Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 27 de noviembre de 2011

Iguales en Dignidad y Derechos


Iguales en dignidad y derechos

Mensaje pastoral con motivo del Día Internacional de lucha contra la violencia hacia la Mujer

25 de noviembre de 2011




PRESENTACION

El 25 de noviembre se conmemora el DÍA INTERNACIONAL DE LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER.

Como comunidad cristiana, sentimos que no podemos permanecer en silencio, porque nos hace cómplices de la violación a los derechos y la dignidad de las mujeres en el ámbito del hogar.

Optamos por seguir el ejemplo de Jesús, que no calló, en medio de una sociedad y cultura, patriarcal y machista, que estigmatizó y discriminó a las mujeres.

En los relatos evangélicos encontramos no pocos pasajes en los cuales Jesús reivindica  a las mujeres, incluso tomando imágenes de sus vidas cotidianas para hablar de Dios (Mt 13,33; Lc 8,10).



1.   LA SITUACIÓN ACTUAL

La pandemia de la VIOLENCIA DOMÉSTICA afecta a mujeres de todas las razas, culturas, edades y religiones.

Si bien el problema es multicausal, la socialización de género que se realiza en sociedades y culturas con una fuerte matriz patriarcal y machista, a través del control y la dominación de los hombres sobre las mujeres, creando situaciones de desequilibrio de poder a favor de los hombres y en contra de las mujeres, es sin lugar a dudas, el principal detonante.

El silencio, personal y social, asociado al miedo intervienen como cómplices de verdaderas violaciones a los derechos humanos de las mujeres en el ámbito doméstico.

Las consecuencias son múltiples. Además de afectar directamente la vida y salud integral de las mujeres y su entorno inmediato, tiene consecuencias graves en el sistema educativo, sanitario, productivo y económico. Y por ser un delito, también afecta al sistema de seguridad y judicial.

La violencia doméstica produce daños emocionales, psicológicos, físicos, sexuales y económicos en las mujeres que se encuentran en esa situación.

Las estadísticas, proporcionadas por el sistema judicial, policial y las organizaciones de Derechos Humanos son contundentes a la hora de analizar el problema de la violencia doméstica, puesto que la gran mayoría de las víctimas son mujeres.



2.   LA DIGNIDAD DE LAS MUJERES

“Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al hombre y a la mujer” (Gn. 1,27).

El relato mítico de la creación, presenta a la mujer creada junto con el hombre, ambos a imagen y semejanza divina.

El vocablo utilizado en el texto original hebreo ha´adam, que la versión de los LXX traduce al griego como ánthropos, significa literalmente ser humano. En ningún sentido alude a la condición sexual: macho o hembra, ni de género: masculino o femenino.

El relato nos sugiere claramente que de un ser humano sexualmente no diferenciado (ha´adam) surgen dos seres humanos sexualmente diferenciados, en hebreo ish - hombre e isha – mujer (cf Gn 2,23). Esta similitud lingüística también existe en algunas traducciones: varón – varona.

Ambos poseen la dignidad de la semejanza divina (Gn 1,27; 2,7) y en ninguno de los dos relatos de la creación queda sugerida la subordinación de la mujer al hombre o la superioridad del hombre y la inferioridad de la mujer.

El vocablo hebreo ´ezer kenegdo  que se traduce como ayuda adecuada o alguien que lo ayude y acompañe (Gn 2,18), no hace referencia a dominación o subordinación; por el contrario, frecuentemente el vocablo hebreo ´ezer  se utiliza en los libros del Primer Testamento para describir la ayuda divina al ser humano que se encuentra en dificultad (Ex 18,4; Dt 26,29; 33,7; Sal 33,20; 115,9-11;124,8; 146,5); y el vocablo hebreo kenegdo se traduce literalmente como opuesto a, o frente a él, es decir de quienes se complementan o se corresponden.

Estos relatos míticos, manipulados por una sociedad y cultura patriarcal y machista al ser traducidos, generaron muchas interpretaciones que deformaron el mensaje del mito y justificaron prejuicios sexistas contra las mujeres a lo largo de los siglos.

Todo intento por subordinar la mujer al hombre, o establecer domino de los hombres sobre las mujeres contradice el plan divino y por tanto, atenta contra la dignidad humana.

La Iglesia, deberá aceptar que hubo épocas en las cuales erró el camino y fiel a las enseñanzas de su Maestro, devolver a las mujeres el lugar de igualdad que aplicó Jesús.



3.   LA BIBLIA Y LAS MUJERES

A lo largo de la Biblia encontramos historias de mujeres, que es necesario recuperar y reinterpretar bajo la guía del Espíritu Santo, como mensaje liberador para nuestro tiempo.

Si bien la posición legal de las mujeres en el antiguo Israel era inferior a la de los hombres, las leyes hebreas les ofrecían protección en cuanto a la subsistencia (Ex 21,10), a situaciones de guerra y cautividad (Dt 21,14), de violación sexual (Dt 22,23-27), de herencia si no habían hermanos varones (Num 27,8-11).

Algunos autores consideran que la dote que el padre entregaba cuando se casaba su hija, correspondía a la parte de la herencia que le pertenecía a ella y que recibía en el momento del matrimonio mientras que sus hermanos la recibían a la muerte del padre.

Las Escrituras Hebreas presentan varias historias de mujeres, donde éstas participan activamente en la sociedad y la cultura de su tiempo: Débora, profetisa y jueza (Jue 4 - 5) a quien se considera “madre de Israel” (Jue 5,7); Ester, reina y hábil diplomática (libro de Ester), Lidia, empresaria

La Iglesia está obligada a seguir las enseñanzas de Jesús. Él y la iglesia de la antigüedad tenían una visión inclusiva y liberadora sobre las mujeres.

Jesús demostró respeto y amabilidad hacia ellas: sanando a la suegra de Pedro (Mc 1,29-31), a la mujer con hemorragias (Mc 5,21-43), a la que se encontraba encorvada (Lc. 13,10-17), no dejando sola y abandonada a la viuda (Lc. 7,11-17), perdonando a la pecadora (Lc 7,36-50), perdonando la vida a la adúltera que la ley mandaba ejecutar (Jn 8,2-11), consolando a las hermanas por la muerte de Lázaro (Jn 11,1-44). Igualmente, la Iglesia primitiva cuidó de ellas (Hch 8,1-3; 9,36-42).

Jesús apoyó a las mujeres de su tiempo: escuchó a la mujer pagana y su hija (Mt 15,21-28), progiéndolas al reinterpretar una ley machista y patriarcal (Mt 19,3-10), elogiando a la viuda pobre (Mc 12,41-44), defendiendo a la intrusa que arruinó el banquete de los poderosos (Lc 7.36-50).

Estos son apenas unos pocos pasajes bíblicos donde la mujer recobra la dignidad que nunca se le debió quitar. Sin lugar a dudas, podemos continuar profundizando otros textos positivos de la Biblia.



4.   NUESTRA IGLESIA FRENTE A LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

Declaramos y sostenemos la igualdad en derechos y dignidad entre los hombres y las mujeres.

Condenamos toda violación a los derechos humanos y dignidad de las mujeres, pero muy especialmente, aquellas que se producen en el seno del hogar, donde debiera ser un lugar de respeto y protección de todos sus miembros.

Exhortamos a todas las comunidades cristianas a asumir una denuncia evangélica de toda situación de violencia doméstica. El silencio es complicidad y por lo tanto un pecado grave que atenta contra la imagen de Dios en las mujeres.


Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana.
+Julio

martes, 22 de noviembre de 2011

Comentarios a la Biblia Queer - Génesis (novena entrega)

GÉNESIS / BERESHIT
Autor: Michael Carden
Traducción: MCRP

Génesis, 18. 9-15 (continuación)

Luego de la destrucción de las Ciudades de la Llanura, la parasha vuelve la atención a la casa de Abraham. Una vez más, Abraham hace pasar a Sara por su hermana, esta vez ante el rey Abimelec de Gerar. A diferencia del incidente similar en Egipto, esta vez Génesis no narra la consulta previa de Abraham con Sara. Se nos dice, Génesis 20.2:

“…se quedó a vivir en la ciudad de Gerar, entre Cades y Shur. Estando allí, decía que Sara, su esposa, era su hermana…”

De acuerdo con el orden patriarcal, las mujeres no tienen nada que decir con respecto a su propio destino. En consecuencia, Abimelec hizo que Sara se presentara ante él.

La divinidad se aparece a Abimelec en un sueño, amenazándolo con matarlo por lo que ha hecho o, en realidad, por lo que va a hacer. En la conversación entre Abimelec y la divinidad, descubrimos que esta se ha asegurado de que nada le ocurra a Sara. Dice a Abimelec:

“…no te dejé tocarla, para que no pecaras contra mí…” (Génesis 20.6)

Por lo tanto, contra todo lo que Abraham pudiera hacer, Sara está bajo el completo cuidado y protección de la divinidad. Es casi como si ella haya estado reservada por y para la divinidad. Mientras los relatos de su peligro ante hombres extraños sirven para resaltar esta impresión, en esta segunda historia la divinidad habla, declarando que los intentos de tener sexo con Sara serían “pecar contra mí” (Gén. 20.6), no contra Abraham. El capítulo termina con Abimelec, su esposa y las esclavas siendo aliviados de una afección, descripta como el cierre de todos los vientres en la casa de Abimelec.

“…pues por causa de Sara, el Señor había hecho que ninguna mujer de la casa de Abimelec pudiera tener hijos”. (Génesis 20.18)

Varios comentadores han leído este cierre de los vientres como que Abimelec fue castigado con impotencia sexual. Así, una vez más el texto está asegurando a los lectores que nada ocurrió entre Abimelec y Sara.

Esta seguridad es crucial, porque en los siguientes dos versículos, se relata la concepción y nacimiento de Isaac, que había sido anunciada a Sara al comienzo de esta parasha. En 21.1, el papel divino es descripto en términos muy concretos. La divinidad visita a Sara – en hebreo, el término usado, pagad, puede traducirse como visitada o atendida. En la tradición Rabínica, se lee esta palabra como “recordada”, en línea con otros relatos de concepciones milagrosas en las escrituras hebreas.

“De acuerdo con su promesa, el Señor prestó atención a Sara y cumplió lo que le había dicho…” (Gén. 21.1)

Sin embargo, el uso de la palabra pagad aquí, separa a Sara de los otros relatos donde esta palabra es empleada. El versículo luego continúa diciendo que la divinidad entonces “hizo con Sara como había prometido” – la palabra “hizo”, una forma de asah,  tiene también el significado de efectuar. Quizás este significado debería ser preferido, como ha comprendido la exégesis Rabínica el versículo 2, en paralelo con el versículo 1. Sara concibe y tiene un hijo varón y así su concepción se lee junto a la visita de la divinidad, mientras el nacimiento de Isaac es el resultado -  para ella – de esta visita. Lo que sorprende en este relato es el mínimo papel jugado por Abraham. El texto continúa diciendo que Abraham pone el nombre y circuncida a Isaac, pero es en realidad Sara quien habla en los versículos 6-7, no Abraham, echándose a reír. En la tradición Rabínica, el nacimiento de Isaac se acompaña con muchos prodigios – mujeres estériles conciben, mujeres en todas partes amamantan espontánea y copiosamente, los heridos sanan, y los ciegos y sordos recuperan la vista y el oído. Pero los mayores prodigios están asociados con Sara e Isaac. Sara que dice que ha dado a luz sin el dolor con el que Eva fue maldecida. En este sentido, Sara representa la restauración del primario ideal andrógino. Su maternidad es a la vez milagrosa y un nuevo comienzo, efectuado por la divinidad. Ella también amamanta prodigiosamente y se le traen muchos niños para ser alimentados. Estos niños son bendecidos con la rectitud. El prodigio relacionado con Isaac se refiere a la falta de certeza en cuantoa su paternidad. Las tradiciones Rabínicas expresan considerable ansiedad en cuanto a la paternidad de Abraham. Mientras albergan posibles dudas en cuanto a la maternidad de Sara, diciendo que ella fue acusada de adoptar un niño, es la paternidad de Abraham la que está verdaderamente en duda. Después de todo, Génesis no deja duda de que la concepción y nacimiento de Isaac es un evento milagroso, realizado por la divinidad con Sara. Pero, ¿tiene Abraham algún papel aparte de la circuncisión y la confirmación del nombre de Isaac? En contraste con el nacimiento de Ismael, Génesis no dice en ninguna parte que Abraham tuviera sexo con Sara. La concepción de Isaac es completamente atribuida a la divinidad. Como para confirmar estas inquietudes, la tradición judía dice que el rostro de Isaac fue cambiado milagrosamente para ser la copia exacta del rostro anciano de Abraham. Sin embargo, este milagro parece ser más como una parodia – ningún padre está duplicado exactamente en su hijo.  ¿Es este signo la forma que tiene El Shaddai para burlarse del tema patriarcal y monogenético de Abraham?

No obstante, Sara y su hijo recién nacido quedan sujetos al sistema patriarcal. Con el nacimiento de Isaa, Abraham ahora tiene dos esposas, ambas con un hijo varón. Una opción, como se vio en la historia de Ruth y Noemí, sería que Sara y Agar hicieran causa común e hicieran a un lado al patriarca, o al menos, terminaran su poder sobre ellas. Pero esa no es la opción que toma Sara. En lugar de ello, ve a Ismael como una amenaza para su hijo, y las tradiciones subsiguientes han difamado a Ismael, alegando que este amenazaba matar a Isaac. Sara dice a Abraham que eche a Agar con Ismael, en un lenguaje que pretende degradar, rebajar a ambos. No los nombra, sino que se refiere a Agar como la esclava y a Ismael simplemente como a su hijo. Como destaca Trible (1984: 21), refiriéndose a Agar como la esclava es degradante, con respecto a su estatus anterior en capítulo 16, en que era doncella de Sara y luego esposa de Abraham. Se nos dice que este se siente desolado, con respecto a Ismael solamente y no por Agar. Finalmente, acepta, cuando la divinidad promete que Ismael también se convertirá en una nación, debido a que es hijo del patriarca.

“…entonces fue a decirle a Abraham: ¡Que se vayan esa esclava y su hijo! Mi hijo Isaac no tiene por qué compartir su herencia con el hijo de esa esclava!
Esto le dolió mucho a Abraham, porque se trataba de un hijo suyo.
Pero Dios le dijo: - No te preocupes por el muchacho ni por tu esclava. Haz todo lo que Sara te pida, porque tu descendencia vendrá por medio de Isaac. En cuanto al hijo de la esclava, yo haré que también de él salga una gran nación, porque es hijo tuyo”.

Al hacer esto, la divinidad completa la humillación de Agar. En la teofanía de Génesis 16, se le dice que será la madre de una gran multitud, pero ahora es solo la posteridad de Abraham la que cuenta. De la misma manera, cuando ella e Ismael son echados al desierto y casi mueren de sed, la divinidad responde a la voz de su hijo pero no a las lágrimas de Agar. Como antes con Abraham, la divinidad dice a Agar que Ismael se convertirá en una gran nación, pero no renueva la promesa a ella. Así, la divinidad colabora totalmente con Sara, en sus luchas que refuerzan las divisiones promovidas por el orden patriarcal. Cuanto se implica Sara en el proceso, puede verse en la tradición que golpea a Ismael con el “mal de ojo”,  lo que causa su debilidad y sus dificultades en el desierto. La divinidad interviene para rescatar a Ismael y a Agar, con él. Son conducidos a un pozo, que, en la tradición islámica, es el poco de Zamzam en La Meca. De acuerdo con la tradición islámica, Abraham e Ismael más tarde construirán el primer santuario en La Meca.

A pesar a haber sido instigada por Sara, la expulsión de Agar e Ismael demuestra el poder del padre en los sistemas patriarcales. Los padres en las antiguas Grecia y Roma determinan si un recién nacido será aceptado en la casa y por lo tanto, vivirá, o será echado a una muerte probable. Abraham ha ejercitado sus derechos patriarcales sobre Ismael y Agar, que es su madre. Al recurrir a tal poder patriarcal, Sara misma debe ahora enfrentarse a la perspectiva de las prerrogativas que Abraham ejercerá sobre su propio hijo, Isaac. [Cuando ella influye sobre Abraham para que este eche a Agar e Ismael, Sara se refiere a Isaac, no como el hijo de Abraham o el hijo de los dos, sino como su propio hijo (Génesis 21.10)]

“Entonces fue a decirle a Abraham: -¡Que se vayan esa esclava y su hijo! Mi hijo Isaac no tiene por qué compartir su herencia con el hijo de esa esclava.”

El ofrecimiento en holocausto de Isaac, la Akedah como se conoce en el judaísmo, es la culminación de este capítulo y es paralelo, sin aparente final feliz al relato que aparece en Jueces, sobre la hija de Jefté (Jueces 11.29-40):

“Y Jefté le hizo esta promesa al Señor: - Si me das la victoria sobre los amonitas, yo te ofreceré en holocausto a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla…
…Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, la única hija que tenía salió a recibirlo bailando y tocando panderetas. Aparte de ella, no tenía otros hijos, así que, al verla, se rasgó la ropa en señal de desesperación y le dijo: - ¡Ay, hija mía, qué gran dolor me causas! ¡Y eres tú misma la causa de mi desgracia, pues le he hecho una promesa al Señor, y ahora tengo que cumplírsela!

Y ella le respondió: - Padre mío, haz conmigo lo que le prometiste al Señor, ya que él ha cumplido su parte,…te ruego, sin embargo que me concedas dos meses para andar…llorando por tener que morir sin haberme casado.”

El destino de esta muchacha hace explícito lo que enfrenta Isaac. A la luz de la alabanza de Abraham que hacen las tradiciones del Libro, debido a este incidente, puede ser bueno leer a Abraham aquí, relacionado con Jefté. Pues la disposición que manifiesta Abraham para matar a su hijo se ha transformado en un paradigma de fe, de lo que significa ser judío, cristiano, musulmán, mientras que el asesinato que comete Jefté con su hija se ha visto, por lo menos, como locura trágica.

En contraste, la Akedah tiene un papel central en la liturgia judía, particularmente en los Días del Temor, período de diez días desde RoshHashanah hasta YomKippur. Se cree que vada ocasión en que el relato de la Akedah se lee en la liturgia judía, garantiza, al recordarla a la memoria divina, el perdón por los pecados de Israel. Más aún, los primeros cristianos continuaban yendo a este relato claramente para interpretar la ejecución y resurrección de Jesús. En el Islam, la Akedah se conmemora cada año con la fiesta de Eid Al Adha, que termina el anual Haj. Al contrario del relato bíblico, la tradición islámica cree que fue Ismael, no Isaac, a quien Abraham fue ordenado ofrecer en sacrificio, siguiendo la terminación del santuario en La Meca. Sin embargo, el relato en el Qur’an (Sura 37.100-13) es ambiguo en cuanto a cuál de los hijos debe sacrificar Abraham. Es interesante destacar que la tradición judía enseña que ambos, Ismael y Eliezer acompañaron a Abraham e Isaac en su viaje al monte del sacrificio. La presencia de Ismael proporciona una cualidad fuertemente irónica al relato bíblico, en el cual la divinidad se refiere a Isaac como el único, amado hijo de Abraham. Isaac es, naturalmente, el amado único hijo de Sara.

Al comparar esta historia del Génesis con el relato de Jueces, lo que también queda claro es que Isaac es engañado por Abraham en cuanto a su propósito. Isaac claramente tiene sus dudas, siente que algo está mal (Génesis 22.7), pero se lo mantiene a oscuras en cuanto a qué va a suceder.

“Poco después, Isaac le dijo a Abraham: - ¡Padre!
-          ¿Qué quieres, hijo? – le contestó Abraham.
-          Mira – dijo Isaac -, tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”

Al contrario, Jefté dice a su hija lo que ha prometido hacer y negocia con ella para posponerlo por dos meses, de modo que ella pueda “vagar por las montañas y llorar mi virginidad…” (Jueces 13.37) Así, ella consiente e incluso participa activamente en lo que su padre le hará. Quizás para que Isaac no se vea menos que una joven mujer, la tradición Rabínica ha retratado a un Isaac que coopera activamente en todo lo que Abraham hace. Se dice incluso que Isaac pide a su padre que lo ate fuerte, de modo que no se resista cuando Abraham lo ataque con el cuchillo, o incluso salte, de modo que pueda quedar herido y así inadecuado para el sacrificio. Esta tradición de complicidad está canonizada en el relato del Quran:

“Él dijo: - ¡Oh, hijo! Veo en una visión que te ofrezco en sacrificio: ahora veo qué es esta visión!” (El hijo) dijo: - ¡Oh, padre! Haz como te ha sido ordenado: me encontrarás, si Dios así lo quiere, practicando la Paciencia y la Constancia!” De modo que, cuando ambos hubieron sometido sus voluntades (a Dios), y él lo había postrado sobre la frente (para el sacrificio), lo llamamos a él (Sura 37.102-3)”

Mientras tanto en Génesis como en Quran, la divinidad interviene antes del ataque, otras voces se preservan en la tradición Rabínica, en la cual Abraham aparece casi indistinguible de Jefté. Cuando se dice a Abraham que no mate al muchacho, está afligido, pensando que Isaac ha sido considerado inadecuado para el sacrificio. En otro relato, cuando el cuchillo del sacrificio se disuelve milagrosamente bajo las lágrimas de los ángeles, Abraham intenta cortar a Isaac utilizando la uña de su pulgar. Ya sea con la hoja de un cuchillo o con una uña, hay una tradición que dice que Abraham corta efectivamente a Isaac, y el muchacho pierde una considerable cantidad de sangre. Otras tradiciones hablan del alma de Isaac, dejando su cuerpo temporariamente, y otra dice que Isaac fue efectivamente asesinado y quemado en el altar, pero – milagrosamente – se reconstituyó y volvió a la vida.

Ya sea Isaac, la hija de Jefté, o Ismael, estas historias de niños sacrificados traen a mi mente la experiencia de muchas personas LGTB luchando con la homofobia parental / familiar y el heterosexualismo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

jueves, 17 de noviembre de 2011

Padre, que tod@s sean un@ para que el mundo crea.

Culto ecuménico:



   
Domingo 20 de noviembre a las 17.00 hs. en calle Lima 1621.



Predica: Rvdo Fernando Frontán - Misión ICM en Uruguay.

martes, 15 de noviembre de 2011

Comentarios a la Biblia Queer - Génesis (octava entrega)


GÉNESIS / BERESHIT
Autor: Michael Carden
Traducción: MCRP

Génesis, 18. 9-15:
          
“Al terminar de comer, los visitantes le preguntaron a Abraham: -¿Dónde está tu esposa Sara?
-Allí, en la tienda de campaña – respondió él.
Entonces uno de ellos le dijo: - El año próximo, volveré a visitarte, y para entonces tu esposa Sara tendrá un hijo.
Mientras tanto, Sara estaba escuchando la conversación a espaldas de Abraham, a la entrada de la tienda. Abraham y Sara ya eran muy ancianos, y Sara había dejado de tener sus períodos de menstruación. Por eso Sara no pudo aguantar la risa, y pensó: ¿Cómo voy a tener este gusto, ahora que mi esposo y yo estamos tan viejos?
Pero el Señor le dijo a Abraham: - ¿Por qué se ríe Sara? ¿No cree que puede tener un hijo a pesar de su edad? ¿Hay acaso algo tan difícil que el Señor no pueda hacerlo? El año próximo volveré a visitarte, y para entonces Sara tendrá un hijo.
-     Al escuchar esto, Sara tuvo miedo y quiso negar. Por eso dijo: - Yo no me estaba riendo.
Pero el Señor le contestó: - Yo sé que te reíste.”

Mientras la primera parte de Génesis 18 puede verse correctamente como una historia de anunciación a Sara, tiene lugar en un escenario de espléndida hospitalidad. Desde el versículo 16 en adelante, la naturaleza paradigmática de esa hospitalidad será utilizada como un contraste para destacar el mal de Sodoma y Gomorra. La historia de las ciudades malvadas y su destrucción por la divinidad que se desarrolla en Génesis 18-19, se ha convertido en un mito fundacional para la homofobia cristiana.

De acuerdo con el mito cristiano, Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque los habitantes se habían entregado completamente al homoerotismo. Este “hecho” es demostrado cuando los sodomitas sitian la casa de Lot, exigiendo que sus huéspedes sean entregados a ellos. El hecho de que Lot ofrezca a sus hijas en lugar de sus huéspedes, muestra que los sodomitas estaban exigiendo acceso sexual a los huéspedes. Que las hijas sean aparentemente rechazadas por los sodomitas, ha sido entendido por los cristianos como prueba de que los sodomitas eran exclusivamente homosexuales. Este incidente es luego seguido por la intervención divina y entonces, la completa destrucción de las ciudades por fuego yazufre que caen del cielo, ha sido tomada como prueba de que la divinidad aborrece completamente el homoerotismo.

En debates contemporáneos sobre la moralidad del amor y el deseo por el mismo sexo, el espectáculo genocida de la destrucción de Sodoma, se cita frecuentemente como ejemplo y garantía, no solo de la exclusión de las personas “queer” de la comunidad, sino también de resistencia activa a nuestras campañas por la justicia social y el reconocimiento.

Sodoma es utilizada como un ejemplo para ilustrar el destino de las sociedades en que a las personas “queer” se les da plena aceptación e iguales derechos. Cualquier paso que damos en vencer a la homofobia, recibe un rechazo apocalíptico por la invocación que hacen los Derechos Religiosos invocando a Sodoma.

Sin embargo, esta lectura de la historia es un mito cristiano homofóbico. Sus orígenes probablemente están en las obras del antiguo filósofo judío alejandrino Filón; pero este mito cristiano comienza su existencia en el siglo III, aunque demoró varios siglos en convertirse en lectura predominante. Es en el Occidente medieval del siglo XI que la lectura se metastasizó con la invención que hizo Peter Damian del término sodomía (Jordan 1997) Con este movimiento, y desde este punto en adelante, la sodomía denotará un estado y expresión del deseo por el mismo sexo que toma la cualidad de un estado natural, o – más propiamente – un estado anti-natural. Los sodomitas, la especie de humanos que se vuelcan a la sodomía, se convierten en una criatura en rebelión contra la divinidad y su mandato de orden natural. Este mito se mantuvo en el mundo cristiano occidental hasta el siglo XX, cuando finalmente comenzó a ser desafiado.

En contraste con este mito cristiano, las tradiciones judías referentes a Sodoma y Gomorra, destacan los males de la hostilidad hacia los extranjeros y la falta de voluntad para compartir los recursos, con una crueldad hacia los pobres, como los pecados por los que Sodoma y Gomorra fueron destruidas. Para mantener su privilegio y su riqueza, los sodomitas corrompieron el mecanismo de justicia y se involucraron en actos de crueldad, para mantener a los lejos a los extranjeros. Es bajo esta luz que el judaísmo entiende el sitio de la casa de Lot por los sodomitas. Los habitantes del pueblo exigen la presencia de los huéspedes de Lot, para poder asaltarlos y humillarlos. Los sodomitas no actúan por el irrefrenable deseo por el mismo sexo, sino como amenaza de violencia sexual contra los huéspedes de Lot. Este acto violento se realiza como amenaza a todos los extranjeros, para que se mantengan fuera de las Ciudades de la Llanura. La historia paralela en Jueces 19 (21 – 30) demuestra muy claramente que habría ocurrido a los huéspedes, si hubieran sido tomados por los sodomitas.

En este relato, un levita que viajaba desde Efraín con su concubina, recibió hospitalidad en la ciudad benjaminita de Gibeah, de un anciano que allí residía. Fueron sitiados por una multitud que exigía tener sexo con el levita. El anciano intervino sin éxito, ofreciendo a su hija y a la concubina. Para salvarse, el levita fuerza a su concubina a salir y es violada durante toda la noche, cayendo muerta ante la puerta del anciano. Este relato explicita la violencia que se amenaza en Sodoma. Quizás porque es una mujer la que muere allí, el relato de Jueces ha sido ampliamente salteado por la tradición cristiana. Ignorando la vergüenza de Gibeah, no solo pudieron los cristianos imponer su lectura homofóbica de Sodoma y Gomorra, sino que han dejado de destacar los  aspectos morales de la violación, en que se basan las dos historias.

Este fallo no solo se evidencia por la confusión entre violación y homoerotismo, amor al mismo sexo, pero también por la tendencia sorprendente de los cristianos a exonerar a Lot por ofrecer a sus hijas a la multitud, en lugar de los ángeles. En oposición, la tradición judía ha condenado – mayormente, aunque no unánimemente – a Lot, por hacer este ofrecimiento. También existe una lectura Rabínica de la respuesta de los sodomitas a Lot – “¡Hazte a un lado!” (Génesis 19.9) – como su aparente aceptación de este ofrecimiento, pero con la intención de tomar a las hijas primero y luego violar a los ángeles.  Por este relato, los sodomitas aquí demuestran una maliciosamente cruel duplicidad, en respuesta al inmoral ofrecimiento de Lot. Se puede ver este ofrecimiento como demostrando su propia adhesión a la ideología de Sodoma (las tradiciones judías dicen que él había sido designado jefe de justicia de Sodoma) La violación amenazada de los ángeles es un intento de feminizarlos, declarándolos así como no realmente hombres. Deriva esto del misógino orden de penetración, por el cual los hombres gobiernan sobre las mujeres, pero bajo la que una masculinidad/privilegio de un hombre, puede quitarse a través de hacerlo sujeto de penetración.

El ofrecimiento de Lot de sus hijas en lugar de sus huéspedes, es un intento de proteger la masculinidad /privilegio de ellos. Las mujeres no tienen derechos, no tienen voz, tampoco auto-determinación en este orden misógino.

El misógino orden predominante en Sodoma y Gomorra también se demuestra por la historia, que apoya la violencia homofóbica. La amenazada violación de los ángeles intenta inscribir a los extranjeros como no-hombres en realidad y por lo tanto, “queer”. Y con este intento, también se inscribe a la persona “queer”, como extranjera, extraña, de fuera. Al hacer esto, están declarando efectivamente que en Sodoma, todos son heterosexuales. De forma similar, en el relato de Jueces, los hombres de Gibea aceptan a la concubina, porque ella pertenece al levita. Su violación tiene el mismo significado que tendríala violación a su compañero.

El relato de Jueces tiene el agregado de que el ataque al levita y su concubina,  representa una brecha en la solidaridad étnica. Los hombres de Gibea están tratando a sus compatriotas israelitas como extranjeros (resultando esto en una guerra civil, Jueces 20-1) Así, en lugar de leer el intento de violación a los ángeles (o al levita) como una instancia de violencia homosexual, creo que sería más preciso leerlo como una instancia de violencia homofóbica y xenofóbica.

La historia de Sodoma y Gomorra es también  un relato de genocidio en masa, y allí está el punto clave, para invertir el relato cristiano en otro, de juicio divino a la misoginia y la homofobia. La virulencia del mito cristiano de Sodoma se deriva mucho de este hecho de genocidio, que da licencia para las galeras, el campo de concentración y el crimen por odio. Quizás la figura de la esposa de Lot podría tomarse como un signo de cómo responder al genocidio, incluso cuando (y especialmente si) es perpetrado por la divinidad. Los cristianos siempre le han atribuido a ella una mala prensa. Se la retrata como una reincidente, alguien que no puede dejar los caminos de Sodoma, de ahí que mire atrás. Su transformación en estatua de sal es entendida por los cristianos como un castigo por esa reincidencia. En el judaísmo, mientras hay ciertamente imágenes también negativas de Edith/Eris, como se la llama, también se encuentran algunas diferencias, más positivas y simpáticas, comprensivas de su destino. Mira atrás por compasión; mira atrás por sus otras hijas casadas (una solución al estatus de los yernos de Lot de 19.14, para ver si ellas los siguen.

“Entonces, Lot fue a ver a sus yernos, o sea, a los prometidos de sus hijas, y les dijo:
-   ¡Levántense y váyanse de aquí, porque el Señor va a destruir esta ciudad! Pero sus yernos no tomaron en serio lo que Lot les decía.”

Los rabinos medievales combinaron la imagen de la compasión de Edith con la noción de su rebelión en una forma potencialmente subversiva. Edith no mira atrás solo por sus hijas, sino que es movida por la compasión hacia los odiados por Dios, que no tuvieron la fe para salvarse. Debido a esta compasión, sus pensamientos parten hacia los condenados sodomitas, lo que significa que el castigo va también hacia ella. Por esta lectura, se hace posible ver el destino de Edith como un acto de martirio, una expresión de solidaridad, para protestar contra las dimensiones genocidas de la venganza divina. Como lectores, estamos continuamente mirando atrás, a Sodoma y mientras estamos en el horror de la magnitud del desastre, como no enfrentamos ningún riesgo de ser convertidos en sal, también podemos pararnos junto a ella y condenar el crimen de la divinidad.

Queda un acto final en este drama apocalíptico, esta vez involucrando a las hijas de Lot. Cuando las encontramos, están silenciosas e impotentes. Ante la amenaza de la violación y la muerte, ellas no son más que mercancías en un conflicto entre machos. Siguiendo a la destrucción de Sodoma, acompañan a su padre en la huida hacia las colinas. Creen que no quedan hombres sobre la tierra, de modo que resuelven emborrachar a Lot, para poder tener sexo con él, sin su conocimiento y consentimiento. Así, la imagen de la violación regresa, cuando vemos a Lot por última vez, pero esta vez hay una reversión, quizás un acto de justicia poética. Las hijas, que fueron ofrecidas por su padre para ser violadas, están ahora en control de los hechos. Hablan y actúan, y cuando las mujeres hablan y actúan en las escrituras hebreas, el lector debe erguirse en su asiento y estar alerta. Los deseos de estas mujeres, no los de Lot, determinan los sucesos. Como consecuencia, Lot, el patriarca queda sin poder y en silencio; borracho y sujeto a sus hijas; se le arranca la autoridad.

Como las mujeres sin poder, sujetas a abuso, se han levantado y exigido su propio poder. Por sus acciones, se transforman en madrinas de las moabitas y amonitas. Así, la historia termina con Lot, borracho e inconsciente, el progenitor de dos de los enemigos de Israel, pero no solo de Israel. Hay implicancias mesiánicas en la acción de las hijas, que se han reconocido tanto por comentadores judíos como por cristianos. De la hija mayor, viene Moab y de Moab vendrá Ruth, la antecesora de David. De la hija menor, antecesora de los amonitas, vendrá Naama, la esposa de Salomón y madre de Roboam. Tanto Ruth como Naama están en la línea del Mesías, quien – para los cristianos – es Jesús de Nazaret.

Así, se podría decir que por la violación de su padre, no solamente actúan las hijas para salvar a la raza humana, sino que también inician la línea del Mesías. Pueden actuar así porque la intervención divina ha destruido los sistemas enlazados de poder y privilegio, bajo los cuales ellas estaban sujetas. En el Zohar, se dice que la divinidad, aquí, fue cómplice de las hijas incluso asegurándose de que hubiera vino en la cueva, para que las mujeres pudieran emborrachar a su padre. (Zohar.110b-111ª)