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jueves, 15 de septiembre de 2011

Introducción a los Comentarios de la Biblia Queer (continuación)

INTRODUCCIÓN A LA “THE QUEER BIBLE COMMENTARY”. Deryn GUEST, Robert E. GOSS, Mona WEST y Thomas BOHACHE. Londres : SCM Press, 2006. Traducción de nuestra hermana MCRP
 
Continuación "LAS ESCRITURAS CRISTIANAS"
Romanos 1.26 es el único en la literatura bíblica que habla posiblemente del sexo lesbiano. Literalmente, Pablo escribe “Hasta sus mujeres (gentiles) han cambiado las relaciones naturales” – sí, emplea el término chresis – “por las que van contra la naturaleza”. La frase invita a una variedad de interpretaciones diferentes:

1.- Quizás Pablo está diciendo que en su vergonzosa pasión, en lugar de ser “usadas” por los hombres, las mujeres gentiles bucan “usar” a otros – quizás hombres, quizás otras mujeres – para su propio placer.
2.- Quizás Pablo está afirmando que ellas buscan ser “usadas” por los hombres de modo anti-natural, o sea, buscando agradar a los hombres de otras formas diferentes a la relación vaginal.

3.- Wayne Dynes arma un caso plausible, diciendo que al mencionar las prácticas de las mujeres gentiles antes de hablar de los hombres, Pablo se está haciendo eco del orden de pensamiento que él debería haber conocido de los Testamentos de los Doce Patriarcas. Este texto se extiende en el tratamiento de 1 Enoch, acerca de la relación femenina con los “Gigantes”, que se refiere a su vez al relato de Génesis 6.1-4.

En la interpretación de Dynes, Romanos 1.26-7 debe leerse como tratando con “mujeres locas por los hombres”, que incluso están dispuestas a dormir con seres extra-terrestres”, como se sabe de Génesis 6 y  “hombres locos por los hombres”, que desean dormir con otros miembros de su propio sexo”, como lo fueron los hombres de Sodoma (Dynes 1998)

Yo no sé qué tenía Pablo en mente. Quizás podemos retener su ambigüedad para glosar a Romanos 1.26, como diciendo que “las mujeres gentiles locas por el sexo buscan sexo pervertido, con compañeros extraños”.

En el versículo 28, Pablo resume el uso del verbo “abandonar” – pero esta vez – con lo que la NRSV traduce como “una mente degradada”.

Desde una mente degradada, salen todo tipo de cosas pecaminosas, pero las prácticas sexuales de la cultura gentil no están mencionadas en la lista de tales vicios.

Así, Pablo parece reservar el término “impureza”, para las prácticas sexuales de los gentiles y el “pecado” para otras cosas. Es tentador pensar que Pablo aquí está trabajando con la distinción entre gusto y obligación religiosa; parece subrayar su discusión de la dieta y, por analogía, interpreta la evitación de la impureza “sexual” como un asunto de gusto personal (o quizás incluso colectivo) y no una obligación religiosa.

Pero las asunciones a menudo prueban ser infieles, y Dale Martin (1995) ha mostrado – en forma convincente – que incluso el Pablo de 1 Corintios no había abandonado el trabajo con un sentido de moralmente significativa polución corporal.

La Carta a los Romanos es retóricamente compleja.

Después de bosquejar la declinación de la civilización gentil en el capítulo 1, en versículo 2.1, Pablo se dirige directamente a alguien que  presumiblemente ha afirmado con la cabeza estar de  acuerdo con lo que Pablo ha estado diciendo hasta ahora.

Lo hace para dar la vuelta a la tortilla, reprendiéndolo/la acerca de juzgar a los demás, cuando uno mismo está implicado en las mismas faltas.

Ha habido mucha controversia a través de los años, en cuanto a quién se está dirigiendo Pablo. Stanley Stowers (1993-1997: 103-4) ha armado un caso probable, diciendo que Pablo se dirige no a un “judío” o a un cristiano observante de la Torah en la congregación romana, sino a un gentil, que está de acuerdo con lo que se había convertido en una queja judía acerca de la falta de auto-control (como se evidencia en las prácticas con el mismo sexo) y de evidente conducta anti-social en la cultura gentil.

En efecto, puedo imaginar cualquier número de esclavos que soñarían con un orden que los liberara de una cultura en la cual el amo podía esperar ser servido sexualmente por sus sirvientes – del otro sexo o no – como era el caso en Roma (Jewett 200: 240)

Los varones libres o jóvenes destinados a ser ciudadanos romanos adultos, estaban prohibidos como compañeros sexuales de un romano. Sin embargo, los romanos era completamente libres de utilizar a sus servidores varones para el sexo.

Asumo que Pablo se estaba dirigiendo a esclavos, que no estaban conformes el servicio sexual a sus amos, así como a una cantidad de gentiles, que compartían el disgusto general judío con la cultura gentil, en las líneas que Pablo estaba desarrollando.

Pero después de haber tenido la aprobación de esos gentiles por la afirmación con la cabeza, Pablo da vuelta su afirmación: - ¿Quiénes son ustedes? – dice en 2.1, - para condenar a otros gentiles por su falta de auto-control y conducta pecadora, cuando ustedes están atrapados en el mismo perverso estilo de vida idolátrico/el mismo modo de pensar y/o siendo conducidos por las pasiones como ellos? –

Sin embargo, Pablo piensa que tales gentiles no necesitan convertirse en judíos, o sea, estudiantes de la Torah, para lograr el escape de situaciones opresivas.
Eso está disponible para ellos en y como el espíritu de Cristo.

La lógica del argumento paulino a través de los capítulos 2 y 3, sin embargo, es notoriamente compleja.

Sus palabras pueden comprenderse, creo,  solo si asumimos dos cosas: 1) que cada uno será juzgado de acuerdo con la Ley, pero 2) que la Ley requiere cosas diferentes del judío y del gentil (Stoweers 1994: 139)

Pero aún queda la pregunta: ¿prohíbe la Ley el sexo homosexual a los gentiles?
A través del capítulo 1, Pablo ha estado contando con la simpatía de un lector gentil que critica las prácticas sexuales características de su cultura.

Dudo que Pablo haya estado simplemente jugando con la audiencia; al contrario, pienso que es altamente improbable que no concuerde con su lector en este aspecto.
Si bien no incluye a las relaciones homosexuales entre los vicios anti-sociales, las coloca en una lista de consecuencias de una “mente desviada”.

Sin embargo, habla de las relaciones homosexuales entre los hombres gentiles como una conducta indecorosa, expresión de nada menos que una vergonzosa falta de auto-control viril.

Ahora bien, en mi año como único alumno protestante en un liceo militar católico, el Hermano Lawrence, mi profesor de Religión, afirmaba que “maldecir”, si bien no pecaminoso, era indecoroso en un caballero católico. Decir palabrotas, “maldecir” es indecoroso, pero no algo por lo cual uno será condenado.

Por más que me gustaría concluir de otra manera, me parece que Pablo, en contraste, está usando el término “deshonroso” y “vergonzoso”, en una forma más fuerte.

A la luz de su discusión en Romanos 2, está pensando en tales cosas como incluidas entre las faltas por las que Dios juzgará a los gentiles al final, hechos que se distinguen de los vicios sociales pero de cualquier manera deben evitarse, pues son prohibidos por la Ley.

Los intérpretes contemporáneos anti-gay, ansiosos por contrarrestar cualquier sugerencia de que Pablo aprueba  la remoción de la “práctica” homosexual de la lista de pecados, han tratado de reforzar su afirmación con la lista de vicios que Pablo incluye en 1 Corintios 6.9 y en 1 Timoteo 1.10.

1 Corintios 6.9-10: “¿No saben ustedes que los malvados no tendrán parte en el reino de Dios? No se dejen engañar, pues en el reino de Dios no tendrán parte los que cometen inmoralidades sexuales, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los hombres que tienen trato sexual con otros hombres, ni los avaros…”

1 Timoteo 1.10: “La Ley se da para castigar a los que cometen inmoralidades sexuales, a los homosexuales, a los…; es decir, a los que hacen cosas que van en contra de la sana enseñanza”.

No solo es problemático el vocabulario en este aspecto, sino que el movimiento – creo – prueba ser contraproducente, y perjudica la autoridad de Pablo sobre el sexo homosexual.

Entre las personas viciosas que nombra están, en griego, los “arsenokoitai” y los “malakoi”. Robert Gagnon considera que el término “arsenokoitai” es un neologismo paulino, que trata de abarcar en una sola palabra la herencia Levítica, traduciéndola como “aquellos hombres que llevan a otros a la cama”, “hombres que yacen con hombres” (Gagnon 2001: 312)

Sin embargo, siguiendo la dirección de Gray Temple (2004: 77), podemos preguntar qué probable es que Pablo tomara tanto cuidado en encontrar una palabra que tradujera exactamente una noción levítica cuando en Romanos su acusación de las prácticas sexuales gentiles no parece depender de la letra de la Ley.

James Miller afirma que el término pudo haberse oído como referido al menos a un compañero (probablemente el “activo”) en una relación pederástica tan típica de la época (1997: 863)

Por su parte, Dale Martin observa que, en 1 Corintios, el término aparece en la lista de vicios relativos al sexo y aquellos referidos a la explotación económica, sugiriendo que el término podría quizás referirse a quienes utilizan su posición o su dinero para explotar a otros, principalmente en forma sexual (1996: 123)

Así, la palabra podría cubrir la gama desde clientes de prostitutas hasta patrones que “utilizan” a sus esclavos para su placer sexual. Pero, quizás, deberíamos unirnos al mismo Martin, en su demasiado extraño gesto de humildad, para admitir la ignoracia, debido al hecho de que el significado exacto del término está más allá de nuestras posibilidades de descifrarlo con total certeza.

El término “malakos” parece ser menos problemático. Literalmente, significa “un varón débil”, o sea, afeminado. Pero el hecho de ser afeminado podía aplicarse a un varón romano en muchos aspectos. Quizás se era afeminado en comportamiento, lo que podría caracterizar tanto a un homosexual como a un heterosexual. Quizás se era afeminado en el sentido de voluntad de ser penetrado por otros hombres. O quizás – y, en la perspectiva romana, este era aparentemente el tema decisivo – se era afeminado en la falta de control.

En la comprensión romana, como ya hemos notado, una falla en el auto-control era un compromiso significativo de la masculinidad. De acuerdo con estos estándares, un hombre mujeriego habría sido el modelo de “varón afeminado”, mientras el auto-controlado “práctico homosexual” podría ser un ejemplo de masculinidad. Gagnon puede estar cerca de lo correcto cuando sugiere que el término debería tomarse como “en algún lugar entre solo homosexuales pasivos prostitutos y varones afeminados hetero y homosexuales” (2001: 308)

Es significativa su falla en destacar que el uso del término podría así corresponder al uso contemporáneo del inglés “sissy”, una condición de femineidad de la cual la penetración podría funcionar como un símbolo.

En este punto, sin embargo, el intérprete moderno no puede sino dudar en refrendar a Pablo, para quien el afeminamiento es un pecado. Tampoco quisiéramos reforzar la prohibición de Pablo sobre el cabello largo de los hombres o su insistencia en cubrir la cabeza de las mujeres.

Así, somos conducidos a pensar la que creo mejor estrategia para tratar con Pablo, en el contexto de debates contemporáneos sobre la moralidad del sexo homosexual. El intérprete cristiano está demasiado predispuesto a querer encontrar a Pablo tanto correcto como con autoridad. Sin embargo, más que buscar una base en Pablo, para ver como virtuosa la actividad con el mismo sexo, creo que es más sabio entender que Pablo podría haber sentido que el sexo homo debería evitarse incluso por el gentil correcto y mostrar, sobre la base de lo que sí dice, por qué falla su razonamiento.

Hace algunos años, Gary Comstock prohibió a la comunidad gay y lesbiana probarse como “amiga” de la religión. Argumentó que, mientras los amigos pueden apoyarse uno al otro, es buen amigo quien también censura a su amigo/amiga por no vivir a la altura que puede hacerlo (Comstock 1993: 11,48)

Permítaseme seguir esta ruta y buscar bases adicionales para montar un desafío amistoso, y finalmente abandonar cualquier homofobia paulina supuesta.

______
Continúa.

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