, cuyo mensaje y práctica liberan y dignifican a las personas (Matero 11,29-30).


El texto en nuestro contexto.

En tiempos de postmodernidad, la Iglesia transita dividida y confundida. Algunas comunidades cristianas se han aferrado a rituales antiguos, a creencias epocales, a enseñanzas anacrónicas y continúan imponiéndolas con posturas dogmáticas y fundamentalistas. En lugar de anunciar a la sociedad y la cultura del siglo XXI, el alegre mensaje de la presencia del Reino, se esfuerzan en mantenerse en sus dogmatismos deshumanizantes y opresores.

Desde Diversidad Cristiana, les proponemos retomar el camino del seguimiento radical de Jesús, comprometido con el Reino y sus manifestaciones de justicia, solidaridad, derechos y dignidad. Un camino que libera y dignifica, porque Jesús es quien nos guía. Un camino de gozo y de alegría, porque Jesús nos acompaña.

El mensaje del relato evangélico de las Bodas de Caná, nos desafían a renovar nuestra fe en Jesús de Nazaret, el rostro visible de Dios liberador y sanador, comunicador de gozo y alegría para su pueblo.

Los rituales y los ritos, las leyes y las normas, son producto de una época determinada; son instrumentos para normatizar, en el caso de la Iglesia, la fe y su expresión. Pero si estos rituales y ritos, leyes y normas no producen alegría, no nos conectan con la novedad del Reino, entonces, es que se agotaron como las tinajas vacías.

Sentimos el inmenso desafío de convertirnos en vino nuevo, para comunicar alegría a la sociedad y la cultura contemporáneas. Sabemos que no transitamos en soledad esta misión. Están surgiendo en diversos lugares pequeñas comunidades que, fuera de la Iglesia institucional, conforman el movimiento de Jesús, una Iglesia que el Espíritu convoca desde la periferia y en la periferia, para mantener viva la esperanza del Reino.

Que nadie quede fuera de la fiesta, Dios nos convoca a todos y todas!


Buena semana a todas y todos.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
 


domingo, 13 de enero de 2013

Primer domingo de Epifanía - El bautismo de Jesús nos interpela sobre nuestro propio bautismo




Primer domingo de Epifanía – Bautismo de Jesús
Lucas 3,15-17.21-22

Jesús, ya adulto, tomó la decisión de ser bautizado (Lucas 3,21). El bautismo de Jesús fue la preparación de su ministerio. Un ministerio de consuelo y esperanza para su pueblo (Isaías 43,1-7). A partir de ese momento, Jesús experimentó la elección y el envío de Dios (Lucas 3,22).

El texto en su contexto.

El relato evangélico, está cargado de contenido teológico: el pueblo se encontraba oprimido por el imperio romano (Lucas 3,1), Juan se encontraba con el pueblo a orillas del Jordán, el mismo lugar por donde las tribus hebreas tomaron posesión de la tierra prometida (Deuteronomio 3,1-17), en el pueblo estaba latente la promesa de Yavé a Moisés, el surgimiento del profeta (Deuteronomio 18,15-22), de hecho le preguntan a Juan si él era el enviado (Lucas 3,15), el rito bautismal tenía un doble mensaje, por un lado significaba el baño ritual para purificarse (Lucas 3,3) y por otro lado les evocaba el acontecimiento liberador del éxodo, cuando oprimidos por otro imperio cruzaron el Mar Rojo en busca de libertad en la tierra prometida (Éxodo 13,17- 14,31), la voz que habla a Jesús (Lucas, 3,22) es la misma que hablaba con Moisés y se manifestó en el Sinaí (Éxodo 19 – 24).

En este escenario histórico teológico, al ser bautizado Jesús, experimenta la elección de Dios (Génesis 22,2; Salmo 2,7; Isaías 42,1).

El texto en nuestro contexto.

Hace tiempo atrás, también nosotras y nosotros fuimos bautizados. La mayoría no tomamos la decisión ni tuvimos la posibilidad de elegir. Fue una decisión de nuestros padres, movidos por fe o por tradición, en una Iglesia que lejos de anunciar la liberación de la opresión nos ató a dogmas, cánones y ritos.

Por el bautismo pasamos a formar parte de la Iglesia pero no del movimiento de discípulas y discípulos de Jesús. No fuimos bautizados por fe sino por tradición. No fue un acto libre de nuestra voluntad sino una costumbre impuesta. 

Las cristianas y los cristianos en la actualidad debiéramos revisar nuestras prácticas: ¿por qué seguir bautizando niños y niñas, imponiéndoles una obligación que no eligieron?; ¿por qué seguir siendo miembros de una institución a la que no elegimos pertenecer?; ¿por qué no dejar que nuestros niños y niñas, cuando lleguen a la vida adulta, experimentando el testimonio de nuestra fe, opten libremente por el bautismo?; ¿por qué no desafiliarnos de la institución a la que nos hicieron miembros sin consultarnos, y afiliarnos en aquella en que sentimos que nuestra experiencia de fe es más plena?; ¿qué está sucediendo con nuestra experiencia de fe? ¿realmente tenemos fe? …

El bautismo de Jesús nos interpela sobre nuestro propio bautismo. 

Las cristianas y los cristianos en la actualidad debiéramos ser testigos, ante la sociedad y la cultura, del Evangelio de Jesucristo, una buena noticia de liberación que toma partido por las personas pobres, discriminadas, oprimidas y excluidas (Lucas 7,18-23).

Si no estamos trabajando en la construcción de ese otro mundo posible, que Jesús llamó Reino (Lucas 16,21) ¿de quién somos testigos?; ¿a qué maestro estamos siguiendo?; ¿en qué nos diferenciamos del resto de la humanidad, para que puedan experimentar y comprobar la validez de nuestro testimonio (Hechos 2,44-47; 4,32-35).

Podría resaltar las muchas cosas buenas que compartimos con nuestros familiares, nuestras amistades, pero sobre eso ya nos advirtió Jesús (Mateo 5,46-47); eso nos hace buenas personas pero no sus discípulos o discípulas.

Las comunidades cristianas tenemos la misión de ser sal y luz para el mundo (Mateo 5,13-16), comunicando el novedoso y escandaloso mensaje que inició Jesús en Nazaret de Galilea y que hizo suyo la Iglesia de la antigüedad (Hechos 10,34).

Buena semana para todas y todos.
+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

domingo, 6 de enero de 2013

Domingo de Epifanía.





Epifanía es un término griego que significa revelación, manifestación. Lo que celebramos hoy, es la manifestación de Dios a todos los pueblos, a todas las personas, a toda la humanidad.



El relato del Evangelio de Mateo, pertenece a los relatos de la infancia de Jesús. Son relatos teológicos y no históricos, por eso es importante que al leerlo nos preguntemos ¿qué quiso decirle el autor sagrado a la comunidad destinataria del Evangelio? Y pregunta seguida ¿qué le está diciendo este relato, a las comunidades cristianas del siglo XXI?.



En primer lugar, el relato de Mateo 2,1-12 pareciera que es una relectura del texto del profeta Isaías en 60,1-6. Los sabios de oriente, personas paganas que no eran parte del pueblo elegido, descritos en Mateo, tienen su correlato en los pueblos paganos que van a Jerusalén a adorar a Dios (Mateo 2,1 cf. Isaías 60,3-4). El pueblo hebreo, creía que las promesas divinas eran para su propia bendición, no llegando a comprender realmente, que a través de él se estaba bendiciendo la humanidad (Génesis 12,2). La misión de Israel no era poseer en exclusividad la bendición divina, sino ser el canal por el cual esta bendición llega a toda la humanidad. Pero Israel no lo entendió así.



La respuesta a la primera pregunta:



El autor sagrado, pretendió transmitirle a una comunidad cristiana, muy influenciada por el judeocristianismo, que en Jesús, Dios con nosotros y nosotras, y entre nosotros y nosotras (Isaías 7,14), se bendecía toda la humanidad (Efesios 3,6), los judíos y los no judíos, el pueblo de la Alianza y los pueblos paganos. Este es el proyecto divino: que toda la humanidad, sin excepción, participe de la bendición divina.



La respuesta a la segunda pregunta:



La Iglesia, en cuanto el movimiento de Jesús que mantiene viva su memoria, durante muchos siglos se ha creído predilecta, elegida, depositaria de las promesas divinas. La consecuencia ha sido discriminación, fomento de odio y persecución, opresiones y exclusiones a todo lo diferente a ella.



La Iglesia olvidó su misión. Ella no es el verdadero pueblo de Dios. Ella no es depositaria de la verdad absoluta. Ella no es maestra de la humanidad, porque Maestro hay uno solo. La Iglesia es servidora, está llamada a servir a la humanidad, dando testimonio de Jesús, compartiendo con su palabra y sus acciones, las palabras y acciones de la cual es heredera.



La misión de la Iglesia en el mundo es dar testimonio de que Dios no hace diferencia entre las personas (Hechos 10,34), de que toda la humanidad está llamada a la vida plena, digna y abundante, celebrada en torno a la mesa de los derechos y la dignidad.



El mensaje de Epifanía 2013:



“Cristo es nuestra paz” (Efesios 2,14). Jesús es el shalom de Dios. Este concepto incluye la reconciliación de la humanidad con Dios, pero también consigo misma. En Jesús y por Jesús, toda la humanidad está unida en un solo y único pueblo, el pueblo que goza de la bendición divina.



Las comunidades cristianas del siglo XXI, al igual que los sabios de oriente (Mateo 2,1), tenemos que contemplar los signos a través de los cuales Dios, continúa revelándose a las mujeres y los hombres en la actualidad. Identificar eses signos, esos acontecimientos, es lo que da vigencia al Evangelio. No podemos, ni debemos, continuar repitiendo relatos mitológicos. No podemos ni debemos, continuar repitiendo fundamentalismos y dogmatismos. “En Cristo tenemos libertad para acercarnos a Dios” (Efesios 3,11).



Las comunidades cristianas del siglo XXI, al igual que los sabios de oriente (Mateo 2,2), tenemos que dialogar con la sociedad y la cultura, sobre los acontecimientos en los que Dios se va revelando en la actualidad. No podemos ni debemos, continuar imponiendo fundamentalismos y dogmatismos, que hoy en día son difíciles de sostener. Las comunidades cristianas, tenemos que entrar en diálogo con la ciencia y la tecnología; con la diversidad de expresiones culturales; con las diferentes comunidades de fe pues todas tienen algo para aportar.



Las comunidades cristianas del siglo XXI, al igual que los sabios de oriente (Mateo 2,12) tenemos que optar por la verdad y la justicia, aunque eso signifique, abandonar el camino de los poderes políticos y religiosos.





Feliz domingo de Epifanía.

Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

6 de enero de 2013.