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viernes, 13 de agosto de 2010

El Evangelio de Lucas según la Biblia Queer - Entrega 14-

EVANGELIO DE LUCAS / Robert E. Goss, en The Queer Bible Commentary. Traducción: M.C.R.P.

LA MUERTE DE JESÚS

La muerte de Jesús fue el último acto de polución. Los colonizadores gentiles lo crucificaron, fuera de la ciudad. En el espacio, el Jesús crucificado está fuera de las murallas de Jerusalén y los precintos del templo. En Deuteronomio 21.23, se dice que un hombre colgado de un árbol está “maldito”. Los cuerpos de los difuntos y los moribundos están impuros, porque los muertos no pertenecen al mundo de los vivos. Un cadáver sin enterrar es un lugar de polución; está “fuera de lugar”, porque no está bajo tierra. La muerte de Jesús en la cruz es un escándalo ofensivo para muchos judíos que adhieren a una política de santidad/pureza. Representa una muerte impura, a manos de los sucios romanos y su identidad como profeta de Dios está perdida, desde una perspectiva judía, Pablo comprendió que la crucifixión fue una “piedra de escándalo para los judíos” (1 Cor. 1.23), y retrabajó la crucifixión en una demostración de la sabiduría y triunfo de Dios.

Sin embargo, la muerte de Jesús permanece siendo un acto de transgresión de los códigos de pureza, pero no a través de sus propias acciones. Las líneas entre los muertos y los vivos se hacen porosas, y en el final acto “queer” de Dios, termina con la división entre los vivos y los muertos, con el Cristo resucitado. La monstruosa muerte de Jesús se convierte en un escándalo para confundir las categorías claramente dibujadas de pureza / impureza.

La crucifixión rompe el cuerpo de Jesús, cuando él parte el pan para compartirlo con sus discípulos. Su cuerpo roto y abusado se hace uno con todos los otros cuerpos rotos y abusados.

Esta traslocación del cuerpo de Jesús en todos los cuerpos, se completa en la fe Pascual de los discípulos, cuando lo reconocen en la proclamación de la Buena Noticia, la partición del pan y el cuerpo comunitario.

En la muerte de Matthew Shepard, muchos americanos vieron una repetición del Cristo crucificado: dos “destructores de gays” los golpearon, lo colgaron en un cerco como un mensaje a otros gays, y murió. Durante su funeral, La Reverenda Anne Kitch “evocó la imagen de Jesús como otro hombre cuyo cuerpo fue roto, despedazado y abandonado en una cruz de madera” (Ingrebretsen 2001: 184) La comunidad “queer” automáticamente trasladó al Cristo crucificado al cuerpo de Matthew, colgado en un cerco. Por ejemplo, el dramaturgo Terence McNally escribió:

“Terriblemente golpeado y atado a un cerco en un frío de cerca de 0º, con los brazos extendidos en una grotesca crucifixión, murió agonizando como otro joven que había sido torturado y clavado en una cruz de madera en un lugar desolado fuera de Jerusalén, conocido como Golgota, alrededor de 1998 años antes. Ellos murieron, como habían vivido, como hermanos. Jesucristo no murió en vano, pues Sus discípulos vivieron para contar su historia. Es obligación de esta generación hacer verdadero que Matthew tampoco murió en vano. (McNally 1998: VI)

El crítico cultural americano Edward Ingebretsen observa cómo la muerte de Matthew y los cristianos fundamentalistas de la Iglesia de Westboro en el funeral, reabrieron una crisis dentro de la Cristiandad, sobre el significado de la muerte de Jesús y la naturaleza de lo sagrado. El escándalo está en que el abyecto joven gay asesinado se transforma en “portador de una memoria sagrada”, retratado en la imagen del Cristo crucificado, mientras los enemigos cometen acciones violentas, en el nombre de la cruz (Ingebretsen 2001: 181) Ingebretsen reconoce que el cuerpo ensangrentado de Cristo fue trasladado al cuerpo crucificado de Matthew. El monstruo “homosexual” se convierte en el sitio crucificado de la gracia de Dios, como antes el hombre “queer” de Galilea.

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