Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 28 de octubre de 2012

Comunidades eclesiales sanadas, encarnadas y comprometidas con la sociedad y la cultura del siglo XXI


10 46”Llegaron a Jericó. Y cuando Jesús ya salía de la ciudad, seguido de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. 47Al oir que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar: —¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí 48Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía: —¡Hijo de David, ten compasión de mí!

49Entonces Jesús se detuvo, y dijo: —Llámenlo. Llamaron al ciego, diciéndole: —Ánimo, levántate; te está llamando. 50El ciego arrojó su capa, y dando un salto se acercó a Jesús, 51que le preguntó: —¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: —Maestro, quiero recobrar la vista. 52Jesús le dijo: —Puedes irte; por tu fe has sido sanado.

En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino” (Marcos 10,46-52 versión Biblia de Estudio Dios Habla Hoy).

1-    El texto en su contexto:

El relato evangélico de hoy, narra la curación de Bartimeo. Proporciona una serie de detalles que nos permiten suponer que estamos ante un hecho histórico pero cargado de contenido teológico, a partir del cual, el evangelista desarrolla una catequesis para su auditorio, una comunidad cristiana no judía.

El versículo 46 está cargado de información histórica. Nos sitúa geográficamente en Jericó, ubicada en la llanura del río Jordán, al pie de la subida a Jerusalén, distante a unos 30 km de esa ciudad, el paso necesario para entrar a la tierra prometida (Deuteronomio 32,49; 34,1). Identifica a la persona protagonista de esta historia: “Bartimeo, hijo de Timeo”; los evangelios de Mateo y Lucas no mencionan este dato (Mt 20.29-34; Lc 18,35-43), Marcos únicamente proporciona en su evangelio dos nombres propios antes del relato de la pasión, Bartimeo y Jairo. Y también la caracteriza, Bartimeo era un mendigo ciego, doblemente vulnerado (Levítico 19,14; Deuteronomio 27,18; Isaías 59,9); ubicándolo sentado junto al camino.

Los versículos 47 al 52 narran el diálogo entre Bartimeo y Jesús. 

El diálogo comienza con la frase de Bartimeo “Hijo de David ten compasión de mí”. Es la primera vez que aparece en el evangelio de Marcos, “Hijo de David”, el título mesiánico utilizado por el judaísmo para designar al Mesías, que tenía que ser descendiente del rey David (cf Mateo 1,1). Seguidamente, una petición con hondo contenido veterotestamentario (Oseas 6,6).

A diferencia de las curaciones anteriores, en este relato no aparece ni el gesto ni las palabras sanadoras. En esta ocasión, el último de los milagros, la sanación se da por la fe. La fe, le permite a Bartimeo pasar de la ceguera a la visión, de estar ubicado al borde del camino a pasar al interior del mismo, de la pasividad de quien mendiga a la actividad de seguir a Jesús. Es un relato cargado de alto contenido teológico: paso de la oscuridad a la luz, de la exclusión a la inclusión, de la dependencia a la participación.

2-    El texto en nuestro contexto:

El fuerte acento que pone el evangelio de Marcos en esta historia, de que la fe es lo único importante para el discipulado, resulta un elemento doblemente importante.

Por un lado, el próximo 31 de octubre, estaremos conmemorando un nuevo aniversario de la Reforma Protestante, que puso el acento en que para la salvación solo basta la fe.

Por otro lado, sabemos que toda experiencia de seguimiento de Jesús, necesita una radicalidad que necesariamente surge de la fe, para que sostenga el compromiso con el mensaje evangélico.

Como comunidad eclesial, inclusiva y ecuménica:

-       sentimos la necesidad de sanar, para ver la sociedad y la cultura, con la mirada de Jesús, que no siempre ha sido la mirada de algunos sectores de la Iglesia;

-       sentimos la necesidad de abandonar nuestro lugar al borde del camino, responsabilizando a la sociedad y la cultura por los males existentes, para ubicarnos en la sociedad y la cultura contemporánea, siguiendo el ejemplo de encarnación de Dios en la humanidad;

-       sentimos la urgencia de asumir una posición activa en las transformaciones que reclaman la sociedad y la cultura del siglo XXI, generando la experiencia de otro Dios y otra Iglesia para esta sociedad.

Buena semana para todas y todos.
+Julio.
Domingo 30 del Tiempo de la Iglesia.



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