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miércoles, 3 de octubre de 2012

Comentarios Queer a la Biblia - Décima entrega del Evangelio de Mateo.



EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache
Traducción MCRP

 
 

MATEO 19.3-9

Algunos fariseos se acercaron a Jesús y, para tenderle una trampa, le preguntaron: - ¿Le está permitido a uno divorciarse de su esposa, por un motivo cualquiera? –

Jesús les contestó: - ¿No han leído ustedes en la Escritura que el que los creó en el principio, “hombre y mujer los creó”? Y dijo: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona. Así que ya no son dos, sino uno solo. De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.”

Ellos le preguntaron: - ¿Por qué, pues, mandó Moisés darle a la esposa un certificado de divorcio, y despedirla así?

Jesús les dijo: - Precisamente por lo tercos que son ustedes. Moisés les permitió divorciarse de su esposa; pero al principio no fue de esa manera. Yo les digo que el que se divorcia de su esposa, a no ser por motivo de inmoralidad sexual, y se casa con otra, comete adulterio.

Jesús afirma la importancia de los hijos, en que las sociedades antiguas eran particularmente débiles, al decir que “es a quienes son como estos que pertenece el reino de los cielos”

MATEO 19.14

Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo, no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

La parábola de la Viña (Mateo 20. 16), discutida más arriba, muestra a un dueño que se muestra benévolo con sus esclavos. Más todavía, cuando la esposa de Zebedeo, pide a Jesús un lugar de orgullo en su “reino”, para sus dos hijos, él la despide, rehusando asumir el papel de padre sobre sus seguidores. En vez de esto, hace una crítica aguda del orden jerárquico romano, diciendo a sus discípulos que ellos no deberán “mandar” sobre los demás como hacen los gentiles; al contrario, deben estar al servicio mutuo – “quien desea ser el primero entre ustedes, debe ser el esclavo”, como el Hijo del Hombre, la quinta esencia del ser humano. (Mateo 20. 20-28)

La madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él para pedirle un favor. Jesús le preguntó: - ¿Qué quieres?

Ella le dijo: - Manda que en tu reino, uno de mis hijos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.

Jesús contestó: - Ustedes no saben lo que piden. ¿Acaso pueden beber el trago amargo que voy a beber yo?

Ellos dijeron: - Podemos.

Jesús les respondió: - Ustedes beberán ese trago amargo, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que se les dará a aquellos para quienes mi Padre lo ha preparado.

Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: - Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida como precio por la libertad de muchos.-

Si bien es cierto que Jesús no condena la institución de la esclavitud, destaca, por su uso del lenguaje esclavo /servidor, que no hay nada vergonzoso o inferior en ser un esclavo; de hecho, Jesús podría incluso estar diciendo que hasta que termine el mundo patriarcal, sería preferible ser un esclavo que estar en el poder.

Además, el autor del Evangelio de Mateo ha adoptado afirmaciones anti-familiares de Jesús, tanto del Evangelio de Marcos (Mateo 12.46; 13.53-58; 19.27-30), y la fuente de sus dichos, la fuente Q (Mateo 10.34-36)

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