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jueves, 28 de julio de 2011

Hechos de los Apóstoles - última entrega

HECHOS DE LOS APÓSTOLES
BOHACHE, Thomas; GOSS, Robert; GUEST, Deryn y WEST, Mona - Traducción de MCRP


LA CONVERSIÓN DE LYDIA / Deryn Guest

La historia de su conversión, relatada en Hechos 16.14-15 es solo una entre varias breves referencias a la participación de las mujeres en los movimientos de la primera Iglesia. La obra de Lucas es una de nuestras fuentes principales para el conocimiento de sus papeles. Sin embargo, los detalles proporcionados son, como Schüssler Fiorenza (1992b: 788) ha anotado, solo la punta del iceberg; su presencia indica lo que está ausente bajo las aguas, sumergida en un silencio histórico. De acuerdo con esto, necesitamos abordar una fuerte hermenéutica de sospecha, y emplear la imaginación crítica si esperamos hacer justicia a cualquier reconstrucción de sus vidas y de sus responsabilidades como líderes. La erudición bíblica feminista ha producido un cuerpo sustantivo de investigación que restaura equilibrio a las tradiciones tradicionales de la primera Iglesia. Sin embargo, mucho – si no la mayor parte de su obra – se ha realizado en un marco de referencia heterosexista con pocos escritores que consideran cuán lejos han ido las mujeres que vivieron y viajaron juntas en el siglo I DC. Estas mujeres han encontrado en sus ministerios un camino satisfactorio aparte de sus destinos esperados de esposa y madre. Una de las excepciones notables es el ensayo significativo de Mary Rose D’Angelo (1999), quien sugiere que las referencias a Tryphaena y Tryphosa (Romanos 16.12), Euodia y Syntiche (Filipenses 4.2), María y Marta (Juan 11/Lucas 10.38-42) han sido mencionadas tanto por los escritores e intérpretes de las escrituras Cristianas para destacar que sus relaciones y su tarea se acomodaba a las normas aceptadas, en cuanto al papel y al lugar de las mujeres. Sin embargo, en su visión, tales relaciones “revelan un compromiso entre mujeres que, a la luz de las primeras revisiones cristianas de costumbres sexuales, pueden verse como una elección sexual” (1999:442) D’Angelo tiene razón en afirmar cualquier antecedente lesbiano, no porque la organización de las vidas femeninas probablemente no esté de acuerdo con un binario homosexual/heterosexual, sino porque hay evidencia contextual de una homoerotismo femenino en el siglo I. Más bien, ella se afirma en el concepto de Rich (1987) acerca del continuo lesbiano, que incorpora fuertes compromisos mujer-mujer, dentro de su abanico, sin importar si se pueda saber o no algo de sus relaciones eróticas. La obra de D’Angelo colabora en la apertura del marco heterosexual, en el cual los estudiosos se han conducido y considera posibilidades alternativas.

Es precisamente esta habilidad para pensar fuera del marco heteronormativo que el crítico de cine Alexander Doty destaca. Su tratamiento de los clásicos del cine, anota cómo las audiencias asumen rutinariamente la heterosexualidad de los personajes, a menos que se especifique otra cosa; cuando en realidad esta asunción no tiene bases reales. Doty sin duda aprobaría el “gaydar” operacional de Nancy Wilson (1995) y Tim Koch (2001), que han identificado ya a Lydia como una mujer con grandes credenciales de “mujer camión”. Las bases para este feliz reconocimiento están primariamente en la referencia a Lydia como una vendedora de púrpura. Esta, con sus halos de lavanda y rosa, ha tenido siempre una específica resonancia en las comunidades gays y lesbianas; estas fueron criticadas como la “amenaza lavanda”, durante la segunda ola del feminismo; la lavanda era usada como un código para una pantalla de la presencia homosexual durante los primeros años 1920s del siglo XX; el triángulo rosa fue el signo de un homosexual en la Alemania nazi. Precisamente cuándo y dónde se estableció en primer lugar la conexión está quizás perdido en la oscuridad: los intentos de Judy Grahn (1983) para rastrear hasta Safo son altamente especulativos. Sin embargo, la referencia al empleo de Lydia como vendedora de púrpura, marca un “hit” inmediato para Wilson y Koch, y siguen resonancias posteriores. Koch anota la falta de referencia a todas las relaciones masculinas, cómo aparece Lydia manejando su propio negocio y su casa, y cómo sale a unirse a un grupo de mujeres reunidas en la orilla del río, en el Sabbath. Finalmente, él y Nancy Wilson (1995: 158) comentan el hecho de que la ruta de Troas a Samotracia, a Neápolis y luego a Filipos, donde esta escena se localiza (Hechos 16.11), se ubica en la inmediata vecindad de la Isla de Lesbos. Kock afirma “Si esto no sugiere al menos (ya no digamos gritar) “camionera”, ¿qué hace? (2001: 19)

El júbilo con el cual Wilson y Koch hacen tales conexiones puede ser objeto de tratamiento crítico de la sensibilidad lesbiana y gay. El crítico de cine Vito Russo, por ejemplo, anota cómo el estigma agregado a la homosexualidad, necesariamente construyó una sensibilidad lesbiana o gay:

“La sensibilidad gay es ampliamente un producto de opresión, de la necesidad de esconderse tan bien durante tanto tiempo. Es una sensibilidad de “ghetto”, nacida de la necesidad de desarrollar y utilizar una segunda visión, que traducirá silenciosamente lo que ve el mundo y lo que la realidad puede ser. Fue la sensibilidad gay que, por ejemplo, a menudo permitió a algunas lesbianas y hombres gay ver - en edades muy tempranas - algo en la pantalla que sabían relacionado con sus vidas, incluso antes de conocer las palabras para designar lo que ellos eran”. (1987: 92)

De hecho, el abordaje básico de Wilson, a pesar de su marco algo esencialista, no parece estar tan alejado de la afirmación que hace la aclamada crítica Sally Munt, que

 “somos particularmente adeptas a extraer nuestra propia significación, a destacar un contenido textual latente, a leer “dialécticamente”, a rellenar los huecos, al interpretar la narración de acuerdo con nuestras fantasías introyectadas, y a poner en primer plano la intertextualidad de nuestras identidades. Si aceptamos que el idioma es inestable, entonces, dentro de su heterosexualidad debemos también encontrar su otro aspecto homosexual. La competencia literaria de una lectora lesbiana trae al texto un número de convenciones interpretativas para decodificar y encodificar lo que es rico en su propia especificidad histórica, cultural y lingüística (1992: xxi)

Koch se refiere a este abordaje como una “metodología de cruce”.  Esto significa un encuentro donde el texto se reaviva debido a alguna correlación entre él y la propia experiencia del lector/a. Para Koch, tales encuentros no son muy diferentes a los encuentros “a lo largo de un camino, en un bar, en un chat de Internet” (2001: 21) En todos estos casos, un método de cruce está basado en el conocimiento erótico de un lector/a, que le permite perseguir lo que llega a su vista. Y, como Guest (2005) ha sugerido, ese método proporciona un punto de partida muy útil para comprometerse con la Escritura. Como ellos destacan, las conexiones son laxas y poco sólidas y no convencen, sin un nivel detallado de discusión. Pero como ejemplos del olfato imaginativo de los lectores GLTTB, que pueden encontrar elementos “queer” en el aparentemente más hetero de los textos, proporcionan bienvenidas interrupciones a la atmósfera heternormativa de la interpretación bíblica. Quizás esta sea su mayor fuerza – liberar a los estudios bíblicos de la dominación de la interpretación heterocéntrica e introducir una nueva respuesta en la lectura de la comunidad para la academia y para los lectores laicos. También colaboran a producir rupturas posteriores en las interpretaciones heterocéntricas del movimiento de Jesús y la primera Iglesia. Demasiado a menudo,  a un puñado de textos selectos que aparecen como condenatorios de las relaciones entre personas del mismo sexo, se les permite construir un anacrónico binario hetero-homosexual dentro de las mismas Escrituras y dentro del mundo social que las produce: un binario que simplemente no está allí. Mientras no es posible construir uniones simplísticamente directas con las identidades LGTB hoy en día, para reclamar un pasado gay, es importante romper  la asunción implícita y profundamente instalada  de que existe una unión directa entre las personas heterosexuales de hoy en día y la sexualidad de los personajes bíblicos. La historia de Lydia nos ofrece la anhelada visión de una mujer aparentemente independiente en su economía, a quien le gusta pasar sus Sabbats en compañía de mujeres a la orilla del río. Históricamente, nunca sabremos más de lo que Lucas nos cuenta, pero gracias por los detalles que menciona, sin los cuales quizás no se habría sacado ninguna conclusión, y ninguna punta de iceberg habría sido visible.
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De esta forma, finalizamos la entrega de Hechos de los Apóstoles, gracias al trabajo de traducción de nuestra hermana MCRP

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