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domingo, 17 de marzo de 2013

Quinto domingo de Cuaresma: Una Iglesia que siguiendo el ejemplo de Jesús, ni juzga ni perdona.

 

Quinto domingo de Cuaresma
Una Iglesia que siguiendo el ejemplo de Jesús, ni juzga ni perdona.
Juan 8,1-11

Este relato falta en los mejores y más seguros manuscritos. Los estudiosos bíblicos, plantean que no se encontraba originalmente en el Evangelio de Juan. Al parecer circulaba como un relato aislado. El vocabulario y el estilo no son propios de este evangelio, sino que tiene mayor semejanza con las narraciones de Lucas. Casi seguro, las comunidades cristianas de aquel entonces, para que no se perdiera este relato de Jesús y la mujer adúltera, aprovechando el contexto, que se desarrolla en los capítulos 7 y 8 del evangelio de Juan, lo colocaran ahí, prueba de ello es la interrupción que se da en 7,52 que retoma en 8,12; tal vez en una época tardía, debido a la rigidez de las comunidades cristianas frente al problema del adulterio (Mateo 19,19, Lucas 16,18; 1 Corintios 6,9-10, 2 Pedro 2,14; Hebreos 13,4).


1.   El texto en su contexto:

El relato nos genera muchas dudas.

“Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, a la que habían sorprendido cometiendo adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes, y dijeron a Jesús: —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres. ¿Tú qué dices?” (Juan 8,3-5)

Según la ley de Moisés, únicamente se aplicaba la pena de muerte en los casos que la mujer estuviera comprometida o casada (Levítico 20,10; Deuteronomio 22,22-24; cf otros textos: Éxodo 20,14; Levítico 18,20; Deuteronomio 5,18) y los textos son coincidentes tanto en Levítico como en Deuteronomio, ambos deben morir, el hombre y la mujer; entonces ¿por qué no aparece el hombre en el relato?.

Con respecto a la aplicación de la pena de muerte por parte de los judíos, tenemos relatos encontrados de si los romanos lo autorizaban o no; en Juan 18,31 pareciera que los romanos se reservaban el derecho de aplicar la pena de muerte, pero en Juan 8,59 pareciera que los judíos podían aplicar la pena de muerte (cf Lucas 4,29; 24,15-16), entonces, ¿los judíos podían aplicar la pena de muerte o no? o tal vez sólo en algunos casos ¿cuáles serían esos casos?.

Ellos preguntaron esto para ponerlo a prueba, y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo. 7Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: —Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra” (Juan 8,6-7).

La prueba a la que hace referencia el relato evangélico, también genera dudas.

Podría ser, si Jesús dijera que debe ser apedreada, entonces estaría violando una prohibición del imperio romano, o si dijera que no debe ser apedreada, entonces estaría violando un mandamiento de la ley mosaica; también podría ser, si Jesús dijera que debe ser apedreada, entonces no es tan misericordioso como dice, o si dijera que no debe ser apedreada, entonces no obedece la ley. Una situación similar encontramos en Marcos 12,13-17, en referencia al pago de impuestos al emperador romano.

Entendemos que el hecho de que Jesús escriba en tierra por dos veces (versículos 6 y 8) es un gesto de no involucrarse en la prueba o trampa que le estaban tendiendo los maestros de la ley y fariseos.

La respuesta de Jesús en el versículo 7 es más lapidaria que las piedras que pretendían arrojar sobre la mujer encontrada en adulterio, y para ello utiliza la misma ley mosaica, pues cuando alguien es acusado de adulterio, los testigos de la acusación son los responsables de arrojar las primeras piedras, quedando involucrados con esa ejecución y luego todo el pueblo (Levítico 24,10-16; Deuteronomio 17,2-7). De esta forma, la ley pretendía asegurarse que el testimonio dado fuera verdadero.

Un aspecto importante a tener en cuenta en este contexto, es que importa poco el pecado de la mujer, ella es simplemente la excusa para tender una trampa poniendo a prueba a Jesús. Si a los maestros de la ley y a los fariseos les hubiera preocupado el pecado cometido por la mujer, la habrían ejecutado sin consultar a Jesús. La razón de la consulta era encontrar una prueba para deshacerse de él.

Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oir esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están los que te acusan? ¿Ninguno te ha condenado? Ella le contestó: —Ninguno, Señor. Jesús le dijo: —Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar” (Juan 8,8-11).

Sin lugar a dudas, en el contexto patriarcal y machista de la sociedad y cultura de Jesús, esta mujer sorprendida en adulterio, seguramente estaba preparada a morir, nada que ella hiciera o dijera cambiaría el desenlace; sin embargo, la escena culmina con la mujer viva.

Recién cuando todos se retiran y Jesús queda sólo con la mujer, ella comienza a protagonizar la escena; recién ahí Jesús se preocupa por ella y le dedica su atención.

El punto de partida de la conversación entre Jesús y la mujer, no fue su pecado, sino la acusación que pesaba sobre ella: “Mujer ¿dónde están los que te acusan?”.

El relato es claro y responde a la pregunta de los maestros de la ley y fariseos, Jesús ni condena ni perdona, tal vez porque sabía que eso le corresponde únicamente a Dios, sin embargo la invita a no volver a pecar. El propio Jesús había afirmado “los que están buenos y sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan el significado de estas palabras: ‘Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios.’ Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mateo 9,12) y también: “el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo  que se había perdido” (Lucas 19,11 cf Ezequiel 34,16).


2.   El texto en nuestro contexto:

Sin lugar a dudas, las comunidades eclesiales del siglo XXI continuamos enfrentadas con respecto al tema del adulterio.

Frente a las Iglesias que toman para sí el derecho de juzgar y condenar, arrogándose el poder de hablar en nombre de Dios, como lo hicieron los maestros de la ley y los fariseos de este episodio, Diversidad Cristiana, junto a otras Iglesias, seguimos el ejemplo de Jesús, no perdonamos ni juzgamos, porque para eso está Dios.

Entendemos que el rol de la Iglesia, en la sociedad y la cultura, es el mismo que tuvo Jesús en su contexto, anunciar la buena noticia, a quienes están catalogadas como personas “pecadoras”, “enfermas” y “perdidas” por quienes se encuentra en situación de poder.

Sin lugar a dudas, en una relación catalogada de adulterio están involucradas dos personas, sin embargo, aún ahora, la sociedad, la cultura y la religión fundamentalista y dogmática, continúa acusando a la mujer, producto del machismo y el patriarcado que se continúan en la reproducción cultural. Ya no se la lapida con piedras, sin embargo, las palabras, las actitudes, los gestos continúan lanzándose contra ellas, generando culpas, promoviendo opresión, vulnerando derechos y dignidad.

Siguiendo el ejemplo de Jesús, rechazamos todo juicio y condena. En Diversidad Cristiana abrimos un espacio acogedor para todas las personas, con el compromiso evangélico de trabajar por los derechos y la dignidad de las personas vulneradas, por la inclusión de las excluidas y por la liberación de las oprimidas.

Nos gozamos en recibir a quienes otras Iglesias excluyen, porque haciéndonos amigos y amigas de gente de “mala fama”, nos parecemos más a Jesús (Mateo 11,19 cf Lucas 7,34).


Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
Quinto domingo de Cuaresma.

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