Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

lunes, 21 de mayo de 2012

Comentarios Queer a la Biblia: EXODO (quinta entrega)


LA ETAPA DEL SINAÍ

El libro del Éxodo cuenta la historia de la etapa en el Sinaí, cuando se pidió al pueblo, incluso enfrentados a su rebelión y sus luchas, que aceptara la alianza con Dios y las leyes que Moisés estaba promulgando, como mensajero divino. En ese momento, el pueblo realizó una afirmación peculiar de asentimiento. Dijeron, literalmente, “lo haremos y escucharemos” (24.7)

Después tomó el libro del pacto y se lo leyó al pueblo, y ellos dijeron:
- Pondremos toda nuestra atención en hacer lo que el Señor ha ordenado…

Por supuesto, de acuerdo con el sentido común, el orden de las palabras debería invertirse; deben oír antes de actuar. Los traductores han respondido a menudo a este problema, sugiriendo que el pueblo estaba realizando alguna forma de asentimiento enfático “efectivamente lo haremos”. Pero el estudioso bíblico AvivahZornberg (2001: 308) interpreta la frase en forma diferente. Lo haremos y luego escucharemos significa que estamos abiertos más allá de la simple observación de las leyes, a nuevas dimensiones de comprensión y crecimiento continuo. Esta interpretación deja espacio para interpretaciones siempre cambiantes y formas de observar y hacer la Torá.

Esta es una dimensión importante para una comprensión gay de este texto. Las personas translesbigay religiosas necesitan asumir que las tradiciones antiguas y las leyes se están desarrollando continuamente, y que siempre necesitamos estar abiertos/as a nuevas posibilidades. No estamos limitados/as por la forma en que la ley está escrita en un momento particular, sino estemos alertas porque las cosas están siempre desarrollándose y cambiando. El momento en el Sinaí nos proporciona una impronta en cuanto a cómo tratar con posibilidades futuras y nos mantiene atentos a que mientras no conozcamos  por adelantado cuáles son, debemos estar abiertos/as y listos/as para escuchar.

También hay una perspectiva translesbigay sobre el significado de la alianza. Porque nuestras obligaciones mutuas no están sancionadas por ley, debemos tomar la responsabilidad de comenzar conexiones sin la sanción social. Aunque esto es difícil, también nos da una perspectiva sobre la realización de alianzas con otras personas, que otros pueden dar por sentados, porque sus alianzas tienen el peso de la ley. Para que las personas translesbigay, podamos hacer alianzas, debemos permanecer más conscientes del poder que ellas tienen. Además, el eco de la experiencia de la alianza en el Sinaí, que nos convertirá en un pueblo santo, debe estar siempre presente ante nosotros/as.

DIOS Y MOISÉS

Estos temas constituyen dimensiones poderosas para un abordaje gay al libro del Éxodo. Pero, ¿podemos también encontrar una sensibilidad gay en las personalidades retratadas en el texto? Los principales personajes del Éxodo son Moisés y Dios. Ellos tienen claramente una relación muy especial. Mientras ha sido analizada como una relación padre-hijo, con dimensiones Edípicas – véase IlonaRashkow (2000) – hay evidencia en el texto que apoye una lectura de la relación como homoerótica.

AvivahZonberg hace referencia al “infértil matrimonio de Moisés con Dios” (2001: 256, 357) y el matrimonio es sin duda una metáfora adecuada para su relación.

El cortejo comienza cuando Dios se revela a Moisés en la sorprendente escena en el desierto, de la zarza ardiendo (3.2)

[Aunque las interpretaciones feministas sugieren que Dios se comprende mejor como más allá del género, no hay duda de que a través de la mayor parte de la historia judía y cristiana, “el Padre” se ha visto en la imaginería masculina. Mantengo esta imaginería aquí, porque el texto sugiere que la relación entre Moisés y Dios es una relación entre dos personajes masculinos]

Moisés cuidaba las ovejas de su suegro Jetro, que era sacerdote de Madián, y un día las llevó a través del desierto y llegó hasta el monte de Dios, que se llama Horeb. Allí, el ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza. Moisés se fijó bien y se dio cuenta de que la zarza ardía con el fuego, pero no se consumía. (Éxodo 3.1-2)

En este momento, podríamos también visualizar a Dios como “saliendo”, revelándose como el mismo Dios de los ancestros del pueblo hebreo, el Dios del patriarca del Génesis, Abraham, de Isaac y Jacob (y, como podríamos agregar hoy, el Dios de sus compañeras, Sara, Rebeca, Raquel y Lea) Pero Moisés desea más, desea que Dios no solo se identifique con el Dios de sus ancestros. Moisés quiere que Dios realmente “salga” y le diga su nombre. En este momento, Dios sugiere que es Ehyeh-Asher-Ehyeh (3.13), “soy el que soy”, posiblemente “Seré lo que seré”. Esta enigmática presentación aumenta la naturaleza misteriosa y “juguetona” de Dios, y también permite a Moisés poder ver en Dios lo que él desee ver.

Pero Moisés le respondió:
- El problema es que si yo voy y les digo a los israelitas: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes, ellos me van a preguntar: ¿Cómo se llama? Y entonces, ¿qué les voy a decir?
Y Dios le contestó:
- YO SOY EL QUE SOY. Y dirás a los israelitas: YO SOY me ha enviado a ustedes. (3.13-14)

La tradición judía da mucha importancia a la voluntad divina para revelar, incluso este aspecto de su identidad, a Moisés. Los judíos ni siquiera pronuncian el nombre de Dios, y solo Moisés tiene el privilegio de esta conexión personal tan próxima.  Hay una profunda intimidad entre Moisés y su Dios, que comienza en este momento de intensidad en la Zarza Ardiendo.

La siguiente sección describe otro encuentro entre Moisés y Dios.
[Aunque Moisés nunca se menciona por su nombre en esta sección, la mayoría de los comentadores y eruditos concluyen que “él”, que es mencionado varias veces en este texto, es muy probablemente Moisés]

Moisés deja el desierto, después de este primer encuentro con Dios en la Zarza, y se nos dice que “él” es atacado por Dios, que está buscando matarlo. Séfora, de acuerdo con la Midrash, reconoce que algo le ocurre a Moisés en un sueño. La Midrash sugiere que Dios ha atacado a Moisés, y ha tragado todo su cuerpo, excepto su pene.

[Esto es sugerido por el comentador bíblico medieval conocido como Rashi]

Este hecho, Séfora lo toma como un signo de que debe circuncidar a su hijo varón. Mientras ella actúa como el circuncidador ritual, la relación que se consagra a través de la circuncisión se da entre Dios y Moisés, no entre Moisés y Sédora. Después de la circuncisión, ella coloca el fragmento de piel en “su, de él”, raglaim(esto puede referirse a sus piernas o a su pene, pero también es confuso en el texto)

Éxodo 4.24-26:
Durante el camino, en el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. Entonces, Séfora tomó un cuchillo de piedra y le cortó el prepucio a su hijo; luego, tocando con el prepucio del niño los pies de Moisés, le dijo: - En verdad, tú eres para mí un esposo de sangre –
Entonces, el Señor dejó ir a Moisés. Y Séfora dijo que Moisés era un esposo de sangre, debido a la circuncisión.

Séfora se refiere a Moisés entonces como “esposo de sangre”. Aunque hay varias formas de interpretar este versículo,  lo examinaremos desde una perspectiva diferente más tarde, cuando estudiemos el personaje de Séfora.

Es plausible leer este encuentro como una metáfora de matrimonio entre Dios y Moisés. A este se le recuerda una vez más de su única relación con dios, quien lo ata a sí a través del simbolismo de la circuncisión de su progenie la colocación de la piel sobre la propia circuncisión de Moisés. Como afirma Daniel Boyarin, la circuncisión coloca al varón israelita en la posición de la hembra en relación con Dios. Boyarin sugiere luego que para la tradición mística judía, “la revelación es un encuentra eróticamente cargado” (1992: 496) Es a través de la circuncisión que el varón feminizado puede “abrirse” para recibir el “discurso divino y la visión de Dios”. Boyarin apoya su argumento con evidencia de la siguiente interpretación Rabínica de 12.23_

R. Yose dijo: Por qué está escrito “Y el Señor pasará sobre la puerta” [literalmente abierta]…Eso es, la apertura del cuerpo. Y ¿qué es la apertura del cuerpo? Es la circuncisión. (1992: 496)

La historia en el desierto entonces puede leerse como una continuación de la experiencia de la Zarza Ardiendo, donde se realizó el contacto íntimo entre Dios y Moisés y comenzó su relación especial y cargada de erotismo. El episodio del matrimonio sangriento completa la revelación que se realiza en la Zarza. Moisés está listo para recibir a Dios como a su amante.

La relación íntima entre Dios y Moisés continúa  a través del libro del Éxodo. Moisés toma el bastón de Dios, usándolo  como arma principal en su encuentro con el faraón, en la lucha contra Amalek y para proporcionar agua a los israelitas (capítulo 17)

Éxodo, 4.20:
Moisés tomó entonces a su esposa y a su hijo, los montó en un asno y regresó a Egipto. En la mano llevaba el bastón de Dios.

Éxodo 7.8:
El Señor les dijo a Moisés y Aarón:
- Si el faraón les pide que hagan un milagro, le dirás a Aarón que tome su bastón y que lo arroje al suelo ante faraón, para que se convierta en una serpiente.

Éxodo, 17.5:
- Llévate también el bastón con que golpeaste el río, y ponte en marcha. Yo estaré esperándote allá en el monte Horeb, sobre la roca. Cuando golpees la roca, saldrá agua de ella, para que beba la gente.

Éxodo 17.9:
 Entonces Moisés le dijo a Josué:
-Escoge algunos hombres y sal a pelear contra los amalecitas. Yo estaré mañana en lo alto del monte, con el bastón de Dios en la mano.

IlonaRashkow sugiere que la caña/serpiente, “símbolo fálico”, representa la autoridad del Dios masculino. Luego, concluye esta autora que “la atracción para Moisés es la afiliación con el Padre/Dios y el poder inherente a su caña, la superioridad de la identidad y las prerrogativas masculinas (2000: 72) Pero la “atracción” para Moisés podría ser leída no como Edípica, sino como erótica; sostener la caña de Dios es un símbolo de la relación sexual con esta poderosa deidad masculina.

Dios se preocupa por Moisés, y se muestra a él en varias formas, espirituales y físicas. El punto de su mayor intimidad aparece en el capítulo 33, cuando Moisés necesita la reafirmación de Dios, que está perturbado por la rebelión del pueblo, al construirse un becerro de oro. Aquí, se dice que Dios habla a Moisés cara a cara, “como un hombre habla a otro hombre”. (33.11)

Dios hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo, y después Moisés regresaba al campamento. Pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, nunca se apartaba del interior de la Tienda.

Moisés pide a Dios que le revele su presencia otra vez, y mientras Dios rehúsa mostrarse para que Moisés vea su rostro, está de acuerdo en permitirle pararse en la cima de una roca, de modo que cuando Dios pase, pueda ver su espalda (33.18)

-¡Déjame ver tu gloria! – suplicó Moisés.
Pero el Señor contestó:
- Voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti, y delante de ti pronunciaré mi nombre…
Dijo también el Señor:
- Mira, aquí junto a mí hay un lugar…Ponte de pie sobre la roca. Cuando pase mi gloria, te pondré en un hueco de la roca y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Después quitaré mi mano, y podrás ver mis espaldas; pero mi rostro no debe ser visto. (Éxodo, 33.19-23)

El pueblo ve el “resplandor” de la conexión entre Dios y Moisés, cuando este baja de la montaña con “la piel de su rostro radiante” (34.29)

Después bajó Moisés del monte Sinaí llevando las dos tablas de la ley; pero al bajar del monte no se dio cuenta de que su cara resplandecía, por haber hablado con el Señor.

Ese “brillo” en el rostro de Moisés es tan intenso, que usa un velo después de sus encuentros con Dios (34.33)

[La errónea traducción de esta frase, resultó en la afirmación común de que los judíos tienen cuernos, inmortalizada para siempre por Miguel Ángel, cuya estatua de Moisés tiene cuernos parecidos a un falo, sobresaliendo de la cabeza; otra forma de leer el brillo de su rostro]

Luego que terminó de hablar con ellos, se puso un velo sobre la cara.
Cuando Moisés entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo y se quedaba así hasta que salía. Entonces comunicaba a los israelitas las órdenes que había recibido del Señor. Al ver los israelitas que la cara de Moisés resplandecía, él volvía a ponerse el velo sobre la cara, y se lo dejaba puesto hasta que entraba a hablar de nuevo con el Señor. (Éxodo34. 33-35)

En la tradición judía, Moisés es el único individuo del que se dice haber sido besado por Dios, que conversó íntimamente con Él, que fue llamado por Dios para tener esta relación especial.

Aunque Moisés está casado, y por tanto es bisexual, sabemos poco de su esposa o de su relación personal con las mujeres, y la ley Mosaica tiende a ignorar a las mujeres, o a ponerlas en un papel de segunda clase. Por ejemplo, aunque Dios pide a Moisés simplemente que diga al pueblo que se prepare para el evento en el Sinaí, es el propio Moisés quien agrega el detalle: “No te acerques a una mujer” (19.15)

Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.
Y dijo al pueblo: - Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer. (19. 14-15)

De acuerdo con la leyenda Rabínica, también rechaza aceptar los espejos de las mujeres, que ellas donan para la construcción del tabernáculo (Frankel 1996: 143) Y cuando su esposa, Séfora, regresa a él, Moisés se vuelve para saludar a su suegro, Jetró, y no a Séfora (18.6)

Moisés había acampado en el desierto, junto al monte de Dios, y allá fue Jetro, acompañado por la esposa y los hijos de Moisés. Y le dijo a Moisés:
- Yo, tu suegro Jetro, he venido a verte, con tu esposa y sus dos hijos.-
Moisés salió a recibir a su suegro. Se inclinó delante de él y lo besó; y después de saludarse, entraron en la tienda de campaña. Allí, Moisés le contó a su suegro todo lo que el Señor les había hecho al faraón y a los egipcios en favor de Israel… (18. 5-8)

Moisés envía a Séfora de regreso a Madian, en lugar de que se quede con él, en el viaje a través del desierto. Todas las relaciones humanas, pero particularmente las relaciones con mujeres, eran secundarias con respecto al amor entre Moisés y Dios. El exclusivo “vínculo masculino” en esta relación, el amor y la intimidad, son sin duda un modelo de homoerotismo masculino, que tan a menudo entristecen a las mujeres, que desean una intimidad similar con Dios.

Aunque Dios se ve como en el papel masculino y Moisés en el femenino, en mi interpretación, el ensayo fantasioso de Ronald Boer “Yaveh as top: a lost tárgum”, lee el amor entre Dios y Moisés en forma diferente. En esta fantasía, Moisés no está en el papel femenino, sumiso, que ruega a Dios por atención, abre su orificio, y se ata a la caña de Dios. Boer imagina a Yavé como una típica reina que está elegantemente sirviendo el té, mientras Moisés, su socio masculino, fumando, está “muriendo por una mirada entre estas pieles que Yavé insiste en usar (seis capítulos en Éxodo), con los detalles de fabricar un tabernáculo y las vestimentas sacerdotales que usará Aarón (2001: 75-8)

[Irónicamente, Daniel Boyarin sugiere que los esfuerzos de Freud para hacer a Moisés “masculino y agresivo” en Moisés y el Monoteísmo, es un intento para rechazar las nociones europeas del “la pasividad femenina judía (de los varones), codificada como homosexual y experimentada como vergonzosa” (1996: 185)]

domingo, 20 de mayo de 2012

Solemnidad de la Ascención de Jesús


ENTREVISTA 57
¿Ascensión y asunción?


RAQUEL       Emisoras Latinas continúa en Nazaret. En los sótanos de la
iglesia de la Sagrada Familia se conserva un cementerio de los tiempos de Jesús. Hasta aquí hemos querido llegar en compañía del mismo Jesucristo. ¿Estarán aquí los restos de sus familiares?

JESÚS          Cuando mi padre José murió lo enterramos donde sepultaban a
todos los nazarenos. Pero esto ha cambiado tanto…

RAQUEL       ¿Fue duro para usted?

JESÚS          Sí, mi madre quedaba viuda con varios hijos… Todo cambió en la
familia cuando faltó mi padre.

RAQUEL       ¿Y cómo murió él?

JESÚS          No de enfermedad ni de años… Los hombres le adelantaron su
hora. Eran tiempos difíciles en Galilea. Los soldados romanos cometían muchos atropellos. Y mi padre era un hombre justo. Por esconder a unos muchachos que huían de una matanza, los soldados le dieron una paliza, lo dejaron malherido y ya no se levantó más…

RAQUEL       Siento haberle recordado ese dolor… ¿Y su madre…? ¿Dónde
                        murió ella?

JESÚS          Creo que en Jerusalén. Pero oí decir que no, que en Éfeso, que Juan se la llevó a esa ciudad lejana… Como yo le pedí que me la cuidara…Pero, dime, ¿por qué quieres hablar de esto, Raquel?

RAQUEL       Porque nuestros oyentes quieren saber si es cierto lo que se dice
del final de la vida de su madre.

JESÚS          ¿Y qué se dice?

RAQUEL       Que ella no murió, porque… porque no podía morir…

JESÚS          No puede ser. Todos morimos. Del polvo venimos y al polvo
volvemos.

RAQUEL       Dicen también que el cuerpo de su madre era tan inmaculado que
no se lo podía tragar la tierra.

JESÚS          Cuando el grano de trigo cae en tierra, se pudre, pero no muere.
Sigue viviendo en la nueva espiga.

RAQUEL       Bueno, lo que dicen es que ella no murió, sino que se durmió.
¿Eso del sueño será realidad o leyenda?

JESÚS          Es una parábola hermosa. Porque al morir despertaremos en Dios. Una puerta se cierra y otra se abre…

RAQUEL       Pero no hablan de puerta sino de escalera… Afirman que María
subió al cielo. Distinto a su caso. Porque de usted sabemos que se elevó por sí solo y a ella la cargaron los ángeles.

JESÚS          ¿Eso dicen?

RAQUEL       Como lo oye.

JESÚS          Creo que ahí ya empiezan a inventar.

RAQUEL       No, es un dogma de fe. La palabra oficial que usan en su caso es
ascensión. En el de ella, asunción. En lenguaje actual, diríamos que usted se propulsó hacia las alturas. Y ella fue como abducida, succionada.

JESÚS          ¡Qué disparates, Raquel!... Nadie tiene que subir a ninguna parte porque Dios no está arriba. Está aquí, dentro de mí, dentro de ti. Dios es el corazón de todas sus criaturas.

RAQUEL       ¿Y el cielo, entonces? En programas anteriores, usted nos dijo
que no hay infierno… ¿Tampoco hay cielo? ¿Qué pasa después de la muerte?

JESÚS          El cielo es la obra de sus manos. En las manos de Dios vivimos.
Y al morir, seguiremos en sus manos.

RAQUEL       Pero, si no es demasiado pedir, como usted viene de “allá”…
¿nos podría adelantar algo?

JESÚS          Si a un niño antes de nacer le contaran lo que va a ver fuera del
vientre de su madre, no lo creería. No lo entendería tampoco.

RAQUEL       ¿Ni un avance siquiera?

JESÚS          Te aseguro que ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni la mente puede
imaginar lo que Dios tiene preparado para quienes aman de verdad.

RAQUEL       Entonces, nos quedamos entre el cielo y la tierra. Ni ascensiones ni asunciones, pero sí una gran esperanza. Desde Nazaret, Raquel Pérez, Emisoras Latinas.

CONTROL    CARACTERÍSTICA MUSICAL

LOCUTOR    Otro Dios es Posible. Entrevistas exclusivas con Jesucristo en su
segunda venida a la Tierra. Una producción de María y José
Ignacio López Vigil con el apoyo de Forum Syd y Christian Aid.


MÁS DATOS SOBRE ESTE POLÉMICO TEMA…

Más allá…

Todas las religiones dan respuesta a la cuestión del sentido de la vida y de la historia y ofrecen ―y ése es su principal atractivo― la certeza de una realidad “más allá” de la vida que conocemos, de una vida que trasciende la muerte. En el judaísmo clásico tardío esa realidad se llamó “resurrección”, en el cristianismo se habla de “vida eterna”, en el Islam se promete el “paraíso”.


La última frontera

En la cultura de muchos pueblos no cristianos la muerte es recibida con una naturalidad que el cristianismo ha olvidado. Los egipcios tenían una hermosa visión de la muerte: morir era llegar a la otra orilla. En ese viaje, el pájaro-alma se elevaba hacia el sol, perpetuando su existencia en la imagen del dios Osiris. En algunos pueblos indios norteamericanos no sólo se aguarda con serenidad la muerte, sino que se sale a su encuentro. Cuando las personas sienten en su cuerpo que ya llega la muerte, se despiden de sus familiares y de sus amigos, se alejan de su campamento y se sientan solos, solas, a esperarla. La invocan y así, antes que la muerte física los toque, ya han dispuesto su espíritu, diciendo adiós, muriendo a todo lo que ha sido su vida.

En la cultura cristiana, tan influida por la filosofía occidental, centrada en el yo, el miedo a la muerte es lógico: porque en la muerte nuestro yo se disolverá. Y no logramos imaginar una continuidad de nuestra vida sin una continuación de nuestro yo. El atractivo de las religiones es ése precisamente: que nos prometen la salvación en un futuro, y esa salvación futura incluye la permanencia del yo. Por otro lado, al haber separado al ser humano de la Naturaleza, al haber hecho tan profunda la dicotomía cuerpo-espíritu, la cultura cristiana rodea la muerte de negatividad y hasta de terror.

Una perspectiva alternativa, verdaderamente cristiana, nos haría ver la muerte como una fase indispensable, natural, del proceso de la vida, una meta presente en todos los procesos vitales. La muerte es una señal de que la Naturaleza domina sobre la vida individual. Pero cuando el ser humano no se ha sentido ligado a la Madre Naturaleza o se ha sentido superior a ella, con derecho de dominio, recibirá a la muerte como un destino impuesto desde fuera y como algo tétrico.


Si no hubiera muerte…

En su novela “Las intermitencias de la muerte”, el Premio Nóbel de Literatura, el portugués José Saramago crea una trama sorprendente. En un país cualquiera ocurre algo insólito: la muerte decide suspender su trabajo y todo el mundo deja de morir. Inicialmente, esto causa euforia, pero muy pronto sobreviene el caos y la desesperación. Si no hay muerte, no hay tiempo y, entonces, habrá para todos una vejez eterna, que muy pronto resulta insoportable. En la desesperación de una situación que no logran administrar ni asimilar, todos buscarán formas, correctas y turbias, compasivas y “maphiosas” para lograr que la muerte vuelva a actuar. Hasta que un día la muerte decide reaparecer… La reflexión que se deriva de este osado argumento puede ayudarnos a entender el sentido de la muerte en nuestra limitada vida.


Ascensión y asunción “a los cielos”

Cuando en el cristianismo tradicional se afirma que, al morir, se destruye el cuerpo y el alma inmortal entra en la vida eterna, se está estableciendo una jerarquía, en la que el cuerpo resulta inferior y de menor valor. Esta idea de la superioridad del espíritu sobre el cuerpo que atraviesa toda la tradición cristiana, ha tenido consecuencias negativas de todo tipo, pero no procede de Jesús, para quien el cuerpo es el templo de Dios y lo divino no está ni arriba ni fuera de lo humano. Los dogmas católicos de la Ascensión de Jesús a los cielos y de la Asunción de María, su madre, a esos mismos cielos, tratan de compensar la arraigada idea católica del desprecio al cuerpo, estableciendo un privilegio especialísimo para, al menos, dos cuerpos humanos.


Asunción: un dogma de fe

La tradición de un Dios “arriba”, habitando en el cielo lejano, es central en la doctrina oficial católica. En noviembre de 1950, Pío XII, hablando “ex cátedra” ―y esto según la doctrina papal del siglo anterior era hablar infaliblemente― proclamó el dogma de la asunción de María al “cielo” con estas categóricas palabras: Declaramos, promulgamos y definimos que es un dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, María siempre Virgen, al terminar su vida terrenal fue elevada a la gloria celestial en cuerpo y alma. Por tanto, si alguno se atreve (Dios no lo permita) a negar voluntariamente o a dudar de lo que ha sido definido por nosotros, sepa que ha apostatado completamente de la fe divina y católica.


Ascensión: una metáfora

La Ascensión de Jesús no es un dogma de fe. Como aparece en los relatos evangélicos (Mateo 28,16-20; Marcos 16,19-20; Lucas 24,50-52; Hechos 1,3-11), la doctrina oficial considera esa “subida” como un hecho “histórico”, uno más de los datos que componen la “biografía” de Jesús. Pero ese episodio es una metáfora: cuarenta días después de morir, Jesús “subió a los cielos”. El número 40 es un número simbólico a lo largo de toda la Biblia. En este caso, significa que fue un período completo e irrepetible, en el que quienes integraron el movimiento de Jesús y creyeron en su mensaje se convencieron definitivamente que Jesús seguía con ellos y en ellos y que ya estaba en las manos de Dios, que Dios, y no los injustos, “había ganado la partida”.


El cielo será una fiesta

El cielo es lo que vemos “arriba”, el manto azul que cobija la tierra, en donde corren las nubes y brilla el sol, la luna y las estrellas. Una mayoría de tradiciones religiosas ha situado a Dios en el “cielo”, en ese “arriba”, externo, lejano y superior. Jesús no. Jesús hablaba de Dios “dentro” de cada persona y hablaba también de hacer presente a Dios en relaciones humanas justas e incluyentes, solidarias y compasivas.

Jesús habló muchas veces del cumplimiento pleno del Reino de Dios, pero nunca llamándolo cielo. En muchos pasajes de los evangelios aparece el concepto “Reino de los cielos”, que no es de Jesús, que siempre habló y predicó el “Reino de Dios”.

Nunca Jesús se refirió tampoco a un final desvinculado de la historia. Utilizó varias imágenes para hablar del futuro, del “mundo nuevo”: los seres humanos verán a Dios con sus ojos, se repartirá la herencia, se oirán risas de fiesta, la familia de Dios se sentará a la mesa de un banquete, se partirá y repartirá el pan de la vida… Y todo cambiará: los últimos serán los primeros, los pobres dejarán de serlo, los hambrientos serán saciados, quienes lloran reirán…

Lo más original del mensaje de Jesús y de su movimiento es plantear que todo esto comienza ya en la tierra, en el mundo de las relaciones humanas: viviendo en comunidad y solidariamente, compartiendo, sirviendo, cuidando la vida, sanando a quienes están enfermos o están tristes… Todo esto inicia aquí como un atisbo de lo que será la plenitud. La imagen del banquete de fiesta con la casa llena a rebosar fue central en el lenguaje usado por Jesús para hablar sobre el futuro (Mateo 22, 1-14). El “cielo” será una fiesta colectiva y sin fin.

Fuente: Otro Dios es posible.