Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 24 de marzo de 2013

Inicia la Semana Santa: ¡Ni palmas ni olivos sino derechos y dignidad!



Lucas 19,28-47

Este texto es común a los cuatro evangelios. Podemos encontrarlo en Mateo 21,1-17; Marcos 11,1-19; Juan 12,12-19; 2,13-22).


El texto y su contexto:

El evangelista aporta unos datos geográficos interesantes en los versículos 28-29. Betfagé era una aldea cercana a Jerusalén, camino a Betania. Betania se encontraba ubicada a unos 3 kilómetros al este de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de los Olivos, un cerro que estaba próximo a la ciudad santa. El escenario geográfico entonces, es el entorno de Jerusalén, la ciudad que el rey David había elegido como capital del Reino, el lugar donde se encontraba el Templo, residencia del poder político y religioso.

Los sucesos descritos en los versículos 30-34 nos remiten a la profecía de Zacarías (9,9-10) destacando el carácter humilde del Mesías. Jesús no entra en un caballo como lo haría un rey o un personaje poderoso, ni en un carro de guerra como lo haría un guerrero (cf Éxodo 14.9; Zacarías 1,7-11) sino montado en un burro dejando evidenciar su carácter pacífico (cf Isaías 9,6).

Pero según la profecía de Zacarías, el Mesías no era solo un rey pacífico que unificaría los reinos divididos, del norte y del sur (cf Jeremías 3,18; Ezequiel 37,15-28), sino un rey universal (cf Salmo 72 (73),7-8; Isaías 2,1-5; 11,6-9; Oseas 2,18; Miqueas 4,1-4).

Los versículos 35-38 presentan a la multitud aclamando al rey mesiánico (cf 2 Reyes 9,13), peregrinos venidos de todas partes, tengamos en cuenta que la proximidad a la Pascua, hacía que muchas caravanas provenientes de distintos lugares llegaran a Jerusalén, que por otra parte no estaba en poder de las autoridades judías sino de las autoridades romanas.

Los cánticos en boca de la multitud hacen referencia al salmo 118 (119),26. Un texto que se utilizaba para saludar a los peregrinos que llegaban a Jerusalén, pero que inicialmente, era un saludo al rey de Israel cuando éste iba al Templo. Por lo que resulta muy significativo que en este contexto se le aplique a Jesús.

Los versículos 39-40 hacen explícito el conflicto entre los fariseos y Jesús. Ellos no se molestan por los cánticos de los peregrinos en sí, sino porque se dieron cuenta que estaban reconociendo en Jesús, al Mesías. La respuesta de Jesús a los fariseos es categórica. No era necesario que sus seguidores le aclamaran. El propio contexto evidenciaba que él era el rey mesiánico al que aludían todas las profecías.

Los versículos 41-44 aumentan la tensión entre Jesús y los fariseos. Por el camino que iba del Monte de los Olivos a Jerusalén se contemplaba un panorama imponente de la ciudad santa. Jesús llora frente a esa vista. Anteriormente (Lucas 13,31-35) Jesús reconoce que en ella se mata a los profetas de Dios (cf 1 Reyes 19,10; Jeremías 2,30; 26,20-23), se niega la protección y al amparo divino, por lo que se estarían cumpliendo las profecías de Isaías (29,3), Jeremías (6,6) y Ezequiel (4,2) porque Israel se negó a la visita divina. Tanto en hebreo como en griego, el vocablo “visitar” hace referencia a la intervención salvadora de Dios (cf Éxodo 20,5; 32,34; Salmo 59 (60),5 (6); Isaías 10,12). Es decir que Israel rechazó la intervención salvadora (= liberadora) de Dios realizada por medio de su enviado, Jesús el Mesías. En el año 70 dC el ejército romano sitia Jerusalén y la destruye por completo, incluido el Templo. Es altamente probable, que Lucas tuviera muy presente este acontecimiento de la historia de Israel, al poner en boca de Jesús, los versículos 43-44.

Si bien los versículos 28-44 demuestran simbólicamente que Jesús es el Mesías; los versículos 45-48 demuestran simbólicamente su autoridad mesiánica.

Jesús ingresa al atrio exterior del Templo, el lugar donde podían entrar las personas que no eran judías. En ese lugar se encontraban también los comerciantes que vendían animales para los sacrificios y cambiaban monedas extranjeras, que eran consideradas impuras, por monedas de Tiro, que eran las únicas aceptadas para las ofrendas o el pago de impuestos para el Templo (cf Mateo 17,24). Este negocio, que era legítimo en sí mismo, se prestaba para grandes abusos (versículo 46 cf Isaías 56,7; Jeremías 7,11).

Este escándalo, no pasó desapercibido al poder religioso (maestros de la ley, fariseos y sacerdotes) ni tampoco al poder político militar (la guardia romana apostada en la fortaleza Antonio, a escasos metros del lugar donde estaban sucediendo estas cosas):

Desde ese momento, Jesús enseñaba todos los días en el Templo (Lucas 21,37; 22,53; Juan 18,20) pero sus enseñanzas inquietaban aún más al poder político y al poder religioso:
-       La autoridad de Jesús y el bautismo de Juan (Lucas 20,1-8) enfrentándose a los maestros de la ley, los sacerdotes y los ancianos.
-       La parábola de los labradores malvados (Lucas 20,9-19) enfrentándose con los maestros de la ley y los sacerdotes.
-       Sobre el impuesto a Roma (Lucas 20,20-26) enfrentándose a los enviados de los maestros de la ley y los sacerdotes.
-       Sobre la resurrección de los muertos (Lucas 20,27-40) enfrentándose a los saduceos.
Esta tensión llevará a que el poder religioso y el poder político se alíen para buscar la forma de matar a Jesús (versículo 47).


El texto en nuestro contexto:

La celebración de ramos no puede quedar ligada al hecho anecdótico de bendecir unos ramos de laurel, olivo o palmera, luego de haber destruido árboles, atentando contra nuestro medio ambiente, y sacudirlos en alto en el templo cantando: “Hosanna al hijo de David. Hosanna al rey de Israel. Bendito el que viene en nombre del Señor”. Esos gestos y esas palabras nos remiten directamente al plan liberador de Dios que nos revela Jesús el Mesías (= Enviado) de Dios.

Al inicio de esta semana que llamamos santa, por los acontecimientos que recordamos: la detención, la tortura, el juicio injusto, la condena a muerte, la ejecución en cruz y su resurrección, las comunidades cristianas tenemos que revisar nuestro actuar ¿estamos participando de la misión mesiánica de Jesús de Nazaret o estamos instaladas en el sistema de privilegios que otorga el poder? ¿somos cuestionadas por las personas oprimidas, excluidas y discriminadas o por el sistema político y religioso de nuestro tiempo? ¿estamos con Jesús y el mundo marginado o estamos contra Jesús y el mundo marginador?

Durante siglos hemos recordado con una serie de ritos, que en la actualidad no dicen absolutamente nada, a la sociedad y la cultura contemporáneas, y por eso son necesarios explicarlos cada año, los acontecimientos que conmemoramos esta semana. Entonces, no sólo es necesario que revisemos nuestra experiencia de discipulado, sino también la forma en que comunicamos nuestra experiencia de fe. La forma, es la que también da testimonio a la sociedad y la cultura, de qué somos y quienes somos las comunidades cristianas.

Por otra parte, ¿estamos diciendo a la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, lo mismo que Jesús dijo a la de su tiempo?.

Jesús se presentó montado en un  burro, un animal de carga, dio un claro mensaje que no era poderoso y que no era un rey temporal. A lo largo de la historia, la Iglesia lo ha presentado como Señor de Señores, Rey de Reyes y de esa forma quienes debían servir, siguiendo el ejemplo del Maestro, se transformaron en servidos por otras personas. En Diversidad Cristiana, entendemos que el carácter humilde que Jesús marcó al entrar en la ciudad santa, identificando su ministerio mesiánico de esa manera, debe de ser el carácter que rija a esta comunidad que quiere seguir su ejemplo de humildad y pacifismo.

Jesús se presentó como el mesías que podía unificar los dos reinos y atraer a otros pueblos hacia Dios. A lo largo de la historia, la Iglesia lo ha presentado como el Dios que prefiere a los cristianos y dentro del cristianismo al catolicismo romano, generando dogmatismos y fundamentalismos que en lugar de unir dividieron aún más al cristianismo. En Diversidad Cristiana, entendemos que el carácter universal que Jesús marcó a su ministerio mesiánico, en lugar de excluir incluye, en lugar de fragmentar une, en lugar de condenar salva. Así como él recibió a todas las personas de las más diversas procedencias y así formó su comunidad, en Diversidad Cristiana preferimos apostar a la unidad en la diversidad porque libera, en lugar de la unificación que se impone y avasalla derechos y dignidades.

Jesús se presentó como el creyente celoso del Templo, porque era un lugar sagrado que había sido convertido, por aquellas personas encargadas de cuidarlo, en un lugar profano y de abusos. A lo largo de la historia, la Iglesia se ha dedicado a cuidar de los templos de piedra, descuidando aquellos templos que son residencia del Espíritu Santo: las personas. En Diversidad Cristiana, entendemos que Jesús nos urge con su ejemplo, a cuidar de aquellas personas que son vulneradas en sus derechos y su dignidad, muchas veces por el propio sistema religioso, porque son imagen y semejanza divina (Génesis 1,26-27) portadoras del Espíritu (Génesis 2,7) y templos del Espíritu Santo (1 Corintios 3,16); aunque eso sea un escándalo para muchos que dicen hablar en nombre de Dios y representarle.

En Diversidad Cristiana reconocemos en Jesús de Nazaret, aclamado por las personas del pueblo de su tiempo como el Enviado de Dios, el único modelo a seguir, dando testimonio a la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, de los valores del Reino que él anunció, por eso, no levantamos ramas de olivo, ni de laurel, ni de palmas, sino que ponemos en alto, los derechos y la dignidad de todas las personas, en todos los lugares y en todos los tiempos. Trabajamos por una sociedad y una cultura sin exclusiones, sin discriminaciones, sin opresiones y nos comprometemos a que esta utopía comience hoy a ser realidad en el seno de nuestra propia comunidad eclesial.


Buena semana santa para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
Domingo de Ramos, 2013.


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