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martes, 25 de septiembre de 2012

Comentarios Queer a la Biblia - Octava entrega. El dueño del viñedo.





EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache - Traducción MCRP.




MATEO 20. 1-16

“El reino de Dios es como el dueño de una finca que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viñedo. Se arregló con ellos para pagarles el jornal de un día, y los mandó a trabajar a su viñedo. Volvió a salir como a las 9 de la mañana, y vio a otros que estaban en la plaza, desocupados. Les dijo: - Vayan también ustedes a trabajar a mi viñedo, y les daré lo que sea justo. Y ellos fueron. El dueño salió de nuevo a eso del mediodía, e hizo lo mismo. Alrededor de las 5 de la tarde, volvió a la plaza, y encontró en ella a otros que estaban desocupados; les preguntó: - ¿Por qué están ustedes aquí todo el día sin trabajar? – 

Le contestaron: - Porque nadie nos ha contratado.-

Entonces, les dijo: - Vayan también ustedes a trabajar a mi viñedo.- 

Cuando llegó la noche, el dueño dijo al encargado del trabajo:- Llama a los trabajadores, y págales, comenzando por los últimos que entraron y terminando con los que entraron primero. 

Se presentaron, pues, los que habían entrado a trabajar alrededor de las 5 de la tarde, y cada uno recibió el jornal completo de un día. Después, cuando les tocó el turno a los que habían entrado primero, pensaron que iban a recibir más; pero cada uno de ellos recibió también el jornal de un día.

Al cobrarlo, comenzaron a murmurar contra el dueño, diciendo: - Estos, que llegaron al final, trabajaron solamente una hora, y usted les ha pagado igual que a nosotros, que hemos aguantado el trabajo y el calor de todo el día. 

Pero el dueño contestó a uno de ellos: - Amigo, no te estoy haciendo ninguna injusticia. ¿Acaso no te arreglaste conmigo por el jornal de un día? Pues toma tu paga y vete. Si yo quiero darle a este que entró a trabajar al final lo mismo que te doy a ti, es porque tengo el derecho de hacer lo que quiera con mi dinero. ¿O es que te da envidia que yo sea bondadoso?

De modo que los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

La generosidad de Dios es así considerada como el sistema por el cual se ha de medir la conducta humana; más aún, Dios, como el dueño de la viña, urge a los seres humanos a no envidiar unos a otros la generosidad del Reino de Dios, donde hay suficiente para todos y todas: “Amigo, no te estoy haciendo ninguna injusticia [al ser generoso con otros]”. (Mateo 20.13) Más aún, ilustra la “casa alternativa”, que Jesús anuncia en su prédica y en sus acciones. (Carter 2000: 376-7; Moxnes 2003: 45; véase más abajo) Una lectura “queer” de esta parábola nos estimula a ver el amor incondicional de Dios tan  abierto, que los seres humanos no deberían involucrarse en tratar de medirlo o juzgar su valor; todos y todas deberíamos atender a nuestra propia relación con la Divinidad, cualquiera pueda ser, y dejar el resto a Dios. Es directamente después de esta parábola, que Jesús dice a sus discípulos que el “el Hijo del hombre” será entregado a las autoridades religiosas para condenarlo y luego al gobierno civil, para ser ejecutado.

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