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martes, 24 de julio de 2012

Comentarios Queer a la Biblia - Séptima entrega - Parábola del trigo y la cizaña



EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache
Traducción MCRP / Diversidad Cristiana


MATEO 13. 24-30
Parábola de la mala hierba entre el trigo

Jesús les contó esta otra parábola: “El reino de Dios es como un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero todos estaban durmiendo, llegó un enemigo que sembró mala hierba entre el trigo, y se fue. Cuando el trigo creció y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. Entonces, los trabajadores fueron a decirle al dueño: “Señor, si la semilla que sembró usted en el campo era buena, ¿de dónde ha salido la mala hierba?” El dueño les dijo. “Algún enemigo ha hecho esto. Los trabajadores le preguntaron: “¿Quiere usted que vayamos a arrancar la mala hierba?” Pero él les dijo: “No, porque al arrancar la mala hierba pueden arrancar también el trigo. Lo mejor es dejarlos crecer juntos hasta la cosecha; entonces mandará  a los que han de recogerla que aparten primero la mala hierba y la aten en manojos, para quemarla y que después guarden el trigo en mi granero”.

Esto está de acuerdo con las afirmaciones de Jesús en otro lugar, sobre el juicio a los otros. (Mateo 7.1-5), y es esencial para una teología “queer”, que reconoce la presencia de Dios en nuestras vidas, como dinámica, progresiva y no-estática, confirmando así las visiones contemporáneas de la fluidez de toda la sexualidad (Mollenkott: 2001)

Mateo sigue inmediatamente esta parábola con las parábolas de la Semilla de Mostaza y la Levadura en la Harina (13. 31-32 y 13.33)

Mateo 7. 1-5
“No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes midan, Dios los medirá a ustedes. ¿Por qué te pones a mirar la paja que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: - Déjame sacarte la paja que tienes en el ojo? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la paja que tiene tu hermano en el ojo.”

Mateo 13.31-32-33
Jesús también les contó esta parábola: “El reino de Dios es como una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo. Es, por cierto, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, se hace más grande que las otras plantas del huerto, y llega a ser como un árbol, tan grande que las aves van y hacen nidos en sus ramas.”

También les contó esta parábola: “El reino de Dios es como la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina para hacer fermentar toda la masa.”

Ambas parábolas confirman la desestabilizadora, impredecible naturaleza del Reino de Dios. La semilla de mostaza es “la más pequeña” de las semillas, y sin embargo, crece hasta proporciones gigantescas y puede transformarse en el hogar de varias aves. Esto está de acuerdo con la descripción que Jesús hace de la basileia, como una oferta generosa por parte de Dios, abierta a todos y todas, y dando la bienvenida a grupos diferentes. (Véase más abajo las acciones de Jesús en esta inclusividad, en sus sanaciones, exorcismos y alimentación) Más aún, John DominicCrossan ha afirmado que la semilla de mostaza fue incluso considerada peligrosa, pues es incontenible y podía arruinar un campo – “un arbusto espinoso, con propiedades peligrosas” (Crossan 1995: 65) De la misma manera, la levadura, mientras que es necesaria para la masa, también es potencialmente subversiva y peligrosa por sus resultados finales, ya que demasiada cantidad arruina el pan. La levadura es un agente de corrupción, que transforma la masa incluso mientras se corrompe (Carter 2000: 291) Esta calidad peligrosa, indetenible, subversiva  es lo que Jesús compara con el Reino de Dios. Este reino se comportará “como un enajenado”, arruinando el poder de Roma y los privilegios de la aristocracia judía, mientras comparte la abundancia de Dios, con cada uno/una en su huella. Entonces y ahora, hace “queer” el estatus quo (¿corrompiendo su corrupción?), mientras sacude y remueve lo que ha sido engrandecido por la ambición y codicia humanas y la deslealtad con Dios.

Las parábolas judías (Mateo 20. 21,25)¿?, por otra parte, mientras sin duda están dirigidas hacia los elementos más pobres de la sociedad, son sin embargo, diseñadas para ser oídas por los poderosos, que están viviendo a expensas de los pobres.

Por lo tanto, se detecta en estas parábolas un elemento de cruel y juicio que no se hallaa en las historias galileas. Más aún, a medida que las imágenes de Jesús se hacen más estridentes, se mueve – a sabiendas – cada vez más cerca de su muerte en Jerusalén, como un insurgente político. Así, estas parábolas deben ser examinadas en cuanto a cómo contribuyen al miedo de las autoridades romanas y religiosas y a las sospechas sobre Jesús, con una visión hacia cómo pueden informarnos más en una lectura “queer” del Evangelio de Mateo.

La parábola de la Viña (Mateo 20. 1-16) demuestra que en el reino de Dios todos han de ser tratados de igual manera. Jesús compara a Dios con un patrón que trata igual a sus empleados, incluso aunque tengan diferentes niveles de categoría y se hayan comportado en forma diferente. Esta igualdad complementa el resto del ministerio de Jesús, tanto en palabras como en acciones, en su acusación hacia la sociedad. En esa sociedad, dominaban las reglas imperiales y aquellas elites locales que les servían para controlar la mayor parte de la riqueza y las posesiones materiales, mientras quienes eran los más numerosos, tenían el mínimo. “En lugar de usar los salarios para reforzar las distinciones, [el dueño] los utiliza para expresar igualdad y solidaridad” (Carter 2000: 397)

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