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sábado, 21 de julio de 2012

El Evangelio de Mateo (sexta entrega) La perfección


 
EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache
Traducción MCRP / Diversidad Cristiana


MATEO 5.48
Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto.


 “El reino de Dios, en las palabras utilizadas por Jesús…es la forma en que serían la vida y la sociedad,  si un Dios compasivo fuera imitado, en lugar de imitar a los gobernantes romanos, los reyes clientes y el orden del Templo”. (Nelson-Pallmeyer 2001: 174)

La interpretación que hace la Torah de Jesús es la que últimamente lo pone en conflicto con los demás maestros judíos. El tiempo de Mateo, comparte con Jesús en que no hay un judaísmo único, definitivo, sino varios, que compiten por la atención y la respetabilidad. Esto se refleja en el Evangelio de Mateo, en el cual la Torah y el templo son temas fundamentales de controversia en las confrontaciones de Jesús con los escribas, los fariseos, los saduceos y otros, que creen que  deberían ser los únicos árbitros de la fe ancestral.


Esto debió haber resonado en la comunidad judía cristiana de Mateo, pues ella luchaba con otras comunidades judías en cuanto a cómo estudiar la Torah; o sea, si la interpretación adecuada y el cumplimiento de la ley era a través de Jesús mismo o de los rabinos (los sucesores espirituales de los fariseos), que buscaban controlar la práctica judía y actuaban como policías después de la destrucción del templo. Por esta razón, el Evangelio de Mateo puede ser utilizado en una forma anti-semita, por lectores que no tienen cuidado de colocarlo en su contexto: es tentador para ver contrastes importantes (Jesús, correcto, versus los fariseos, erróneos: el Cristianismo, bueno, versus el Judaísmo, malo; la letra de la ley, mala, versus el espíritu de la ley, buena; la libertad cristiana, buena, versus el legalismo judío, malo; etc.) Esto en lugar de reconocer las características de una disputa inter-religiosa, en la cual ningún grupo está absolutamente correcto ni absolutamente equivocado (véase Saldarini 1994: 44-8, 87-90)

Vemos esto hoy en la comunidad “queer”, en el a menudo fuerte debate entre “religión” y “espiritualidad”, en la cual cualquier tipo de tradición de fe organizada se ve como homofóbica y enemiga de la espiritualidad genuina, o las tradiciones orientales son juzgadas automáticamente más liberadoras que las occidentales. Lo que debería ser central en cualquier discusión espiritual, es el Amor de Dios/el Divino/ el Último (como sea que elijamos llamarlo) para todas las personas. Este Amor debe manifestarse en la justicia, la igualdad, la libertad y el empoderamiento, o será pervertido; este es el mensaje de todas las enseñanzas de las grandes religiones, incluyendo la de Jesús. Si se examina con cuidado cada uno de los versículos del Sermón del Monte que figura en Mateo, es fácil ver este Amor, que motiva cada afirmación de Jesús acerca de cómo cumplir mejor la Torah de Dios.

El Evangelio de Mateo coloca otras partes de enseñanza, fuera del Sermón del Monte. Esto se agrega al retrato general del Reino/Regla/Imperio de Dios, como la enseñanza central de Jesús, y contribuye a una lectura “queer” de este Evangelio. Por ejemplo:
Las Parábolas: Jesús describe el Reino de Dios en un lenguaje figurado de parábolas, utilizando imágenes familiares de la vida cotidiana. Las “parábolas galileas” en Mateo 13, van dirigidas a campesinos que trabajan lejos del templo de Jerusalén y su elite político-religiosa. Sin embargo, estas personas deben pagar tasas y tributos, a menudo agotando sus campos y a sí mismos en este proceso. Warren Carter anota que, en el momento en que la audiencia ve u oye estas parábolas, ya sabe mucho acerca de la naturaleza del Reino de Dios:

Se manifestó en las palabras y obras de Jesús.
Es el regalo gratuito de Dios, su iniciativa y acción.
Resiste, más que respaldar, al imperio romano.
Es divisorio; algunos son bienvenidos en él, mientras otros, especialmente la elite, resiste el llamado de Dios.
Es interruptor y perturbador, da vuelta los compromisos previos, las estructuras imperiales, sus prácticas y prioridades, mientras crea una nueva forma de vida que contrarresta los valores sociales dominantes.
Está en conflicto y en competencia con el reino del mal.
Está presente en parte, pero – para muchos – la vida permanece incambiada.
Su manifestación actual será completada cuando se establezca el reino de Dios sobre todo, incluyendo el imperio romano (Carter 2000: 280)

Cada una de las parábolas confirma uno de estos aspectos de la regla de Dios e implica contraste con la regla de Roma: “El foco en el imperio de Dios y eventual triunfo sobre todas las cosas, implica la desaparición de Roma” (Carter 2000: 281) Más aún, las insinuaciones previas acerca de la naturaleza de la basileia de Dios, alertan a la audiencia para que espere lo inesperado. 

¿No puede esto decirse también de los aspectos “queer” que este comentario presenta? De la misma manera que estas nuevas interpretaciones bíblicas sacuden y remueven el estatus quo, son interruptoras y perturbadoras, bienvenidas para algunos y no para otros,  presentan una visión acerca de cómo la vida podría ser cuando la heter-normatividad haya caído. Estas parábolas de Jesús hacen “queer” el estatus quo de la hegemonía romana en el mundo de la Palestina rural.

Así, cuando leemos la Parábola de los yuyos y el trigo (Mateo 13. 24-30), podríamos esperar que se nos diga: No debería permitirse que las malezas y el trigo crezcan juntos. En lugar de esto, Jesús dice a sus oyentes que no deberían cortarse las malezas antes de que crezcan totalmente, y luego, los cosechadores harán la separación. ¿Qué nos dice esto acerca del Reino de Dios que Jesús anunció? ¡Nos dice que debe dejarse espacio para las sorpresas y para resultados inesperados! Alguien etiquetado como una “maleza o yuyo” en sus comienzos vitales, puede eventualmente convertirse en “trigo”; nuestras propias ideas acerca de qué constituye trigo y qué yuyo, pueden incluso cambiar con el tiempo.

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