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martes, 9 de agosto de 2011

Introducción a los Comentarios de la Biblia Queer (continuación)


Continuamos con la entrega de la Introducción a los Comentarios de la Biblia Queer.

LAS ESCRITURAS HEBREAS.-

En oposición a lo que la retórica contemporánea nos podría llevar a creer, el tema de las relaciones homosexuales aparece muy poco en las Escrituras, tanto en el Primero como en el Segundo Testamento. La única prohibición explícita está en el Libro del Levítico. En las traducciones literales de Saul Olyan, Levítico 18.22 dice:

“Y con un hombre no deberás yacer como lo hace una mujer; está prohibido”.

Y dice Levítico 20.13:
“Y en cuanto al hombre que yace con un hombre como con una mujer, ellos – los dos – han 
cometido un pecado; ciertamente deberán ser muertos; su sangre está sobre ellos”.

Lo que está claro es que el autor de estas prohibiciones – sin duda, derivan presumiblemente de un único individuo o una única escuela de pensamiento – se refiere no a lo que llamamos “homosexualidad”, sino más bien a un tipo de acto sexual posible entre hombres. La mayoría de los comentadores están de acuerdo en que lo prohibido es la relación anal, la penetración de un hombre por otro. El acto está prohibido, no importa si se comete por un heterosexual que toma a un hombre por necesitar a una mujer, o por un “homosexual”. En principio, deben tomarse en cuenta dos puntos.

Primero, el texto no se refiere al tema del amor o el sexo lesbiano. Cualquier interpretación fiable deberá admitir una explicación por la exclusión. 

En segundo lugar, como se dice frecuentemente, estos pasajes  son “centrados en el acto”, indiferentes al tema que hoy tratamos como “condición homosexual”. 

Aunque ampliamente anotado, no siempre queda claro qué significa esta observación común. Hoy en día, vivimos en un mundo donde la calidad de nuestras relaciones,  en particular nuestras relaciones sexualmente íntimas,  es en gran medida el foco de nuestra tarea espiritual y de las que deriva mucho de nuestra satisfacción espiritual. Ser homosexual es encontrar que uno/una puede encontrar intimidad sexual y emocional, generalmente en forma exclusiva, con miembros del mismo sexo. Negar al o la homosexual un aspecto físico, es negarle acceso a algo que, como una cultura religiosa, es la forma de encontrar mucho de su significación espiritual. La Biblia, como un todo, no está realmente interesada en la satisfacción emocional. Pone su punto de vista religioso en otro lugar. Entonces, es claro que no deberíamos negar el acceso homosexual o aquel o aquella a quien se le indica poner el foco en otro aspecto, aunque la racionalización bíblica por la resistencia a la homosexualidad continúe siendo persuasiva. El exégeta moralmente sensible necesita focalizarse en lo que está detrás de textos como Levítico 18.22 y 20.13.

Levítico presupone un tipo de religiosidad que podríamos llamar “religión de templo”. El contexto dramático es Israel en su vagabundeo después del Éxodo, antes de su llegada a la “Tierra Prometida”. Pero el texto en realidad refleja los intereses de una sociedad instalada. La tienda es un sustituto del templo; el campamento una analogía por el estado de Israel, y los alrededores representan el territorio gentil. Si podemos pensar en esto como un grupo de círculos concéntricos, entonces, de acuerdo con el estudioso Jacob Milgrom, Israel – que está en cercana proximidad a la morada de Dios – está llamada a reflejar esa proximidad siendo más santa, lo que significa “más pura”, que el mundo gentil (1991: 731) Israel está llamada a reflejar una preocupación por la pureza que no tienen los que viven en otros territorios. La “pureza” está aquí utilizada en un sentido muy antiguo. El lector moderno tiende a escuchar “pureza” como un tema sexual, y ciertamente no como un asunto de dietas. Milgrom destaca, sin embargo, que la dieta restrictiva de Israel es una consecuencia de la intención de Israel para reflejar la pureza divina, argumentando que la dieta restrictiva implica una “reverencia hacia la vida”, que responde a la más decisiva “reverencia hacia la vida” que es la naturaleza de la divinidad (1991: 735) La “pureza” es así equivalente a “reverencia hacia la vida” – algo que se actualiza totalmente en la divinidad, solo relativamente en Israel, y mucho menos entre los gentiles. Por extensión, entonces, el sexo anal homosexual – porque es en sí mismo no-procreador – no responde a la llamada a la reverencia hacia la vida (Milgrom 2000: 1567) La teoría de Milgrom es la versión educada del ampliamente sostenido prejuicio de que el sexo homosexual es incorrecto, porque no es procreador. Sin embargo, si fuera ese el foco  de los autores bíblicos, tenemos que preguntarnos por qué el texto se centra en el sexo anal homosexual, y no en el sexo anal en general. En segundo lugar, preguntarnos por qué otras formas de sexo no-procreador, sea homo o heterosexual, no se encuentran igualmente horribles. Y por último, es difícil ver cómo cualquier aspecto del sexo debe ser necesariamente procreador, a los efectos de cumplir con una ética de reverencia hacia la vida. En otras culturas, tan distintas como Roma o China, los hombres, al menos, eran libres de usar sus genitales como lo desearan, mientras también cumplieran con sus obligaciones familiares de reproducirse. Esta política podría solo verse como “irreverente” si el esperma pudiera de alguna manera considerarse como una fuente natural escasa, una visión que no queda en evidencia en los textos bíblicos.

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Contínúa.

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