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martes, 7 de septiembre de 2010

La Epístola a los Colosenses - Biblia Queer. Cuarta entrega.-

COLOSENSES /Thomas Bohache - Traducción MCRP.

ROLES O PAPELES SOCIALES.-


Como se ha dicho más arriba, las reuniones de los primeros cristianos eran extremadamente diversas, siguiendo la costumbre de las propias prácticas igualitarias de Jesús. Si bien es poco lo certero acerca de la Cristiandad Palestina, las iglesias paulinas del mundo helenístico han sido muy investigadas y documentadas. Las historiadoras feministas del primer Cristianismo, han encontrado papeles de liderazgo femenino por medio de la “lectura del silencio” de los textos cristianos e investigando las referencias a mujeres que estos contienen; de la misma manera, los historiadores sociales, antropólogos, sociólogos y eruditos clásicos han explorado la institución de la esclavitud en el imperio romano. Estos estudiosos han concluido que las personas pobres, mujeres de todas clases, esclavos y libertos/as, eran atraídos a religiones populares y misteriosas, más que a las religiones ancestrales o tradicionales, porque eran tratados/as democráticamente en estos cultos emergentes, incluyendo el Cristianismo (Pomeroy 1975; Martin 1991)

Estas iglesias se reunían en las casas de los ricos, que vivían entre las trampas y privilegios del imperio romano. Se cree que el culto Cristiano se realizaba en patios abiertos, a los que podían asistir los varios miembros dela casa – hombres, mujeres, niños y esclavos, cada uno desde sus respectivos alojamientos – así como visitantes de las diferentes clases sociales que vivían fuera de esa casa. Todos estos elementos dispares adoraban lado a lado, unidos a través de Cristo en un experimento maravillosamente democrático. Como se nota en la discusión previa, Pablo recuerda a los gálatas que las distinciones habían sido borradas en el bautismo (Gál. 3.26-8); continúa recordando a los corintios que no deben permitir las distinciones que perturben la asamblea Cristiana, especialmente en la administración de la Cena del Señor (1 Cor. 11.17-34)

La investigadora del Segundo Testamento (Nuevo) Pheme Perkins ha destacado que el vocabulario de la familia tradicional fue adoptado por los cristianos (“todos son hijos de Dios, hermanos y hermanos unos de otros y de Cristo”), pero también describe cómo era una casa típica del mundo romano:

“La antigua “familia” era considerablemente más compleja de lo que hoy consideramos tal. La ley romana establecía que todas las personas, hombres y mujeres, estaban últimamente bajo la autoridad del miembro masculina más viejo de su familia (las mujeres permanecían como parte de su familia paterna, excepto en circunstancias limitadas, mientras los niños pertenecían a la familia del padre) Además, los esclavos y otros dependientes de una persona rica, serían considerados/as partes de su familia. Incluso un campesino o un artesano en la ciudad, podía tener un número de personas viviendo en su casa, que no eran “familia”, en el sentido en que hoy usamos este término”. (Perkins 1988: 129)

Es precisamente este uso de una lengua familiar o doméstica que presenta cuestiones problemáticas: En el mundo jerárquico romano, ¿negaba y sobrepasaba un hombre cristiano su posición como padre, esposo o amo? ¿La señora de la casa, una vez convertida al Cristianismo, trataba a sus esclavos injustamente? Los estudiosos no están de acuerdo en este tema. Algunos (usualmente blancos y hombres) creen que los cristianos sabrían instintivamente que la lengua igualitaria era simplemente metafórica y no alteraba la estructura social imperial para los cristianos, mientras los intérpretes de la liberación (negros, feministas y mujeres) han sugerido que esta necesidad no existía. El Cristianismo en sus primeros días puedehaber sido socialmente radical y amenazante para el status quo romano, llevando a su persecución, así como el igualitarismo de Jesús contribuyó a su ejecución como criminal imperial (Herzog 2000: 240-1)

Creo que es mucho más probable que – de acuerdo con las visiones igualitarias de Jesús – las primeras asambleas cristianas eran igualitarias. [Este “discipulado de iguales” está de acuerdo con las imágenes retratadas en los Evangelios, que sobreviven como un recuerdo peligroso de Jesús, debido a que fueron escritos en el siglo I, después de que las primeras iglesias paulinas se habían convertido en más kiriarcales iglesias deutero-paulinas. Así, Schüssler Fiorenza anota: El Evangelio de Marcos fue escrito aproximadamente al mismo tiempo que Colosenses, que señala el comienzo de la trayectoria patriarcal del código doméstico…Los primeros escritores de los Evangelios articulan un “ethos” muy diferente del discipulado cristiano y la comunidad del que presentaron los escritores de sumisiones patriarcales…” (Schüssler Fiorenza 1983: 316)]

Si el mensaje primario de Jesús sobre el Reino de Dios era anti-imperial (y creo que lo era), entonces seguramente el movimiento que se desarrolló en su huella ha retenido al menos algo de este foco anti-imperial. Una forma de oponerse al imperio romano, era minar su jerarquía social – el “cemento” que pegaba niveles de dominación, opresión, supervivencia y servidumbre. Así, las iglesias paulinas, al adorar juntos a través de clases y líneas de género, hicieron esto en desafío a César y a su imperio; su mismo uso de lenguaje familiar mostraba sus relaciones heterodoxas, en la misma cara del imperio. ¿Es de sorprenderse que hubiera persecuciones de la “nueva secta”, por la estructura del poder imperial?

Sin embargo, el fervor cristiano contra-cultural, parece haberse abatido en la segunda generación. Los textos de esta generación: Colosenses, Efesios las Epístolas Pastorales (1 y 2 Timoteo, Tito) y 1 Pedro, incluyen reglas de conducta que los cristianos solían practicar para mantener el orden en las iglesias y demostrar que eran buenos ciudadanos romanos. Estas reglas de conducta son conocidas como “códigos domésticos” (en alemán “haustafeln”), los primeros de ellos aparecen en Colosenses 3.18-4.1: “Esposas, estén sujetas a sus esposos…; niños, obedezcan a sus padres…; esclavos, obedezcan a sus amos en todo…” En la Roma patriarcal (o mejor, kiriarcal), el esposo/padre/amo era César en el imperio de su casa. Una casa en paz reflejaba un imperio en paz; los buenos cristianos deben ser buenos ciudadanos. La armonía es destacada a través de Colosenses, al precio de la libertad social que la creencia en Cristo vino a proporcionar. El Jesús que acogía a todo el mundo en su mesa es ahora el Cristo cósmico que es Cabeza de su Casa, la Iglesia. Todos deben cumplir su papel “de corazón, temiendo al Señor” (Colosenses 3.22)

Mientras algunos estudiosos han tratado de explicar el “patriarcado de amor” de las epístolas deutero-paulinas y sus códigos domésticos (Hays 1996: 64-5), yo los veo como una propaganda superficialmente disfrazada para confirmar el tradicional heteropatriarcado y sus roles culturales para las mujeres, los esclavos y los niños – precisamente aquellos para quienes el incipiente Cristianismo era más atractivo (Schüssler Fiorenza 1983: 218, 263-5; Thurston 2003: 162-3) Colosenses dio el puntapié inicial para esto, introduciendo al Cristo exaltado y exultante, luego limitando la libertad que Cristo se pensaba que había hecho posible para la humanidad, y finalmente, imponiendo reglas de conducta sobre aquellos que eran más proclives a sacudir la nave imperial, y el liderazgo cristiano, con su bote de la segunda generación, buscó alinearse con el imperio.

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