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jueves, 28 de junio de 2012

Comentarios Queer a la Biblia - Evangelio de Mateo (segunda entregra)


EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache
Traducción MCRP - Diversidad Cristiana

 GENEALOGÍA, NACIMIENTO Y HUIDA
 1- La generalogía.
Al discutir la Narración de la Infancia en el Evangelio de Lucas desde una perspectiva “queer”, he afirmado:
“Aquellos que realizan investigación sobre el Jesús histórico, descartan las Narraciones de la Infancia en Lucas y Mateo, pues consideran que no son históricamente confiables en cuanto a la concepción y nacimiento de Jesús; destacan las inconsistencias, los elementos mitológicos, y la absoluta incredibilidad de una concepción virginal… Más que descartar este relato como una creación fantástica de la primera Iglesia, yo lo leería con una hermenéutica “queer” de sacudir, agitar, posiblemente rebuscar, e imaginar lo que Dios tiene para decir a las personas “queer”, a través de esta historia”. (Bohache; 2003: 24-5)
En ese ensayo, utilicé las historias de Lucas de la Anunciación, la Visitación y la Navidad, para demostrar cómo los lectores “queer” podrían ver el relato tradicional de la Encarnación de Jesús en una forma no-tradicional, para descubrir nuestra propia encarnación “queer” como una encarnación del Espíritu de Cristo. Al hacerlo así, no consideré la historicidad de las Narraciones de Infancia, porque para mí, una historia bíblica no tiene por qué apoyarse en hechos históricos para contener y mostrar la verdad revelada de Dios.
Esto será así para toda la investigación “queer” en este ensayo. Prefiero, con el erudito e historiador Richard Horsley, “tomar la totalidad del Evangelio” (Hosley 2003: 72), tratándolo como una completa pieza de literatura – escrita para un grupo específico, por razones definidas, en una forma particular, debido a un contexto concreto. Diseccionar los Evangelios en una serie de dichos por “una cabeza charlatana” de Jesús, sin un contexto histórico y literario, es contra-producente, si se está buscando interpretar el contexto de Jesús, para que pueda informar a nuestro contexto. Esto está de acuerdo con la metodología “respuesta del lector” en los estudios del Nuevo Testamento (por ejemplo, Moxnes 2003), que busca no necesariamente saber qué dijo o hizo en realidad Jesús, sino cómo los primeros seguidores comprendieron lo que él dijo e hizo, y lo comunicaron a las generaciones siguientes. Este tipo de crítica, a diferencia de la forma más antigua, crítica de la fuente y la redacción, ve a Mateo como un todo unificado en su obra literaria, con un punto de vista propio y, como veremos, un punto definido hacia lo que estaba ocurriendo en el mundo imperial de su composición.
Mateo comienza con una extensa genealogía (1.1-17), que ubica a Jesús en la línea del rey David, de acuerdo con las líneas patriarcales de sucesión. La corriente normal de las generaciones se interrumpe, sin embargo, en cuatro lugares, donde una mujer de la Biblia Hebrea se introduce en esta genealogía. Estas mujeres son: Tamar, quien se quedó embarazada de su suegro, Judá (Génesis, 38); Rahab, la prostituta, quien asistió a Josué a tomar Jericó (Josué 3; 9); Ruth, la moabita, que sedujo a Boaz a los efectos de asegurarse un hijo varón (Ruth 2-4); y Betsabé, quien solo para Mateo fue “la esposa de Urías”, y se quedó embarazada después de un romance adúltero con el rey David (2 Samuel: 11)
Génesis, 38.18
-      ¿Qué quieres que te deje? – preguntó Judá.
-      Dame tu sello, con el cordón, y el bastón que tienes en la mano – respondió ella.
Judá se los dio, y se acostó con ella, y la dejó embarazada.

Josué; 2.6
En realidad, ella los había hecho subir a la azotea, y estaban allí escondidos, entre unos manojos de lino puestos a secar.

Ruth; 3.9
-      Usted es mi pariente más cercano y tiene el deber de ampararme. Quiero que se case usted conmigo.

2 Samuel; 11. 2-4
David mandó que averiguaran quién era ella, y le dijeron que era Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías, el hitita.
David ordenó entonces a unos mensajeros que se la trajesen, y se acostó con ella, después de lo cual, ella volvió a su casa.

11. 26-27
Cuando la mujer de Urías supo que su marido había muerto, guardó luto por él; pero después que pasó el luto, David mandó que la trajeran y la recibió en su palacio, la hizo su mujer y ella le dio un hijo. Pero al Señor no le agradó lo que David había hecho.

Los intérpretes han explicado estas “intrusiones” en varias formas, sugiriendo que las mujeres eran “pecadoras”, preparando el camino para Jesús, quien iba a salvar al pueblo de sus pecados; o “extranjeras” (no-judías), anticipando la aceptación de Cristo por los gentiles; o alusiones a uniones sexuales que eran “inusuales” para la cultura patriarcal hebrea, anticipando la anormal concepción de María (Harrington 1991: 32; Brown 1977: 71-4) La erudita feminista Jane Schaberg ha demostrado, sin embargo, que los eruditos varones han llegado a estas conclusiones innecesariamente. En lugar de ello, esta autora sugiere que deberíamos ver a estas mujeres no simplemente como personajes negativos,  sino más bien como “conduciendo al lector de Mateo a esperar otra historia de una mujer, que [como estas cuatro] se convierte en una inadaptada social de alguna manera. En efecto, está equivocada o amenazada; es parte de un acto sexual que la coloca en gran peligro; y su historia tiene un resultado que repara la fábrica social y asegura el nacimiento de un niño que es legítimo o legitimado” (Schaberg 1987: 32-3) Concluye que María es este tipo de mujer. Una lectura contextual del relato de la concepción de Jesús y su nacimiento, en Mateo 1. 18-25, revela todos los componentes que Schaberg ha visto en las alusiones del Antiguo (o Primer) Testamento.

Mateo 1. 18-25
El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José, pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: - José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque el hijo que va a tener es del Espíritu Santo. María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados. -
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: - La virgen quedará encinta / y tendrá un hijo, / al que pondrá por nombre / Emanuel (que significa: “Dios con nosotros”)
Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa. Pero no vivieron como esposos hasta que ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.

Una lectura “queer” de la genealogía de Mateo, capitalizará la inclusión de estas cuatro mujeres y la quinta: María. Cada una de las cuatro mujeres de la Biblia Hebrea, en su propia manera, es “queer”, pues se sacude las expectativas hetero-patriarcales y mueve el sistema, que la omitiría: Judá ha intentado privar a Tamar de sus derechos, bajo el sistema del levirato y así, ella lo engaña, haciendo que la impregnara, a los efectos de obtener su dote; Rahab, sin duda usó y objetivó su vida por los hombres, como hacen las prostitutas hasta hoy en día: determinan su propio destino capitalizando su estatus como trabajadoras sexuales, para salvar su vida y la de su familia. Ruth, vida y sin hijos, deseando mantener su unión con su amada Noemí, seduce a Boaz y así obtiene un lugar legítimo en la familia de Noemí. Betsabé, violada por el rey David y viuda por su orden, para tenerla a toda costa, se convierte en reina, y da a luz al rey Salomón, recordado por poseer la Sabiduría femenina. Cada uno de estos actos “queer” fabrica el escenario para el acto “queer” que ocurrirá en conexión con el embarazo de María.

Mateo, a diferencia de Lucas, cuenta la historia de la concepción de Jesús y su nacimiento, a través de la mirada de José, y no de María; en la versión de Mateo, María permanece en silencio, una víctima virtual que es actuada en lugar de actuar por sí misma. Sin embargo, la genealogía de Mateo cuidadosamente evita decir, que José “engendró” o “fue el padre biológico” de Jesús: “y Jacob [fue] el padre de José, esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mateo 1.16)

Jacob fue el padre de José, el marido de María, y ella fue madre de Jesús, al que llamamos el Mesías.

El papel de José en la genealogía y la narración del nacimiento es exclusivamente el de esposo de María; Jesús nace “de María”. Tienta leer la infancia en Mateo junto a la de Lucas, y llevar información de uno al otro (como los pesebres contemporáneos muestran los pastores de Lucas y los animales, junto a los magos de Mateo) Sin embargo, en el texto no hay evidencia de que Mateo y Lucas tuvieran algún conocimiento de las historias respectivas; los estudiosos creen que las historias de infancia en primer lugar circularon en forma de tradición oral y luego fueron incorporadas por estos dos evangelistas y redactadas de acuerdo con sus propósitos narrativos (Albright and Mann 1971: xxxvii-xxxviii, xlii, 6)
Un análisis feminista o “queer” de las historias de infancia parecía preferir la narración de Lucas, pues allí María es la actriz que dice su verdad apasionadamente, en el “Magnificat” de Lucas 1.46-55 y da su “fiat”, al plan de Dios.

Lucas 1. 46-55
Mi alma alaba la grandeza del Señor; / mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
Porque Dios ha puesto sus ojos / en mí, su humilde esclava, / y desde ahora siempre me llamarán dichosa; / porque el Todopoderoso ha / hecho en mí grandes cosas. / ¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia / de quienes lo reverencian.
Actuó con todo su poder; / deshizo los planes de los orgullosos, / derribó a los reyes de sus tronos, / y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos / y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo / y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a / nuestros antepasados, / a Abraham y a sus futuros descendiente.

Sin embargo, creo que la narración del nacimiento en Mateo también puede ser visto en forma “queer”, si miramos más allá de lo que estamos acostumbrados /as a ver en una lectura hetero-normativa. Se nos dice que María de alguna manera queda embarazada mientras está “comprometida” con José, pero antes de que vivieran juntos. Si José fuera el padre de Jesús, esto no sería un tema: la pareja simplemente se casa antes de lo planeado; quizás José habría tenido que pagar algún tipo de remuneración al padre de María, como recompensa por la relación prematura. Porque Mateo ni siquiera presenta esa opción, sino que anota que José tiene intención de “despedirla en silencio”, la conclusión normal sería que María había tenido relaciones sexuales ilícitas fuera del matrimonio / compromiso; el castigo para este acto podría haber sido la muerte.

(Deuteronomio 22.23-7)
“Si una muchacha virgen es prometida de un hombre, y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, serán llevados los dos ante el tribunal de la ciudad, donde serán condenados a morir apedreados; la joven por no pedir socorro estando en plena ciudad, y el hombre por deshonrar a la mujer de su prójimo. Así acabarán con el mal que haya en medio de ustedes…”

[No hay evidencia suficiente para afirmar si esta pena fue de hecho llevada a cabo en Palestina, en el siglo I]

El orgullo masculino de José podría haber sido satisfecho por la vergüenza pública y la posible ejecución de su desleal novia. Sin embargo, se nos dice que José es “justo” (en griego, dikaios), jerga legal que indica que José cumplía la ley y era un hombre sin culpa ante los ojos de Dios. Aquí hay una real ironía: técnicamente, lo “legal” y “sin culpa”, (o sea, justo), habría sido hacer que María – y su hijo – fueran ejecutados, de acuerdo con la ley hebrea. Sin embargo, José – influido por el Espíritu de Dios – hace lo “injusto”, se casa con la mujer que aparentemente lo ha traicionado, y por esta razón es llamado “justo” por el evangelista.

[Schaber estudia esta historia de otra manera, afirmando la posibilidad de que María haya sido violada. Evidentemente, en caso de violación, la ley hebrea permitía o una terminación del compromiso o una continuación, con el matrimonio (Schaberg 1987: 45 y sigs.) Sin embargo, la violación era increíblemente difícil de probar; en la antigua sociedad patriarcal, tan a menudo como hoy en día, no se asume que una mujer ha sido violada, sino que ha favorecido la seducción. Es mucho más probable que – sin la intervención de José – María habría sido exilada o ejecutada.]

De esta manera, José subvierte las expectativas hetero-patriarcales; desafía al sistema de doble moral sexual que demandaría la vida de una mujer. Como resultado de su acto “queer”, María y Jesús no son ni exiliados no ejecutados, sino que se les permite vida y futuro; el Mesías de Dios nace porque un hombre actúa fuera de su papel hetero-normativo. José, al no hacer lo que su sociedad espera de él, puede ser un modelo para las personas “queer” de fe, quienes, siguiendo la directiva de Dios,  eligen actuar en contra de las demandas sociales – casándose ilícitamente, teniendo hijos en formas no-tradicionales, formando intencionales familias no-biológicas.
Sin embargo, hacer la voluntad de Dios no es sin costos. La historia de los magos y su huida de Herodes, en Mateo 2. 1-23, levanta el espectro del miedo y las posiciones. La narración de Mateo, en el contexto del terrorismo cotidiano del imperio romano en Palestina. Mientras algunos estudiosos consideran esta historia como un mito o una fabricación para explicar cómo la Sagrada Familia llegó desde Belén en Judea hasta Nazaret en Galilea (Brown 1977: 188-9, 225-9), Richard Horsley considera que no hay razón para considerar a esta historia como una ficción.  Los elementos históricos en el texto, tales como el rey Herodes y la presencia de los magos, que ambas pueden verificarse en fuentes extra-bíblicas, sugieren que Mateo 2 sería más propiamente calificado como “leyenda”. En efecto,a diferencia de los mitos, las leyendas son artefactos históricos que han sido transformados, adornados,  a lo largo del tiempo (Horsley 1993b: 11-13; 17-19)
 
2- El nacimiento.
Mateo 2. 1-13
Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente, que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron:
-      ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella, y hemos venido a adorarlo.-

El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo mismo les pasó a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó el rey llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le dijeron:
_ En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta: En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá,
 No eres la más pequeña
Entre las principales ciudades de esa tierra;
Porque de ti saldrá un gobernante / que guiará a mi pueblo Israel.-

Entonces, Herodes llamó en secreto a los sabios, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los mandó a Belén, y les dijo:
-      Vayan allá y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a dorarlo.

Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.

Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho. Luego, entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre, y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Herodes el Grande, hijo de Antipater, fue nombrado rey de los judíos por el Senado romano, bajo el patrocinio de Marco Antonio. Sus súbditos judíos lo odiaban, pues había nacido extranjero y por su parcialidad hacia los romanos. Después de su acceso al trono, hubo rebeliones a través de Palestina, particularmente persistentes en Galilea, que le llevaron a Roma tres años para reprimir. Herodes era considerado, sin duda correctamente, como un sicofante (impostor) de los romanos, primero Antonio y luego Augusto. Las inscripciones indican que adoptó para sí, títulos como “Admirador del César”, y “Admirador de los romanos”. Su admiración tomó la forma de proyectos de construcción masiva en cada parte de su reino, incluyendo monumentos y ciudades enteras, en honor de César. En Jerusalén, Herodes construyó el palacio real Antonia (nombrado así por Antonio) y comenzó una reconstrucción del templo de la ciudad, tan extensivo, que el templo de Herodes sobrepasó el esplendor de cualquier otro punto de su existencia(Horsley 2001b: 143-4)

El homenaje de Herodes a sus benefactores romanos fue financiado, sin embargo, por las espaldas de los súbditos judíos, a quienes se les impuso impuestos salvajes, a los efectos de pagar las obras públicas y los proyectos de construcción comenzados por su rey; estos impuestos eran cargados sobre los diezmos y ofrendas requeridas a los judíos observantes, por el sacerdocio del templo. Además, una vez que Palestina se convirtió en vasallo del estado romano, había un tributo exigido por Roma; uno de los propósitos del censo mencionado en Lucas 2.1, era para inscribir a cada ciudadano, de modo que se pudiera cobrar una “tasa per cápita” (Horsley 2001ª: 125)

Bajo el reinado de Herodes, la tierra de los judíos puede haber lucido más hermosa,  y “próspera”, pero el pueblo judío sufría la sobrepoblación en las ciudades, el agotamiento de su tierra debido a la sobre-plantación, el hambre, la pobreza, la enfermedad y la sequía. Bajo el sistema socio-económico durante el imperio romano, se estima que los gobernantes imperiales y la aristocracia local /referida en los Evangelios varias veces como los jefes de los sacerdotes, los saduceos y herodianos),  constituían la proporción menor de la población, que sin embargo, consumía la mayor parte de los recursos; los campesinos y los artesanos así como los sin tierra constituían la mayor parte de la población (Crossan 1991: 43-6)

Esta era la situación en el momento del nacimiento de Jesús. Palestina era un polvorín de tensión política, desilusión colonial y falta de todo poder, así como de esperanzas mesiánicas. En Galilea, especialmente, las masas se acumulan detrás de pretendientes políticos, coronándolos como mesías y reyes (Horsley 2003: 35-7, 45-52)
Los métodos de Herodes para acabar con la insurrección y la deslealtad, eran increíblemente crueles. Un gobernante inseguro, hacía ejecutar a cientos de personas percibidas como traidoras. “Herodes, en efecto, instituyó lo que hoy se llamaría estado policial, completo con juramentos de lealtad, supervisión, informantes, policía secreta, prisión, tortura, y brutales represalias (Horsley 1993b: 47) Su inseguridad solo se comparaba a su paranoia: la Historia registra que fue responsable por la muerte de sus hermanos, su madre, al menos una de sus esposas y varios de sus hijos varones (Harrington 1991: 41-2; Garland 1995: 26-7) Es en este escenario político que debe leerse la historia de Mateo sobre la visita de los magos a Herodes.

Los comentarios bíblicos y los relatos populares se refieren a los magos como “astrólogos”, “hombres sabios”, “magos” y “reyes” de Oriente. Ninguna de estas designaciones es precisamente correcta; en realidad, ellos eran probablemente una combinación de todas estas descripciones. Los estudiosos creen que procedían del Imperio de los partos, enemigo de Roma del este de Palestina, contra el cual Herodes y sus sucesores cuidaban las fronteras, en nombre de Roma. Sacerdotes de Zoroastro, probablemente ellos sí observaban al cielo para manifestaciones de luz, interpretaban estas luces, eran consejeros de sus gobernantes. Debido a algunas oscuras referencias en las fuentes, hay especulación en cuanto a que los magos tomaron el control de su país, como gobernantes teocráticos (Horsley 2001b: 155-8)

La líder religiosa lesbiana Nancy Wilson incluso ha sugerido que ellos pueden haber sido sacerdotes eunucos que luego habrían tenido tres “reinas” (Wilson 1995: 131-2) Su aparición en la escena ha sido sentimentalizada en relatos y canciones, sus cofres con tesoros y la estrella la agrandaron y su importancia para la narración, ha sido explicada por los intérpretes anti-semitas como ejemplo de “apertura pagana” a Jesús, en  contraste con los “descreídos judíos” (representados por el rey Herodes), que rechazaron al Mesías.

Sin embargo, hay algo equivocado en esta escena. La historia de los magos no debe ser trivializada o sentimentalizada. No es una encantadora historia de hadas sobre visitantes extranjeros que llegan un poco tarde para la Navidad, sino más bien “un texto de terror”, pues “nadie canta en la infancia relatada por Mateo, como lo hacen en Lucas; en lugar de esto, lloran” (Garland 1995: 30) Como anota Horsley, es una historia con fuertes elementos históricos, una pintura realista de celos, paranoia y deseo de sangre, por parte de un rey inseguro de su poder y que recurrirá a cualquier acción con tal de permanecer como soberano. El hecho de que estos magos busquen al nuevo “rey de los judíos”, lleva a esta historia al terreno político. Un gobernante ya paranoico se habría sentido terriblemente amenazado por unos viajeros del imperio que está encargado de vigilar. En efecto, los magos aparecen en su palacio, preguntando por un nuevo rey, cuando Herodes mismo es el único rey de los judíos.  Su mentira a los magos y la subsiguiente matanza de todos los bebés judíos de menos de dos años, pudo fácilmente haber ocurrido, como lo confirma Josefo, quien detalla los escuadrones de muerte que Herodes envió sin mucha provocación.

Aquí es importante recordar que la audiencia de Mateo habría oído o leído esta narración en dos niveles. En el primero, esta es una historia horrenda de matanza a inocentes, que ocurrió durante la infancia de Jesús y amenazó al Elegido de Dios. En un segundo nivel, la audiencia de Mateo, encontrando este relato en los años 80, habría recordado la matanza sufrida por los judíos a manos de Roma, durante la Guerra Judía justo 20 años antes. Palestina fue diezmada por esta guerra; el maravilloso templo de Herodes fue destruido, nunca reconstruido, los judíos de fuera de Palestina, oyendo de la huida de José, María y Jesús a Egipto, habrían tenido en mente a los refugiados de su propia época.  Más todavía, el viaje de los magos habría resonado aún más profundamente en la audiencia de Mateo de los años 80, cuando recordaban un viaje real que tuvo lugar en el año 66, durante lo peor de la Guerra Judía. Los historiadores romanos Suetonio y Plinio relatan la historia del rey Tiridates de Armenia (él mismo llamado “mago” por Plinio) que viajó a Roma acompañado de sus magos, para recibir la corona directamente del emperador Nerón, como parte de un tratado con Roma (Horsley 1993b: 56-7) La búsqueda que realizaban los magos de Mateo por un rey recién nacido, que iba a “salvar al pueblo”, habría sido considerada en abrupto contraste no solo con el brutal Herodes en la historia, sino con la maquinaria entera del imperio romano, en el tiempo de la composición de este Evangelio. “La obediencia que ellos rendían no es una veneración a una divinidad, sino un acto de homenaje y sumisión a un gobernante político”. (Horsley 2001b: 158)

Las palabras del evangelista habrán penetrado en la memoria de su audiencia, haciéndole recordar al genocidio. En primer lugar, José llamó al bebé “Jesús” (Mateo 1.21), que puede traducirse al inglés como “Deliverance” (Entrega) – prueba de que habrá entrega divina y salvación, sin importar lo que ocurra políticamente; nombrar a un niño “Entrega”, bajo el yugo del Imperio romano, ¡es un acto radical, un acto “queer”!

En segundo lugar, José y su familia regresaron a casa después de la muerte de Herodes,   aunque todavía tenían miedo, debido al gobernante sucesor (Mateo 2. 20-22), como prueba de que la vida continuaría, incluso bajo la continuación de la tiránica regla colonial, imperialista.

En tercer lugar, se establecieron en Nazaret, en Galilea (Mateo 2. 23), un lugar conocido como políticamente volátil – un signo de que no se puede evitar la tiranía, en la esperanza de que desaparecerá, sino que permanecerá; o, en palabras de Musa Dube, intérprete bíblica feminista de Botswana, “estar en la lucha por la justicia y la liberación es, por lo tanto, estar en una lucha continua, la lucha que siempre continúa.” (Dube 2000: 197)

MATEO 1.21
“María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.”

3- La huída

MATEO 2. 19-23
Pero después que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y regresa a Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño.

Entonces José se levantó y llevó al niño y a su madre a Israel. Pero cuando supo que Arquelao estaba gobernando en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá: y habiendo sido advertido en sueños por Dios, se dirigió a la región de Galilea. Al llegar, se fue a vivir al pueblo de Nazaret. Esto sucedió para que se cumplieron lo que dijeron los profetas: que Jesús sería llamado “Nazareno”.

La matanza de los inocentes y la huida de la Sagrada Familia a Egipto, así como su regreso debería resonar fuertemente en los lectores “queer”. El terror doméstico, como este, no es desconocido en nuestro mundo contemporáneo, como se ve en los escuadrones de la muerte apoyados por el gobierno de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, y en la pérdida de derechos civiles en los Estados Unidos, después de los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001. Todos los días, nos enfrentamos a propaganda derechista en una cultura del miedo, creada por un presidente que, como Herodes, está inseguro de su poder y toma como “chivo expiatorio” a la comunidad gay y lesbiana. Las personas “queer” recuerdan el genocidio promovido desde el gobierno en los 80s y 90s, cuando no se hizo nada para ayudar a los miles de personas que sufrían de SIDA, porque se consideraban “elementos prescindibles de la población”.

Sin embargo, las personas “queer” también, como la comunidad de Mateo, recibimos buenas noticias de esta historia evangélica, porque nos asegura que en medio de este caos político y social, el Cristo de Dios continúa naciendo – los ángeles de Dios aún nos rodean y nos dan fuerzas para la aventura: salir del armario de la soledad, la desesperación y la degradación - ¡Dios está con nosotros! La estrella de Dios aún se eleva en el Oriente y nos asegura que no todo está perdido, si seguimos la guía de Dios, más allá de las nociones sociales sobre lo que es apropiado o salvador, o incluso cristiano. ¿Quién sabe? Justo en este minuto, hay un niño naciendo en la trastienda de un comercio en Bagdad o Khandahar, que llevará al mundo el conocimiento de paz y justicia duraderas. ¿Vivirá él o ella, o será destruida por las fuerzas imperiales? ¿Qué pasaría si todas las personas “queer” conscientes hicieran fuerza, para que vivieran esos niños? ¿Cuán “queer” sería esta acción?

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