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jueves, 8 de septiembre de 2011

Introducción a los Comentarios de la Biblia Queer (continuación)


INTRODUCCIÓN A LA “THE QUEER BIBLE COMMENTARY”. Deryn GUEST, Robert E. GOSS, Mona WEST y Thomas BOHACHE. Londres : SCM Press, 2006. Traducción de nuestra hermana MCRP

LAS ESCRITURAS CRISTIANAS.

El comienzo del movimiento Cristiano parece haber estado bien encaminado, para dejar atrás la obligación de la pureza Levítica. El Jesús de los Evangelios, por supuesto, afirma que el Sabath fue hecho para el hombre y no el hombre para el Sabath (Marcos 2.27) – y se muestra regularmente como tomando menos que seriamente otros dictados concretos de la Ley. Aparentemente, Él se siente libre no solo para curar en sábado, sino para partir el pan con gente tan “impura”, sucia, como las prostitutas y los cobradores de impuestos. Tampoco elige discípulos de grupos que hayan sido conocidos por su observancia de la ley. Sin embargo, Jesús había sido judío y a medida que los gentiles fueron invitados al movimiento Cristiano, la respuesta a la pregunta si debían convertirse primero en judíos, a los efectos de ser seguidores de Jesús el judío, no pareció ser una conclusión decidida. En efecto, Hechos 11 registra la decisión trascendental de que no se requería la circuncisión de un hombre gentil para su conversión. Esto comenzó el camino hacia una liberación de la obligación religiosa de la pureza levítica. Pero otra vez, las consecuencias de esa decisión iban a tomar algún tiempo para afirmarse, pues el tema volvería a levantar su “sucia cabeza” de allí en adelante, en la mesa, entre aquellos que no toleraban las regulaciones dietarias judías. Una mesa común se había ya convertido en elemento básico de la celebración cristiana, y los cristianos observantes de la Torah sentían que, como parte de su práctica, debían rechazar la partición del pan con aquellos que no compartían sus hábitos alimentarios. Pablo, que había apoyado a Pedro en el tema de la circuncisión (Gál. 2.11-14), hizo algo similar en relación con las reglas judías. En 1 Corintios 8-10, divide a los cristianos en dos campos: los “de estómago débil” y los “de estómago fuerte”. Los primeros eran los observantes de la Torah, que sentían náuseas ante la idea de partir el pan con los “de estómago fuerte”, ¡que incluso podrían comer alimento ofrecido a los ídolos! Pablo decide que los fuertes están a la derecha, pero recomienda una política de “No preguntar, no decir”. A efectos de mantener la paz en la casa del Señor, los fuertes no deberían anunciar sus hábitos alimenticios en presencia de los débiles – e incluso quizás terminar con sus prácticas ofensivas enteramente, para ayudar a los débiles – mientras estos no debían inquirir acerca del mismo tema a los fuertes. Pablo parecería estar relegando la observación de las prescripciones sobre la pureza, al menos en cuanto a la dieta, a una cuestión de preferencia personal, removiéndola de la esfera de la obligatoriedad religiosa. ¡La ley no está obligando al cristiano como tal! Solo se requerería cumplir aquellas reglas  que podrían encontrar una razón diferente a una ofensa contra la pureza.

Es esta controversia la que está en el trasfondo de la Carta de Pablo a los Romanos, ya que se está dirigiendo a una congregación en la cual hay tanto observantes de la Torah como cristianos no observantes de ella. El vocabulario, la lógica y la retórica de la Epístola son notoriamente difíciles de interpretar – y especialmente Romanos 1.18-32, el pasaje que los conservadores siempre destacan, en su intento de afirmar que el Nuevo Testamento es firme en su proscripción del sexo homosexual.

Permítaseme pasar por alto una visión total de las dificultades exegéticas, para presentar qué creo dice Pablo en realidad. Comienza con un diagnóstico de la cultura gentil y opina que, en algún de su historia, los gentiles abandonaron el reconocimiento del poder y de la autoridad de Dios en cuanto a los ídolos. Para esta razón, Dios los “abandonó” a la impureza y más tarde, al pecado. En efecto, la expresión “abandonó” funciona como una clase de principio organizador. Ahora bien, puede implicar que lo que deja Dios es el castigo más que el pecado, y como afirma Gareth Moore, estar en prisión puede ser vergonzoso, pero es claramente distinguible de la ofensa criminal para  la cual la prisión es el castigo (2003: 89) Más probable, sin embargo, creo que Pablo está diciendo que, debido a su idolatría, Dios ya los ha dejado a una existencia miserable. Pero, ¿la conducta hacia el mismo sexo es algo que merece daño? En el versículo 24, Pablo caracteriza el “deshonor de sus cuerpos” – claramente una referencia a la práctica homosexual de los gentiles – como un vergonzoso castigo a la cultura gentil y su primordial idolatría, sin duda una “impureza” (akatharsían), pero la impureza en su pensamiento, no es necesariamente un pecado en sí misma. Interrumpe su pensamiento para invocar la bendición en el nombre de Dios, luego vuelve a su línea repitiendo la expresión “abandonar”, pero esta vez Dios los deja a su vergonzosa pasión (pathe atimias) Permítanme parafrasear: “Debido a su primordial olvido de Dios e idolatría, Dios abandonó a los gentiles a la impureza…en efecto, el sucio deshonor de sus cuerpos que nosotros (¡!) reconocemos a nuestro alrededor. ¡Bendito sea Dios! En efecto, Él los abandonó a esa suciedad…dejándolos a que fueran dominados por pasión vergonzosa”.

Notemos que Pablo usa el singular “pathe”, pasión. Ahora, el lector moderno podría estar tentado a pensar que una pasión es vergonzosa por lo que se desea. Pero esto significaría pasar por alto el estoicismo popular que Pablo aquí está delineando. Estar bajo el dominio de la pasión – cualquiera sea ella – es estar desviado. En su pasión, una persona es conducida a pensar que lo que desea es sin duda importante, mientras que en la doctrina estoica, todo menos la virtud es – para usar la frase preferida de Nancy Sherman – algo “indiferente” (2005) Lo deseable es una cabeza fría, sin pasión desviadora. Ser conducido por la pasión – algo que nos sucede, algo que sufrimos, más que elegirlo – es particularmente vergonzoso para un hombre. El varón debe estar controlado en todo momento. Cuando el estereotipo moderno de género toma al hombre como más racional que la mujer, está asumiendo algo antiguo. Pero en la modernidad, el hombre se cree más racional – excepto cuando el sexo está presente. Es el hombre el sexualmente impulsivo, en el asiento trasero de un coche, es la mujer quien se espera que tenga la presencia de ánimo para decir “no” al insistente. Los antiguos eran más coherentes. El hombre debía estar controlado, frío, calmo, y dueño de sí – incluso cuando se despertaba el sexo. Así Pablo está, en efecto, acusando a los hombres gentiles de ser hipersexuales, hasta el punto de incontrolables. Quizás está diciendo que hay excusas patéticas para los hombres, que descuidan su dignidad masculina.

Y ¿dónde los lleva el ser tan hipersexuales? En primer lugar, ellos dejan de lado  el “uso natural” de la mujer para el sexo. La traducción de “chresis”, como uso, es completamente literal y precisa. Aquí, en la antigua ideología, recuerda a la que está presente en Levítico, el penetrador “usa” a su subordinado sexual. El placer está reservado al “usuario”. Y Pablo está haciendo eco a la predominante presunción judía de que las mujeres (más especialmente, las vaginas) son el instrumento apropiado para el placer masculino. En contraste, el hombre gentil es tan típicamente hipersexual que busca otros vehículos para su satisfacción fálica. Ahora bien, Pablo sí afirma que el “uso” de la mujer para la satisfacción sexual es “natural”. Pero, ¿qué significa en realidad el término? Admitamos que Pablo está afirmando el sexo pene-en-vagina como paradigmático, en contraste con el uso de la mano, la boca o particularmente, el ano, que serían sexo deformado o monstruoso. Pero esta es la lógica detrás de la impureza.  Así, llamar a algo “no-natural” es la forma educada de calificar a algo de sucio, nauseoso, monstruoso. (Para estar seguros, Platón parece ser el primero en calificar de no-natural al sexo homosexual, según Ward 1997: 264 – 9, y es seguido por los estoicos. Si calificar un tipo de sexo como no-natural implica otra cosa diferente de insulto, es una idea a la que regresaré más tarde en este capítulo) Aquí, sin embargo me parece que con su uso de “no-natural” Pablo simplemente está empleando un circunloquio para “impuro”. Para Pablo, el hombre gentil  es tan hipersexual, que se encuentra llevado hacia un sexo “sucio” (¿puede leerse “pervertido”, o “perverso”?) O sea, él desarrolla una locura por su propio sexo, y procede a tratar de “hacer lo sucio” con ellos, con la consecuencia de que los hombres llegan a “sufrir el castigo” en sus personas. Alguien puede argumentar que Pablo está refiriéndose a consecuencias de salud, después del sexo homosexual. Creo que está pensando en algo menos elusivo. Cuando los hombres se buscan uno al otro para el sexo, algunos terminan penetrados. Debido a la naturaleza hipersexual del hombre gentil, algunos de ellos soportan las consecuencias; son privados de su virilidad, vergonzosamente avasallados – o quizás forzados a avasallar – por sus compañeros sexuales.
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Continúa.

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