Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

sábado, 28 de septiembre de 2013

A Dios rogando y con el mazo dando - Lucas 16,19-31



1.    El texto en su contexto:

Esta parábola es propia de Lucas ya que no se encuentra en el resto de los Evangelios, es la historia de dos hombres.

Uno rico, que se vestía con ropa teñida de morado que vestían los reyes y los poderosos, y ofrecía banquetes a diario (versículo 1), denominado “epulón” que se traduce por “banqueteador”. Otro pobre, llamado Lázaro, un nombre de raíz hebrea que significa “Dios ayuda” (el ´azar), que estaba llano de llagas y cuya aspiración era saciar su hambre con la comida que caía de la mesa del hombre rico, pero nadie le hacía entrar ni le alcanzaba lo que caía al piso, para colmos, unos perros lamían sus llagas. Los perros eran considerados animales despreciables e impuros en la cultura judía (Salmo 22,16-21; Proverbios 26,11; Mateo 7,6), por lo tanto, Lázaro, además de mendigo era impuro, doble causa de exclusión (versículos 20-21).

La parábola cuenta que ambos hombres mueren. El pobre Lázaro es conducido por los ángeles, esto no es común en la literatura judía y hace referencia al gran honor de la persona (Judas 9), hasta el seno de Abraham (1Reyes1,21; 2,10; 11,21). Esta expresión, significa en la cultura judía, que tiene un lugar de preferencia en el banquete (Juan 13,23) ya que en las comidas solemnes, los comensales se recostaban en divanes, apoyados sobre su tronco, estar a su lado o en su seno, significaba que estaban juntas, permitiéndoles conversar. Por lo tanto, nos cuenta la historia, que Lázaro, marginado e impuro se encontraba junto a Abraham, el padre de la fe judía, el fundador del pueblo. Mientras tanto, el rico epulón (= banqueteador) fue enterrado (versículo 22), encontrándose en el Hades, según el Nuevo Testamento que reemplazó al concepto del Seol del Antiguo Testamento, el lugar donde los muertos esperaban el juicio, según la cultura judía. La parábola continúa contando, que el hombre rico vio a lo lejos al hombre pobre, llamado Lázaro, junto a Abraham (versículo 23).

Entonces se produce el diálogo entre el hombre rico y Abraham (versículos 24 – 31). Un diálogo caracterizado por la súplica del hombre rico y las categóricas respuestas de Abraham: Lázaro no puede aliviar tu sed (versículos 25-26), tu familia ya tiene las Escrituras para obedecer (versículos 27-29), en las Escrituras encontrarán lo necesario para la salvación y no necesitan prodigios (versículos 30-31).

La enseñanza que pretende transmitir el evangelista a su audiencia, es que, cualquier persona que esté dispuesta a leer y entender las Escrituras, tiene más que suficiente información para que vea su pecado y la manera de buscar la salvación.

2.     El texto en nuestro contexto:

Contrario a lo que afirman algunas Iglesias y algunos predicadores, la parábola no enseña la “resignación cristiana”, tampoco el premio a las personas buenas y el castigo a las personas malas en otra vida. La parábola del rico epulón y el pobre Lázaro tiene un mensaje concreto para “los cinco hermanos que sobrevivieron al hombre rico”. Esos cinco hermanos somos nosotros y nosotras a quienes se nos dieron las Escrituras para, en diálogo con nuestro contexto, discernir la voluntad de Dios.

La acumulación de riquezas genera injusticias, porque los bienes son limitados pero las necesidades humanas no, entonces, cuando alguien tiene más de lo que necesita para vivir, no importa si diez pesos más o mil millones más, es porque alguien tiene menos para llevar una vida digna, plena y abundante como la que Jesús nos enseñó (Juan 10,10).

Esta acumulación de riquezas, sino está puesta al servicio de quienes menos tienen es un  pecado grave, más para nosotros y nosotras personas de fe (1Juan 4,19-21).

Frente a tanta injusticia, producto de la desigualdad y el reparto no equitativo y no solidario de la riqueza, la Iglesia tiene la misión de levantar su voz profética, en primer lugar al interior de sus propias comunidades y en segundo lugar en la sociedad y la cultura, denunciando la violación a los Derechos Humanos y la dignidad humana de millones de personas, que en todo el mundo se encuentran por debajo de la línea de la pobreza; millones de personas que sobreviven en condiciones inhumanas e indignas.

Diversidad Cristiana, como parte de la Iglesia de Jesucristo, estamos llamados y llamadas a trabajar un mundo más justo y solidario, aquí y ahora. Poner en la oración comunitaria a las personas en situación de calle, a las que comen en los contenedores de basura, a quienes no tienen trabajo y a tantas otras y no hacer acciones concretas, nos vuelve hipócritas igual que aquellos líderes religiosos a los que Jesús enfrentó.

Como decía mi abuela “a Dios rogando y con el mazo dando”

Buena semana para todos y todas.

+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.

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